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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Darío y su perro Balú
La connivencia entre Darío y Balú, era única. La muerte de su perro le afectó de una forma desgarradora.
Inseparables durante más de una década. Balú no era sólo una mascota para Darío; era su confidente, su fuente de alegría y su consuelo en tiempos difíciles. Balú estaba ahí siempre en los buenos y en los malos momentos de la vida de Darío: las alegrías, las tristezas, los triunfos, los fracasos…
Cuando Balú enfermó gravemente del corazón, Darío se sumió en una depresión. Hizo todo lo posible por salvar a su amigo, lo llevó a los mejores veterinarios, en busca de tratamientos, y lo cuidaba con un Amor inquebrantable. Pero, a pesar de todos sus esfuerzos, Balú se fue de este mundo en los brazos de su amo y protector.
El fallecimiento de Balú dejó un vacío irrellenable en la vida de Darío. Tamaña pérdida fue más allá de la ausencia de un animal; como si hubiese perdido a un miembro de su familia, con una tristeza y una sensación insoportables. Abrumado se hallaba Darío por una melancolía que afectaba a todos los aspectos de su vida.
Sin Balú, la casa de Darío estaba vacía y silenciosa. Las rutinas diarias se convertían en un recordatorio doloroso de la ausencia de su siempre amigo y colega. La complicidad que compartían era tan especial que tras su muerte se enfrentaba a una sensación de pérdida y soledad angustiosas.
La ida de Balú dejó un impacto indeleble en la vida de Darío. Su tristeza y su dolor eran hirientes. Buscó apoyo en familiares y en grupos de apoyo que entendían la magnitud de su dolor.
Murió Darío al año de que lo hiciera Balú, y su muerte es un testimonio de la conexión emocional entre un animal racional y un animal irracional.

A Chávez López
Sevilla mayo 2025
Comentarios
Shalom
Sí, es verdad, se llega cogerles un cariño, comparable casi a un familiar, y a veces más.
Gracias por leerme y por colaborar en el foro.
Saludos