Espero que este a la altura de los magníficos relatos que he leído en este lugar. De un amante del terror para otros amantes del terror
Mi mundo se reduce a 36 pasos, 36 odiosas huellas que van de un punto a otro. El paseo se repite una y otra vez bajo la atenta mirada de una bombilla, una pequeña luz que me deja ver la oscuridad, una negrura que he escudriñado mil veces, siniestra amante de la que no he sacado mas que silencio. No lo soporto, necesito ruido, necesito voces, necesito 37 o 38 pasos. Pero a veces me da por silbar o cantar mientras voy a la pata coja, o por lo menos contar los pasos al revés. 36, 35, 34…3, 2, 1 y se acabo. Hay momentos en los que lloro de agonía y miro angustiado y sudoroso los ojos del diablo, como un perro suplicando, aun así esos ojos no dejan de mirarme con malicia y satisfacción. Ni una sola vez han dejado de dedicarme una sonrisa cargada de diversión, porque sabe que me espera, y yo también lo se.
El pasillo se extiende como una mancha verde hasta sus confines más íntimos, dejando que mi sombra se acueste en sus baldosas con cierta gravedad. Mi compañera se acorta poco a poco y desaparece sobre el paso 27, esa es la señal. Todo va a comenzar de nuevo, como todas las noches, como siempre.
Aquellos que no tienen nombre ponen en marcha el mecanismo, activan la maquina y uno de ellos comienza a gritar en silencio. Se que dicen alguna cosa, algo que ya he oído, pero que no soy capaz de descifrar. Solo llegan pequeños ecos de lo que quiero creer que es una voz, mi voz preferida. La voz que cierra el telón entre gritos sordos. Yo le grito que se de prisa, pero siempre tarda una hora exactamente, 60 minutos de espera indefinida hasta que lega la luz.
Cuando por fin arranca la obra, el dolor se apodera de mí como una posesión infernal que me recorre la columna como un bastón atravesándome la espalda. Como amo ese dolor, esa sensación de hormigas en el cerebro que se convierten en una estampida sobrenatural, la nota mas aguda de la orquesta. La ultima nota antes de que todo vuelva a comenzar.
Mi celda aparece ante mi, los ojos se dilatan entre lagrimas y los barrotes anónimos me escuchan llorar. Cuando me tranquilizo un poco, me quedo en silencio y esperando que se vuelva a abrir la puerta. Sin embargo pasan milenios de metal mientras me doy cuenta de que no va a ser tan fácil, comprendiendo que el no va a dejar que sea tan fácil. Esta pasándoselo genial mientras voy de un rincón a otro como un ratón herido. Las uñas ya están carcomidas y todos los tablones están contados, y la puerta sigue estática en el tiempo.
Tirado en el suelo veo venir la bandeja, o quizás, solo la veo aparecer. Una bandeja estéril y fría que reluce frente a la luz. Me como el bistec y las patatas, engullo el pequeño pastel y bebo la cerveza. Las arcadas me obligan a vomitar, aun así, tenia que comérmelo. Si no me lo como no me dejara ir a la luz, y es lo único que deseo, algo de luz blanca.
Las 36 huellas aparecen otra vez frente a la sombra traidora. Las sombras hablan y veo de nuevo la misma maldita escena. Siempre repetitiva y predecible, dolorosa y solitaria.
Me hace pensar que aquella venta fue un error, salir de la cárcel a cambio de tu alma, salvar la vida. El diablo siempre se sale con la suya. El pensamiento se repite una y otra vez mientras mi sentencia de muerte se repite, con 36 pasos en la milla verde.
Comentarios
Saludos
He de decir que me inspire en una escena de Sin City, aquella en la que Bruce Willis interpretando a Hartigan se encuentra enjaulado, como suelen decir los testimonios del libro sagrado !Vi la luz! y encontre el camino.