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La temida última gota

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


La temida última gota

Eran ellos una pareja de cinco años atrás.

Ella estaba profundamente enamorada de él, pero él pasaba de ella.

Ella venía sospechándolo por detalles, en un principio insignificantes y tan poco relevantes en realidad que no le servían para convencerse del todo de que su Amor no era recíproco.

Tampoco era que él no la quisiese, no, no era eso; habían compartido juntos muchas cosas: aficiones, costumbres, chistes... Pero esto no significaba que él estuviese enamorado de ella.

La cuestión era que un mal día (o un buen día) todo acababa entre ellos. A ella le tocaba sufrir, y a él huir de un sentimiento de culpabilidad.

En las cosas del querer es muy arriesgado decir cuando es un buen día o un mal día para tomar esta clase de decisiones tan contundentes, peliagudas, rotundas...

Y transcurría el tiempo; y él, pensando que todo el amargor de ella había pasado ya, se atrevía a pedirle sus amistad, y ella, aferrándose al Amor que todavía le profesaba, aceptaba.

Pero es sabido y reconocido que amistad no es lo mismo que Amor, al menos no siempre, y, por supuesto, no en ellos, aunque Amor y amistad junto es el no va más.

Ella traducía cada mirada, cada gesto, cada palabra, cada frase de él en una cercana posibilidad de volver a unirse, pero él, simplemente, no traducía nada.

Un día, que nunca debió existir, él osó a contarle que estaba enamorado de otra mujer y ella lo encajaba, pero llorando por dentro y sonriendo por fuera. Sin embargo, la postura arrogante de él la derrotaban, y era por eso que luchaba con todo su ser para no amarlo, para no verlo, para olvidarlo. Pero no, no lo conseguía.

A cada llamada de él que ella no pensaba responder, respondía. Cada vez que la citaba, ella, guapa y radiante, aparecía, y se tragaba su orgullo, sólo por verlo, por hablarle, por estar con él…

Uno de aquellos días, él, derrotado, la visitaba y le decía que su nuevo Amor lo había dejado, pero ella, en vez de alegrarse le curaba las heridas y le daba lo que nunca se había dado a sí misma.

Una noche de Luna, vino y clavel, él confundía el concepto amistad. Ella quería convencerse a sí misma de que por fin iba a “hacerlo de nuevo” de nuevo, y lo hacían. En la cama se reían de todo, como en los viejos tiempos, y dormían abrazados el uno al otro, como hacían en un pretérito próximo.

Al otro día, ella despertaba primero, e ilusionada y enamorada, se ponía a mirar cómo dormía él. Hubiese cambiado miles de noches de agonía por un segundo de esa noche de derroches de Amor.

Pero el golpe final, definitivo, venía cuando ella lo escuchaba musitar el nombre de la otra mujer, con una dulce sonrisa en los labios.

Entonces, ella, tranquila, le cubría el cuerpo desnudo, pero desde ese momento se prometía a sí misma no llorar nunca más por él.

El odio, aunque azucarado, que la invadía por la insolente actitud de él, podía más que una reconciliación. Y aunque sabía de sobra que aún lo amaba, algo que por el momento no lo podía evitar, decidía que era hora ya de sacar su orgullo a pasear.

Cuando él se despertaba y ella había rumiado ya la realidad de la situación y luego del intento de él de llorar en su regazo, lo apartaba con delicadeza  y le decía palmariamente lo que en adelante tenía que afrontar.

—Has reaccionado demasiado tarde, cariño Ahora tú estás empezando a enamorarte de mí, pero yo estoy terminando de estar enamorada de ti.



A Chávez López
Sevilla mayo 2024

 :)
 


Comentarios

  • Ese cuento es tan real. Muchos terminan pisoteando la devoción de la pareja y nunca se dan cuenta de lo que tienen hasta que lo pierden. Porque, y esto lo he visto mucho en las mujeres, cuando ellas te dicen «no quiero más nada contigo», así sea que estén perdidamente enamoradas, es un no rotundo y te lo hacen saber de la peor forma.

    Yo estuve cerca de perder a esa chica especial que me enseñó tantas cosas y con la que he compartido momentos geniales. Pero felizmente pude enmendar las cosas a tiempo. Y es evidente que el protagonista de este cuento, no lo hizo y ahora paga las consecuencias.
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Ese cuento es tan real. Muchos terminan pisoteando la devoción de la pareja y nunca se dan cuenta de lo que tienen hasta que lo pierden. Porque, y esto lo he visto mucho en las mujeres, cuando ellas te dicen «no quiero más nada contigo», así sea que estén perdidamente enamoradas, es un no rotundo y te lo hacen saber de la peor forma.

    Yo estuve cerca de perder a esa chica especial que me enseñó tantas cosas y con la que he compartido momentos geniales. Pero felizmente pude enmendar las cosas a tiempo. Y es evidente que el protagonista de este cuento, no lo hizo y ahora paga las consecuencias.

    Con las mujeres, hasta la primera gota es peligrosa  :)


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