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Manoli, la Catufa

FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
editado febrero 2014 en Narrativa
La jornada de trabajo se había terminado. Manoli sonreía con satisfacción porque hoy había trabajado duramente y se había ganado el jornal con su esfuerzo honrado.
Anita había quedado satisfecha con su faena,¡ y eso era una de las clientas más exigentes que tenía!. Si ella le pagaba al final de la jornada, con una sonrisa, era que había cumplido con creces las expectativas de ese ama de casa tan pulcra y tan aseada.
El cansancio había estado a punto de ganar la partida al llegar a casa, pero Manoli tenía que salir. Necesitaba salir de nuevo. Alfonso, su hombre, su novio secreto, esperaba que acudiera a la peluquería que regentaba . Ellos se veían, casi siempre, a escondidas, en algún rincón oscuro y apartado, o en la casa de Manoli. Jamás a la vista de la gente.
Es que él era un hombre casado y el padre de tres chiquillos preciosos y bullangueros.

Manoli canturreaba; "Estando contigo, contigo, contigo...de pronto, me siento feliz. Y cuanto te miro, te miro... me olvido del mundo y de mí". Ese diablillo rubio, Marisol, le encantaba: era su cantante favorita.

Manoli tenía buena voz y cantaba con alegría.
Una vecina le dijo por el patio:

- Mi arma, me alegras la vida cuando entras por la puerta de tu casa.
- Ay, doña Paquita, es que si no canto, reviento.
- "Pos" canta, entraña mía.

Rieron por el gracejo con el que ambas se habían expresado.

Paquita había llenado el hueco tan grande y tan hondo que dejara la madre de Manoli, ya hace algunos años. Muchas veladas invernales, la vecina había escuchado sus confesiones y había enjugado alguna que otra lágrima. Por eso,las canciones de Manoli alegraban tanto a la anciana.

Un tejano algo acampanado tapaba unas sandalias de altas plataformas que estilizaban la - ya de por sí- garbosa figura. Una camiseta ajustada y un pañuelo anudado al cuello, remataban su atuendo. Se miró sonriendo al espejo y se dijo:

- Estás que crujes, cariño mío.

Firmó este aserto con una marca de rouge en la luna de su armario.

Se dirigió hacia la peluquería de Alfonso espiando su reflejo en los escaparates de todos los negocios que le quedaban de paso. Y supo que su novio miraría con admiración su silueta, que cuidaba privándose de todo lo que engordaba.

Entró en "El salón de belleza Alfonso y Encarni", y una capanilla anunció su llegada. Las parroquianas saludaron a Manoli. Alfonso apenas podía contener la alegría de tener tan cerca a la persona que más quería en el mundo :

- Fuera aparte de mis hijos_como se apresuraba a añadir siempre.

Manoli le había devuelto la alegría y la juventud, después de quince años de desgraciado matrimonio con Encarni, una mujer seca y de piel cetrina, que mascullaba quejas durante todo el día.

Él mismo se encargó de lavar el pelo a Manoli, para poder demorarse en acariciar aquella mata tan suave y cálida.
Era el único contacto que se permitía en público. Y hacerlo allí, delante de la mujer de Alfonso, aportaba a Manoli un morbo que le hacía se le estrujasen las entrañas.

- Cámbiate al sillón, Manoli _ le dijo Alfonso, rozando su cadera, como por casualidad.

Mientras él pasaba el peine por sus cabellos, Manoli se miró atentamente en el espejo. Su rostro tenía unas líneas armoniosas y suaves: ojos grandes y separados, nariz recta y boca generosa. Aunque sus labios se curvaban en una sonrisa contagiosa, sus ojos observaban esa imagen, lánguidos y oscurecidos por la tristeza . Es que Manoli estaba cabreaba con la madre naturaleza , a veces, tan caprichosa y renegaba del nombre que rezaba en los papeles:

- Manuel Sánchez Ortiz.

Él, en realidad, era "ella", Manoli, la Catufa.

Comentarios

  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    Unos puntitos:
    ¡ y eso era una de las clientas más exigentes que tenía!
    Creo que quisiste decir: "y eso que era..." Te la habrás comido, o no entendí yo.
    Es que Manoli estaba cabreaba con la madre naturaleza
    ¿Cabreada?



    Bueno.
    El tema del cuento en sí, no termina de agradarme, a diferencia de otros que te he leído. Aunque, claro, es algo profundamente personal; no soy homofóbico, pero no llego a "disfrutar" una creación literaria que tenga a la homosexualidad como punto y centro.
    Fuera de eso, me ha gustado la forma general en la que llevas la narrativa, quizás un poco barroca a veces, como en:
    Un tejano algo acampanado tapaba unas sandalias de altas plataformas que estilizaban la - ya de por sí- garbosa figura.
    Me pareció una frase incluso un tanto afectada.



    Bueno, c'est tout.
    Bonne nuit
    , de nuevo.

    Ah, y espero, pues, tu próximo relato.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2014
    - En cuanto a los errores: tienes toda la razón.

    -¿Mi manera de expresarme ha sido barroca?Seguramente, sí.

    Mira, anderosu, no he escrito sobre un tema.Yo jamás me he pronunciado a este respecto y dudo que lo haga porque no sabría ni lo que decir.
    He escrito sobre una persona que, por supuesto, no se llamaba Manoli.
    Juanillo y Manoli , como otros muchos , me acompañaron durante la infancia y forman , en cierto modo, parte de mí.
    Mi madre era la exigente clienta de la que hablo, por ejemplo. Y ella compraba arena a Juanillo aunque no la necesitaba.
    Manoli era el hombre más guapo que he visto en mi vida: alto, esbelto, alegre y educado. su rostro era perfecto.
    Trabajaba en casa , como pintor, dos semanas en primavera y una en otoño, pues mi casa era muy grande.
    Comía con nosotros y hacía reír a mi madre. Nosotros lo agradecíamos, porque sus dolencias habían hecho de ella una mujer adusta.
    Recuerdo a Manoli cantando por Marisol, y llorando con los seriales de la radio. Compartí lágrimas con él cuando asesinaron a un periodista español en Nicaragua, creo que por el 78.

    Un día, desapareció de nuestras vidas. Tuvo una bronca monumental con su novio en la Feria y le arrancó un trozo de labio superior de un mordisco. Ël llevó un bigote a lo F. Mercury, desde entonces.
    Al salir su relación a la luz pública en una España que se reía con "los mariquitas", pero que no los toleraba, se marchó. Su novio vivió una vida "ejemplar" a partir de entonces y el suceso quedó archivado.
    Tal vez, vuelva a escribir sobre las pesonas que compartieron conmigo los años de mi infancia.Unos eran "socialmente ejemplares", otros no. Pero así es la vida

    Yo provengo de una tierra barroca por naturaleza. Las gentes sencillas te sorprende, a veces, por una manera muy compleja de expresarse. Me he dejado llevar por el ambiente en el que crecí ya hace muchos años.


    agradecida porque dediques tiempo de tu vida a leerme,

    F.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2014
    Hoy en día, y ya en muchos sectores de nuestra sociedad aparentemente permisiva puede resultar una historia anacrónica y desfasada ( aunque por desgracia hay mucho de hipocresía en esta aceptación generalizada de darle normalidad a la homosexualidad), pero tu misma has dado las claves de la fecha en que has datado la historia, por la canción de Marisol.
    En ese contexto represivo la historia resulta hiperrealista y bien contada, porque Francesca sabe narrar.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    Mira, anderosu, no he escrito sobre un tema.


    Confusiones semánticas. Con "tema" quise decir la historia que cuentas, de qué se trata. Desde este punto de vista, claro que escribes sobre un "tema", y que sea real o no, no cambia nada.
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