El camino
Cruzo Castilla por la A-6; a ambos lados inmensas llanuras. El trigo ya se ha cosechado, me parece distinguir el olor de las alpacas en los campos. El cielo está completamente azul, sin nubes; en la lejanía se alzan algunos cerros y una neblina terrosa que cierra los horizontes. Recuerdo veranos pasados, largas jornadas a pie por estos caminos polvorientos. Desde el coche sólo los veo unos instantes, quedan atrás mientras evoco la sensación de recorrerlos: la canícula de mediodía, el sudor y el silencio, la sombra de una encina, una vía muerta atravesando la llanura.
Me dirijo hacia Madrid, hacia la vida cotidiana. No pienso en ello como un regreso, sino como una partida. Me ilusiona entender la existencia como un viaje, no como años que se repiten. Imagino los días venideros, con sus horarios y rutinas, y me libera sentir que la maravilla de la vida no se limita a una geografía o a una situación concreta. Creo que no es el entorno, sino la visión, lo que permite acceder a lo trascendente, al
aware*.
Me siento en paz: la esencia de la vida al alcance de la mano. La A-6 continúa ante mí, internándose en lo desconocido.
*Aware, en el contexto de la poesía japonesa, significa emoción profunda.
Comentarios
Me ha encantado este tema, tu relato, el aware...
Muchísimas gracias.
Muy bueno, gracias por compartir.
La vuelta a la rutina puede ser algo complicada, aunque creo que es una ilusión entender el retorno a lo cotidiano como una repetición. Me gusta pensar que la vida siempre va hacia adelante, y que se puede regresar a un lugar, pero no a un tiempo.