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vjara_92vjara_92 Pedro Abad s.XII
editado septiembre 2008 en Fantástica
I

Esto



El cazador de ónix corría por entre los árboles, la herida del brazo izquierdo le sangraba, dejando un camino rojo en el suelo, un trozo de hielo cruzó silbando el aire frío del anochecer, le rozo la oreja, era una sensación muy molesta pero no dolorosa
-ven acá idiota- dijo una voz asexuada- sabes que no te puedes esconder ni correr para siempre.
Se escucho un trueno, luego por unos segundos todo fue silencio, luego una luz púrpura paso por el lado del cazador, luego otro trueno.
-ahh- grito la guardiana Aqua desde atrás del cazador.
Al voltearse el cazador vio como la guardiana Aqua se agarraba con fuerza el brazo derecho, sus ropajes ceremoniales estaban quemados a la altura del hombro. El cazador siguió corriendo, pero al llegar al claro lo vio, el origen de la luz.



II

Viaje



Dejaban su casa nuevamente atrás, viajaban a un campo en el sur, el dueño era el padre de una amiga de Claudia, Fabiola una chica alta y morena.
Viktor camino lentamente por la vereda al lado de su hermana, llevaba gran parte del equipaje de esta, el solo llevaba un poco de ropa y su cepillo de dientes, pero Claudia había empacado todo lo que había encontrado a su paso, llevaba dos maletas llenas de ropa, en otra llevaba casi todo lo que había en el baño, champú, crema pare peinar, crema para masaje, etc. y en su bolso iba su celular. Llegaron al terminal de buses atrasados y por poco perdieron el bus que los llevaría a su destino.
-Es tu culpa por no caminar rápido- le gritaba Claudia mientras subían
-pero si tu fuiste la que no salía nunca del baño
-cállate y camina
-hola –la cara de Fabiola se asomaba desde el asiento de delante de Viktor, pero no lo miraba a el, los castaños ojos de la chica observaban a Claudia.
-hola –dijeron los hermanos al unísono
-yo ya pensaba que no iban a ir
-no, lo que pasa es que Viktor es muy lento
-Claro como ella no tiene que cargar con todo el equipaje

El viaje fue largo y aburrido, el bus estaba atestado de gente, el aire estaba viciado y el calor era insoportable, pero el paisaje era hermoso, hace ya tanto tiempo que no salía de su casa que los campos le parecían una maravilla, al comienzo del viaje el terreno era plano, uno podía observar como terminaba el llano y comenzaban las montañas, pero cuando el viaje siguió su curso el paisaje se volvió mas montañoso, en ocasiones parecía que el camino estuviera en la mitad de un monte, porque la tierra se levanta a ambos lados, como si la montaña hubiera sido cortada en dos para dar paso a la carretera.
-aquí nos bajamos –anuncio alegremente la voz de Fabiola desde su puesto.

Bajaron del bus, frente a ellos se extendía un polvoriento y angosto camino, tomaron sus cosas y comenzaron a caminar, Claudia conversaba con Fabiola, pero Viktor no alcanzaba a escuchar.
-¿de que hablan?-pregunto Viktor cuando ya llevaban cerca de veinte minutos caminando.
-le estaba contando a Claudia sobre el castillo que apareció hace poco en las montañas- le respondió Claudia
- ya, si no quieres decirme no importa- le respondió Viktor enojado, hervía por dentro, odiaba que lo tomaran por estúpido y su hermana lo hacia muy a menudo.
- pero si eso es lo que me estaba contando
Viktor no pudo evitar poner cara de ironía, pero ya no le importaba, ya estaban llegando a la casa de Fabiola.
-¿no se ve hermoso el mar desde aquí?- preguntó Fabiola, mientras se quitaba el pelo de la cara.
- si es hermoso- respondió Claudia, sus ojos brillaban, Viktor recordó que Claudia jamás había visto el mar.
Estaba flotando en la nada, la brisa cálida le acariciaba el rostro, se escuchaba un cantico en un idioma extraño, repentinamente escucho a lo lejos su nombre.
-Viktor!- la voz de Claudia se escuchaba lejos, Viktor la ignoro, estaba en paz. Algo le agarro la espalda y lo sumergió asta la cintura en agua.

Una vez en la mesa Viktor pudo descansar, aunque aun se encontraba mareado, en la mesa Pablo y Andrés, sentados al lado opuesto, lo miraban extrañados, por un momento a Viktor le dio la impresión de que Pablo podía ver lo que pensaba, pero eso era realmente imposible. Conocía a Pablo desde que eran niños, la gente lo evitaba, decían que era extraño y que estaba maldito, pero a Victor esto lo atraía, le encantaban las cosas fuera de lo normal, ya fueran ovnis o fantasmas cautivaban su atención al instante. Pablo era de estatura mediana y contextura delgada, con el cabello castaño y liso, era de tez clara, un poco ojeroso y con unos grandes ojos grises. Andrés era un amigo de Fabiola, era alto y moreno, de ojos café verdoso, Victor jamás lo había visto, contrastaba mucho con Pablo.

Claudia entro al comedor con dos tazas, se veía preocupada, se sentó junto a Victor y le ofreció una taza que contenía un café cargado, Victor intentaba recordar lo que había pasado pero incluso los recuerdos mas recientes eran confusos, recordaba haber llegado con las maletas y después a Claudia gritando su nombre, el mar, música extraña y profunda, oscuridad y calidez.

- Gracias – articulo torpemente Victor
- de nada – le respondió Claudia con una triste sonrisa – necesito que hablemos de lo que paso…
- no recuerdo mucho – la interrumpió Victor – solo recuerdo sentir paz, sentí que estaba flotando, que la brisa me acariciaba y un aroma tranquilizador me envolvía – hizo una pausa para intentar recordar – después escuche tu voz, luego agua, estaba con el mar asta la cintura y tu me abrazabas.
- ya veo – dijo Claudia preocupada
- ¿pero que fue lo que realmente sucedió?- Pablo se adelanto a Victor en hacer esa pregunta
- bueno – Claudia suspiro y después continuo – cuando vimos el mar nos acercamos, pero cuando llegamos a la orilla – miro preocupada a Victor, como si esperara que recordara, pero la mente de Victor estaba bloqueada.
- Victor boto el equipaje y comenzó a entrar al agua – Fabiola acababa de entrar al comedor – Claudia le grito, pero no reaccionaba, corrió tras el lo abrazo por la espalda.

Hubo un silencio incomodo, Victor deseo no haber acompañado a su hermana, los demás lo observaban curiosos, pero los ojos grises de Pablo lo inquietaban mas que los de los demás. Cuando cayo la noche Victor se escabullo fuera de la casa, necesitaba aire fresco, alejarse de las miradas curiosas, espacialmente de la mirada de Pablo. La noche era cálida y una suave brisa acariciaba su rostro, se saco los zapatos y camino sin rumbo por la orilla del mar, una suave y tranquila música se escuchaba cerca suyo, parecía provenir del mar mismo, lo llamaba, la sensación de tranquilidad lo envolvió de nuevo, pero esta vez era distinto, el era consiente de lo que hacia, comenzó a adentrarse en el mar, el agua estaba fría pero Victor no lo sentía, la música le susurraba al oído cosas en un idioma desconocido, avanzo hasta que el agua lo sumergió por completo, la arena bajo el agua era suave y blanca, se sentía tan bien, pero cuando quiso salir a respirar no podía, algo lo sujetaba y lo sumergía aun mas.

Los recuerdos se amontonaban en su mente, su infancia parecía tan lejana y ajena, no se reconocía, solo veía a un niño pálido y débil con el pelo recogido en un pequeño moño alto, abandonado en una casa oriental enorme, personas sin rostro le atendían día y noche, pero se sentía profundamente solo. Su padre, recordaba que tenía uno, pero no era más que una sombra que paseaba por los corredores de esa casa atestada de gente sombría y sin rostro que decían cosas en un idioma extraño e inentendible.



III

El Espíritu en el Templo de Hielo




Iba a morir, lo sabia, sentía la fría estocada del agua en sus pulmones, todo se volvió oscuro. Cayó de espaldas sobre algo duro, el agua había desaparecido totalmente.
-estoy muerto – susurró
Desde el suelo observo su alrededor, se encontraba en un edificio enorme, brillaba, parecía hielo, la arquitectura era muy similar a la griega, en el techo había un signo extraño, le resultaba familiar, pero no recordaba que significaba. Se escucho una voz femenina, delicada, pero imponente
- quinientos años esperando, quinientos años atrapada en estas paredes – se detuvo un momento, como si suspirara – y solo llega un hombre
Victor se incorporo, el lugar le pareció aun mas extraño, estaba sobre una franja de suelo, alrededor pasaban dos canales, alimentados por una infinidad de estatuas de mujeres hermosas vestidas con túnicas que vaciaban mas agua en ellos, avanzaban silenciosamente hacia algo similar a una fuente. Victor estaba seguro que la voz provenía desde esa extraña fuente, cuando llego a ella vio que era el centro del edificio, el techo era mas alto en ese lugar, y una infinidad de pasillos y canales convergían allí. Repentinamente una mujer apareció por uno de los lados de la fuente, iba extrañamente vestida de blanco y celeste, su cabello era blanco, sus ojos dos océanos azules, su joven rostro irradiaba belleza, su cuerpo era brillante y traslucido.
- ¿Cómo has llegado aquí? – pregunto molesta
- Realmente – Victor suspiro largamente, no sabia porque le respondía a esa mujer, ni siquiera sabia quien era – solo seguí mi instinto, el mar me llamaba.
La mujer pareció pensar un momento, luego hizo un movimiento extraño y el frio hielo bajo los pies de Victor se abrió y nuevamente quedo sumergido en el agua, el hielo se cerró y quedo atrapado, ya comenzaba a faltarle el aire, todo comenzó a dar vueltas y a volverse borroso. Un resplandor purpura lo cegó por un momento, el agua desapareció, cuando pudo ver de nuevo se vio flotando en el centro de una esfera de fuego purpura, pero sin embargo sentía frio y la nostalgia lo invadió, las lagrimas brotaron de sus ojos, un recuerdo lejano intentaba regresar, pero no había nada, nada de su vida estaba provocando esas lagrimas.
- Muy interesante – La voz de la mujer se escuchaba nítidamente. – Por eso escuchaste el llamado del templo – Victor logro ver a través de la llamas el templo, había salido a la superficie y flotaba a casi un metro del suelo la mujer estaba sentada en la pileta y lo miraba despreocupadamente. Las llamas desaparecieron y Victor cayó suavemente, no entendía absolutamente nada.
- ¿Qué eres y quieres de mi? – Victor se acababa de dar cuenta de que eso fue lo primero que debió preguntar. La mujer lo miro pensativa, parecía no saber por donde comenzar, se acostó en el borde de la fuente, sus cabellos caían grácilmente y su rostro al pensar se veía aun mas hermoso de lo que era, Victor sintió deseos de correr, estar frente a algo tan bello y perfecto resultaba aterrador.
- Esta fuente lleva quinientos años congelada – dijo nostálgicamente. – el agua que saltaba de ella esta congelada, no solo convertida en hielo, sino que esta suspendida en el mismo lugar en que estaba.
Victor observo con recelo la fuente, ya que desde que llego que veía que lanzaba agua, pero era solo una ilusión, el agua de la fuente estaba cristalizada y suspendida en el aire, era algo hermoso, la caída del agua capturada en un momento e inmortalizada para toda la eternidad.
-La fuente solo lanza agua – continuo melancólicamente el espíritu - cuando una de nosotras esta viva – al decir esto señalo las estatuas – normalmente nuestras reemplazantes llegan en quince o dieciséis años, pero al parecer en quinientos años no ha nacido ninguna que pueda tomar el puesto.
Victor estaba cada vez mas confundido, no entendía lo que la mujer le contaba y no estaba respondiendo sus preguntas, pero sentía que lo que ese espíritu, o lo que fuera, decía tenia un sentido que el aun no descubría, se sentó en el frio suelo de hielo.
La mujer se levanto y camino hacia el, se veía tan grácil que Victor se levanto instintivamente, quiso correr, pero el hielo había subido por sus pies y no lo dejaba huir.
-No dejare que te vallas – dijo fríamente la mujer – después de todo eres lo suficientemente hábil
La mujer acercó su rostro al de Victor, el corrió el suyo, que un ser tan hermoso se le acercara era insoportable. La mujer lo tomo de la barbilla y lo besó. Se sentía tan extraño, pero Victor no podía evitar responderle, ya no era consiente de lo que hacia, su mente se estaba evaporando, solo sentía un dolor punzante en los labios, se le congelaban. Su propio ser se difuminaba, algo tibio comenzó a bajar por su rostro.



IV

Recuerdos Ajenos



Recuerdos, miles de recuerdos se arremolinaban en la mente, todo era muy confuso, todo se detuvo, eran sus propios recuerdos, pero no lo parecían. Todo era tan diferente, los bosques aun eran jóvenes, caminaba a la orilla del mar, al mirar el su reflejo veía a una hermosa joven, vestida con un sucio y harapiento vestido, su cabello era blanco, luego comenzaba a adentrarse en el mar; en ese momento Victor se percato de que no eran recuerdos, estaba sucediendo en ese instante, estaba viendo lo que esa mujer veía, no podía controlar lo que hacia, ni comprender lo que sucedía; la mujer siguió adentrándose en el mar, las aguas no la tocaban, se habrían a su paso, bajo hasta que los bordes del agua se perdían en la altura, la joven extendió una mano, toco con la punta de sus dedos la barrera de agua que se tendía delante suyo, el agua comenzó a congelarse y apareció un umbral, al atravesarlo apareció el templo que Victor acababa de dejar, recorrió el lugar con la mirada un momento.
- Este es el lugar – susurro la joven – con el que he soñado todos estos meses
Caminó decididamente por el pasillo y se detuvo frente a la pileta congelada.
-Bienvenida – dijo una mujer que apareció tras la pileta, estaba vestida de la misma manera que la que Viktor había visto, pero su cabello era negro y sus ojos verdes y a pesar de ser hermosa no poseía el brillo perturbador de la mujer con que Victor se había encontrado.- decidme vuestro nombre.
-Karina – la voz de Karina era sumisa y dulce.
- puedo darme cuenta de que ya sabes para que estas aquí – dijo la mujer sonriendo dulcemente – espero que seas una gran guardiana Aqua
La mujer la condujo hasta la fuente, tomo las manos de Karina y las coloco sobre unas marcas, inmediatamente la fuente volvió a la vida, el agua corría por su cuerpo, sus harapos se transformaban en las ropas de la guardiana Aqua anterior, se volteo para hablarle a su predecesora, pero esta había desaparecido.
-¿soy la guardiana Aqua?- se pregunto a si misma, parecía no poder creerlo,
Levanto grácilmente su mano derecha y parte del agua de la pileta se levanto, dibujo fugazmente una espiral con los dedos y luego tensó un poco los dedos, el agua se enrolló en una ancha espiral y se congeló
- esto es increíble – dijo impresionada
Volvió a levantar la mano, pero esta vez fue mucho más brusco, mucha mas agua se levanto, no solo de la fuente, sino que del hielo salía agua, tensó los dedos separados y el agua se separo en esquirlas de hielo, movió la mano estirada rápidamente mientras expiraba, las esquirlas se dispararon y se estrellaron contra la pared.
Todo se volvió nebuloso y comenzó a girar, luego apareció en una pradera, estaba frente a un hombre vestido de negro, su ropa era extraña, su cabello era largo de un negro brillante, su piel era blanca, sus facciones delicadas, labios delgados, ojos penetrantes, celestes. Se deslizo a una velocidad impresionante hacia Viktor, pero su cuerpo lo esquivo con igual velocidad, busco algo con la mirada, se acerco rápidamente a un rio que bordeaba un bosque, el hombre se le acerco de nuevo, movió el brazo derecho bruscamente hacia Viktor, aparecieron de la nada decenas de dagas de piedra negra y se precipitaron hacia el, su propios brazos formaron un espiral imaginario alrededor de si mismo y una campana de hielo lo protegió de los golpes, en ese momento Viktor se dio cuenta de que aun se encontraba en los recuerdos de Karina. Ambos eran muy veloces, el suelo estaba repleto de trozos de hielo y ónix, y de sangre de ambos, Karina estaba herida en la mejilla y en las piernas, mas había logrado cortarle un brazo a su oponente, el no se había inmutado cuando lo perdió, solo se limito a apretárselo y decir algo en un idioma extraño, y el brazo le dejo de sangrar de inmediato, tomó una rama de un árbol y se la coloco como brazo, Karina miraba atónita, la rama comenzó a transformarse rápidamente en un miembro humano, idéntico al anterior.
-¿Qué fue eso?- pensó Karina en voz alta
- Transmutación – respondió el oponente, le lanzo una infinidad de esquirlas negras que fueron bloqueadas por una pared de hielo, Karina corrió y se lanzo al rio, no se sumergió, sino que permaneció de pie sobre ella, el agua hacia pequeñas ondas con centro en sus pies, hizo varias figuras con sus manos y susurro “trasnport na Aqua”, el agua la envolvió y apareció en el templo nuevamente.
Todo se volvió borroso de nuevo y Viktor apareció en el templo con su propio cuerpo, estaba en la misma posición en que había entrado a los recuerdos de Karina, pero ella ya no estaba allí, aun podía sentir el frio toque de sus manos en su rostro, tenia la saliva un poco congelada y las lagrimas le rodaban por las mejillas. Estuvo un momento en esa posición, miro a su alrededor, no estaba en el templo, se encontraba parado sobre una roca a la orilla del mar, la casa se divisaba a lo lejos. Definitivamente se lo había imaginado.




V

Cercanía



Una extraña y violenta tormenta azotó la cabaña, obligando a los moradores a mantenerse encerrados, Fabiola, Claudia y Andrés parecían molestos, este ultimo no lograba mantenerse quieto en una habitación, daba una y otra vuelta por la cabaña, como un animal encerrado en una jaula; en cambio Pablo y Viktor disfrutaban del encierro, ambos se pasaban largas horas observando por las ventanas la hermosa tormenta del exterior sin mencionar palabra alguna.
Viktor se encontraba en una de sus largas estancias mirando por la ventana de la habitación mas alejada de la casa cuando él entró en la habitación silenciosamente y se situó tras la silla en la que estaba sentado.
- ¿Quién eres? – preguntó el intruso
Viktor se volvió asustado se encontró con un semblante inexpresivo y unos penetrantes ojos grises.
-Responde – insistió Pablo - ¿Quién eres?, no eres la misma persona que llego a esta casa hace una semana.
- Eso es realmente estúpido – respondió, después de un momento de perplejidad, Viktor – claro que soy yo, Viktor.
- Si, en efecto lo eres – dijo calmadamente Pablo mientras se apoyaba en la pared – pero hay algo más.
- Claro – Viktor ahora estaba de pie y le hablaba indignado – no me has hablado en todo el tiempo que he estado aquí, y ahora vienes y me dices esta estupidez.
Pablo seguía mirándolo impasible; apoyado, con los brazos cruzados, en la pared; Viktor al no ver reacción alguna de su interlocutor dio media vuelta y camino hacia la puerta, no se dio cuenta como sucedió, Pablo estaba abrazándolo por la espalda, podía sentir el calor que su cuerpo emanaba, quiso soltarse, pero su cuerpo no respondía; Pablo parecía saber eso, porque sus brazos apenas ejercían fuerza sobre el abdomen de Viktor; Pablo era un año mayor que él y a pesar de no ser muy alto, Viktor era más bajo que él; el más alto apoyo sus labios en la oreja derecha del menor y le susurró unas palabras que no termino de entender cuando cayó inconsciente, Pablo lo tomo en brazos sin esfuerzo, Viktor era muy delgado y liviano.
- Que hermoso te vez durmiendo – le susurró Pablo al chico de pelo negro que sostenía inconsciente en sus brazos y salió de la habitación.

Viktor despertó sudado y sobresaltado, sentía un miedo irracional, era aun de noche y la oscuridad lo envolvía todo, estiro su mano para prender la lámpara de su mesa de noche, pero se encontró con una pared, se sentó en la cama y confuso miró a su alrededor intentando acostumbrarse a la oscuridad.
-¿Dónde estoy? – pregunto Viktor refregándose los ojos, repentinamente le había dado sueño.
- En mi habitación – se escucho la voz de Pablo desde los pies de la cama – que pena que despertaras tan sobresaltado, pero no se podía esperar otra cosa.
-¿Pablo? ¿Qué hago aquí? – preguntó confuso – ¿Qué pasó?
La luz comenzó a entrar tímidamente por la ventana, revelando las siluetas de la habitación, la habitación era amplia, la cama estaba en una esquina alejada de la puerta, había un escritorio al lado contrario, un velador al lado de la cama, con una lámpara metálica. A los pies de la cama Pablo miraba esos grandes ojos azules, que siempre guardaban una profunda tristeza bajo un débil brillo de alegría, la gente no se daba cuenta de ello, son realmente ciegos, pensaba a menudo cuando veía a Viktor.

Viktor comenzó a recordar lo sucedido, primero como unas imágenes borrosas, incoherentes, pero cada vez eran mas claras, recordó a Pablo preguntándole quien era, recordaba haberse intentado ir, Pablo lo había retenido con un abrazo, se había sentido débil, le había susurrado unas palabras que no recordaba al oído y luego… y luego nada.
-¿Qué me hiciste? – le pregunto a Pablo alzando la voz.
- Eso no importa.
-¿Cómo que no importa? – gritó Viktor – quede inconsciente por tu culpa y todavía no entiendo como, ¿acaso no es importante?
- Me importa mas lo que te esta sucediendo
Viktor abrió la boca para responder, pero no logro articular palabra; con Pablo habían sido amigos cuando niños, pero se habían distanciado mucho y ya casi no hablaban.
-¿Por qué la cara, Viktor? – preguntó concierta ironía Pablo - ¿acaso pensaste que ya no eres importante para mi?
-Es que… – sentía que la cara le ardía.
-Hace tiempo que no hablamos – adivinó Pablo – no era realmente necesario hablar, las palabras son solo palabras, para nosotros no son necesarias.
-¿Enserio? – pregunto tímidamente Viktor.
Pablo se levanto del sillón y se tendió sobre la cama, al lado de Viktor, lo empujo un poco y quedaron mirándose a los ojos un momento, unos grises ojos y unos ojos azules quedaron suspendidos en el tiempo junto con sus dueños; el menor retrocedió instintivamente, tener a Pablo tan cerca lo ponía nervioso.
-¿Recuerdas que hace apenas un año éramos los mas unidos? – preguntó el chico de pelo castaño - ¿recuerdas ese momento tan intimo que vivimos?
-¿Un momento intimo? – se pregunto a si mismo Viktor, camino por los pasillos de su mente abriendo puertas, buscando los recuerdos que compartía con Pablo, pero nada, na había ningún “momento intimo”- ¿nosotros…- preguntó avergonzado Viktor.
- Quizás esto te ayude a recordar – dijo Pablo y se comenzó a acercar lentamente a Viktor, sin dejar de mirarlo a los ojos, lo tomo de la mano; Viktor no aguantó más, no hubiera podido evitarlo si lo hubiera deseado, se levantó y salto por encima de Pablo fuera de la cama, corrió hacia la puerta, pero Pablo lo sujetó del brazo y lo volteó, el mayor miraba fijamente esos grandes ojos azules y su dueño sintió un pequeño escalofrío.

El grito despertó a Claudia que miro de inmediato la cama de su hermano, estaba sentado en la cama mirando fijamente la pared, completamente sudado, respiraba agitado y susurraba algo que no alcanzaba a oír.
-Viko ¿estas bien? – pregunto preocupada.
-Si – respondió nervioso Viktor – solo fue una pesadilla, una pesadilla – repitió para si mismo
-Descansa, yo me voy a duchar y después te preparo el desayuno ¿ok? – le dijo Claudia intentando animarlo.
El cuarto de baño era pequeño y blanco, el piso era de cerámica, la ducha era una especie de caja de vidrio rectangular situada en una esquina.
-¿Qué habrá soñado Viktor? – se preguntó preocupada bajo el chorro de agua, Viktor nunca había despertado tan abruptamente, nunca durante los 5 años que vivían juntos, «Le preguntaré a Fabiola» se dijo secando su rizado cabello, se puso un vestido ligero en tonos verdes y partió a la cocina a preparar el desayuno a Viktor, no acostumbraba hacerlo, pero hoy lo había visto tan asustado que decidió prepararle algo especial. La cocina era muy amplia y reluciente, todos los muebles eran de madera, incluidos el horno, el lavaplatos, etc., o por lo menos fingían serlo. Claudia saco del refrigerador dos huevos, un paquete de vienesas y un frasco de aceite, los dejo sobre un mueble al lado de la cocina a gas y tras encontrar un sartén después de rebuscar un rato en varios muebles y repisas, aun no se acostumbraba a la ubicación de las cosas a pesar de llevar mas de una semana allí, se dispuso a preparar huevos revueltos con vienesas picadas, sabia muy bien que a Viktor le encantaban, cuando ya estaba listo preparo unas tostadas y un jugo, los dejo dispuestos en la mesa para Viktor y fue a buscarlo.
Al entrar en la habitación encontró las dos camas perfectamente tendidas, ni un solo rastro de Viktor.
-¿Dónde se metió este idiota ahora? – se preguntaba caminando por el pasillo cuando casi choca con Fabiola.
-¿Viktor se perdió? – preguntó mirando a Claudia con aire despreocupado – ¿lo buscaste en los baños?
-En todos
-¿En el entretecho?
-¿Hay entretecho? – pregunto extrañada Claudia.
-No – respondió Fabiola riéndose, Claudia le obsequió una mirada asesina, pero no le importó.
-Hay algo que me preocupa – le dijo Claudia a Fabiola recuperando la seriedad – Viktor tuvo una pesadilla.
-¿Y que tiene de preocupante?
-Temo que empiece a recordar el incidente de hace 7 años – la voz de Claudia era temblorosa – despertó muy asustado, gritando y completamente sudado.
-Si recordó o no algo no podemos saberlo – dijo Fabiola después de reflexionar un momento – solo nos queda esperar que no haya recordado nada, es mejor así, aun es muy joven para enfrentar lo que pasó, solo tiene quince años después de todo.
-Es extraño que olvidara todo de sus primeros 8 años – Claudia siempre pensaba eso, pero nunca lo decía.
-No tanto – dijo concentrada Fabiola.

VI



Viktor salió silenciosamente de la casa después de ordenar la pieza y tomar rápidamente un baño, el sueño que había tenido se repetía una y otra vez en su mente mientras caminaba por la orilla del mar, estaba completamente empapado por la fuerte tormenta, pero no le importaba, necesitaba estar alejado de aquella casa, de esa habitación, de esa persona, de Pablo. Entró a un bosque, seguía su instinto, se interno en el, buscaba algo y no sabia que, la vegetación era muy tupida y los arboles muy gruesos, debía ser un bosque muy antiguo, pero eso no le impidió avanzar, siempre había un camino que seguir aunque no se distinguiera fácilmente, la naturaleza era hermosa y exuberante, habían plantas de todo tipo a los pies de los milenarios arboles. Llegó a un lugar donde la vegetación estaba mas retirada y los arboles dejaban un espacio bastante amplio, el sol se filtraba por entre las hojas de los arboles; Viktor se sentó a los pies de uno a pensar.
-¿Cómo pude soñar eso? –se preguntó una vez más – Pablo es solo mi amigo, nada más…nada más – repitió en apenas un susurro – pero, ¡¡¡¿Por qué soñé eso?!!, no lo entiendo.
Se quedo allí sentado, el sol se movió en el suelo y sus rayos comenzaron a estrellarse en su confundido rostro, se incorporó y primero pensó sentarse a los pies de un árbol al otro lado del claro, ya que allí ahora los árboles hacían sombra de ese lado, pero trepo en el árbol en el que estaba apoyado, subió fácilmente hasta encontrar una rama cómoda y allí se quedo sentado apoyado en el tronco. Era consciente de que varias horas habían pasado desde que había salido oculto de la casa, pero no podía volver, no podía verle la cara a Pablo después de lo que había pasado, ¿pero que había pasado?.
-Solo fue un sueño – se dijo nuevamente – él no sabe que soñé eso – dijo esta ultima palabra como si comiera algo muy amargo, mientras pensaba se había ido alejando del tronco del árbol y ahora podía ver el mar por entre las ramas de los arboles. Fue solo un susurro en su oído, pero le erizó todo el pelo.
-¿Qué fue lo que soñaste? – sus brazos rodeaban su cintura, su mentón descansaba en su hombro y podía sentir su cuerpo pegado al suyo.
-Pa…Pablo – articuló torpemente, no podía evitar temblar, se sentía débil y pequeño en ese abrazo.
-¿Qué pasa? – preguntó Pablo dulcemente en su oído- ¿te asusté?
-No entiendo – murmuro débilmente el menor
La última vez que Viktor había conversado con Pablo había sido hace seis meses en casa de Fabiola, al llegar la puerta de la casa estaba abierta, Viktor y Claudia entraron, sabían que podían pasar, Claudia y Fabiola eran amigas desde pequeñas, la casa era grande y lujosa, en el vestíbulo encontraron al mayordomo más joven que había tenido la familia Eret, se llamaba Ignacio Sepúlveda y tenía 18 años, era hijo del otro mayordomo, Antonio Sepúlveda, era agradable y alegre, muy contrario a su hijo que era sombrío y hablaba solo lo necesario en un tono tan impersonal que resultaba molesto, aunque Claudia lo encontraba atractivo, Viktor no lograba entender porque, era la persona mas desagradable que conocía, tenia cuerpo de deportista, cabello rubio y ojos claros, pero estaban vacios, no tenían nada especial, era tan interesante para Viktor como una roca, pero su hermana no podía dejar de hablar de el cada vez que volvían de casa de Fabiola, que Ignacio había hecho esto y dicho aquello, que la había mirado de tal forma, que le había hablado de manera distinta a los demás, era realmente aburrido para Viktor caminar de regreso a su casa con Claudia contándole todo eso; Ignacio los guió hasta el living, era una habitación amplia, todo en tonos blancos, era bastante acertado con la personalidad de Fabiola en ese entonces; ella estaba sentada en uno de los sillones, vestida con un conjunto ligero celeste, su cabello estaba recogido en un medio moño y le daba el aspecto de una criatura del bosque, como un elfo o una dríade; al otro lado de la mesa de centro estaba sentado Pablo, vestía unos jeans negros y una polera del mismo color, tenia el pelo un poco largo y alborotado, quizás debido al viento que se había levantado debido a la estación.
-¡Hola! – saludó Fabiola levantándose sonriente – siéntense.
Viktor se sentó junto a Pablo.
-No esperaba encontrarte aquí – le dijo con aire despreocupado al castaño.
-Fabiola me llamó ayer, supongo que me invito para que ellas tengan un rato a solas – le respondió Pablo un poco malhumorado.
-¿Sucede algo? – le preguntó Viktor y se encontró con una mirada fija de esos intrigantes ojos grises.
-¿Cuánto tiempo hace que usas lentes de contacto?

Viktor aun no entendía como Pablo se había dado cuenta esa vez de que usaba lentes de contacto, los había usado toda su vida y nadie se había percatado, y a las personas que sabían jamás les había mostrado el verdadero color de sus ojos.
-¿En que piensas ahora? – el susurro de Pablo le producía escalofríos.
-Suéltame – pudo decir con un hilo de voz – Vete, aléjate de mi.
-¿Enserio es lo que quieres?
-No – susurró Viktor, su mente le decía que debía decirle que se fuera, pero otro deseo era mas fuerte – quédate conmigo.
No fue consciente de sus actos, giró, buscó los labios de Pablo y bebió de ellos, todas las dudas y contradicciones desaparecían en el cálido contacto de esos labios.
-Te amo – susurró Pablo cuando sus labios se separaron – no sabes cuanto esperé esto.
Viktor sintió como se sonrojaba, nunca nadie le había dicho que lo amaba y menos un hombre, sentía una sensación extraña, nueva, aunque agradable; se acurrucó en el pecho de Pablo, era tan cómodo que en poco tiempo se durmió...

Comentarios

  • vjara_92vjara_92 Pedro Abad s.XII
    editado septiembre 2008
    gracias por comenta,
    a la hora que respondo, jajajaj
    me di cuenta que no puse nada como introduccion,
    bueno a decir verdad no es lo primero que he escrito
    pero es lo unico que merece un poco mas ser leido,
  • vjara_92vjara_92 Pedro Abad s.XII
    editado septiembre 2008
    Soñó con la casa oriental nuevamente, el estaba solo en una de las habitaciones, vestía un kimono azul, había poca luz, salía en busca de Pablo, sabía que estaba en la casa, cruzaba la puerta corrediza y comenzaba a caminar por una infinidad de pasillos, no titubeó en ningún momento al elegir que camino seguir, pero al atravesar la puerta para encontrarse con él lo vio, tenia su misma ropa, tenia el cabello castaño y su piel era trigueña, empuñaba una espada japonesa con la mano derecha, pero lo que le inspiró terror a Viktor fueron sus ojos, eran de un rojo carmesí que la luz de aquel atardecer hacia brillar macabramente; se le acerco sigilosamente, parecía levitar sobre el suelo de madera, no hizo ningún ruido al moverse.
    -Te he estado esperando – le susurró cuando sus rostros estaban a unos cinco centímetros, pero la voz sonó tanto desde los labios del dueño de esos macabros ojos rojos como desde lo más profundo de la conciencia de Viktor. Se sorprendió cuando se percató de que su voz había sonado al unísono con la de ese extraño sujeto.

    Kaín despertó sobresaltado y sudado, había soñado que debía eliminar a alguien en una gran mansión y se encontraba con él, con el sujeto que estaba en sus sueños desde que tenía memoria. Se levantó y bajo de su árbol, estaba ya avanzada la mañana así que se fue a bañar al rio, se desvistió y se sumergió en las tranquilas y transparentes aguas, lavó también su ropa pensando todo el tiempo en el sueño que había tenido, nunca antes había soñado que el sujeto del cabello negro le hablara o que él se acercara a este, siempre lo divisaba desde lejos o lo seguía sin poder alcanzarlo. Cuando hubo terminado volvió a su árbol y se tendió desnudo en una rama, su ropa estaba en el césped secándose, era casi mediodía y era verano, el ambiente era grato, corría una suave brisa que le revolvía el cabello y le daba una agradable caricia en la piel. Observó las nubes por un buen rato, aunque casi no habían en el azul firmamento, pero como casi todos los días no tenia nada mejor que hacer, sabía que si subía a una rama mas alta podría ver el mar y la ciudad, pero desnudo como estaba se iba a arañar fácilmente la piel, seguía pensando en su sueño cuando sintió un sonoro estreñido proveniente de su abdomen.
    -Tengo que cazar – se dijo a si mismo, bajo del árbol con movimientos rápidos y gráciles, el césped se sentía muy agradable bajo sus pies y el baño de rayos de sol era gratificante. Se vistió con lo único que tenía, unos ropajes ligeros y algo harapientos de un color bordeo desteñido por el uso, un cinturón en el cual estaba amarrada su espada enfundada, un par de protectores para los antebrazos y manos, unas botas que no recordaba de donde las había sacado, eran muy extrañas que se cerraban arrastrando un trozo de metal por el frente y un arco con un carcaj de flechas que había robado a un distraído sujeto la ultima vez que había ido al puerto de Terne. Se adentró sigilosamente en el bosque, los arboles eran jóvenes, corrió adentrándose en la espesura, sus pisadas no producían sonido alguno, los árboles no serian más que un borrón verde y café para el resto de la gente, pero Kaín podía distinguir cada uno con facilidad, se detuvo en menos de un minuto junto a un árbol más viejo que los demás, inspiró profundamente con los ojos cerrados, buscando, exhaló con la boca emitiendo un apenas perceptible ahh mientras abría lentamente los ojos.
    -Hoy comeremos ciervo, Setni – dijo mientras desenvainaba su espada a la cual los débiles rayos de sol que se colaban por la espesura del bosque le arrancaba unos leves destellos amarillos.
    Comenzó a correr hacia su izquierda, los arboles cada vez de hacían mas delgados y jóvenes, estaba cerca podía sentirlo, aceleró el ritmo y lo vio, era un magnifico ciervo, alistó su espada y separó la cabeza del resto del cuerpo del animal en menos de un segundo.
    -Mmm… ¡que sabroso! – exclamó Kaín después de comer su ultimo bocado de carne de ciervo de la noche, estaba cansado por entrenar con Setni durante todo el día, era una noche hermosa y cálida, corría una suave brisa que mecía suavemente las hojas de los árboles, el fuego crepitaba agradablemente bajo la constelación del dragón que brillaba mucho más que las otras ya que era su estación.
    -Alguien se acerca, Setni – dijo Kaín estirándose, podía sentir el olor del individuo que llegaría en unos veinte minutos, sabia que era un hombre, probablemente joven y de las razas del sur. Tomó a su espada que descansaba en su funda sobre el tronco de un árbol muerto y se trepó a su árbol, debía estar preparado para cualquier cosa, podría ser que le enviaran un nuevo asesino. Después de quince minutos divisó entre los gruesos troncos de los arboles que rodeaban el claro una figura que se movía cauta hacia él.
    -¿Es usted al que llaman Kaín? – dijo el sujeto una vez que se encontró bajo las ramas más lejanas del árbol, miraba hacia abajo, un poco hacia la izquierda, parecía nervioso.
    -¿Qué te trae aquí? – el intruso tembló sutilmente al escuchar su voz, era joven, tendría dieciocho años como máximo, vestía una túnica de viaje gastada, pero se podía apreciar que era de gran calidad al fijar la atención un poco, llevaba el cabello corto, rubio, típico de los reinos de Záred y Kiria. Lo miró por un momento, su olor era delicioso, si no fuera humano tendría la misma suerte que el venado – levanta la vista.
    El extranjero levanto la mirada despacio, temeroso, tenia los ojos verdes y los rasgos de su rostro delataban su verdadera edad, unos dieciséis o diecisiete años; la expresión de su rostro se calmo cuando su murada llego a la altura del cuello.
    -¿Realmente eres Kaín? – preguntó. – no eres mayor que yo, me esperaba a alguien más imponente, a alguien más… – no termino la frase, los verdes ojos temblaban sin poder apartarse del par de brillantes ojos de Kaín, los cuales brillaban sutilmente de un rojo carmesí.
    -¿Aterrador? – preguntó irónicamente dejándose caer sobre la hierba. – Vamos siéntate, me simpatizaste, hace ya tres años que nadie me miraba a los ojos sin gritar o correr. – tomó al extranjero por la túnica y jaló de el para que se sentara a su lado, pero solo cayo torpemente al suelo, tenia la mirada fija en el fuego, respiraba agitadamente y murmuraba algo apresuradamente. Kaín lo miraba fijamente preguntándose porque le había dicho que se sentara, era verdad que nadie lo había mirado a los ojos sin aterrorizarse, pero no tenia porque ser tan amable con ese desconocido, aunque podía sentir que esa persona tenia esa marca que hace ya tiempo que no encontraba en nadie.
    -¿Estas rezando? – le preguntó después de un rato – ¿Cómo te llamas?, ¿Qué edad tienes?
    -Dieciséis, William – respondió apresuradamente, al mirarlo enrojeció – y si, estaba rezando. – agrego tímidamente.
    -No importa – dijo Kaín aguantando la risa – es algo que siempre me pasa, pero es bueno tener un poco de compañía – “diablos que estoy diciendo, normalmente habría expulsado a alguien de mi bosque por ponerse a rezar” – ¿Tienes hambre?
    -Un poco – su rostro ahora estaba totalmente enrojecido, Kaín sacó un trozo de carne de la porción de Setni y se la ofreció, William la aceptó con un tembloroso “gracias”.
    -Vienes a ofrecerme trabajo, ¿cierto?
    -Deseo contrataros como mi guardia personal – el tono de su voz cambió totalmente, hablaba con una seguridad y autoridad impropias para alguien de dieciséis años – Necesitaré de vuestra compañía hasta llegar a la ciudad de Silion, capital de Záred; se te pagara generosamente con 10 rinas de oro por cada día que estés a mi servicio.
    -No lo se, o es el tipo de trabajo que acostumbro a hacer y además es un viaje muy largo hasta Silion.
    -Te pagaré 20 rinas de oro diarias – el tono de voz de William volvía a ser el de un joven normal.
    -Veo que realmente necesitas un guardián – “wau, 20 rinas de oro, podría comprarme un halcón entrenado o un escudo diario”. – ¿te persigue alguien?
    -Digamos que no soy bienvenido en estas tierras – le respondió con una sonrisa preocupada.
    -Muy bien, te acompañaré, partiremos al amanecer, puedes dormir en…
    -Espera, antes de cerrar el trato ¿Qué edad tienes?
    -Dieciséis, pero no te fijéis en ello para intentar medir mi fuerza, puedes dormir en cualquier rama de este árbol.
    -Pero ¿Qué pasará si alguien viene a por mí?, no pensaras que este árbol nos servirá de escondite – se veía tan preocupado que Kaín no pido evitar reírse suavemente.
    -No te preocupes, nadie se acerca a mi bosque y menos a mi árbol – cuando dijo esto William volvió a temblar mientras comenzaba a treparse al tronco del árbol. Kaín subió de un salto girando en torno a una rama, cayendo sobre esta sin que emitiera sonido alguno, se acomodo en ella y cuando sintió que William se acomodaba en las ramas de arriba se dispuso a dormir.
    Despertó rápidamente al sentir un pequeño deslizamiento, saltó para cubrir a William con los brazos y caer de espaldas al suelo.
    -¿Te encuentras bien, William?
    -Si – dijo William en algo que pareció más un quejido que una palabra, levanto la vista y vio la cara de Kaín tan cerca que se enrojeció, tropezó con su propia túnica y se vio otra vez salvado por Kaín de estrellarse ridículamente contra el pasto.
    -Parece que protegerte va a ser difícil – le dijo con un tono amistoso Kaín, sus ojos brillaron levemente con la luna y William sintió un fuerte escalofrío. –Dormirás conmigo, ven sube.
    -Pero…
    -Pero nada – interrumpió el dueño de los ojos rojos la protesta de William, lo miró fijamente. –Yo decidiré que es lo mejor para tu protección de ahora en adelante, así que hazme caso o ve en busca de la muerte solo.
    VII

    Los días avanzaban tranquilamente en la cabaña, la tormenta ya se había alejado para dar paso a un radiante sol, pasaban las mañanas durmiendo o conversando a la sombra de algún árbol, en las tardes se bañaban en las calmadas aguas del mar, sino fuera porque el agua era salada y se veía el horizonte Viktor habría jurado que era un lago, y las noches las pasaban conversando a la luz de una fogata.
    -¿No vas a nadar? – le preguntó Andrés a Viktor con una sonrisa.
    -Eee… creo que me quedaré aquí un rato – le respondió sentándose a la sombra de un árbol, no le apetecía entrar al agua después de la alucinación del día que habían llegado.
    -No seas tonto – le dijo Fabiola que se había acercado junto con Claudia.- Andrés, tu agárrale los pies y nosotras las manos.
    Después de que hubo dicho esto, Viktor se vio siendo arrastrado hacia el agua.
    -Ya, ¡déjenme! – alcanzo a gritar antes de que lo lanzaran al agua.
    Pablo los miraba sentado a la sombra de un árbol, se veía un tanto preocupado.
    -¿Qué sucede muchacho? – le pregunto enérgicamente Andrés sentándose a su lado – te ves preocupado.
    -Nada, y no me llames muchacho, es molesto – le respondió con un cierto tono hostil.
    -Vengan al agua chicos! – les gritaban Claudia y Fabiola desde la orilla, Viktor estaba sentado con el agua hasta los codos, sonreía mirando el cielo.
    -Después tendremos que hablar de tu adelanto – dijo el moreno mientras se levantaba sacándose la polera para luego correr al agua.
    -¡Pablo! ven al agua – le grito Viktor, seguía sentado en la misma posición, pero ahora lo miraba sonriendo y agitando un brazo en alto. El agua estaba en calma y reflejaba el sol como pequeños cristales, la brisa ayudaba a mantener una agradable temperatura a pesar del gran sol que en otras condiciones los habría tenido sumergidos en tinas de agua fría.
    -Ok!- se desprendió de su polera gris y corrió hasta el mar para no quemarse los pies, en cuanto entró, Viktor lo comenzó a atacar con brazadas de agua mientras se reía. Jugaron y nadaron en el mar hasta que comenzó a anochecer, era algo hermoso ver como el sol comenzaba a hundirse en el mar, tiñendo todo de colores anaranjados.
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    comenten porfavor para sabr si les gusta o no, no importa si es a favor o en contra, ademas si encuentran algun error o algo diganlo :D
  • editado septiembre 2008
    emmm oli?

    jajajaj
    que quieres que te diga ya te habi dicho que me gustaba,
    pero darte una critica constructiva creo que dices mas de lo que debes aveces, eso hace que la historia se vuelva un poco predecible

    emm eso po niño

    ahi nos tamos hablando bye

    emmm creo k subire algo ahi te aviso
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