Este hombre se jubiló a los sesenta y dos años y siempre tuvo en mente escribir una novela. Ahora que tenía tiempo suficiente (más que suficiente, para aburrirse) decidió escribir una novela. Empezó basándose en su propia vida: un pueblo pequeño, tareas agrícolas, llegada a Madrid, boda, etc pero quería imprimir a su novela un valor épico y no sabía cómo. Así que empezó otra novela más libre, basándose en un mundo futuro del cual él no tenía ni idea. Avanzó en esta última novela hasta que se encontró con el mismo deseo de la anterior: quería que el personaje principal adquiriera un valor épico, grandioso. Quería que los dos personajes de esas dos novelas participaran en la historia, hicieran historia ellos mismos de una u otra manera pero no sabía cómo. Se empezó a obsesionar con la continuación de sus historias y no empezaba un episodio histórico-aventurero de sus personajes cuando lo tenía que dejar pues eso no tenía pies ni cabeza. Frecuentó una hemeroteca durante unos días a ver si allí encontraba respuesta a sus afanes novelísticos pero andar mirando noticias le cansó. Hablaba con vecinos sobre cosas históricas de un tiempo atrás pero no encontraba ilación entre esos sucesos y sus protagonistas así que dejó de frecuentar a esos vecinos porque no le daban la clave novelística requerida. La verdad es que este hombre no tenía afanes por pasar a la historia de la literatura, solo quería entretenerse con sus novelas pero estas novelas habían quedado en punto muerto y las horas que dedicaba antaño a escribir las dedicaba ahora a comerse la cabeza con su posible continuación épica. Pero no le salía y no quería matar a sus personajes sin haber protagonizado estos un suceso de carácter histórico nacional de envergadura. Una vez, a uno de ellos le hizo protagonizar un golpe de estado pero no le salió bien la tentativa y borró todo ello dándose a los demonios. Al otro personaje le hizo presidente del gobierno pero una vez hecho esto, no supo continuar de manera clara porque no tenía ni idea de lo que hace un presidente del gobierno. El caso es que se empezó a exasperar con sus novelas y empezó a pensar si no dar a las historias que había creado un tinte sentimental de clase alta, con champán y caviar y esas cosas pero ya desistió antes de empezar así que lo que hizo fue apuntarse a un club de petanca durante un tiempo y olvidar las novelas. En el club de petanca aprendió a ser humilde y desear pocos resultados pues el club no ganaba nunca ni un torneo. De modo que hizo que sus personajes acabaran sujetando una fregona con furor y al otro le hizo taxista y se le acabaron las locuras histórico-épicas para siempre. Deja que sus amigos lean estas historias que siempre tienen el mismo apelativo: "están entretenidas" con lo que se conforma el jubilado mientras tira la bola.
Comentarios
Pensaba que tu relato podría ser el resumen de una historia más larga que podrías desarrollar.
Me deja con ganas de más.
Me ha gustado, espero leer más de usted.
Si no pasa nada malo, todos acabamos siendo jubilados.
Espero que escribas sobre éste u otro tema.
Bueno…el problema de tu jubilado es, creo,que escogió en primer lugar un género no demasiado afortunado, su biografía, no me extraña que tuviera tantas dificultades ( es muy difícil convertir a uno mismo en otro), con el peligro además de caer en la autocomplacencia, o algo peor, una especie de crónica o diario de sucesos, que si además el hombre era un hombre anodino, agricultor-Madrid -boda-etc nos podria aburrir tremendamente,
Lo mejor de este relato y lo que le da el aire cáustico, es querer convertir a sus protagonistas en héroes, Presidente del Gobierno, acaudalado señor de clase alta…hizo muy bien en dedicarse a jugar a la petanca y rebajar sus elevadas pretensiones.
El protagonista de tu cuento piensa como un jubilado anónimo con ganas de perpetuarse como sea, y eso, desde luego lo ha conseguido, el “como sea”, no el perpetuarse. :rolleyes2:
Creo que tienes sentido del humor Pessoa, y has jugado un poquito con nosotros
Historias como la de tu jubilado me alegran porque me hacen sonreír. También me ha ayudado a reflexionar ( aunque aún me quedan años para estar jubilada) : puedo llegar a ser pretenciosa como tu protagonista y apuntar demasiado alto. He deseado además leer más, que tu historia se alargarse algo , porque me apetecía un montón divertirme con sus peripecias como escritor frustrado y como jugador amateur de petanca.
Conozco a tantos retirados que se han dedicado a empresas que les vienen demasiado grandes, en un vano intento de demostrar que aún valen algo ( como si el trabajo remunerado fuese el único factor para determinar nuestra valía). Uno de mis familiares se provocó un infarto entrenando para una maratón. Le costó un susto y un cateterismo.
Cuando me jubile, si llego, ¿ sabes lo que querría tener?: tiempo PARA MÍ.
Gracias por los ratos que nos dedicas en este foro, Pessoa.
Demuestras que con historias sencillas y sin aspavientos, se puede llegar.