Creo que cuando se abarca mucho tiempo dentro de un mundo en construcción hay que dejar algunos "diarios" de sus constructores para no perderse con los personajes: rolleyes:
Creo que cuando se abarca mucho tiempo dentro de un mundo en construcción hay que dejar algunos "diarios" de sus constructores para no perderse con los personajes: rolleyes:
Muy buenas. Pues, en la historia, ha pasado un poco más de un año desde su comienzo. Es posible que abrume la cantidad de texto, pero puede abrumar aún más la historia que hay detrás de la filosofía no teísta principal, llamada Dualismo Panuniversalista. Además, si se le agrega la inmensa cantidad de mitos y leyendas, con sus distintas versiones de la mitología griega (la cual es la protagonista en "Tierra de Pasiones"), se vuelve una nebulosa colosal que aterra.
Intenté, aún sin saber con qué grado de atino, volver a mencionar ciertos sucesos relevantes de forma sintética ya que esta historia es más larga que la Biblia en verso.
Tendría que poner una pequeña biografía de los personajes, más algunos "apuntes históricos" y, en la medida de lo posible, efemérides de la peculiar historia de esta filosofía y de sus variopintos protagonistas.
Lamento ser un poco caótico, es que esta historia no es fácil de seguir en ciertas ocasiones. Je, je, je. ¡Saludos!
La extraña enfermedad que sufren el padre y el tío de Silecio es un misterio. Al parecer no fue causada por obra de las deidades, pero los muchachos dudan que sea por obra de los ángeles o los demonios. Sin importar su origen, deben hallar la única medicina que puede curar a los enfermos y aparentemente se encuentra en el Asclepion de la isla de Cos. (Parte 2)
Capítulo X: Hallando la medicina (Parte 2).
Mientras esperaban a que los médicos dejaran de revisar a Alejandro para averiguar si tenía alguna lesión severa, María y Nahuel recordaron parte de la historia de la familia Tsartsaris. Alejandro y Silecio eran la quinta generación de los Tsartsaris dualistas panuniversalistas aunque distaban de ser una de las familias griegas afiliadas a la doctrina más longeva. El Dualismo Panuniversalista había llegado a las tierras helenas alrededor de 1870, pero ya había corrientes de pensamiento dualista panuniversalista en el territorio griego, no obstante aún no había movimientos sólidos sino que pequeños grupos de intelectuales griegos quienes escucharon algo sobre la ideología pero no tanto en profundidad puesto a que era considerada como una doctrina clandestinas. En 1870 un grupo de dualistas panuniversalistas austríacos e italianos llegaron a las regiones del norte de lo que varios años más tarde sería parte de la actual República Helénica puesto a que para ese entonces esos territorios estaban en manos de los turcos; allí justamente se encontraban la gran mayoría de los incipientes dualistas griegos.
Tras una pequeña formación, los primeros dualistas griegos se expandieron hacia sur hasta llegar a Atenas donde la mitad de los quinientos dualistas panuniversalistas se establecieron, allí vivieron en armonía por un tiempo hasta que estalló la Primera Guerra Mundial, con el país divido en dos claras facciones la germanófila, perteneciente a los Imperios Centrales, y la pro-aliada. Con ese ambiente agitado los dualistas no tuvieron paz en todo el tiempo que duró la Gran Guerra e incluso la sensación de desasosiego perduró en el período de entre guerras puesto a que muchos de ellos vaticinaban que algo peor estaría a punto de llegar y no fallaron. Luego de adoptar la forma republicana de gobierno las cosas no hicieron más que empeorar: el nuevo gobierno era ineficaz para tomar medidas con el fin de modernizar el país y muy inestable lo que derivó en un golpe de estado abolir la frágil República y lograr que se establecería la monarquía nuevamente y posteriormente el general Ioannis Metaxas estableció una dictadura fascista que duró hasta 1941cuando Metaxas murió y los alemanes ocuparon el país.
Durante los inicios de la Segunda Guerra Mundial, Grecia trató de mantenerse neutral, pero el general Metaxas se inclinaba hacia la ideología de las potencias del Eje mientras que el rey estaba orientado hacia la causa británica por lo que había fricciones entre los gobernantes aunque evitaban que las discusiones salieran a la luz pública. En éste tenso ambiente, rodeados por una nueva guerra que sometía de nuevo a Europa, los dualistas panuniversalistas no sabían hacia donde escapar y lo peor es que estaban incomunicados con el resto de los país afiliados a la doctrina como España, Italia y Austria a causa de ello no tenían noticias sobre sus pares y eso los mantenía muy preocupados. Finalmente, momentos antes de que los aliados invadieran Grecia, empezaron a huir hacia norte siendo, según viejos registros, unos cuatrocientos exiliados sin embargo había más en Atenas pero el resto se iba exiliando de a poco. Aquellos cuatrocientos hombres, mujeres y niños se refugiaron en los monasterios “suspendidos en el aire de las montañas” de Meteora donde también se escondían la resistencia griega. No obstante, tuvieron mucha suerte de que los ataques alemanes no acabara con ellos junto con varios de los monasterios debido a que un grupo de tres dualistas que se refugiaban a varios kilómetros al oeste de las montañas de Meteora se acercaron a uno de los monasterios donde se escondían los sus pares y les informaron que dentro de pocos los alemanes atacarían esos edificios pues sabían que allí estaba la resistencia griega.
Ya en el Asclepion, los muchachos comienzan a buscar desesperadamente la medicina. Sin embargo, se percatan de la presencia de un grupo de Misántropos Oscuros. (Parte 3)
Capítulo X: Hallando la medicina (Parte 3).
Los cuatro muchachos se volvieron a reunir al frente de donde estaban emplazadas las ruinas del templo consagrado a Asclepios, donde María estaba sentada en el sitio exacto donde se hallaba la entrada del edificio leyendo unas páginas escaneadas de uno de los libros que poseía la tablet.
–¿Estás cómoda? –le preguntó Nahuel a su amiga apenas llegó junto con el resto de sus amigos.
–¿Por qué lo preguntas? –respondió la muchacha dirigiendo su mirada hacia sus compañeros.
–Pensaba que estarías buscando por aquí y que nos esperarías con la tablet apagada.
–Ya había terminado de buscar hace rato y pensé que podía esperarlos leyendo alguno de los libros escaneados en vez de esperarlos viendo las ruinas de los edificios.
–Eso es más entretenido que ver unas viejas piedras labradas. –comentó Alejandro.
–¿Encontraron algo? –interrogó María.
–Nada. –contestaron los tres muchachos.
–¿Y tú? –interpeló Silecio.
–No, nada. –aseguró la joven.
–¿No tuviste problemas con los turistas?
–Ninguno, de hecho pareció que no notaron mi presencia.
–Qué extraño, a mí me preguntaban cosas sobre el lugar como si yo fuera un guía.
–¿Y les dijiste algo? –preguntó Nahuel intrigado.
–Un poco, más que nada sobre la localización de otros edificios del complejo. Aún así no hallé nada.
–Pues yo tuve una búsqueda tranquila, pero obtuve el mismo resultado. –declaró Alejandro.
–Igual yo. –expresó un tanto furioso Nahuel.
–¿Por qué estás enojado? –le preguntó María sabiendo el estado de ánimo en que se encontraba su amigo.
–Porque pensé que aquí hallaría la medicina. Éste es el Asclepeion más importante y estaba seguro que aquí la encontraríamos.
–Pero sería el lugar más obvio. –admitió Silecio.
–¿Cómo dices? –interrogó Alejandro sorprendido al igual que Nahuel.
–Los dioses hubieran sabido que aquí se encontraba la medicina y la hubieran tomado sin necesidad de pedir nuestra ayuda. –aclaró el dualista griego.
–Y si estuviera aquí, ¿por qué nos mandarían a nosotros? –cuestionó María.
–Porque es ayuda mutua, nosotros los ayudamos y ellos nos ayudan. –contestó Nahuel.
–¿Y qué beneficio tendríamos con esa reciprocidad? –dudó María.
–Como dije antes, es probable que los dioses no quieran salir de su escondite y que saben que mi viejo y mi tío tienen la misma enfermedad que Atenea por lo tanto es, como dice Nahuel, ayuda mutua. –dilucidó Alejandro.
–Por lo menos ahora tenemos un solo sitio para buscar. –afirmó Silecio.
–Es verdad… ¡pero confiaba en que aquí estaría la jodida medicina! –manifestó Nahuel.
–Tranquilo, Nahuel. Alejandro y yo deberíamos estar en tu estado.
–¿Y por qué no lo demuestran?
–Yo porque de nada sirve… –aseveró Alejandro– Si me entristezco o si me enfurezco como tú afectaría mi pensamiento y tendría ideas fatalistas.
–Y yo porque no quiero recordar que mi padre está muy mal… –expresó Silecio.
–Mmm… de acuerdo, entiendo –asintió Nahuel–. Será mejor que volvamos al Templo.
–Entonces mañana iremos a la isla de Cos, ¿no? –dijo María.
–Sí, pero no podremos viajar en helicóptero hasta allí. –advirtió el dualista griego.
–¿Por qué no?
Para su fortuna, el grupo no tuvo que luchar contra los Misántropos y, al parecer, encontraron lo que buscaban.
Capítulo X: Hallando la medicina (Parte Final).
Pocos minutos después y muy disimuladamente los jóvenes se aproximaron al bosque como si quisieran ver los árboles mientras algunos turistas los veían, cuando nadie los observó se internaron el bosque dirigiéndose raudamente hacia donde procedía los haces de energéticos amarillentos. Segundos más tarde los muchachos llegaron al sitio pero se llevaron una gran sorpresa al ver la emanación energética provenía debajo del suelo, como si lo que sea que originaba los haces se hallaba enterrado por lo que de inmediato empezaron a cavar con sus propias manos procurando hacerlo lo más rápido posible; un par de minutos después los haces energéticos dejaron de emitirse en el preciso instante que Alejandro dijo que había sentido algo sólido, inmediatamente los dualistas removieron un poco la tierra y cuando menos se los esperaban, desenterraron una vasija de arcilla naranja que poseía un par de asas, una de ellas muy estropeada, cuello largo y una tapa del mismo material que el objeto que era sostenida en su lugar por unas especies de abrazaderas de bronce que consistían en un aro del material mencionado ubicado a pocos centímetros de terminar el cuello y desde allí partían tres partes articuladas que mantenían afirmada la tapa al resto de la vasija; lo que más impactó a los jóvenes es que tenía un tenue brillo amarillo que coincidía con los haces energéticos que ellos vieron además de que las agarraderas relucían como si fueran nuevas, algo extraño para un objeto que debía tener varios siglos de antigüedad. No obstante y aunque intuían que esa particular vasija, que apenas superaba los treinta centímetros de alto, tal vez contuviera la medicina que ellos estaban buscando, ninguno de ellos se atrevía a retirarla del pequeño poso que crearon por lo que estuvieron un tiempito discutiendo sobre quién la recogería hasta que Nahuel decidió que él mismo la retiraría de allí pero apenas la levantó unos escasos centímetros el asa estropeada se quebró en ciento de minúsculos fragmentos que asustaron al muchacho puesto a que pensó que se rompería del todo, sin embargo al ver que la vasija parecía estar intacta pese a la rotura del asa la retiró del pozo.
Apenas estuvo fuera el brillo amarillento se desvaneció del todo y seguidamente, pero con lentitud, Nahuel comenzó a quitarle las abrazaderas una por una para saber qué era lo que contenía adentro; al retirar la tapa descubrió, junto con sus compañeros, que poseía una sustancia líquida incolora algo viscosa, como el aceite, con aroma agradable que identificaron que era menta junto con otras hierbas que no podían identificar pero que sin dudas creyeron que eso era la medicina.
–¿Eso es la medicina? –preguntó Silecio emocionado.
–Eso parece… –contestó Nahuel.
–¡Ahora podremos curar a Atenea y a los padres de Alejandro y Sielcio! –exclamó María con total alegría.
–Pero… ¿por qué no la vimos apenas llegamos? –cuestionó Alejandro.
–Puede que… sea por culpa de los Misántropos. –aseveró Nahuel.
–¡¿Por culpa de los Misántropos?! –preguntaron Alejandro y Silecio al mismo tiempo.
–¡Ah, claro! Por culpa de esos haces energéticos no les dijimos nada sobre ellos… –afirmó María y acto seguido les contó a sus compañeros que ese par de personas que creía que eran Misántropos lo eran y que Nahuel lo confirmó estando en la terraza superior del Asclepeion.
–¡¿Pero creen que ellos vinieron aquí por lo mismo que nosotros?! –interrogó Alejandro con cierto temor.
–No lo sé. Pero tal vez la vasija se “protegió” de ellos al no emitir algún rastro energético… Por eso es que nosotros no pudimos percibir su energía… aunque es sólo una teoría. –respondió Nahuel.
–Por suerte ya tenemos lo que queríamos y ahora podemos irnos de aquí. –declaró Silecio.
–Sí, pero hay un problema. –expresó Nahuel con preocupación.
–¿Cuál?
–¿Cómo sacaremos la vasija de aquí sin llamar la atención de los turistas ni de los guías ni del personal de seguridad que hay en la entrada del complejo?
–¡Ay! ¡Mierda! ¡Es verdad!
–Encima no trajimos ni siquiera una sola mochila… –afirmó María.
–Mmm… algo habrá que hacer… –aseguró Alejandro pensativo.
–Hay que pensar rápido porque el tiempo se nos echa encima y no sé si lo que contenga esto dure mucho tiempo. –aseveró Nahuel mientras colocaba la tapa de nuevo en su lugar para después asegurarlas con las abrazaderas. Mientras Silecio, María y Alejandro discutían cómo harían para extraer la vasija del Asclepeion sin que se la confisquen las personas de seguridad o los guías turísticos por pensar que ellos estaban robando una pieza arqueológica, Nahuel miró con detenimiento el particular cuenco y vio que la parte posterior tenía mucha tierra por lo que la limpió y descubrió que tenía un símbolo muy especial que eliminaría cualquier duda que tuvieran los muchachos sobre si esa sustancia era lo que pensaban.
Por fortuna, el padre y el tío de Alejandro se recuperan gracias a la medicina del semidiós Asclepios. No obstante, los muchachos no pueden celebrarlo; deben regresar al Oráculo de Delfos de inmediato. (Parte 1)
Capítulo XI: El que está a favor y la que está en contra (Parte 1)
Apenas amaneció, Silecio despertó a Nahuel para saber si la medicina podía ser utilizada en humanos a lo que el muchacho medio dormido le respondió que sí y que tenía un plan para suministrársela a los hermanos Tsartsaris pero necesitaba de la ayuda de él y de María y Alejandro para que funcionara. Acto seguido Nahuel le pidió a Silecio que consiguiera un frasquito o dos para verter en ellos lo que había quedado de la sustancia en la vasija mientras tanto él despertaría a los demás para así explicarles a todos el plan. Minutos después Silecio regresó con un par de frasquitos de rollos fotográficos siendo éstos los únicos recipientes pequeños que consiguió en poco tiempo al tiempo que los demás se estaban despertando, acto seguido Nahuel vertió en cada recipiente la sustancia medicinal, para cuando terminó había llenado hasta la mitad cada frasco aunque eso no le importaba llenarlos.
Rápidamente les contó la idea que tenía en mente y les dio a cada uno de sus amigos el papel que cumpliría en dicho plan aparte de advertirles que no debían fallar bajo ningún punto de vista por lo que les afirmó que si no entendían alguna parte del plan que se los explicaría las veces necesaria para que se acuerden perfectamente lo que tendrían que hacer. Un poco más de una hora después todos tenían en claro el plan y el rol que cada uno debía cumplir por lo que pusieron en marcha la idea de inmediato; tras desayunar Silecio llevó a sus amigos, a su madre y a su tía al hospital donde se encontraban internados los hermanos Tsartsaris aprovechando la última hora que quedaba de visitas por la mañana. Seguidamente se dirigieron hacia el pasillo de la sala de terapia intensiva para poder entrar poder saber si podían visitar a Adrian y a Kiriakulis porque no siempre era posible ver a personas que se encontraban en terapia intensiva, sorprendentemente las recepcionistas les permitieron el acceso para poder verlos y apenas llegaron uno de los médicos del Templo les informó sobre el estado de salud de los Tsartsaris al tiempo que María y Alejandro se encaminaban hacia el baño.
El médico comunicó que por el momento estaban estables y que habían recuperado aunque su estado era delicado, aparte aseguró que habían salido del estado de coma y que ahora estaban inconscientes pero respondían a algunos estímulos por lo que el pronóstico era favorable aunque siempre hacía hincapié en que aún estaban en un estado delicado puesto a que no sabían si eso era señal de una recuperación o la calma antes de la tormenta, y con esto quería decir que todavía no habían identificado a la enfermedad pero seguían haciendo pruebas; lo único que podía decir era que podría ser una autoinmune, sin embargo era una hipótesis ya que varios médicos no estaban de acuerdo puesto a que algunos síntomas no coincidían con una enfermedad de esa clase. Tras esto el médico les dio permiso para ver a los pacientes si querían hacerlo y en esos instantes Alejandro y María regresaron, a continuación las esposas de los Tsartsaris entraron a verlos primeros y cuando cerraron la puerta de la habitación, Alejandro le dio a Nahuel un par de jeringas de tamaño normal y María un par de agujas en sus correspondientes bolsitas; en ese momento los muchachos sabían que ahora el plan entraba en su parte final y que dependía de Nahuel que fuera un éxito. Minutos después las mujeres salieron de la habitación y entraron los cuatros muchachos, apenas cerraron la puerta Silecio sacó de sus bolsillos los frasquitos de rollo fotográfico y Nahuel preparó las jeringas, a continuación los muchachos llenaron los tubos de las jeringas por completo de la sustancia medicinal y se prepararon para la última y la más arriesgada parte del plan: introducirle en el suero de los hermanos Tsartsaris la medicina de Asclepios y esperar que funcionara.
El desafío que le planteó el dios Apolo parece sencillo y, al parecer, es una pequeña puesta de escena. No obstante, Nahuel sabe que no todos los dioses lo apoyan y que más temprano que tarde se encontrará con uno que no los apoya. (Parte 2)
Capítulo XI: El que está a favor y la que está en contra (Parte 2)
–De acuerdo… a ver… –dijo Nahuel y luego se puso a pensar– Las nueve Musas… son… Euterpe, musa de la música; Clío, musa de la historia; Melpómene, musa de la tragedia; Polimnia, musa de los cantos sacros y la poseía sagrada así como los himnos; Terpsícore, musa de la danza; Erató, musa de la poesía amorosa; Talía, musa de la comedia y de la poesía pastoril; Urania, musa de la astronomía, poseía didáctica y las ciencias exactas; y, mi musa favorita si se me permite decirlo, Calíope, musa de la elocuencia y de la canción narrativa mejor conocida como poseía épica. –añadió y cada vez que mencionaba el nombre de una Musa se levantaba y cambiaba su forma para parecerse un poco a las representaciones que los mortales les habían dado. De esa manera Euterpe apareció con una corona de flores y una flauta en una de sus manos; Clío con una corona de laureles llevando una trompeta en una mano derecha, un rollo de papiro en la izquierda y una caja con papiros a sus pies; Melpómene con un vestido lleno de detalles, con una mirada severa, en una de sus manos tenía una máscara trágica y en la otra un puñal ensangrentado; Polimnia apareció vestida de blanco en vez de estar vestida en color violeta como antes y poseía una actitud pensativa con dedo en sus labios y alrededor de ella había unas cadenas finas plateadas; Terpsícore se convirtió en una joven esbelta con un aire alegre y guiznarlas de flores conformaban su corona que se extendía hasta sus hombros como si formaran parte del cabello; Erató con una corona de rosas muy bellas portando en su mano izquierda una antorcha encendida y una flecha dorada; Talía se mostraba risueña, con una mirada burlona portando en una mano un cayado y en la otra una máscara cómica; Urania mantuvo su toga azul pero en esta oportunidad estaba repleto de puntos brillantes como si fueran estrellas, tenía una diadema hecha por un grupo de estrellas y en una de sus manos sostenía una esfera que tenía una especie de imagen de movimiento y dicha imagen era un planisferio por lo que esa esfera podría ser un globo terráqueo que se movía por sí solo; y Calíope poseía un aire majestuoso, tenía en su cabeza una corona dorada y en una de sus manos tenía un papiro con un poema escrito en él.
Luego de todo eso Apolo aplaudió.
–Impresionante. Creo que sólo un experto en el tema podría decir cuáles son los nombres de las Musas, pero incluso ellos también se olvidan. –afirmó el dios.
–Pues la mitología griega abarca un montón de hechos, deidades y personajes. No es fácil acordarse de todo, por no decir imposible. –comentó Nahuel.
–Es verdad.
–Aunque las mujeres ahora sí se parecen a las Musas.
–Sí, que se materializaran en otra forma fue una idea para distraerte puesto a que sabrías quien era quien si se materializaban como eran.
–Gracias por eso.
–Je, je. ¿Acaso dudabas de tu memoria?
–Es que no estoy pensando todo el tiempo en mitos por lo que es probable que se me olvide de algo si no releo cierta o toda la información cada tanto. Es más, si no leo seguido sobre las Musas se me olvidarían sus nombres.
–Si tú lo dices. Ahora tienes que hacer una última cosa y concluirás la prueba.
–¿Cuál esa “cosa” entonces?
–Adivina cuál es la Musa que está, como decirlo, encantada contigo.
–¿Cómo dices? –preguntó Nahuel pensando que el dios le estaba jugando una broma.
–¿Estás sordo?
–No, es que quiero oír bien porque me pareció que me estás bromeando.
–No, no lo estoy.
–¡¿Y cómo pretendes que sepa eso?! ¡Eso no es algo inherente a la prueba! ¡Parece un juego de niños!
–Es una prueba y mi confianza en ti está en juego –afirmó Apolo–. Así que hazlo. –añadió con severidad.
–¿Pero cómo quieres que sepa? Yo no tengo ni la más puta idea para averiguar si alguien está interesado en mí… y mucho menos una deidad.
–De alguna manera lo sabrás, aunque te tardes todo el día.
–Lo que menos tengo es tiempo.
–Entonces fabrícalo.
–Ja, ja… qué gracioso –admitió Nahuel con ironía.
–Te daré una pista para que te facilite el trabajo, la Musa que está interesada en ti no es tu favorita.
–Genial, gran ayuda. Ahora tengo que adivinar entre ocho…
–Es mejor que adivinar entre nueve.
Hera no se muestra muy colaborativa y el grupo se encuentra en medio de un desafío tan peligroso que escojan lo que escojan acabarán en la trampa de la diosa.
Capítulo XI: El que está a favor y la que está en contra (Parte final)
El dualista pensó que lo más obvio era escoger el pavo real para pelear pues más que unos cuantos picotazos era lo único que sufriría en una pelea, pero aun así tuvo en cuenta que el pavo real podría estar escondiendo algo que no saltaba a la vista; sin embargo el león era una opción arriesgada puesto a que el animal se veía joven por lo que eso será signo de agilidad lo que significaba que él tendría que hacer lo mismo que en la tauromaquia, cansar al animal para luego darle muerte, aunque es esta oportunidad no tendría espadas para clavárselas al lomo u otras partes del cuerpo la fiera acelerando de esa manera la fatiga, pero aunque tuviera esas armas, sería una locura enfrentarse contra un león, por otra parte tenía en cuenta que, al igual que el ave que se encontraba al lado del felino, podría estar escondiendo algo que no veía.
–Bueno, es un tanto complicado decidir puesto a que no veo nada extraño en los animales, parece que son un pavo real y un león comunes y corrientes… –declaró Nahuel pensativamente.
–Pero de cualquier manera tiene que decidir. –aseveró Hera.
–Pues… en ese caso, escojo al león. –expresó el muchacho y apenas terminó de decir la última palabra, el pavo real comenzó a cloquear de manera extraña, acto seguido levantó sus bellas plumas cuyos “ojos” se transformando su color azul a rojo sangre al tiempo que la coloración de las plumas se tornaban negras o grises oscuras. A todo esto la cabeza del ave giraba de un lado al otro con una velocidad tan rápida que espantaba puesto a que parecía que en cualquier momento se desnucaría, alterando, de esta forma, el sonio del cloqueo que para ese momento era un sonido indefinido y aterrador. Tras esto las plumas traseras se transfiguraron en tentáculos negros con atemorizantes ojos rojos, un una cabeza que viraba de un lado a otro sin cesar, emitiendo un sonido horripilante y todas sus plumas eran oscuras o grisáceas ya que habían perdido completamente sus colores. En un momento dado el animal comenzó literalmente a derretirse convirtiéndose en poco tiempo en un líquido que todavía emitía ese sonido indescriptible pero que causaba escalofríos, seguidamente comenzó a filtrarse en las grietas de los bloques de piedra de las ruinas y una vez que desapareció la última “gota” del animal el inquietante sonido dejó de escucharse.
–¿Qué fue eso? –interpeló Nahuel sumamente perplejo por que había visto, pero más aún cuando se percató que el león ni siquiera se había movido de lugar.
–Fue bastante inteligente al no escoger al pavo real… si es que podríamos llamarlo pavo real. Era un ánima que merodeaba las cercanías de mi templo y lo convertí en un pavo real. Si lo hubiera escogido se enfrentaría a un ser iracundo, capaz de destruirlo tanto en cuerpo como alma. –contestó la diosa.
–Eso me suena a un demonio.
–No era un demonio. Como dije antes, era un ánima, pero yo le di más poder sin que se revelara contra mí. Después de que hiciera eso lo mantuve cerca para utilizarlo en algún momento como hace unos instantes.
–¿Y a dónde lo envió?
–Cuando eligió al león, le quité todo el poder que le concedí y lo liberé. He ahí el porqué hizo esa… actuación exagerada.
–Pues yo opino que no fue una actuación exagerada. Si otra persona hubiera visto eso se aterraría y admito que yo también me asusté un poco, no por la particular metamorfosis, sino por ese chirrido escalofriante.
–Es factible. Pero usted se asustó antes de tiempo.
–¿Por qué lo dice?
–Porque debería asustarse cuando se enfrente contra él. –aseguró Hera y de inmediato el león rugió para después pararse sobre sus cuatros patas y mostrarle sus afilados dientes al muchacho.
–Mmm… parece que tiene razón. Me he asustado con nada, ahora viene lo aterrador –asintió Nahuel–. ¿El gato es otra ánima?
–No, pero tiene algo fuera de lo común para un animal de su estilo.
–Ojalá no sea más dientes que los que tiene.
–No necesariamente, pero lo descubrirá dentro de poco. –respondió la diosa y acto seguido el león dobló ligeramente sus patas traseras mientras enseñaba sus dientes de forma amenazante al dualista.
–No sé mucho sobre leones, pero apuesto que está a punto de hacer un zarpazo. –comentó el joven.
–Pues ha apostado bien… –declaró Hera y el león se abalanzó hacia el joven dando un largo salto.
–Perdóname… –dijo Nahuel y raudamente le lanzó un golpe energético al felino causando que el animal volara hacia atrás unos cuantos metros hasta que cayó parado en el suelo.
La inesperada actividad del monte Etna despierta sospechas en el grupo. Y no es para menos; ese sitio es señalado como una de las ubicaciones de la fragua del dios Hefesto.
Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte 1)
El volcán Etna comenzó a entrar en actividad pocos días después de que los cuatros dualistas regresaran de Samos. A los dualistas griegos les preocupaba la actividad del volcán puesto a que los Ojos del Demiurgo habían detectado una gran actividad energética de índole demoníaca por lo que intuían que dicha actividad volcánica la generaba la presencia de demonios lo que causaba gran preocupación no por el hecho de los demonios en sí sino por la erupción que podría llegar a hacer el volcán puesto a que la ceniza y la lava perjudicaría la vida humana, animal y vegetal aparte de cambiar la fisonomía de la costa oeste de Sicilia, donde se emplaza el volcán. Apenas recibieron unos informes de avistamientos de sombras que se movían sin tener un cuerpo sólido que las generara y de seres extraños y después de que una patrulla confirmara de la presencia de demonios, los Hijos del Universo italianos junto con su General determinaron enviar a un buen número de soldados dualistas para detener la actividad al tiempo que emitieron un alerta roja a todos los países afiliados al Dualismo Panuniversalista. Inmediatamente España, Grecia y Estados Unidos enviaron tropas para apoyar a los italianos porque temían que las lecturas del primer Ojo, que funcionaba mal de a ratos, sean ciertas y éstas eran que la actividad era inmensa hasta tal punto que en los gráficos la circunferencia que indicaba la influencia de los demonios abarcaba casi media Sicilia al tiempo que el segundo Ojo marcaba la mitad que el anterior satélite, pero tratándose de demonios y luego de lo ocurrido meses atrás con éstos y los ángeles, que aparecían en varios lugares y tenían contiendas bastantes porfiadas con los dualistas, los Hijos del Universo y los Generales de los países anteriormente citados decidieron enviar las tropas pensado que en el caso de que hubiera muchos demonios cerca del volcán, entablarían combate directamente con el fin de regresarlos al infierno.
A todo esto, algunos dualistas griegos bromeaban sobre la situación diciendo que Hefesto se enojaría mucho porque los demonios y los soldados dualistas le interrumpirían su trabajo o que Tifón volvería a tener que trabajar porque tendría que crear terremotos o hacer que el volcán emita lava para alejar a los demonios, incluso algunos, que eran más agudos, comenzaron a hacer chistes muy puntuales sobre el dios, el monstruo Tifón y el volcán mezclándolos con cuestiones políticas y cotidianas causando que el resto de sus compatriotas se olvidaran por un rato de la complicada situación que sucedía en Sicilia y se relajaran.
Los últimos que se enteraron de toda la situación fueron Nahuel, María, Alejandro y Silecio porque éste último recién se dio cuenta de todo cuando los chistes de algunos de sus compatriotas se hacían eco por todo el templo, cuando empezó a preguntar cómo surgió la moda de hacer bromas con respecto a Hefesto y el volcán Etna, le contestaron todo lo que estaba sucediendo en Sicilia y cómo habían aparecido los chistes por lo que de inmediato les comentó la noticia, aunque algo tarde, a los dualistas argentinos, no obstante los tres muchachos no les interesó la nueva moda pero sí la actividad demoníaca puesto a que temían que el dios Hefesto estuviera dentro del volcán y que los demonios estaban merodeando el Etna con el fin de destruirlo. Sin embargo, las preocupaciones del grupo eran otras. Nahuel tenía una cierta sensación de desasosiego con respecto a lo que haría Hera para complicarle la búsqueda del resto de los dioses antiguos tanto a él como a sus amigos por lo que el joven tuvo que advertirle a sus compañeros que ahora habría que tener mucho más cuidado con lo que ven y oyen cuando salieran a algún sitio puesto a que la diosa tendería trampas por todos lados con tal de evitar que cumplieran con la búsqueda de las demás deidades.
Es una locura ingresar al Etna mientras está en actividad, pero es la única forma de ingresar a la supuesta fragua de Hefesto… de momento.
Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte 2)
Al día siguiente y bien temprano, los muchachos se levantaron y comenzaron a preparar sus cosas para ir hacia el volcán. Por recomendación de Nahuel todos cogieron sus armas y se pusieron ropa fresca puesto a que habría que entrar en el Etna y el calor sería tanto elevado como perjudicial por lo que todos consiguieron botellas de agua de dos litros, por otro lado decidieron guardar sus armaduras, además de sus armas y cuatro mochilas para poder llevar las botellas de agua, dentro de un baúl que Silecio les consiguió porque si ellos se dirigían a la terraza del edificio vestidos con sus armaduras y portando sus armas todo el mundo los verían y se harían preguntas al respecto, sobre todo los padres de Alejandro y Silecio, cosa que querían evitar a toda costa. Sin embargo los dualistas también se harían preguntas cuando los vieran transportar un baúl hacia la terraza tanto sobre por qué lo llevaban hasta allá y qué era lo que contenía, pero Nahuel, Alejandro y María les sería más fácil mentir de esa manera puesto a que no tenían la obligación de abrir el baúl si terceros les preguntaban si podían hacerlo. Después del desayuno los tres Caballeros argentinos transportaron el baúl con las armas y las armaduras hacia el helipuerto, donde Silecio los esperaba, y se salvaron de que la madre de Alejandro los viera subiendo en un ascensor con un baúl puesto a que la mujer estaba concentrada leyendo una revista en la antesala de la Sala de Usos Múltiples. Al llegar a la antesala de la oficina de los Hijos del Universo los jóvenes se apresuraron para llevar el maletón al helipuerto y una vez que lo pusieron en la aeronave y todos los dualistas ascendieran a la misma, despegaron con rapidez hacia el volcán Etna.
Después de un largo viaje aterrizaron en la base oeste del Etna y rápidamente descendieron para empezar a colocarse sus armaduras: Nahuel una coraza, grebas, musleras, un par de escarpes y un par de brazales; María una coraza con una agarradera especial en el espaldar de la misma para colocar su carcaj con tranquilidad, un par de escarpes plateados, grebas, musleras y un par de mitones; y Alejandro y Silecio eligieron la misma armaduras para ambos: corazas cuyos petos tenía la ilustración de un pecho masculino bien marcado y una escarcela compuesta de tres placas rectangulares, dos de ellas del mismo tamaño que cubrían la ingle coincidiendo con el inicio de las piernas mientras que la tercera era más ancha para proteger el trasero de los muchachos; ambas partes, tanto las corazas como las escarcelas eran doradas.
Tras colocarse sus armaduras los muchachos se dispusieron a agarrar sus armas y comprobar que estaban en buen estado ya que temían que durante el viaje el movimiento del baúl haya afectado a las mismas.
–¿Hay que escalar el volcán? –preguntó María observando la gran altitud que presentaba el Etna.
–Pues, de ser así, tenemos que escalar más de 3200 metros de altura. –contestó Silecio probando el balance de su lanza haciéndola girar en círculos con una velocidad moderada con una de sus manos.
–¡¿Qué?! ¡¿Hay que subir más de 3000 metros de altura para luego entrar en un cráter lleno de magma ardiente?! –exclamó Alejandro logrando que su lanza cayera al suelo girando puesto a que se le había escapado de su mano cuando se sorprendió al escuchar la altura que poseía el volcán– ¡¿En qué diablos estabas pensando, Nahuel?! ¡¿Nos quieres matar o qué?! –agregó enfurecido.
Hefesto, que se encuentra trabajando junto con los Cíclopes inmortales Arges, Brontes y Estéropes reconstruyendo al colosal Talos, envía a los muchachos a una misión casi suicida: calmar al terrible y monstruoso Tifón.
Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte final)
Rápidamente los dualistas dirigieron sus miradas hacia donde indicaba el Olímpico y observaron como en un sector determinado de la ígnea pared comenzaba a abrirse como si fueran un par de cortinas revelando una entrada a una sala oscura. A los pocos segundos la pared dejó de abrirse.
–Se ve muy oscuro… –declaró Silecio.
–Y muy peligroso. –expresó María con preocupación.
–Ahora se verá oscuro, pero cuando entren se revelará ante sus ojos el camino que deben seguir para encontrarse con el monstruo. Y no se preocupen por la lava, no se les caerá encima apenas traten de cruzar el umbral y la pared no se cerrará hasta que vuelvan o perezcan en el intento de calmar al monstruo. –dilucidó el Olímpico.
–Gracias por la aclaración, aunque la última parte no fue muy alentadora. –afirmó Alejandro.
–No les mentiré, Tifón es muy fuerte. Puede que sea un gran desafío para ustedes. –advirtió la deidad.
–Mejor así, no debemos perder la costumbre que vamos a tener que sortear muchos desafíos para lograr nuestro cometido –expresó Nahuel–. Bueno, chicos, andando. Tifón nos está esperando. –dijo y acto seguido los muchachos avanzaron hacia el umbral.
Tras atravesar el ingreso varias antorchas se encendieron unas tras la otra disipando la oscuridad y desvelando un camino hecho con piedras que descendía a modo de espiral, asimismo reveló que los muchachos habían entrado a una gran sala cilíndrica cuyas paredes estaban hechas con grandes bloques de piedra que poseían grietas e increíblemente moho hecho que sorprendió a los jóvenes ya que pensaron que por el gran calor que debería ser no debía haber humedad, no obstante dejaron de pensar en ello y comenzaron a caminar por el camino para hallar al monstruo.
–¿Quién es ese tal Tifón? –preguntó Alejandro a mitad del camino.
–Es un monstruo hijo de Gea y de Tártaro. Es conocido por haber intentado destruir a Zeus por haber derrotado a los Titanes, pero falló y terminó confinado en las profundidades del volcán Etna donde con el movimiento de sus alas podía crear los terremotos que provocaban que el volcán entrara en erupción. –respondió Silecio.
–También podía crear con dicho movimientos los huracanes, de allí el nombre que se le da a los huracanes en ciertas regiones del planeta. –agregó Nahuel.
–¿Y cómo era? –interrogó María.
–Bueno, se decía era un espeluznante y colosal monstruo alado antropomorfo tan alto que podía alcanzar las estrellas. Tenía cabezas de dragón por dedos y muchas serpientes se encontraban repartidas entre sus muslos llegando a formar sus piernas. –describió Nahuel.
–También se decía que podía abrasar todo lo que se le cruzara con su ígnea mirada y vomitar fuego y lava de su boca, de allí es que el monstruo fuera confinado en el volcán ya que se creía que la lava que expulsaba el mismo era provocado por ésta criatura. –añadió Silecio.
–¿Y este Tifón es el padre de varios de los monstruos de la mitología griega? –interpeló Alejandro.
–Exactamente, junto con Equidna. Y ya nos hemos enfrentado a una de ellas: la Hidra de Lerna. –aseguró Nahuel.
–Ahora que lo pienso, ¿alguien tiene alguna idea para calmar a ese monstruo? –interpeló Alejandro.
–Improvisaremos sobre la marcha. –respondió Nahuel.
–Yo tengo un mal presentimiento. Si el monstruo es altísimo no sé si nuestras armas le causarán algún daño si tenemos que defendernos. –expresó María un tanto asustada.
–Y si tiene tantas serpientes en su cuerpo estaremos en una gran desventaja… –agregó Alejandro con bastante preocupación.
–No se preocupen… todavía. Estoy seguro que la “celda” de Tifón debe ser pequeña, eso nos favorecerá. Por otra parte tengo un plan que seguro funcionará… –aseveró Nahuel.
–¿Y cómo es tú plan? –interrogó Silecio.
–Que sea una sorpresa –dijo Nahuel causando que sus compañeros comenzaran a protestar por su respuesta–. ¡No griten! Les aseguro que no es nada extraño. –agregó pero en vez de calmarlos los enfureció aún más.
Durante el resto de la caminata Nahuel tuvo que aguantar todas las protestas de sus amigos porque él no quería revelar su plan puesto a que, aunque no lo dijo, era bastante peligroso pero sabía que si funcionaba sería efectivo. Al llegar al final de camino en espiral las quejas de María, Alejandro y Silecio dejaron de oírse porque delante de ellos había una entrada que los conducía a una habitación muy oscura, tanto que no sabían si era enorme o pequeña. Los muchachos determinaron en entrar ya que pensaron que, al igual que en la sala por donde vinieron, se encenderían las antorchas desvelando de ésta manera toda la habitación, pero al hacerlo se dieron cuenta que no ocurriría lo que intuían.
–Está muy oscuro, es muy peligroso avanzar… –admitió María.
–Cierto y será mejor que demos ni un paso más porque por la poca luz que proviene de la sala anterior estoy viendo que estamos al borde de algo. –advirtió Nahuel.
–Iré a buscar una antorcha. –declaró Alejandro y acto seguido regresó a la habitación para retirar una antorcha cercana de su soporte. Al regresar corroboró lo que Nahuel había dicho puesto a que ellos estaban al borde de un precipicio donde no se podía visualizar el fondo, sin embargo también descubrieron que a unos pocos metros a su izquierda comenzaba una escalera de roca con peldaños irregulares, como si hubieran sido apiladas una sobre la otra sin prestar atención en la prolijidad, asimismo también observaron que las paredes y el suelo donde estaban parados estaban hechos con bloques de piedras que le faltaban algunos trozos y las grietas eran el detalle que más preocupaban a los muchachos puesto a que temían que los grandes bloques se les cayeran encima. Los dualistas querían ver más pero la luz de la antorcha era tan débil que no podían ver más allá de unos pocos metros, eso les hizo pensar que la habitación debía ser igual de grande que la anterior o incluso más.
–Además de la oscuridad, está sala se diferencia de la otra por el frío… –comentó María.
–Cierto, es como si aquí hiciera unos diez grados. –añadió Silecio.
–¿Pero cómo puede ser posible eso? –cuestionó Alejandro mientras miraba hacia todos lados con el fin de encontrar algún indicio de que allí se hallaba Tifón.
–No lo sé, pero a juzgar por lo que hemos caminado, la habitación anterior y ésta parecen ser cámaras donde la lava se acumulaba. Alguien, quizás Hefesto y sus ayudantes les colocaron paredes de piedra para que se asemejara como un calabozo de un castillo medieval. Es posible que el camino por donde transitamos lo construyeran con el fin de que alguien viniera hasta aquí y le diera alimento a Tifón. –razonó Nahuel.
–Pero no sabemos si aquí está Tifón. Puede que cuando bajemos por estas peligrosas escaleras encontremos otra sala. –declaró María.
–Cierto, aunque como aquí no hay antorchas es posible que… este lugar sea la “celda” de Tifón. –pensó Silecio.
–Ojalá que no… –admitió María.
–Entonces la única forma de averiguar será descender por la desprolija escalera… –aseveró Nahuel.
–¿Seguro? Esta antorcha se apagará dentro de poco… –advirtió Alejandro viendo como la llama de la antorcha comenzando a extinguirse de manera intermitente al tiempo que la misma reducía su tamaño gradualmente.
–Entonces habrá que traer otras de la otra sala. Es probable que estemos cerca. –dijo Silecio y de pronto los jóvenes escucharon un gruñido sordo, como si proviniera desde lo más profundo del lugar donde estaban.
–¿Qué… habrá sido eso? –preguntó un tanto intranquila María.
–No estoy muy seguro, pero tal vez sea lo que buscamos. –respondió Silecio.
–Chicos… levanten la mirada… –afirmó Alejandro algo asustado mirando hacia arriba en un ángulo de setenta y cinco metros.
El descanso no duró mucho y al parecer su siguiente objetivo será un tanto complicado, pues si lo que se encuentra en el Cáucaso Norte es lo que Silecio y Nahuel creen, podría desatar un fuerte conflicto entre los dioses griegos.
Capítulo XIII: Exonerando castigos (Parte 1)
Tras el encuentro con Tifón, María y Alejandro se dieron cuenta lo importante que era saber sobre mitología y que no era cuestión menor ya que ese conocimiento les permitiría resolver ciertos obstáculos como enfrentarse a monstruos de gran tamaño como Tifón. En ese momento entendieron de verdad lo que Nahuel les decía sobre aprender mitología, ya que hasta ese instante pensaban que era una pérdida de tiempo porque era suficiente con que Nahuel supiera y les dijera en el momento sobre qué relación con la mitología el lugar donde irían, qué templos eran consagrados a tal dios o qué criaturas habitaban una sitio específico. Notaron que si no sabían nada de eso, podrían salir, en el mejor de los casos, gravemente heridos en un combate contra una criatura, por no decir que lo peor sería la muerte, y recordaron que fue Nahuel quien les recordó que la sangre de la Hidra era venenosa y gracias a eso pudieron calmar al colosal monstruo, de lo contrario si su amigo no estaba o no se acordaba de ese detalle por culpa de todo lo que sabía sobre mitología nunca podrían completar su objetivo. Un par de días después los muchachos esperaban a Nahuel en la Biblioteca para que les enseñara sobre mitología griega al tiempo que su amigo los buscaba por medio Templo para comenzar con la “clase” sin saber que sus “alumnos” ya estaban en la Biblioteca.
Cuando Nahuel llegó a al lugar se sorprendió sobremanera al ver a sus amigos que lo estaban esperando para empezar con la lección y a los pocos minutos de iniciada la misma se percató del gran intereses de sus amigos ya que Alejandro no hacía bromas y María no se distraía mirando los polvorientos libros antiguos de las estanterías e intuyó que se trataba de alguna especie de broma ya que le parecía muy extraño el súbito interés de sus compañeros por lo que antes de que la supuesta broma se llevara a cabo les pidió explicaciones sobre el porqué del repentino interés a lo que Alejandro y María contestaron que no era una broma sino que esta vez querían aprender ya que si en algún momento, por algún “X” motivo tenían que enfrentarse a alguna criatura mítica y él no se encontraba para darles alguna información de la misma para luego planear una estrategia para acabar con ella podrían salir muy mal de esa situación y querían evitar eso a toda costa. Tras eso Nahuel entendió el punto de sus amigos y los regañó por darse cuenta de eso un tanto tarde ya que la idea principal de esas lecciones era que tuvieran información suficiente como para resolver algunas situaciones como las que habían planeado y acto seguido continuó con la clase.
Más tarde, Nahuel se hallaba sentado en el post-vestíbulo observando a unos Novatos realizando tareas de mantenimiento del patio del Templo como podando las pasturas altas, regando las flores, quitando las orugas y otros bichos que afectaban a algunas plantas, entre otros trabajos afines causando que el joven sintiera cierta nostalgia al recordar aquellos momentos en que él, junto con sus compañeros de clases, hacían las tareas de mantenimiento del jardín exterior y del interior en el Templo Dualista Panuniversalista de Capilla del Monte y tenía ganas de ayudar a los niños para apaciguar su nostalgia y evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas por lo que buscó a Silecio y le pidió si podía pedirle permiso al Maestro encargado de los Novatos si le permitía incluirlo en esa tarea. Pese a que el dualista griego le advirtió que eso sería un tanto difícil puesto a que el Maestro a cargo de los Novatos no permitía que nadie ajeno a su grupo se metiera en las actividades que hacían sus Novatos a no ser que sea imperiosamente necesario, Nahuel le insistió que le preguntara al menos si podía hacer y debido a la constante insistencia que tuvo que hacer, Silecio aceptó por ir a preguntarle al Maestro para quitárselo de encima.
Increíblemente el Maestro aceptó a que Nahuel participara de las tareas porque algunos Novatos no querían trabajar en unos rosales porque habían unas hormigas que picaban muy fuerte cuando se intentaba apartarlas de la planta puesto a que éstas quitaban trozos de pétalos de las rosas y si no las quitaban a tiempo las flores dejarían de existir y a causa de que varios de los niños fueron picados por esas hormigas no querían acercarse a las plantas y sólo el Maestro estaba trabajando en esas plantas por lo que Nahuel aceptó trabajar junto con el hombre mientras que Silecio les traducía, ya que de todas maneras no tenía nada mejor que hacer en ese instante. A los pocos minutos, Nahuel descubrió que las hormigas eran algo inteligentes porque si bien el muchacho utilizaba guantes para protegerse de las espinas de los rosales al tiempo que quitaba los insectos, las hormigas avanzaban por el guante hasta encontrar la piel del joven y allí picaban como si supieran que los guantes no le causaba dolor por más que picaran, a raíz de esto Nahuel recibió unas cuantas picaduras, las primeras eran dolorosas pero después eran como picaduras de mosquito. A pesar de ello en media hora había terminado a los rosales y de inmediato se dirigió hacia la Enfermería General junto con Silecio puesto a que alrededor de las picaduras de las hormigas la piel presentaba un sarpullido y temió que se tratara de una reacción alérgica a las mismas, no obstante el médico que lo examinó le aplicó una pomada y horas más tarde el sarpullido y la picaduras estaban tan claras que parecían que había desaparecido.
El grupo logra salvar a Prometeo de su ancestral castigo, sin olvidarse de que eso puede costarles el favor de Zeus y los demás Olímpicos. Sin embargo, aún tienen que liberar a otro Titán de su castigo.
Capítulo XIII: Exonerando castigos (Parte 2)
Luego de varios minutos de intensa concentración, sustos y gritos, los dualistas lograron elevar al hombre y colocarlo a una distancia segura del precipicio, además de que dejarlo erguido en vez de acostado o sentado y, para fortuna de los jóvenes, el sujeto pudo sostenerse por sus propios medios una vez que dejaron de utilizar sus poderes telekinéticos. No obstante se sorprendieron que el sujeto siguiera en pie después de que hubiera perdido mucha sangre en la herida provocada por el águila gigante y en la mano que poseía la flecha de María. Inmediatamente Nahuel cayó sentado en el suelo, producto de los mareos que sentía, al tiempo que los demás se incorporaban un poco, un tanto agotados por el gran esfuerzo mental que tuvieron que realizar.
–¿Se encuentran bien? –preguntó el hombre.
–Más o menos… pero dentro de unos segundos ya estaremos bien. –contestó Silecio.
–A mí denme unos cuantos minutos… –afirmó Nahuel.
–¡Ustedes sí que son extraordinarios! ¡No he visto a nadie hacer lo que ustedes hicieron! –comentó el sujeto con cierto asombro.
–Nosotros tampoco… y creo que nosotros tampoco sabíamos que podíamos hacer eso. –aseguró Alejandro.
–Y hasta que no practiquemos bien, no volveremos a hacerlo. –expresó María y sus compañeros asintieron.
–Bueno… sea lo que sea que hicieron lo hicieron bastante bien. Aunque me dieron unos sustos cuando me subían ya que pensé que me estamparía la cara en la pared rocosa, pero en líneas generales lo hicieron bien. –criticó el sujeto.
–Era eso o dejarle caer. –aseveró Nahuel sin agradarle mucho la crítica.
–Yyyyyy… creo que eso significa que de no debo quejarme… –manifestó el hombre y Nahuel asintió con su cabeza.
–¿Y tú estás bien? –le preguntó Alejandro al hombre.
–Claro que sí. ¿Por qué lo preguntas?
–¡Porque estás sangrando bastante por la herida que te hizo el águila y…! Bueno… mi flecha… ¡Pero fue sin querer! –contestó María señalando las heridas.
–Ah, sí… pero como dije antes, tengo bastante para rato –aseguró el sujeto–. Sin embargo… me molesta la flecha –añadió mirando la saeta y seguidamente agarró el extremo que tenía la punta y la partió para deshacerse de la misma, a continuación retiró el otro extremo que quedó en su mano para tirarla hacia el precipicio–. ¡Listo! ¡Problema resuelto! Aunque creo que va tardar su tiempo en curarse…
–Creo que sangra más que antes. –admitió Silecio.
–Sí, pero no hay que hacerse problemas por pequeñeces. –aseguró el sujeto.
–¡¿Cómo que eso es una pequeñez?! ¡¿Puede llegar a morir?! –gritó María un tanto anonadada por la afirmación.
–Estoy comenzando a pensar que no saben quién soy… –declaró el hombre.
–¡Eso! Ahora que estamos creo que es hora de que reveles tu identidad. –afirmó Nahuel que sabía quién era al tiempo que se levantaba del suelo.
–Veo que tú si sabes quién soy…
–Sí, y Silecio también. –dijo el muchacho señalando al dualista griego.
–Cierto, aunque hubiera preferido no saberlo… –expresó Silecio.
–¿Por qué? –preguntaron Alejandro y Silecio sin entender nada de la situación.
–Porque hemos… ¡Bah! No importa. Total lo hecho, hecho está. –respondió el dualista griego.
–¿Solo dos de ustedes saben quién soy? –interpeló el hombre.
–Sí. Y ya que estamos dinos quién eres. –contestó Alejandro con impaciencia.
–Yo… estoy comenzando a tener miedo… –admitió María sin agradarle la situación.
–¿Doy mi identidad o lo hacen sus compañeros que saben? –interrogó el sujeto.
–Lo haremos nosotros. –dijo Silecio.
–¡¿Entonces quién es él?! ¡Maldita sea! ¡¿Es necesario tanto suspenso?! –exclamó Alejandro bastante exasperado ya que no quería esperar ni un segundo más para saber a quién había liberado. Rápidamente Nahuel y Silecio se miraron entre sí, luego dirigieron sus miradas a sus amigos y se detuvieron en el hombre.
–Prometeo. –respondieron Silecio y Nahuel causando que María y Alejandro adoptaran unas expresiones combinadas en sus rostros de sorpresa y espanto.
El Titán Atlas no comprende que el firmamento no se
caerá si lo suelta; esto provoca que los muchachos se frustren al no hallar una
manera para convencerlo.
Capítulo XIII: Exonerando castigos (Parte final)
Después de caminar un buen tiempo los
jóvenes no detectaron nada extraño, incluso Nahuel tampoco detectó la presencia
de una deidad, no obstante no se desanimaron puesto a que ya habían pasado por
situaciones como éstas.
–¡Uf! Ya me estoy cansando… Caminar por
entre las montañas en verano no es buena idea… –dijo Alejandro después de
caminar mucho tiempo.
–Sí… pero no entiendo por qué tuvimos
que caminar tanto cuando podríamos acercarnos hacia el sitio donde se originó
la actividad con el helicóptero. –expresó María.
–Es que, si no lo recuerdan, estamos
dentro del área que fue influenciada por esa actividad. Yo aterricé a unos
varios metros del sitio porque la aeronave no puede aterrizar en un terreno
irregular. –aseguró Silecio.
–Aunque sea algo agotador, por lo menos
estamos haciendo ejercicio. –admitió Nahuel.
–Naturalmente, pero preferirían que
alguien bajara la intensidad del sol… –comentó Alejandro.
–Si tuviéramos a Helios a nuestro
favor, le pediría que dejara de emitir tantos rayos calientes. –declaró Nahuel.
–¿Eso fue una broma o qué?
–Una expresión de deseo…
–¿Tienes calor? ¿No era que te gustaba
el calor?
–Antes que el frío, ¡seguro! Pero odio
la transpiración.
–¡Pero lo quieres todo! ¡Quieres que
haya calor pero que no sudes! ¡Eso no va a ocurrir!
–Entonces le pediré a algún dios que
haya que mi piel sea siempre fresca para que las glándulas sudoríparas no
trabajen nunca más.
–Para eso están los desodorantes.
–afirmó María.
–Pero perjudican al medio ambiente… y
me marean. –aseveró Nahuel.
–Entonces, lo único que puedo decirte
es que si quieres calor, aguántate la transpiración. –expresó Silecio.
–La historia de mi vida… –dijo Nahuel
con resignación suscitando que sus amigos se rieran.
–Hablando de otra cosa, dentro de unos
metros más llegaremos a un recodo. –aseguró Alejandro.
–Sí, y tendremos que doblar. Si no
hallamos nada, regresaremos al helicóptero y haremos una búsqueda aérea.
Caminar por toda el área será un desperdicio de tiempo valioso. –advirtió
Nahuel.
–Cierto, además ya estamos algo lejos
del helicóptero. –secundó María.
–Me parece extraño que alguna deidad o
alguna criatura no haya aparecido aún, o que no hayamos encontrado una cueva o
un sitio que tenga una particularidad que nos indique que es el ingreso a otra
dimensión. –comentó Alejandro.
–Sí. Pero, ¿aquí hay algún templo o
ruinas de éste o algo que se relacione con la mitología griega? –cuestionó
María.
–En realidad casi todos los lugares de
Grecia tienen algo que ver con la mitología griega. Aunque… por aquí creo que
no hay nada… –respondió Silecio.
–Tal vez sea algún dios o semidiós
errante que pasó por aquí y los Ojos lo detectaron… –razonó Nahuel–. No
obstante… creo que hay algo referido a… No, es improbable. –añadió dubitativo.
–¿Qué cosa? ¿Algo referido a un dios?
–preguntó Alejandro.
–Sí… aunque es una referencia muy
endeble… No es necesario que lo mencione. –contestó Nahuel.
–Pero cualquier cosa puede ayudarnos.
–declaró Silecio.
–Cierto, sin embargo es tan poco
probable lo que pienso que es lo mismo que nada. –aseguró Nahuel y de pronto
los muchachos escucharon un sonido, similar a una persona gimiendo de dolor.
–Chicos… ¿oyeron eso? –interrogó
Alejandro.
–Sí… y creo saber de dónde vino…
–contestó María.
–¿Pero qué pudo haber sido? No veo a
ninguna persona por aquí. –afirmó Silecio.
–Tal vez no sea una persona… –admitió
Nahuel.
–¡Sea lo que sea que se manifieste! ¡No
seas un cobarde! –vociferó Alejandro.
–¿Qué? ¿Hice algo malo? –expresó
Alejandro con cierta inocencia.
–¡Idiota! ¡Si hay algún dios por aquí
lo último que querríamos hacer es provocarlo! –regañó María.
–Pero yo le estoy diciendo que se
manifieste, como hacen los investigadores paranormales para averiguar si hay
algún fantasma en un sitio. –aclaró Alejandro.
–Eso está bien, salvo por el detalle
que dijiste “¡No seas un cobarde!”. Eso es una provocación tanto aquí, como en
Argentina y como en el Olimpo. –aseveró Silecio a modo de reproche.
–Y si alguien puede decir que se
manifieste, soy yo porque soy el único, por el momento que puede ver a los
dioses antiguos. –aseguró Nahuel.
–¿Tú también lo provocarías? –interpeló
Alejandro.
–¡No! No sería tan estúpido para
provocar a algo que me supera en términos evolutivos, de antigüedad y de poder.
–expresó Nahuel.
–Y si gritara… –dijo Alejandro pero se
calló al ver que sus compañeros lo estaban mirando con ganas de asesinarlo–
Está bien… me callaré para no decir alguna sandez para que luego ustedes me
recriminen como si hubiera cometido el error más grave de la historia.
–No tan así, sólo por haber cometido el
error más estúpido que pudo costarnos la vida. –afirmó María y en ese momento
escucharon otro gemido.
–Ahí va otro… –manifestó Nahuel.
–¿Dónde crees que provino el sonido,
María? –le preguntó Silecio a la joven.
–¿Eh? ¡Ah, sí! Creo que los dos
gemidos, tanto éste como el anterior, provienen al otro lado del recodo.
–respondió María.
–Entonces hay que ir allá. –aseguró
Nahuel.
–¿No es peligroso? –interrogó
Alejandro.
–Desde que gritaste lo que gritaste,
sí. –manifestó Nahuel a modo de regaño.
–Creo que me van a regañar por eso
durante todo el día… –admitió Alejandro.
–Y por más tiempo también –aseveró
Silecio–. Ahora andando hacia el recodo para saber qué produce ese sonido.
–agregó y raudamente los jóvenes se dirigieron hacia el recodo y doblaron sin
pensarlo descubriendo, para su gran sorpresa, un gigante, pero un gigante tan
alto que parecía ser el rey de los gigantes puesto a que medía más de mil
metros de altura o incluso más.
Comentarios
Muy buenas. Pues, en la historia, ha pasado un poco más de un año desde su comienzo. Es posible que abrume la cantidad de texto, pero puede abrumar aún más la historia que hay detrás de la filosofía no teísta principal, llamada Dualismo Panuniversalista. Además, si se le agrega la inmensa cantidad de mitos y leyendas, con sus distintas versiones de la mitología griega (la cual es la protagonista en "Tierra de Pasiones"), se vuelve una nebulosa colosal que aterra.
Intenté, aún sin saber con qué grado de atino, volver a mencionar ciertos sucesos relevantes de forma sintética ya que esta historia es más larga que la Biblia en verso.
Tendría que poner una pequeña biografía de los personajes, más algunos "apuntes históricos" y, en la medida de lo posible, efemérides de la peculiar historia de esta filosofía y de sus variopintos protagonistas.
Lamento ser un poco caótico, es que esta historia no es fácil de seguir en ciertas ocasiones. Je, je, je. ¡Saludos!
Mientras esperaban a que los médicos dejaran de revisar a Alejandro para averiguar si tenía alguna lesión severa, María y Nahuel recordaron parte de la historia de la familia Tsartsaris. Alejandro y Silecio eran la quinta generación de los Tsartsaris dualistas panuniversalistas aunque distaban de ser una de las familias griegas afiliadas a la doctrina más longeva. El Dualismo Panuniversalista había llegado a las tierras helenas alrededor de 1870, pero ya había corrientes de pensamiento dualista panuniversalista en el territorio griego, no obstante aún no había movimientos sólidos sino que pequeños grupos de intelectuales griegos quienes escucharon algo sobre la ideología pero no tanto en profundidad puesto a que era considerada como una doctrina clandestinas. En 1870 un grupo de dualistas panuniversalistas austríacos e italianos llegaron a las regiones del norte de lo que varios años más tarde sería parte de la actual República Helénica puesto a que para ese entonces esos territorios estaban en manos de los turcos; allí justamente se encontraban la gran mayoría de los incipientes dualistas griegos.
Tras una pequeña formación, los primeros dualistas griegos se expandieron hacia sur hasta llegar a Atenas donde la mitad de los quinientos dualistas panuniversalistas se establecieron, allí vivieron en armonía por un tiempo hasta que estalló la Primera Guerra Mundial, con el país divido en dos claras facciones la germanófila, perteneciente a los Imperios Centrales, y la pro-aliada. Con ese ambiente agitado los dualistas no tuvieron paz en todo el tiempo que duró la Gran Guerra e incluso la sensación de desasosiego perduró en el período de entre guerras puesto a que muchos de ellos vaticinaban que algo peor estaría a punto de llegar y no fallaron. Luego de adoptar la forma republicana de gobierno las cosas no hicieron más que empeorar: el nuevo gobierno era ineficaz para tomar medidas con el fin de modernizar el país y muy inestable lo que derivó en un golpe de estado abolir la frágil República y lograr que se establecería la monarquía nuevamente y posteriormente el general Ioannis Metaxas estableció una dictadura fascista que duró hasta 1941cuando Metaxas murió y los alemanes ocuparon el país.
Durante los inicios de la Segunda Guerra Mundial, Grecia trató de mantenerse neutral, pero el general Metaxas se inclinaba hacia la ideología de las potencias del Eje mientras que el rey estaba orientado hacia la causa británica por lo que había fricciones entre los gobernantes aunque evitaban que las discusiones salieran a la luz pública. En éste tenso ambiente, rodeados por una nueva guerra que sometía de nuevo a Europa, los dualistas panuniversalistas no sabían hacia donde escapar y lo peor es que estaban incomunicados con el resto de los país afiliados a la doctrina como España, Italia y Austria a causa de ello no tenían noticias sobre sus pares y eso los mantenía muy preocupados. Finalmente, momentos antes de que los aliados invadieran Grecia, empezaron a huir hacia norte siendo, según viejos registros, unos cuatrocientos exiliados sin embargo había más en Atenas pero el resto se iba exiliando de a poco. Aquellos cuatrocientos hombres, mujeres y niños se refugiaron en los monasterios “suspendidos en el aire de las montañas” de Meteora donde también se escondían la resistencia griega. No obstante, tuvieron mucha suerte de que los ataques alemanes no acabara con ellos junto con varios de los monasterios debido a que un grupo de tres dualistas que se refugiaban a varios kilómetros al oeste de las montañas de Meteora se acercaron a uno de los monasterios donde se escondían los sus pares y les informaron que dentro de pocos los alemanes atacarían esos edificios pues sabían que allí estaba la resistencia griega.
Seguir leyendo: http://lashistoriasdeexcalfing.blogspot.com.ar/2016/05/historias-del-universo-saga-dualista_21.html
Los cuatro muchachos se volvieron a reunir al frente de donde estaban emplazadas las ruinas del templo consagrado a Asclepios, donde María estaba sentada en el sitio exacto donde se hallaba la entrada del edificio leyendo unas páginas escaneadas de uno de los libros que poseía la tablet.
–¿Estás cómoda? –le preguntó Nahuel a su amiga apenas llegó junto con el resto de sus amigos.
–¿Por qué lo preguntas? –respondió la muchacha dirigiendo su mirada hacia sus compañeros.
–Pensaba que estarías buscando por aquí y que nos esperarías con la tablet apagada.
–Ya había terminado de buscar hace rato y pensé que podía esperarlos leyendo alguno de los libros escaneados en vez de esperarlos viendo las ruinas de los edificios.
–Eso es más entretenido que ver unas viejas piedras labradas. –comentó Alejandro.
–¿Encontraron algo? –interrogó María.
–Nada. –contestaron los tres muchachos.
–¿Y tú? –interpeló Silecio.
–No, nada. –aseguró la joven.
–¿No tuviste problemas con los turistas?
–Ninguno, de hecho pareció que no notaron mi presencia.
–Qué extraño, a mí me preguntaban cosas sobre el lugar como si yo fuera un guía.
–¿Y les dijiste algo? –preguntó Nahuel intrigado.
–Un poco, más que nada sobre la localización de otros edificios del complejo. Aún así no hallé nada.
–Pues yo tuve una búsqueda tranquila, pero obtuve el mismo resultado. –declaró Alejandro.
–Igual yo. –expresó un tanto furioso Nahuel.
–¿Por qué estás enojado? –le preguntó María sabiendo el estado de ánimo en que se encontraba su amigo.
–Porque pensé que aquí hallaría la medicina. Éste es el Asclepeion más importante y estaba seguro que aquí la encontraríamos.
–Pero sería el lugar más obvio. –admitió Silecio.
–¿Cómo dices? –interrogó Alejandro sorprendido al igual que Nahuel.
–Los dioses hubieran sabido que aquí se encontraba la medicina y la hubieran tomado sin necesidad de pedir nuestra ayuda. –aclaró el dualista griego.
–Y si estuviera aquí, ¿por qué nos mandarían a nosotros? –cuestionó María.
–Porque es ayuda mutua, nosotros los ayudamos y ellos nos ayudan. –contestó Nahuel.
–¿Y qué beneficio tendríamos con esa reciprocidad? –dudó María.
–Como dije antes, es probable que los dioses no quieran salir de su escondite y que saben que mi viejo y mi tío tienen la misma enfermedad que Atenea por lo tanto es, como dice Nahuel, ayuda mutua. –dilucidó Alejandro.
–Por lo menos ahora tenemos un solo sitio para buscar. –afirmó Silecio.
–Es verdad… ¡pero confiaba en que aquí estaría la jodida medicina! –manifestó Nahuel.
–Tranquilo, Nahuel. Alejandro y yo deberíamos estar en tu estado.
–¿Y por qué no lo demuestran?
–Yo porque de nada sirve… –aseveró Alejandro– Si me entristezco o si me enfurezco como tú afectaría mi pensamiento y tendría ideas fatalistas.
–Y yo porque no quiero recordar que mi padre está muy mal… –expresó Silecio.
–Mmm… de acuerdo, entiendo –asintió Nahuel–. Será mejor que volvamos al Templo.
–Entonces mañana iremos a la isla de Cos, ¿no? –dijo María.
–Sí, pero no podremos viajar en helicóptero hasta allí. –advirtió el dualista griego.
–¿Por qué no?
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Pocos minutos después y muy disimuladamente los jóvenes se aproximaron al bosque como si quisieran ver los árboles mientras algunos turistas los veían, cuando nadie los observó se internaron el bosque dirigiéndose raudamente hacia donde procedía los haces de energéticos amarillentos. Segundos más tarde los muchachos llegaron al sitio pero se llevaron una gran sorpresa al ver la emanación energética provenía debajo del suelo, como si lo que sea que originaba los haces se hallaba enterrado por lo que de inmediato empezaron a cavar con sus propias manos procurando hacerlo lo más rápido posible; un par de minutos después los haces energéticos dejaron de emitirse en el preciso instante que Alejandro dijo que había sentido algo sólido, inmediatamente los dualistas removieron un poco la tierra y cuando menos se los esperaban, desenterraron una vasija de arcilla naranja que poseía un par de asas, una de ellas muy estropeada, cuello largo y una tapa del mismo material que el objeto que era sostenida en su lugar por unas especies de abrazaderas de bronce que consistían en un aro del material mencionado ubicado a pocos centímetros de terminar el cuello y desde allí partían tres partes articuladas que mantenían afirmada la tapa al resto de la vasija; lo que más impactó a los jóvenes es que tenía un tenue brillo amarillo que coincidía con los haces energéticos que ellos vieron además de que las agarraderas relucían como si fueran nuevas, algo extraño para un objeto que debía tener varios siglos de antigüedad. No obstante y aunque intuían que esa particular vasija, que apenas superaba los treinta centímetros de alto, tal vez contuviera la medicina que ellos estaban buscando, ninguno de ellos se atrevía a retirarla del pequeño poso que crearon por lo que estuvieron un tiempito discutiendo sobre quién la recogería hasta que Nahuel decidió que él mismo la retiraría de allí pero apenas la levantó unos escasos centímetros el asa estropeada se quebró en ciento de minúsculos fragmentos que asustaron al muchacho puesto a que pensó que se rompería del todo, sin embargo al ver que la vasija parecía estar intacta pese a la rotura del asa la retiró del pozo.
Apenas estuvo fuera el brillo amarillento se desvaneció del todo y seguidamente, pero con lentitud, Nahuel comenzó a quitarle las abrazaderas una por una para saber qué era lo que contenía adentro; al retirar la tapa descubrió, junto con sus compañeros, que poseía una sustancia líquida incolora algo viscosa, como el aceite, con aroma agradable que identificaron que era menta junto con otras hierbas que no podían identificar pero que sin dudas creyeron que eso era la medicina.
–¿Eso es la medicina? –preguntó Silecio emocionado.
–Eso parece… –contestó Nahuel.
–¡Ahora podremos curar a Atenea y a los padres de Alejandro y Sielcio! –exclamó María con total alegría.
–Pero… ¿por qué no la vimos apenas llegamos? –cuestionó Alejandro.
–Puede que… sea por culpa de los Misántropos. –aseveró Nahuel.
–¡¿Por culpa de los Misántropos?! –preguntaron Alejandro y Silecio al mismo tiempo.
–¡Ah, claro! Por culpa de esos haces energéticos no les dijimos nada sobre ellos… –afirmó María y acto seguido les contó a sus compañeros que ese par de personas que creía que eran Misántropos lo eran y que Nahuel lo confirmó estando en la terraza superior del Asclepeion.
–¡¿Pero creen que ellos vinieron aquí por lo mismo que nosotros?! –interrogó Alejandro con cierto temor.
–No lo sé. Pero tal vez la vasija se “protegió” de ellos al no emitir algún rastro energético… Por eso es que nosotros no pudimos percibir su energía… aunque es sólo una teoría. –respondió Nahuel.
–Por suerte ya tenemos lo que queríamos y ahora podemos irnos de aquí. –declaró Silecio.
–Sí, pero hay un problema. –expresó Nahuel con preocupación.
–¿Cuál?
–¿Cómo sacaremos la vasija de aquí sin llamar la atención de los turistas ni de los guías ni del personal de seguridad que hay en la entrada del complejo?
–¡Ay! ¡Mierda! ¡Es verdad!
–Encima no trajimos ni siquiera una sola mochila… –afirmó María.
–Mmm… algo habrá que hacer… –aseguró Alejandro pensativo.
–Hay que pensar rápido porque el tiempo se nos echa encima y no sé si lo que contenga esto dure mucho tiempo. –aseveró Nahuel mientras colocaba la tapa de nuevo en su lugar para después asegurarlas con las abrazaderas. Mientras Silecio, María y Alejandro discutían cómo harían para extraer la vasija del Asclepeion sin que se la confisquen las personas de seguridad o los guías turísticos por pensar que ellos estaban robando una pieza arqueológica, Nahuel miró con detenimiento el particular cuenco y vio que la parte posterior tenía mucha tierra por lo que la limpió y descubrió que tenía un símbolo muy especial que eliminaría cualquier duda que tuvieran los muchachos sobre si esa sustancia era lo que pensaban.
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Apenas amaneció, Silecio despertó a Nahuel para saber si la medicina podía ser utilizada en humanos a lo que el muchacho medio dormido le respondió que sí y que tenía un plan para suministrársela a los hermanos Tsartsaris pero necesitaba de la ayuda de él y de María y Alejandro para que funcionara. Acto seguido Nahuel le pidió a Silecio que consiguiera un frasquito o dos para verter en ellos lo que había quedado de la sustancia en la vasija mientras tanto él despertaría a los demás para así explicarles a todos el plan. Minutos después Silecio regresó con un par de frasquitos de rollos fotográficos siendo éstos los únicos recipientes pequeños que consiguió en poco tiempo al tiempo que los demás se estaban despertando, acto seguido Nahuel vertió en cada recipiente la sustancia medicinal, para cuando terminó había llenado hasta la mitad cada frasco aunque eso no le importaba llenarlos.
Rápidamente les contó la idea que tenía en mente y les dio a cada uno de sus amigos el papel que cumpliría en dicho plan aparte de advertirles que no debían fallar bajo ningún punto de vista por lo que les afirmó que si no entendían alguna parte del plan que se los explicaría las veces necesaria para que se acuerden perfectamente lo que tendrían que hacer. Un poco más de una hora después todos tenían en claro el plan y el rol que cada uno debía cumplir por lo que pusieron en marcha la idea de inmediato; tras desayunar Silecio llevó a sus amigos, a su madre y a su tía al hospital donde se encontraban internados los hermanos Tsartsaris aprovechando la última hora que quedaba de visitas por la mañana. Seguidamente se dirigieron hacia el pasillo de la sala de terapia intensiva para poder entrar poder saber si podían visitar a Adrian y a Kiriakulis porque no siempre era posible ver a personas que se encontraban en terapia intensiva, sorprendentemente las recepcionistas les permitieron el acceso para poder verlos y apenas llegaron uno de los médicos del Templo les informó sobre el estado de salud de los Tsartsaris al tiempo que María y Alejandro se encaminaban hacia el baño.
El médico comunicó que por el momento estaban estables y que habían recuperado aunque su estado era delicado, aparte aseguró que habían salido del estado de coma y que ahora estaban inconscientes pero respondían a algunos estímulos por lo que el pronóstico era favorable aunque siempre hacía hincapié en que aún estaban en un estado delicado puesto a que no sabían si eso era señal de una recuperación o la calma antes de la tormenta, y con esto quería decir que todavía no habían identificado a la enfermedad pero seguían haciendo pruebas; lo único que podía decir era que podría ser una autoinmune, sin embargo era una hipótesis ya que varios médicos no estaban de acuerdo puesto a que algunos síntomas no coincidían con una enfermedad de esa clase. Tras esto el médico les dio permiso para ver a los pacientes si querían hacerlo y en esos instantes Alejandro y María regresaron, a continuación las esposas de los Tsartsaris entraron a verlos primeros y cuando cerraron la puerta de la habitación, Alejandro le dio a Nahuel un par de jeringas de tamaño normal y María un par de agujas en sus correspondientes bolsitas; en ese momento los muchachos sabían que ahora el plan entraba en su parte final y que dependía de Nahuel que fuera un éxito. Minutos después las mujeres salieron de la habitación y entraron los cuatros muchachos, apenas cerraron la puerta Silecio sacó de sus bolsillos los frasquitos de rollo fotográfico y Nahuel preparó las jeringas, a continuación los muchachos llenaron los tubos de las jeringas por completo de la sustancia medicinal y se prepararon para la última y la más arriesgada parte del plan: introducirle en el suero de los hermanos Tsartsaris la medicina de Asclepios y esperar que funcionara.
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–De acuerdo… a ver… –dijo Nahuel y luego se puso a pensar– Las nueve Musas… son… Euterpe, musa de la música; Clío, musa de la historia; Melpómene, musa de la tragedia; Polimnia, musa de los cantos sacros y la poseía sagrada así como los himnos; Terpsícore, musa de la danza; Erató, musa de la poesía amorosa; Talía, musa de la comedia y de la poesía pastoril; Urania, musa de la astronomía, poseía didáctica y las ciencias exactas; y, mi musa favorita si se me permite decirlo, Calíope, musa de la elocuencia y de la canción narrativa mejor conocida como poseía épica. –añadió y cada vez que mencionaba el nombre de una Musa se levantaba y cambiaba su forma para parecerse un poco a las representaciones que los mortales les habían dado. De esa manera Euterpe apareció con una corona de flores y una flauta en una de sus manos; Clío con una corona de laureles llevando una trompeta en una mano derecha, un rollo de papiro en la izquierda y una caja con papiros a sus pies; Melpómene con un vestido lleno de detalles, con una mirada severa, en una de sus manos tenía una máscara trágica y en la otra un puñal ensangrentado; Polimnia apareció vestida de blanco en vez de estar vestida en color violeta como antes y poseía una actitud pensativa con dedo en sus labios y alrededor de ella había unas cadenas finas plateadas; Terpsícore se convirtió en una joven esbelta con un aire alegre y guiznarlas de flores conformaban su corona que se extendía hasta sus hombros como si formaran parte del cabello; Erató con una corona de rosas muy bellas portando en su mano izquierda una antorcha encendida y una flecha dorada; Talía se mostraba risueña, con una mirada burlona portando en una mano un cayado y en la otra una máscara cómica; Urania mantuvo su toga azul pero en esta oportunidad estaba repleto de puntos brillantes como si fueran estrellas, tenía una diadema hecha por un grupo de estrellas y en una de sus manos sostenía una esfera que tenía una especie de imagen de movimiento y dicha imagen era un planisferio por lo que esa esfera podría ser un globo terráqueo que se movía por sí solo; y Calíope poseía un aire majestuoso, tenía en su cabeza una corona dorada y en una de sus manos tenía un papiro con un poema escrito en él.
Luego de todo eso Apolo aplaudió.
–Impresionante. Creo que sólo un experto en el tema podría decir cuáles son los nombres de las Musas, pero incluso ellos también se olvidan. –afirmó el dios.
–Pues la mitología griega abarca un montón de hechos, deidades y personajes. No es fácil acordarse de todo, por no decir imposible. –comentó Nahuel.
–Es verdad.
–Aunque las mujeres ahora sí se parecen a las Musas.
–Sí, que se materializaran en otra forma fue una idea para distraerte puesto a que sabrías quien era quien si se materializaban como eran.
–Gracias por eso.
–Je, je. ¿Acaso dudabas de tu memoria?
–Es que no estoy pensando todo el tiempo en mitos por lo que es probable que se me olvide de algo si no releo cierta o toda la información cada tanto. Es más, si no leo seguido sobre las Musas se me olvidarían sus nombres.
–Si tú lo dices. Ahora tienes que hacer una última cosa y concluirás la prueba.
–¿Cuál esa “cosa” entonces?
–Adivina cuál es la Musa que está, como decirlo, encantada contigo.
–¿Cómo dices? –preguntó Nahuel pensando que el dios le estaba jugando una broma.
–¿Estás sordo?
–No, es que quiero oír bien porque me pareció que me estás bromeando.
–No, no lo estoy.
–¡¿Y cómo pretendes que sepa eso?! ¡Eso no es algo inherente a la prueba! ¡Parece un juego de niños!
–Es una prueba y mi confianza en ti está en juego –afirmó Apolo–. Así que hazlo. –añadió con severidad.
–¿Pero cómo quieres que sepa? Yo no tengo ni la más puta idea para averiguar si alguien está interesado en mí… y mucho menos una deidad.
–De alguna manera lo sabrás, aunque te tardes todo el día.
–Lo que menos tengo es tiempo.
–Entonces fabrícalo.
–Ja, ja… qué gracioso –admitió Nahuel con ironía.
–Te daré una pista para que te facilite el trabajo, la Musa que está interesada en ti no es tu favorita.
–Genial, gran ayuda. Ahora tengo que adivinar entre ocho…
–Es mejor que adivinar entre nueve.
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–Bueno, es un tanto complicado decidir puesto a que no veo nada extraño en los animales, parece que son un pavo real y un león comunes y corrientes… –declaró Nahuel pensativamente.
–Pero de cualquier manera tiene que decidir. –aseveró Hera.
–Pues… en ese caso, escojo al león. –expresó el muchacho y apenas terminó de decir la última palabra, el pavo real comenzó a cloquear de manera extraña, acto seguido levantó sus bellas plumas cuyos “ojos” se transformando su color azul a rojo sangre al tiempo que la coloración de las plumas se tornaban negras o grises oscuras. A todo esto la cabeza del ave giraba de un lado al otro con una velocidad tan rápida que espantaba puesto a que parecía que en cualquier momento se desnucaría, alterando, de esta forma, el sonio del cloqueo que para ese momento era un sonido indefinido y aterrador. Tras esto las plumas traseras se transfiguraron en tentáculos negros con atemorizantes ojos rojos, un una cabeza que viraba de un lado a otro sin cesar, emitiendo un sonido horripilante y todas sus plumas eran oscuras o grisáceas ya que habían perdido completamente sus colores. En un momento dado el animal comenzó literalmente a derretirse convirtiéndose en poco tiempo en un líquido que todavía emitía ese sonido indescriptible pero que causaba escalofríos, seguidamente comenzó a filtrarse en las grietas de los bloques de piedra de las ruinas y una vez que desapareció la última “gota” del animal el inquietante sonido dejó de escucharse.
–¿Qué fue eso? –interpeló Nahuel sumamente perplejo por que había visto, pero más aún cuando se percató que el león ni siquiera se había movido de lugar.
–Fue bastante inteligente al no escoger al pavo real… si es que podríamos llamarlo pavo real. Era un ánima que merodeaba las cercanías de mi templo y lo convertí en un pavo real. Si lo hubiera escogido se enfrentaría a un ser iracundo, capaz de destruirlo tanto en cuerpo como alma. –contestó la diosa.
–Eso me suena a un demonio.
–No era un demonio. Como dije antes, era un ánima, pero yo le di más poder sin que se revelara contra mí. Después de que hiciera eso lo mantuve cerca para utilizarlo en algún momento como hace unos instantes.
–¿Y a dónde lo envió?
–Cuando eligió al león, le quité todo el poder que le concedí y lo liberé. He ahí el porqué hizo esa… actuación exagerada.
–Pues yo opino que no fue una actuación exagerada. Si otra persona hubiera visto eso se aterraría y admito que yo también me asusté un poco, no por la particular metamorfosis, sino por ese chirrido escalofriante.
–Es factible. Pero usted se asustó antes de tiempo.
–¿Por qué lo dice?
–Porque debería asustarse cuando se enfrente contra él. –aseguró Hera y de inmediato el león rugió para después pararse sobre sus cuatros patas y mostrarle sus afilados dientes al muchacho.
–Mmm… parece que tiene razón. Me he asustado con nada, ahora viene lo aterrador –asintió Nahuel–. ¿El gato es otra ánima?
–No, pero tiene algo fuera de lo común para un animal de su estilo.
–Ojalá no sea más dientes que los que tiene.
–No necesariamente, pero lo descubrirá dentro de poco. –respondió la diosa y acto seguido el león dobló ligeramente sus patas traseras mientras enseñaba sus dientes de forma amenazante al dualista.
–No sé mucho sobre leones, pero apuesto que está a punto de hacer un zarpazo. –comentó el joven.
–Pues ha apostado bien… –declaró Hera y el león se abalanzó hacia el joven dando un largo salto.
–Perdóname… –dijo Nahuel y raudamente le lanzó un golpe energético al felino causando que el animal volara hacia atrás unos cuantos metros hasta que cayó parado en el suelo.
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Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte 1)
El volcán Etna comenzó a entrar en actividad pocos días después de que los cuatros dualistas regresaran de Samos. A los dualistas griegos les preocupaba la actividad del volcán puesto a que los Ojos del Demiurgo habían detectado una gran actividad energética de índole demoníaca por lo que intuían que dicha actividad volcánica la generaba la presencia de demonios lo que causaba gran preocupación no por el hecho de los demonios en sí sino por la erupción que podría llegar a hacer el volcán puesto a que la ceniza y la lava perjudicaría la vida humana, animal y vegetal aparte de cambiar la fisonomía de la costa oeste de Sicilia, donde se emplaza el volcán. Apenas recibieron unos informes de avistamientos de sombras que se movían sin tener un cuerpo sólido que las generara y de seres extraños y después de que una patrulla confirmara de la presencia de demonios, los Hijos del Universo italianos junto con su General determinaron enviar a un buen número de soldados dualistas para detener la actividad al tiempo que emitieron un alerta roja a todos los países afiliados al Dualismo Panuniversalista. Inmediatamente España, Grecia y Estados Unidos enviaron tropas para apoyar a los italianos porque temían que las lecturas del primer Ojo, que funcionaba mal de a ratos, sean ciertas y éstas eran que la actividad era inmensa hasta tal punto que en los gráficos la circunferencia que indicaba la influencia de los demonios abarcaba casi media Sicilia al tiempo que el segundo Ojo marcaba la mitad que el anterior satélite, pero tratándose de demonios y luego de lo ocurrido meses atrás con éstos y los ángeles, que aparecían en varios lugares y tenían contiendas bastantes porfiadas con los dualistas, los Hijos del Universo y los Generales de los países anteriormente citados decidieron enviar las tropas pensado que en el caso de que hubiera muchos demonios cerca del volcán, entablarían combate directamente con el fin de regresarlos al infierno.
A todo esto, algunos dualistas griegos bromeaban sobre la situación diciendo que Hefesto se enojaría mucho porque los demonios y los soldados dualistas le interrumpirían su trabajo o que Tifón volvería a tener que trabajar porque tendría que crear terremotos o hacer que el volcán emita lava para alejar a los demonios, incluso algunos, que eran más agudos, comenzaron a hacer chistes muy puntuales sobre el dios, el monstruo Tifón y el volcán mezclándolos con cuestiones políticas y cotidianas causando que el resto de sus compatriotas se olvidaran por un rato de la complicada situación que sucedía en Sicilia y se relajaran.
Los últimos que se enteraron de toda la situación fueron Nahuel, María, Alejandro y Silecio porque éste último recién se dio cuenta de todo cuando los chistes de algunos de sus compatriotas se hacían eco por todo el templo, cuando empezó a preguntar cómo surgió la moda de hacer bromas con respecto a Hefesto y el volcán Etna, le contestaron todo lo que estaba sucediendo en Sicilia y cómo habían aparecido los chistes por lo que de inmediato les comentó la noticia, aunque algo tarde, a los dualistas argentinos, no obstante los tres muchachos no les interesó la nueva moda pero sí la actividad demoníaca puesto a que temían que el dios Hefesto estuviera dentro del volcán y que los demonios estaban merodeando el Etna con el fin de destruirlo. Sin embargo, las preocupaciones del grupo eran otras. Nahuel tenía una cierta sensación de desasosiego con respecto a lo que haría Hera para complicarle la búsqueda del resto de los dioses antiguos tanto a él como a sus amigos por lo que el joven tuvo que advertirle a sus compañeros que ahora habría que tener mucho más cuidado con lo que ven y oyen cuando salieran a algún sitio puesto a que la diosa tendería trampas por todos lados con tal de evitar que cumplieran con la búsqueda de las demás deidades.
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Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte 2)
Después de un largo viaje aterrizaron en la base oeste del Etna y rápidamente descendieron para empezar a colocarse sus armaduras: Nahuel una coraza, grebas, musleras, un par de escarpes y un par de brazales; María una coraza con una agarradera especial en el espaldar de la misma para colocar su carcaj con tranquilidad, un par de escarpes plateados, grebas, musleras y un par de mitones; y Alejandro y Silecio eligieron la misma armaduras para ambos: corazas cuyos petos tenía la ilustración de un pecho masculino bien marcado y una escarcela compuesta de tres placas rectangulares, dos de ellas del mismo tamaño que cubrían la ingle coincidiendo con el inicio de las piernas mientras que la tercera era más ancha para proteger el trasero de los muchachos; ambas partes, tanto las corazas como las escarcelas eran doradas.
Tras colocarse sus armaduras los muchachos se dispusieron a agarrar sus armas y comprobar que estaban en buen estado ya que temían que durante el viaje el movimiento del baúl haya afectado a las mismas.
–¿Hay que escalar el volcán? –preguntó María observando la gran altitud que presentaba el Etna.
–Pues, de ser así, tenemos que escalar más de 3200 metros de altura. –contestó Silecio probando el balance de su lanza haciéndola girar en círculos con una velocidad moderada con una de sus manos.
–¡¿Qué?! ¡¿Hay que subir más de 3000 metros de altura para luego entrar en un cráter lleno de magma ardiente?! –exclamó Alejandro logrando que su lanza cayera al suelo girando puesto a que se le había escapado de su mano cuando se sorprendió al escuchar la altura que poseía el volcán– ¡¿En qué diablos estabas pensando, Nahuel?! ¡¿Nos quieres matar o qué?! –agregó enfurecido.
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Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte final)
–Se ve muy oscuro… –declaró Silecio.
–Y muy peligroso. –expresó María con preocupación.
–Ahora se verá oscuro, pero cuando entren se revelará ante sus ojos el camino que deben seguir para encontrarse con el monstruo. Y no se preocupen por la lava, no se les caerá encima apenas traten de cruzar el umbral y la pared no se cerrará hasta que vuelvan o perezcan en el intento de calmar al monstruo. –dilucidó el Olímpico.
–Gracias por la aclaración, aunque la última parte no fue muy alentadora. –afirmó Alejandro.
–No les mentiré, Tifón es muy fuerte. Puede que sea un gran desafío para ustedes. –advirtió la deidad.
–Mejor así, no debemos perder la costumbre que vamos a tener que sortear muchos desafíos para lograr nuestro cometido –expresó Nahuel–. Bueno, chicos, andando. Tifón nos está esperando. –dijo y acto seguido los muchachos avanzaron hacia el umbral.
Tras atravesar el ingreso varias antorchas se encendieron unas tras la otra disipando la oscuridad y desvelando un camino hecho con piedras que descendía a modo de espiral, asimismo reveló que los muchachos habían entrado a una gran sala cilíndrica cuyas paredes estaban hechas con grandes bloques de piedra que poseían grietas e increíblemente moho hecho que sorprendió a los jóvenes ya que pensaron que por el gran calor que debería ser no debía haber humedad, no obstante dejaron de pensar en ello y comenzaron a caminar por el camino para hallar al monstruo.
–¿Quién es ese tal Tifón? –preguntó Alejandro a mitad del camino.
–Es un monstruo hijo de Gea y de Tártaro. Es conocido por haber intentado destruir a Zeus por haber derrotado a los Titanes, pero falló y terminó confinado en las profundidades del volcán Etna donde con el movimiento de sus alas podía crear los terremotos que provocaban que el volcán entrara en erupción. –respondió Silecio.
–También podía crear con dicho movimientos los huracanes, de allí el nombre que se le da a los huracanes en ciertas regiones del planeta. –agregó Nahuel.
–¿Y cómo era? –interrogó María.
–Bueno, se decía era un espeluznante y colosal monstruo alado antropomorfo tan alto que podía alcanzar las estrellas. Tenía cabezas de dragón por dedos y muchas serpientes se encontraban repartidas entre sus muslos llegando a formar sus piernas. –describió Nahuel.
–También se decía que podía abrasar todo lo que se le cruzara con su ígnea mirada y vomitar fuego y lava de su boca, de allí es que el monstruo fuera confinado en el volcán ya que se creía que la lava que expulsaba el mismo era provocado por ésta criatura. –añadió Silecio.
–¿Y este Tifón es el padre de varios de los monstruos de la mitología griega? –interpeló Alejandro.
–Exactamente, junto con Equidna. Y ya nos hemos enfrentado a una de ellas: la Hidra de Lerna. –aseguró Nahuel.
–Ahora que lo pienso, ¿alguien tiene alguna idea para calmar a ese monstruo? –interpeló Alejandro.
–Improvisaremos sobre la marcha. –respondió Nahuel.
–Yo tengo un mal presentimiento. Si el monstruo es altísimo no sé si nuestras armas le causarán algún daño si tenemos que defendernos. –expresó María un tanto asustada.
–Y si tiene tantas serpientes en su cuerpo estaremos en una gran desventaja… –agregó Alejandro con bastante preocupación.
–No se preocupen… todavía. Estoy seguro que la “celda” de Tifón debe ser pequeña, eso nos favorecerá. Por otra parte tengo un plan que seguro funcionará… –aseveró Nahuel.
–¿Y cómo es tú plan? –interrogó Silecio.
–Que sea una sorpresa –dijo Nahuel causando que sus compañeros comenzaran a protestar por su respuesta–. ¡No griten! Les aseguro que no es nada extraño. –agregó pero en vez de calmarlos los enfureció aún más.
Durante el resto de la caminata Nahuel tuvo que aguantar todas las protestas de sus amigos porque él no quería revelar su plan puesto a que, aunque no lo dijo, era bastante peligroso pero sabía que si funcionaba sería efectivo. Al llegar al final de camino en espiral las quejas de María, Alejandro y Silecio dejaron de oírse porque delante de ellos había una entrada que los conducía a una habitación muy oscura, tanto que no sabían si era enorme o pequeña. Los muchachos determinaron en entrar ya que pensaron que, al igual que en la sala por donde vinieron, se encenderían las antorchas desvelando de ésta manera toda la habitación, pero al hacerlo se dieron cuenta que no ocurriría lo que intuían.
–Está muy oscuro, es muy peligroso avanzar… –admitió María.
–Cierto y será mejor que demos ni un paso más porque por la poca luz que proviene de la sala anterior estoy viendo que estamos al borde de algo. –advirtió Nahuel.
–Iré a buscar una antorcha. –declaró Alejandro y acto seguido regresó a la habitación para retirar una antorcha cercana de su soporte. Al regresar corroboró lo que Nahuel había dicho puesto a que ellos estaban al borde de un precipicio donde no se podía visualizar el fondo, sin embargo también descubrieron que a unos pocos metros a su izquierda comenzaba una escalera de roca con peldaños irregulares, como si hubieran sido apiladas una sobre la otra sin prestar atención en la prolijidad, asimismo también observaron que las paredes y el suelo donde estaban parados estaban hechos con bloques de piedras que le faltaban algunos trozos y las grietas eran el detalle que más preocupaban a los muchachos puesto a que temían que los grandes bloques se les cayeran encima. Los dualistas querían ver más pero la luz de la antorcha era tan débil que no podían ver más allá de unos pocos metros, eso les hizo pensar que la habitación debía ser igual de grande que la anterior o incluso más.
–Además de la oscuridad, está sala se diferencia de la otra por el frío… –comentó María.
–Cierto, es como si aquí hiciera unos diez grados. –añadió Silecio.
–¿Pero cómo puede ser posible eso? –cuestionó Alejandro mientras miraba hacia todos lados con el fin de encontrar algún indicio de que allí se hallaba Tifón.
–No lo sé, pero a juzgar por lo que hemos caminado, la habitación anterior y ésta parecen ser cámaras donde la lava se acumulaba. Alguien, quizás Hefesto y sus ayudantes les colocaron paredes de piedra para que se asemejara como un calabozo de un castillo medieval. Es posible que el camino por donde transitamos lo construyeran con el fin de que alguien viniera hasta aquí y le diera alimento a Tifón. –razonó Nahuel.
–Pero no sabemos si aquí está Tifón. Puede que cuando bajemos por estas peligrosas escaleras encontremos otra sala. –declaró María.
–Cierto, aunque como aquí no hay antorchas es posible que… este lugar sea la “celda” de Tifón. –pensó Silecio.
–Ojalá que no… –admitió María.
–Entonces la única forma de averiguar será descender por la desprolija escalera… –aseveró Nahuel.
–¿Seguro? Esta antorcha se apagará dentro de poco… –advirtió Alejandro viendo como la llama de la antorcha comenzando a extinguirse de manera intermitente al tiempo que la misma reducía su tamaño gradualmente.
–Entonces habrá que traer otras de la otra sala. Es probable que estemos cerca. –dijo Silecio y de pronto los jóvenes escucharon un gruñido sordo, como si proviniera desde lo más profundo del lugar donde estaban.
–¿Qué… habrá sido eso? –preguntó un tanto intranquila María.
–No estoy muy seguro, pero tal vez sea lo que buscamos. –respondió Silecio.
–Chicos… levanten la mirada… –afirmó Alejandro algo asustado mirando hacia arriba en un ángulo de setenta y cinco metros.
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Cuando Nahuel llegó a al lugar se sorprendió sobremanera al ver a sus amigos que lo estaban esperando para empezar con la lección y a los pocos minutos de iniciada la misma se percató del gran intereses de sus amigos ya que Alejandro no hacía bromas y María no se distraía mirando los polvorientos libros antiguos de las estanterías e intuyó que se trataba de alguna especie de broma ya que le parecía muy extraño el súbito interés de sus compañeros por lo que antes de que la supuesta broma se llevara a cabo les pidió explicaciones sobre el porqué del repentino interés a lo que Alejandro y María contestaron que no era una broma sino que esta vez querían aprender ya que si en algún momento, por algún “X” motivo tenían que enfrentarse a alguna criatura mítica y él no se encontraba para darles alguna información de la misma para luego planear una estrategia para acabar con ella podrían salir muy mal de esa situación y querían evitar eso a toda costa. Tras eso Nahuel entendió el punto de sus amigos y los regañó por darse cuenta de eso un tanto tarde ya que la idea principal de esas lecciones era que tuvieran información suficiente como para resolver algunas situaciones como las que habían planeado y acto seguido continuó con la clase.
Más tarde, Nahuel se hallaba sentado en el post-vestíbulo observando a unos Novatos realizando tareas de mantenimiento del patio del Templo como podando las pasturas altas, regando las flores, quitando las orugas y otros bichos que afectaban a algunas plantas, entre otros trabajos afines causando que el joven sintiera cierta nostalgia al recordar aquellos momentos en que él, junto con sus compañeros de clases, hacían las tareas de mantenimiento del jardín exterior y del interior en el Templo Dualista Panuniversalista de Capilla del Monte y tenía ganas de ayudar a los niños para apaciguar su nostalgia y evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas por lo que buscó a Silecio y le pidió si podía pedirle permiso al Maestro encargado de los Novatos si le permitía incluirlo en esa tarea. Pese a que el dualista griego le advirtió que eso sería un tanto difícil puesto a que el Maestro a cargo de los Novatos no permitía que nadie ajeno a su grupo se metiera en las actividades que hacían sus Novatos a no ser que sea imperiosamente necesario, Nahuel le insistió que le preguntara al menos si podía hacer y debido a la constante insistencia que tuvo que hacer, Silecio aceptó por ir a preguntarle al Maestro para quitárselo de encima.
Increíblemente el Maestro aceptó a que Nahuel participara de las tareas porque algunos Novatos no querían trabajar en unos rosales porque habían unas hormigas que picaban muy fuerte cuando se intentaba apartarlas de la planta puesto a que éstas quitaban trozos de pétalos de las rosas y si no las quitaban a tiempo las flores dejarían de existir y a causa de que varios de los niños fueron picados por esas hormigas no querían acercarse a las plantas y sólo el Maestro estaba trabajando en esas plantas por lo que Nahuel aceptó trabajar junto con el hombre mientras que Silecio les traducía, ya que de todas maneras no tenía nada mejor que hacer en ese instante. A los pocos minutos, Nahuel descubrió que las hormigas eran algo inteligentes porque si bien el muchacho utilizaba guantes para protegerse de las espinas de los rosales al tiempo que quitaba los insectos, las hormigas avanzaban por el guante hasta encontrar la piel del joven y allí picaban como si supieran que los guantes no le causaba dolor por más que picaran, a raíz de esto Nahuel recibió unas cuantas picaduras, las primeras eran dolorosas pero después eran como picaduras de mosquito. A pesar de ello en media hora había terminado a los rosales y de inmediato se dirigió hacia la Enfermería General junto con Silecio puesto a que alrededor de las picaduras de las hormigas la piel presentaba un sarpullido y temió que se tratara de una reacción alérgica a las mismas, no obstante el médico que lo examinó le aplicó una pomada y horas más tarde el sarpullido y la picaduras estaban tan claras que parecían que había desaparecido.
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–¿Se encuentran bien? –preguntó el hombre.
–Más o menos… pero dentro de unos segundos ya estaremos bien. –contestó Silecio.
–A mí denme unos cuantos minutos… –afirmó Nahuel.
–¡Ustedes sí que son extraordinarios! ¡No he visto a nadie hacer lo que ustedes hicieron! –comentó el sujeto con cierto asombro.
–Nosotros tampoco… y creo que nosotros tampoco sabíamos que podíamos hacer eso. –aseguró Alejandro.
–Y hasta que no practiquemos bien, no volveremos a hacerlo. –expresó María y sus compañeros asintieron.
–Bueno… sea lo que sea que hicieron lo hicieron bastante bien. Aunque me dieron unos sustos cuando me subían ya que pensé que me estamparía la cara en la pared rocosa, pero en líneas generales lo hicieron bien. –criticó el sujeto.
–Era eso o dejarle caer. –aseveró Nahuel sin agradarle mucho la crítica.
–Yyyyyy… creo que eso significa que de no debo quejarme… –manifestó el hombre y Nahuel asintió con su cabeza.
–¿Y tú estás bien? –le preguntó Alejandro al hombre.
–Claro que sí. ¿Por qué lo preguntas?
–¡Porque estás sangrando bastante por la herida que te hizo el águila y…! Bueno… mi flecha… ¡Pero fue sin querer! –contestó María señalando las heridas.
–Ah, sí… pero como dije antes, tengo bastante para rato –aseguró el sujeto–. Sin embargo… me molesta la flecha –añadió mirando la saeta y seguidamente agarró el extremo que tenía la punta y la partió para deshacerse de la misma, a continuación retiró el otro extremo que quedó en su mano para tirarla hacia el precipicio–. ¡Listo! ¡Problema resuelto! Aunque creo que va tardar su tiempo en curarse…
–Creo que sangra más que antes. –admitió Silecio.
–Sí, pero no hay que hacerse problemas por pequeñeces. –aseguró el sujeto.
–¡¿Cómo que eso es una pequeñez?! ¡¿Puede llegar a morir?! –gritó María un tanto anonadada por la afirmación.
–Estoy comenzando a pensar que no saben quién soy… –declaró el hombre.
–¡Eso! Ahora que estamos creo que es hora de que reveles tu identidad. –afirmó Nahuel que sabía quién era al tiempo que se levantaba del suelo.
–Veo que tú si sabes quién soy…
–Sí, y Silecio también. –dijo el muchacho señalando al dualista griego.
–Cierto, aunque hubiera preferido no saberlo… –expresó Silecio.
–¿Por qué? –preguntaron Alejandro y Silecio sin entender nada de la situación.
–Porque hemos… ¡Bah! No importa. Total lo hecho, hecho está. –respondió el dualista griego.
–¿Solo dos de ustedes saben quién soy? –interpeló el hombre.
–Sí. Y ya que estamos dinos quién eres. –contestó Alejandro con impaciencia.
–Yo… estoy comenzando a tener miedo… –admitió María sin agradarle la situación.
–¿Doy mi identidad o lo hacen sus compañeros que saben? –interrogó el sujeto.
–Lo haremos nosotros. –dijo Silecio.
–¡¿Entonces quién es él?! ¡Maldita sea! ¡¿Es necesario tanto suspenso?! –exclamó Alejandro bastante exasperado ya que no quería esperar ni un segundo más para saber a quién había liberado. Rápidamente Nahuel y Silecio se miraron entre sí, luego dirigieron sus miradas a sus amigos y se detuvieron en el hombre.
–Prometeo. –respondieron Silecio y Nahuel causando que María y Alejandro adoptaran unas expresiones combinadas en sus rostros de sorpresa y espanto.
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Después de caminar un buen tiempo los jóvenes no detectaron nada extraño, incluso Nahuel tampoco detectó la presencia de una deidad, no obstante no se desanimaron puesto a que ya habían pasado por situaciones como éstas.
–¡Uf! Ya me estoy cansando… Caminar por entre las montañas en verano no es buena idea… –dijo Alejandro después de caminar mucho tiempo.
–Sí… pero no entiendo por qué tuvimos que caminar tanto cuando podríamos acercarnos hacia el sitio donde se originó la actividad con el helicóptero. –expresó María.
–Es que, si no lo recuerdan, estamos dentro del área que fue influenciada por esa actividad. Yo aterricé a unos varios metros del sitio porque la aeronave no puede aterrizar en un terreno irregular. –aseguró Silecio.
–Aunque sea algo agotador, por lo menos estamos haciendo ejercicio. –admitió Nahuel.
–Naturalmente, pero preferirían que alguien bajara la intensidad del sol… –comentó Alejandro.
–Si tuviéramos a Helios a nuestro favor, le pediría que dejara de emitir tantos rayos calientes. –declaró Nahuel.
–¿Eso fue una broma o qué?
–Una expresión de deseo…
–¿Tienes calor? ¿No era que te gustaba el calor?
–Antes que el frío, ¡seguro! Pero odio la transpiración.
–¡Pero lo quieres todo! ¡Quieres que haya calor pero que no sudes! ¡Eso no va a ocurrir!
–Entonces le pediré a algún dios que haya que mi piel sea siempre fresca para que las glándulas sudoríparas no trabajen nunca más.
–Para eso están los desodorantes. –afirmó María.
–Pero perjudican al medio ambiente… y me marean. –aseveró Nahuel.
–Entonces, lo único que puedo decirte es que si quieres calor, aguántate la transpiración. –expresó Silecio.
–La historia de mi vida… –dijo Nahuel con resignación suscitando que sus amigos se rieran.
–Hablando de otra cosa, dentro de unos metros más llegaremos a un recodo. –aseguró Alejandro.
–Sí, y tendremos que doblar. Si no hallamos nada, regresaremos al helicóptero y haremos una búsqueda aérea. Caminar por toda el área será un desperdicio de tiempo valioso. –advirtió Nahuel.
–Cierto, además ya estamos algo lejos del helicóptero. –secundó María.
–Me parece extraño que alguna deidad o alguna criatura no haya aparecido aún, o que no hayamos encontrado una cueva o un sitio que tenga una particularidad que nos indique que es el ingreso a otra dimensión. –comentó Alejandro.
–Sí. Pero, ¿aquí hay algún templo o ruinas de éste o algo que se relacione con la mitología griega? –cuestionó María.
–En realidad casi todos los lugares de Grecia tienen algo que ver con la mitología griega. Aunque… por aquí creo que no hay nada… –respondió Silecio.
–Tal vez sea algún dios o semidiós errante que pasó por aquí y los Ojos lo detectaron… –razonó Nahuel–. No obstante… creo que hay algo referido a… No, es improbable. –añadió dubitativo.
–¿Qué cosa? ¿Algo referido a un dios? –preguntó Alejandro.
–Sí… aunque es una referencia muy endeble… No es necesario que lo mencione. –contestó Nahuel.
–Pero cualquier cosa puede ayudarnos. –declaró Silecio.
–Cierto, sin embargo es tan poco probable lo que pienso que es lo mismo que nada. –aseguró Nahuel y de pronto los muchachos escucharon un sonido, similar a una persona gimiendo de dolor.
–Chicos… ¿oyeron eso? –interrogó Alejandro.
–Sí… y creo saber de dónde vino… –contestó María.
–¿Pero qué pudo haber sido? No veo a ninguna persona por aquí. –afirmó Silecio.
–Tal vez no sea una persona… –admitió Nahuel.
–¡Sea lo que sea que se manifieste! ¡No seas un cobarde! –vociferó Alejandro.
–¡¿Qué haces?! ¡¿Estás loco?! –gritó Nahuel enfurecido.
–¿Qué? ¿Hice algo malo? –expresó Alejandro con cierta inocencia.
–¡Idiota! ¡Si hay algún dios por aquí lo último que querríamos hacer es provocarlo! –regañó María.
–Pero yo le estoy diciendo que se manifieste, como hacen los investigadores paranormales para averiguar si hay algún fantasma en un sitio. –aclaró Alejandro.
–Eso está bien, salvo por el detalle que dijiste “¡No seas un cobarde!”. Eso es una provocación tanto aquí, como en Argentina y como en el Olimpo. –aseveró Silecio a modo de reproche.
–Y si alguien puede decir que se manifieste, soy yo porque soy el único, por el momento que puede ver a los dioses antiguos. –aseguró Nahuel.
–¿Tú también lo provocarías? –interpeló Alejandro.
–¡No! No sería tan estúpido para provocar a algo que me supera en términos evolutivos, de antigüedad y de poder. –expresó Nahuel.
–Y si gritara… –dijo Alejandro pero se calló al ver que sus compañeros lo estaban mirando con ganas de asesinarlo– Está bien… me callaré para no decir alguna sandez para que luego ustedes me recriminen como si hubiera cometido el error más grave de la historia.
–No tan así, sólo por haber cometido el error más estúpido que pudo costarnos la vida. –afirmó María y en ese momento escucharon otro gemido.
–Ahí va otro… –manifestó Nahuel.
–¿Dónde crees que provino el sonido, María? –le preguntó Silecio a la joven.
–¿Eh? ¡Ah, sí! Creo que los dos gemidos, tanto éste como el anterior, provienen al otro lado del recodo. –respondió María.
–Entonces hay que ir allá. –aseguró Nahuel.
–¿No es peligroso? –interrogó Alejandro.
–Desde que gritaste lo que gritaste, sí. –manifestó Nahuel a modo de regaño.
–Creo que me van a regañar por eso durante todo el día… –admitió Alejandro.
–Y por más tiempo también –aseveró Silecio–. Ahora andando hacia el recodo para saber qué produce ese sonido. –agregó y raudamente los jóvenes se dirigieron hacia el recodo y doblaron sin pensarlo descubriendo, para su gran sorpresa, un gigante, pero un gigante tan alto que parecía ser el rey de los gigantes puesto a que medía más de mil metros de altura o incluso más.
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