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Sucedió en la sala de llegadas del andén 10

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado diciembre 2022 en Narrativa


Sucedió en la sala de llegadas del andén 10

Era un viernes primaveral de mediados de mayo.

Una joven, muy nerviosa, no paraba de mirar su reloj de pulsera, y después corroboraba la hora con la de los relojes grandes que colgaban del techo de aquel lugar.

Solo faltaba media hora exacta para que llegase el tren, que era uno de Alta Velocidad (AVE), del servicio regular de la Renfe, procedente de la Estación de Santa Justa de Sevilla.
 
Caminaba, más nerviosa todavía, la chica con pasos rápidos entre las variadas tiendas de la estación del ferrocarril más grande y más importante de España: Atocha.

Iba pensando en las mil y una cosas que contarle a él, no bien se bajase del tren. También pensaba en cómo se abrazarían y se besarían en el mismo andén, sin importarles en absoluto la gente aglomerada que allí había en ese momento. Y pensaba (el pensamiento más importante para ella) en proclamar su amor a los cuatro vientos.
 
Pero también pensaba en si iba a ser del agrado de su amor la minifalda blanca ibicenca, que dejaba lucir sus bronceadas y largas piernas, así como su camiseta verde, con un generoso escote. Y tan atractivo conjunto, destacaba más acompañado de unas sandalias verde Betis de tacón alto de aguja.
 
Tan absorta estaba en todos esos pensamientos que no se percataba de la hora. De modo que cuando le daba de nuevo por mirar el reloj, solo faltaban quince minutos para que llegase el tren, sin error en la puntualidad de llegada porque la Renfe se vería obligada a devolver íntegro el importe del pasaje, si no llegaba a su destino a la hora marcada.

Su chico venía del Sur, solamente con dos ilusiones: amarla y pasarlo de maravilla juntos en Madrid ese finde, y más tarde, en el último AVE del domingo con destino Sevilla, regresaría nuevamente a su ciudad.
 
Inmensamente feliz decidía comprarle algo personalizado para su dormitorio, y así él la recordaría durante las noches "como más le gustaba a ella que la recordase". (Si ella pensase detenidamente en ese entrecomillado, se relamería los labios).
 
Se iniciaba a visitar, sin prestar mucha atención, aquellas tiendas. Había allí prácticamente de todo: joyas, bisuterías, trajes de señoras y caballeros, zapatos para ambos sexos, perfumes, ropa de buena y regular calidad, y cientos de trastos inútiles, que serían abandonados al poco tiempo de haberlos comprado.

Pero nada de lo que veía la convencía.

“En estas tiendas no encuentro nada que me guste para ti, amor”, se decía para sí.
 
Miraba de nuevo el reloj: ocho minutos faltaban y todavía no había hallado el regalo apropiado.

El AVE, el que ella esperaba, lentamente se iba acercando hasta el andén 10.
 
Pero, de pronto… “¡esto, esto sí que sí!”, exclamaba en voz alta, como una loca, a la vez que cogía una pequeña lámpara de bronce con caperuza, también de bronce pero en forma de punta.

“¡Esto te va a encantar, amor!”, decía de nuevo en voz alta, sin importarle nada ni nadie.
 
A su chico le gustaba el efecto que causaba una pequeña luz, y el ambiente tan íntimo que proporcionaba. Al veces habían hecho el amor, en el apartamento de ella de Madrid, mientras su dormitorio se encontraba iluminado por una lámpara igual o parecida a la escogida como regalo.
 
De pronto, por megafonía sonaba una voz nítida pero un poco como aflautada, anunciando la inminente llegada de un tren AVE procedente de Sevilla en el andén 10.
 
Se quitaba los tacones y empezaba a correr portando su flamante lámpara en una de sus manos, sin envolver, metida solo en una bolsa de plástico, pues no quedaba papel de regalo en la tienda, además de que no podía entretenerse más.
 
Abriéndose paso entre las personas de la sala de espera, seguía corriendo hacia la zona de LLEGADAS, en la que aguardaban a diferentes trenes de disímiles procedencias. Ella sabía a adonde tenía que ir, pero a sus nervios le daban por preguntar, y, por fin, llegaba al lugar, donde decenas de personas esperaban al tren procedente del Sur.
 
Los viajeros iban bajando de los vagones, y la expectación iba creciendo en los adentros de la esbelta muchacha.
 
Su sistema nervioso era ya incontrolable, y hasta le temblaban las manos. Un prolongado escalofrío recorría todo su cuerpo, y más cuando sus ojos miraban con feliz ansiedad la escalera mecánica que transportaba a los viajeros de ese tren.  Miraba detenidamente la hilera de pasajeros, sin siquiera pestañear.
 
"¡Allí, allí está!" Lo veía, y, a no más de diez metros su hombre la buscaba con la mirada entre la multitud (la cual estaba en amena espera conversadora), sin, por el momento, conseguir visualizarla.
 
Alzaba una de sus manos, moviéndola de derecha a izquierda, y, de pronto, una amplia sonrisa en los labios de él enviaba el mensaje de que acababa de reconocerla.
 
Cuando la escalera mecánica llegaba a su fin, corriendo se iba hacia él, y, cuando llegaba lo abrazaba y lo besaba con tanta fuerza que los dos caían rodando sobre el suelo, debido, principalmente, al impaciente deseo de ella.
 
Pero sin preocuparle que se hubiera caído, seguía besándolo, hasta que se percataba de que él no respondía a sus besos, y los brazos, que en un principio rodeaban su cuerpo, se habían aflojado completamente.

Apoyándose ella en la pierna de alguien que había por allí, se ponía en cuclillas y separaba su cara de la de él, y se fijaba en su faz y la veía pálida y con la mirada perdida en el infinito. Le movía la cabeza de un lado a otro, para que reaccionase. Pero era entonces cuando se daba cuenta de que sus propias manos estaban ensangrentadas. Aterrada, se limpiaba como podía en la minifalda blanca, e intentaba, inútilmente, que el muchacho volviese en sí.

En un último e inservible intento, veía, horrorizada, que la afilada caperuza de la lámpara se había salido de la bolsa y ahora estaba fuertemente clavada en la base del cráneo del que pocos minutos antes había sido su amor.



Antonio Chávez López
Sevilla enero 2000


Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado diciembre 2022


    Mientras escribía este escalofriante relato, allá por el año dos mil, el primero del siglo XXI, yo mismo me estremecía. Pero, para no variar de mi eterna costumbre, está basado en un hecho real que yo presencié, con la diferencia de que no era un tren AVE, sino un rápido TrenHotel, también de Renfe, y tampoco se produjo ese accidente en la estación del año que cito, fue en el verano del 1989.

     :(

     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Pero según pude enterarme más tarde de los comentarios que se hacían en la sala de espera de aquel tren AVE, destino Madrid, el chico no murió por habérsele incrustado en el cerebro la punta de una lámpara de techo, sino de un tiro que recibió por error de un pistolero a sueldo por un ajuste de cuentas, ajeno a él. 

    Para respetar la memoria del pobre difunto y para que no fuese mi relato una crónica de sucesos, cambié ese detalle y lo llevé a la causa de la muerte a esa lámpara de bronce de techo, con toda la historia anterior. Cuestión de imaginación.

     :)

     
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2022
    Me ha impactado ese final, aún más que tenga base real. ¿De dónde surgió el elemento de la lámpara en el hecho real? 

    Literariamente, por supuesto, es mucho más eficaz y poético el uso de la lámpara traicionera, la crueldad de lo absurdo.
    Es un relato excelente. 

    Un detalle, veo que utilizas con cierta recurrencia el pretérito imperfecto, ejemplo: Le movía la cabeza de un lado a otro, para que reaccionase. Pero era entonces cuando se daba cuenta de que sus propias manos estaban ensangrentadas. Aterrada, se limpiaba como podía en la minifalda blanca... 

    Me suena mejor: Le movió la cabeza de un lado a otro, para que reaccionase. Pero fue entonces cuando se dio cuenta... etc




  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado diciembre 2022


    Sí, admito ese pequeño cambio de texto que has efectuado; tanto, que ya corregí el original que duerme en mi archivo. "Donde hay patrón, no manda marinero"  :)

    Me agrada que te haya agradado mi relato, y valoro en su justa medida tus siempre buenas observaciones, lo que me corrobora, una vez más, que eres una chica que sabe interpretar lo que lee. Además, me ha parecido un requiebro hacia mí el hecho de que te gusta lo que escribo, básicamente porque mis textos en general son normalmente cortos, se leen de corrido y enganchan, más o menos, al lector; en este caso, lectora.

    Gracias, estimada murciana.

    Ah, y hablando de AVE, mi enhorabuena porque a partir de hace como un par de días o tres la población de Murcia tiene a su entera disposición, por fin, los magníficos servicios de ése cómodo y rápido tren.

    De nuevo mis felicitaciones navideñas

    Afectuosamente
    ACHL - SEVILLA

     :) 
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV


    Sí, admito ese pequeño cambio de texto que has efectuado; tanto, que ya corregí el original que duerme en mi archivo. "Donde hay patrón, no manda marinero"  :)

    Me agrada que te haya agradado mi relato, y valoro en su justa medida tus siempre buenas observaciones, lo que me corrobora, una vez más, que eres una chica que sabe interpretar lo que lee. Además, me ha parecido un requiebro hacia mí el hecho de que te gusta lo que escribo, básicamente porque mis textos en general son normalmente cortos, se leen de corrido y enganchan, más o menos, al lector; en este caso, lectora.

    Gracias, estimada murciana.

    Ah, y hablando de AVE, mi enhorabuena porque a partir de hace como un par de días o tres la población de Murcia tiene a su entera disposición, por fin, los magníficos servicios de ése cómodo y rápido tren.

    De nuevo mis felicitaciones navideñas

    Afectuosamente
    ACHL - SEVILLA

     :) 

    Pues me halaga que me hagas caso, sobre todo porque en el menester literario no tengo nada que enseñarte.

    Sí, ahí vamos los "murcianicos", sumándonos al progreso :) 

    Te reitero también mis felicitaciones y, en este caso, una Feliz Nochebuena. 
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado diciembre 2022


    Ah, que se me pasaba eso que cito en negrillas y cursivas, lo que no me deja satisfecho porque suelo responder en foros a todo lo que me preguntan, pero solo en foros, que en la vida real, a veces me hacen algunas preguntitas "improcedentes", y yo sonrío por toda respuesta  :)

    Sarasvati, preguntó:

    ¿De dónde surgió el elemento de la lámpara en el hecho real? 

    Como explico anteriormente en un comentario, la muerte de aquel pobre muchacho le vino a través de una bala equivocada, puesto que no era él el destinatario. El sicario se equivocó de persona, porque (según un comentario que escuché de alguien que sabía, más o menos, lo que había ocurrido y que, de alguna manera, estaba implicado en el macabro suceso, a juzgar por el nerviosismo que noté en su voz), el verdadero receptor tenía un parecido tipo sosias con el difunto.

    Saludos

     :) 


  • ¡Wow!
    de verdad, pensé que esto iba a ser mas romántico de lo que realmente fue. 

    La narrativa es excelente, te arranca completamente de las manos lo que era una narrativa dulce y romántica, para entonces hacer que tragues una narrativa triste y grotesca. 

    Enserio, el final no lo esperaba, incluso fue lo ultimo que pensé al inicio del texto. 

    Es algo tan crudo, tan realista, que no es necesario mostrar una muerte dramática para que sientas el vació de la joven al ver lo que sucedió. 

    Aun que al inicio fue algo cansado la descripción del tren, realmente el resto lo compensa bien. 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    soASO dijo:
    ¡Wow!
    de verdad, pensé que esto iba a ser mas romántico de lo que realmente fue. 

    La narrativa es excelente, te arranca completamente de las manos lo que era una narrativa dulce y romántica, para entonces hacer que tragues una narrativa triste y grotesca. 

    Enserio, el final no lo esperaba, incluso fue lo ultimo que pensé al inicio del texto. 

    Es algo tan crudo, tan realista, que no es necesario mostrar una muerte dramática para que sientas el vació de la joven al ver lo que sucedió. 

    Aun que al inicio fue algo cansado la descripción del tren, realmente el resto lo compensa bien. 


    Gracias por tus comentarios. Lo curioso de ese relato es que no es ficción, fue realidad, y yo tuve la desgracia de presenciarlo, porque casualmente me encontraba en el lugar de los hechos. Pero no fue una lámpara de techo lo que mató al muchacho, sino un tiro de bala de un sicario, como le expliqué con detalles en un comentario, anteriores a este, a nuestra compañera forera Sarasvati.

     :)
     
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