Un ruido despertó al amnésico: eran dos ladrones que habían entrado por la ventana. El amnésico llegó a la sala y los confrontó.
-Mis excusas, señores, pero sufro de amnesia aguda y no recuerdo quiénes son.
-No te preocupes compadre, somos tus primos y vivimos contigo desde hace ya varios meses -respondió uno.
Fue así como los dos malvivientes consiguieron un hogar. Dejaron atrás sus vidas de fechorías, empezaron a barrer la casa y fregar los platos, hasta consiguieron un trabajo estable como cajeros de supermercado. Cuando el amnésico murió, todos los familiares salieron de sus escondrijos esparcidos por el mundo para velarlo en su pueblo natal. Del sepelio poco se sabe, solo que, entre todos los presentes, los más afectados por su muerte fueron sus primos segundos (¿terceros?) Enrique y Martín, que lo lloraron largo y tendido.
Comentarios
Me queda una duda: ¿Cómo se acordó el amnésico de que sufría de amnesia aguda?
Quiero pensar que el amnésico no era realmente amnésico; que fingió serlo porque estaba deprimido y quería tener alguien a su lado con quién compartir la vida. Y de paso, su anhelo de contacto humano, redimió a los dos ladrones...
Así quiero pensar que fue.
Buen relato. Me gustó.
Un saludo, y hasta pronto.
¿Adecuación? Lo mismo me preguntaba viendo Memento, de Nolan.
Amparo, ENEAS:
Muchas gracias a ambos.
Quién sabe, ENEAS.
Con un giro comienza, y logra barrer los prejuicios, que, en demasiadas ocasiones, tanto nos llegan a condicionar. Por lo menos, así entendí yo la trama de que los ladrones dejen de robar.
Muy significativo y elocuente, cuando se dirige a ellos como a personas honradas y respetables.
Saludos
Son unos tipos oportunistas; quizás solo necesitaban a alguien que creyera en ellos.
No sé porque veo la sombra de Borges.
Es interesante.
Saludos