Oscar era feo. Bastante feo. Tenía una boca parecida a la de los monos. Cuando comía, su boca se extendía y se contraía en su cavidad cóncava superior. Este movimiento daba a entender que Oscar disfrutaba de lo lindo saboreando la comida, dándole vueltas en esa cavidad retráctil como la de los simios. Tenía unos ojos oscuros hundidos y un pelo crespo y sucio las más de las veces. Siempre iba con ropa gastada y se sujetaba las gafas con el índice constantemente. Las cejas parecían un bosque que tapaba toda su frente, eran unas cejas que también recordaban a algún animal.
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