Iba yo de la mano de Eva y un sentimiento me reconcomía: todo esto que me pasa y me ha pasado he de escribirlo, he de escribirlo de la manera más adecuada al caso. Pero a quién le interesa esta cajera que nos está cobrando en este momento y este frío que hiela las manos al salir y este beso que me das mientras dices cara redondita y qué importa que haga frío o que tú me beses o que la cajera llevara el pelo corto y que esta tarde viniera yo en el autobús pensando en mil historias que nunca se cumplen en el papel. Porque esa chica que ahora ha entrado y ha validado su tarjeta de transportes con su pelo rubio suelto, su nariz medio respingona y sus ojos de almíbar, ¿quién es? o ¿quién podría ser si yo quisiera? Y luego no es nada, es otra chica que ha protagonizado dos líneas en mi mente porque me la imaginé peleándose con sus padres en un instante fugaz y nada, es alguien que cruza nuestra soledad como una estrella, como un camino que sigue sin nosotros, como un cuerpo inexpresivo del que alcanzamos a entrever quizás un carácter y una historia menuda que pensamos un instante y luego giramos la cabeza para mirar la noche y desaparece. Todo parece desaparecer si no se deja constancia de ello. Por eso a mí me gusta escribir,para que perduren las historias de algún modo, para que no se las olvide. Lo que me pasa he de escribirlo, aunque no me pase más que este paseo contigo al supermercado y estos afectos que saltan de ti a mí tan dulcemente. Tengo que contar, tengo que contar aunque sea Rayuela otra vez lo que cuente o media Rayuela o un cuarto de Rayuela con mi pobre estilo pero tengo que contarlo para que se fije esta experiencia mía y tuya y de los demás en una página y así, mientras lo cuento pasa el tiempo, pasa la lucidez de la metáfora y pasa la escritura con el paso titubeante pero seguro de la invención fértil.
Comentarios
Tus textos son especiales. Son monólogos en los que nos parece fisgonear en el pensamiento de tus personajes.
Buenas noches.
¿Cómo es una nariz medio respingona?