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Cruce

RainerSmithRainerSmith Anónimo s.XI
editado febrero 2015 en Narrativa
La vi por primera y última vez un día gris de 1998. No logro recordar bien la fecha, pero sé que hacía frío y unas nubes negras me impedían ver el sol. A parte de eso, era un día bonito. A través de algunos nubarrones se filtraba una luz fina que impregnaba todo y el viento mecía las hojas de los árboles sin llegar a desprenderlas. Esa mañana me desperté sobresaltado por algún sueño que tampoco consigo recordar, preparé café y me di una ducha rápida. Desayuné en la terraza, mirando los coches que pasaban por debajo, pensando adónde irían sus conductores y para qué. Me fumé un cigarrillo, me até los cordones y me dispuse a salir a la calle como un día cualquiera.

Nunca me ha gustado conducir ni tomar el transporte público, por lo que siempre que puedo voy a todas partes andando. Trabajo en una empresa que se dedica a la venta de tarimas flotantes, y yo personalmente atiendo a los clientes y negocio con ellos. No es un trabajo muy emocionante, pero el sueldo es gratificante y me gusta el trato con la gente. Esa mañana me dirigía a una tienda situada a 4 kilómetros de mi casa. El dueño estaba interesado en remodelar todo su establecimiento, y nos había elegido para cambiarle el suelo. Así, yo llevaba en mi maletín de cuero negro una gran variedad de muestras de tarima: tarima multicapa, de bambú o pino en distintas tonalidades; y tarima maciza, con acabado rojizo, anaranjado y beige. El comprador, tras tocar, oler, apretar e incluso fotografiar mis muestras, debía decidirse por un tipo determinado. Y ahí entraba yo: le explicaba las ventajas y desventajas de cada tarima y le aconsejaba si andaba perdido. No suelo reconocerlo, pero me gusta mi trabajo.

Al salir de mi bloque, recorrí mi calle hacia la izquierda y aparecí en una enorme avenida repleta de árboles, semáforos y paradas de autobús. Caminé por ésta durante aproximadamente media hora observando todo lo que aparecía ante mis ojos: el cielo encapotado, los coches que iban y venían, los reflejos en los escaparates y las personas que bebían café con leche para llevar, como si no tuvieran tiempo de tomárselo sentados. La gente que bebe café mientras camina me inspira confianza. Los vasos de plástico y su tapa agujereada, el agarrarlo con las dos manos para mitigar el frío… Me encanta tomar café, especialmente si es andando por la calle.

Al llegar al cruce que simboliza el fin de la avenida, saqué un cigarrillo del paquete que guardaba en el bolsillo derecho de mi americana, lo sujeté entre mis labios y lo encendí. Siempre me encendía un cigarrillo en ese cruce, como si fuera algo divino que me ayudara a seguir caminando. Aspiré y noté como el humo inundaba mis pulmones. Cuando me disponía a espirarlo, la vi: llevaba botas, pantalones vaqueros ceñidos, un jersey gris y una bufanda granate con adornos negros. Su media melena era lisa y negra, y su flequillo, recto y simétrico; sus ojos, marrón oscuro, y tenía los labios pintados de un rojo más fuerte que el de la sangre. Su tez blanca se oscurecía con algunas pecas, y su pequeña nariz estaba levemente acolorada debido, seguramente, al frío. Cuando me miró, noté como todo a mi alrededor se congelaba: guardaría en mi memoria aquel instante para siempre, como quien guarda un número de teléfono escrito en un pequeño trozo de papel en el fondo de un cajón de una mesilla de noche.

El no volver a verla jamás ya lo tenía asimilado: sin preguntarme por qué, sabía a ciencia cierta que nuestros caminos no volverían a cruzarse nunca. Pasarían los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses y los años, y yo tendría siempre aquel recuerdo escondido en algún hueco de mi ser.

Sin darnos cuenta, entrelazamos nuestras vidas con cientos de personas cada día. Nos unimos por un instante, juntamos nuestras almas, fusionamos nuestro corazón y vinculamos nuestras conciencias cada vez que nos cruzamos, unos con otros, en el camino de la vida.

Comentarios

  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2015
    Yo escribí un relato sobre algo similar en este foro, se titulaba La chica del Autobús si mal no recuerdo. Así que sí, me ha gustado tu relato.;) ¿Algo autobiográfico?:rolleyes:
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2015
    una descripcion muy bonita para algo tan cotidiano:)
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