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(Pequeño Relato) - El Manto Invisible

RubenfmRubenfm Anónimo s.XI
editado noviembre 2014 en Narrativa
Por fin estaba en Estados unidos, Con mi mujer y mi hija de 5 años. Había conseguido un contrato en una pequeña empresa de cerrajeros, gracias a la cual pude salir de mi pésima situación en México, un salario con el que podía vivir dignamente y mantener a mi familia. Nos iba bien, una casa humilde a las afueras de la ciudad, mi vehículo del trabajo, una vida en la que los proyectos de futuro podrían algún día, hacerse reañidad. Mi esposa Isabel era cariñosa, alegre, siempre optimista, podría decir que gracias a ella tuve el valor de salir de situaciones que no quiero recordar, su apoyo incondicional logró que nuestros objetivos se hicieran realidad, ayudaba economicante con pequeñas manualidades que vendía a vecinos y amigos. Yo trabajaba duro, muchas horas, incluso de noche, acababa siempre agotado, pero merecía la pena saber que todo el esfuerzo serviría. Me gustaba esa sensación de llegar a casa de noche, donde mis dos florecitas esperaban para ver a su marido y a su papa, donde hablábamos horas y horas de nosotros. Teníamos una buena vida social, íbamos cada domingo a la Iglesia, buenos amigos, barbacoas con los vecinos con unas cervezas y buena carne, en fin…

Y que puedo decir de mi hija Katy, con ese pelo moreno y largo, voz de ángel y una cara que al mirarla suspiras de orgullo, a sus cinco años era muy inteligente, prefería ver documentales de animales que estar jugando con su Nintendo y siempre al llegar a casa me contaba lo que hacían los elefantes, los sonidos que hacían los patos, era maravillosa, llenaba de felicidad esta casa… Su imaginación siempre convertía cada juego, cada tarea, en algo singular. A menudo me contaba una de sus pequeñas fantasías, me decía que ella tenía un Manto Mágico que la protegía, que solo ella podía ver, pero que existía de verdad y siempre iba con el, si una vez papa o mama estuviéramos en peligro, ella nos protegería, insistía en que tenía que creer en ese manto y así siempre estaríamos unidos. Yo la miraba y pensando, él como a una niña tan pequeña se le ocurriría algo así, tal vez lo viera en alguna película de dibujos o en un programa de televisión, pero la notaba convencida de sus palabras inocentes. Su profesora me explicaba que era una niña muy noble y que tenía como un don para resolver problemas, cuando unos niños se peleaban por juguetes o cualquier otra cosa, ella intervenía y resolvía ese pequeño conflicto infantil con solo unas palabras. Estaba orgulloso de mi hija, ha salido a su madre.

Un día cualquiera a última hora, fui a hacer un trabajo e una tienda de comestibles, regentado por un Turco con cara de pocos amigos, solo debía arreglar la cerradura, la puerta principal tenía roto el segundo cierrre de seguridad, era un barrio peligroso y no se podía permitir estar un día con la puerta insegura, mientras la arreglaba podía ver a una joven y otra mujer mayor, reponiendo cosas en la tienda, suponía que eran su familia. Cambié la cerradura y terminé mi trabajo, le entregué la factura al gerente y me dijo que pasara mañana a cobrar el dinero, llamé a mi jefe y estaba de acuerdo… bien, no había problema, un día mas de trabajo y para casa, esa noche mi mujer hizo espaguetti con albóndigas, era el plato preferido de Katy y mio. Al terminar de cenar, mientras mi mujer quitaba la mesa, yo subí a dormir a mi pequeña, le conté la historia de las estrellas que tanto le gustaba y cuando ya se le caían los ojos de sueño, me dijo en voz bajita “papa, si quieres esta noche te dejo dormir con mi manto mágico” -me dijo sonriendo-, me preguntaba cada noche el porqué esa inocente idéa estaba tan presente en su cabeza. Antes de ir a dormir, nos sentábamos mi mujer y yo en la terraza a tomar el aire abrazados y hablar de nuestras cosas, le conté lo que nuestra pequeña me decía cada día y me contestó que eran cosas de niños, que tenía una gran imaginación, tal vez sí, sería eso…

Al día siguiente mi primera parada era la tienda de comestibles cuya puerta arreglé el día anterior, entré en la tienda y vi que todo estaba destrozado, pintadas en las paredes y todas las estanterías en el suelo… el gerente con una cara desencajada, muy enfadado, gritándome me dijo que no arreglé bien la puerta, que mi incompetencia provocó que le robaran, le dije que se calmara, que yo cambié la cerradura como me dijo, y que antes de irme, comprobé yo mismo que la puerta cerrara bien, me decía que tenía que haber cambiado la puerta entera, pero en la orden de trabajo solo ponía la cerradura, el no atendía a razones y no paraba de gritar, yo tenía que cobrar esa factura o me la descontarían del sueldo, sabía que hice mi trabajo bien, que hice lo que me dijeron, pero él no estaba dispuesto a pagar esa factura, la rompió en mil pedazos, me la puso en la mano y me dijo “largo de aquí, no quiero volver a verte asqueroso mexicano” con ese acento tan irregular, me marché sin mediar palabra de aquel lugar, en ese momento entraba el agente de seguros de la tienda, estuvo hablando con el dueño, su mujer y su hija, estaban abatidas por la desgracia, tristes al ver que su tienda estaba destrozada, una tienda que era su vida, pero en cierto modo se tranquilizaron por que tenían un seguro… pero su sorpresa fue que el agente les dijo, que no cubría ese tipo de accidentes y que sin factura del arreglo tampoco podrían denunciar por negligencia, el había roto la factura, no podía dar crédito a lo que estaba escuchando y se desvaneció, cayó al suelo desolado, preguntandose que iban a hacer ahora sin nada. En un arrebato se levanto y cogió su coche, su hija y su mujer intentaron detenerlo, pero era demasiado tarde.

Yo llegué a casa a la hora de comer, mi familia me esperaba, estaba descargando materiales de mi coche, cuando de pronto escucho un chasquido, como el de una pistola, y efectivamente eso es lo que era… aquel hombre de la tienda apuntándome a la cabeza a un metro de mí, me decía “me lo has quitado todo” “todo por tu incompetencia” yo le respondí con voz temblorosa “yo no he tenido la culpa, solo hice mi trabajo que era cambiar la cerradura”, podía entender su sufrimiento, que quizás por un error le había quitado el pan de su familia. Pero no imaginaba este giro... tenía una mirada vacía, llena de cólera, era impredecible en aquel lugar, en aquel momento, mi hija se asomó a la puerta desde donde podía verlo todo, gritó “papi que es lo que pasa” “nada mi amor entra en casa rápido” le dije, y katy llamó a su mamá desesperada y ella salió, al ver aquella situación cogió con fuerza a nuestra hija, con el corazón encogido y lágrimas de incertidumbre. Le dije a aquel hombre que no hiciera esto delante de mi familia, que por favor pensara dos veces lo que iba a hacer, pero no escuchaba, estaba cegado y no parecía cambiar… mi hijita le dijo a su mama que papa estaba en peligro, que ella era su manto mágico y que tenía que estar con él para protegerle…. En un segundo la niña hizo un movimiento brusco para separarse de la madre y se dirigió a su papa corriendo, la madre no podía con el dolor y no paraba de gritar “NO, VUELVE AQUÍ” en un segundo katy llego a mí, y me abrazó, justo en el momento en el que el hombre apretó el gatillo y disparó… con mi niña entre mis brazos.

“NO DIOS MIO” gritaba de dolor mientras lloraba “MI HIJA NO, POR QUE”, la abracé con todas mis fuerzas, aquel hombre justo detrás de ella, a pocos centímetros con el cañón del arma echando humo. En un pequeño momento de silencio, escuché en mi oído en voz bajita y dulce que decía; “papa, estas a salvo” rápidamente la puse frente a mí, le miraba la espalda, la cabeza, las piernas, nervioso… y no había ninguna señal de bala, ni un rasguño, me miraba sonriente, con ternura, como si no fuera consciente de lo que pasaba, estaba feliz de que su papa estuviera a salvo, como si hubiera sabido que no me iba a pasar nada, se acercó mi mujer perpleja y nos abrazamos los tres conmocionados.

Aquel hombre se dio cuenta de lo que hizo, y sin dar crédito a lo que vio, dejo caer la pistola, se dio media vuelta y con los ojos rojos se marchó, desorientado, caminando débil y sin respuesta.

Nosotros entrabamos en casa con Katy en mis brazos, no podía soltarla, alzó la cabeza que tenía apoyada en mi cuello y nos dijo sonriendo, “siempre os protegeré”…..

Comentarios

  • evilaroevilaro Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2014
    Me a gustado mucho...

    Muy sensible.

    Felicidades

    Emilio
  • RubenfmRubenfm Anónimo s.XI
    editado noviembre 2014
    Muchisimas gracias emilio.
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