No es el principio de la amargura quien pueda escribir los versos y los días reconciliados en las sombras. No es porque los poetas mueran de reposo que me he sentado a escribir. No son las tinieblas que cayeron de la vacuidad piadosa del rezo, ni siquiera el luto de la herencia olvidada pronunciando la sola palabra.
Es la esperanza que patea moribunda como potro sediento. Es la almohada exquisita de Dios enfermo agonizante. Es el lamento de hermano en las esquinas del tiempo. Es la vida misma llorando por cada lágrima de un solo hombre… el hombre... El hombre que tiñe de rojo su llanto en los días de la misericordia absoluta de su caída.
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Un cordial saludo.