Tuve fiebre alguna vez
recuerdo estar enterrado entre mantas
venían tus dedos a mi frente,
dedos de madre, palma curativa.
Oigo aún tus pasos en el corredor de nuestra casa
en la noche calma velando incertezas calladas.
El silencio, tu silencio guardián de tantos secretos
de nuestra familia pequeña y pobre.
Me gustaría sacarte de esa niebla que te empapa,
volverte a llenar la vida de recuerdos,
llenar de luz los rincones de tu alma y devolverte la nostalgia.
Te miro sabedor de que lo que hay detrás de tus ojos
va emborronándose inexorablemente.
me miras y no sé por cuánto tiempo ves a tu hijo.
Comentarios
este excelente trabajo poético que fue un placer leerlos.
Un abrazo fraterno.
sigue así
Percibo en tu poema la preocupación que se siente por una madre cuando enferma y se invierten los papeles de fragilidad y protección.
Muy emotivo y delicada forma de expresar el temor de que la enfermedad rompa los vínculos afectivos.
Un afectuoso saludo.