En el séptimo día, el hombre caminó,
trepó a los arboles y sació su hambre y libertad,
mientras la mujer aprendía del mar
y las estrellas, la armonía.
En el séptimo día, el hombre y la mujer
se hartaron de sus cuerpos
olvidando el reposo absoluto.
En el séptimo día, Dios hizó otro mundo
con la sangre del hombre en el corazón de la mujer.
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Un abrazo.