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Velas

De la larga y ancha calle pasan dos personas. Al parecer, era una madre y su hija pequeña. Trataban de vender desesperadamente paquetes de velas y otras cosas para tener algo de comer. Quizá, para que su pequeña hija tuviera otra barbie barata para entretenerse.
El sol no les da tregua mientras caminan. Al contrario, se volvía más furioso a cada paso que daban las mujeres. La niña jugaba con una pelota plástica para olvidar el infierno que está pasando y caminando.
La madre grita desesperadamente el nombre de sus productos. La mujer aprovechaba la fecha para vender las velas ya que, al día siguiente, era el día de las velitas.
Luego de caminar un largo tramo, un hombre respondió a su llamado: "doña, regáleme dos paquetes de velas, porfa". La señora se alegra porque sabe que es la primera venta del día; quizá la primera venta en dos días; quizá nunca ha vendido nada.
la señora se detiene y le atiende con todo el cariño del mundo. El señor paga con un billete de 50 mil. Cómo era de obviar, la señora no traía cambio. Ella desesperada buscó cambio en los negocios aledaños. Ninguno tenía cambio; quizá no le querían hacer el favor.
La señora decide irse de la calle para encontrar algún otro negocio el cual si le pueda hacer el favor de cambiarle el billete por más sencillo. Ella le dice a la niña que se quede ahí esperándola.
La niña empezó a esperar pacientemente. Pasaron los minutos y no aparecía su mamá por ningún lado. La chica empezó a caer en la desesperación mientras cargaba una inmensa bolsa con muchas velas. 
Pasaron las horas hasta el anochecer. El hombre ya había dado por perdido su billete de 50 mil. Ya no le importaba si la niña se iba o no. Pensaba, quizá, que hacía eso para robarle a sus clientes. 
La niña que obedece a su madre como si fuesen los mandamientos de Dios, esperó y esperó. Llegó el día de las velitas y la niña seguia ahí sentada. Llegó navidad y la señora nunca llegó. Los vecinos se preocuparon y llamaron al bienestar y a la policía. Ninguno pudo hacer nada para sacar a la niña de su terquedad. La niña va a esperar hasta que venga su mamá.
Año nuevo y la niña sigue sentada… Ella no sabe que su mamá murió a la vuelta de la esquina.

Comentarios

  • Impactante. La inocencia elevada a la enésima potencia,
    Gusté leerte,
    Shalom, colega de la pluma
  • editado abril 2025
    Disfrute leerlo, me pareció cotidianamente crudo, real. Me agrada como logras que la situación, aparentemente trivial, roce con la incertidumbre y la desconfianza de la realidad. Diría que juegas bien con los hechos, volviéndolo un poco enigmático y fantástico, ¿quizá? con la idea del final, donde la niña parece esperar eternamente a su mamá , sin conocer la terrible realidad. 

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