Lorenzo entra en la habitación de su hermana y abre el cajón de la cómoda. Encuentra un fajo de fotos atadas con un una cinta verde. Deshace el nudo, se sienta cómodo sin descomponer demasiado las sábanas y echa un vistazo a la primera imagen: su hermana a punto de cortar la tarta. Su hermana en bañador, de vacaciones. Su hermana con Estrella, él la conoce. Su hermana con un dedo en la nariz. Su hermana sonriendo junto a una palmera. Su hermana en una hamaca. Su hermana en pijama. Su hermana con Relámpago. ¿Eh? Su hermana con su perro.
Vuelve a mirar la foto. Su hermana debajo de su perro.
No es posible. Pero ahí sigue, su hermana en la cama con su perro.
Lorenzo suelta el fajo de fotos sobre las sábanas limpias. Se lleva las manos a la cabeza. Gime: "Resulta que no la conozco". Llora despacio, como cuando era niño. Luego inclina la cabeza y la hunde entre las piernas. Una lágrima moja la alfombra. "No conozco a Laurita"- repite- "No conozco a mi hermana..."
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