Hoy es un día cualquiera, martes, lo que no dice tampoco demasiado. Una unidad de vida, compartimento estanco, yogurt en la nevera, para cuando lo acabes te habrás comido uno más y te quedará uno menos, pura subjetividad. La vida, días que pasan, tiempo, tiempo que corre. La clásica metáfora del río precipitándose al mar. El río tiene un curso, la vida, no debería; el tiempo de los hombres es más bien el goteo de un desagüe, desagüe que, también es cierto, acabará yendo al mar. El mar, ese océano de tiempo, que a veces se hace hombre como se hace charco, y se separa de sí mismo un rato, quizá para hacerse compañía o verse reflejado, como en un espejo. El charco, que con aquello de los microorganismos va formando extrañas estructuras, que crearán la carne y el hueso y de repente ¡pum!, la conciencia de existir. Y esta conciencia, como un niño abandonado, se sentirá luego perdida, pero la naturaleza es fuerte y sobrevive, y el niño se las irá apañando. Claro está, por otro lado, que no sólo de supervivencia va la cosa, y de que desde el primer paso fuera del mar el hombre fue alejándose de su epicentro, fue haciendo un círculo para empezar a rodearse a sí mismo, y a explicarse con números, físicas y metáforas, a buscarse una causa, un porqué, un destino. Pero el hombre es el charco, y el charco es el mar: hermoso Universo este que uno habita, que se dota de ojos, oídos y conciencia, para recorrer sus propios caminos y observarse a sí mismo sin saberlo.
Tu forma de describir es única, he de admitirlo, sin embargo no termina de convencerme este relato, creo que lo puedes hacer mucho mejor. No saco más de una idea en claro de este texto, (si se podría decir así) somos algo pequeño que a la vez forma lo más grande de lo cual somo formados. ¿Quieres decir eso?
Es sin duda una prosa potente y elegante. Aunque yo reconozco que me fallan las entendederas, no por eso dejo de advertir categoría en tu modo de escribir.
Yo no lo consideraría un relato, tampoco es un ensayo; creo que la palabra apropiada sería divagancia.
"Palabra apropiada."
En respuesta al tema, e impregnado un poco del estilo holgado -que, dicho sea de paso, me pareció apropiado-, diré unas cosas que quizá no tengan mucho que ver.
El texto parece más bien escritura automática, lo cual no es reprochable, ha sido tu elección. Tocas un poco el tema del destino, el río que aboca al mar, el hombre por sí y para sí
El río tiene un curso, la vida, no debería;
Entonces Sartre, existencialismo, el hombre es el destino del hombre, Jehová o Zeus indignados o felices, dependiendo del punto de vista, eterna dicotomía.
Entenderás a continuación el término "pensar" como de uso libre. Una caricatura que vi alguna vez mostraba a una serie de animales evolutivamente precedentes al hombre, ¡el abolengo biológico!, todos pensando en su propósito, su fin: "comer. sobrevivir. reproducirse (ad infinitum)." Finalmente, se llega al hombre, se adopta el bipedismo (implume), la espina dorsal se retira del cráneo, el cerebro se expande, homo sapiens, homo sapiens sapiens, ¿y qué piensa a todas estas el ser consciente? Piensa: ¿Cuál es el significado de todo esto?
Me sorprendió al comienzo el uso del Mandala, título y foto. En las últimas líneas das periplos a una posible justificación.
y de que desde el primer paso fuera del mar el hombre fue alejándose de su epicentro, fue haciendo un círculo para empezar a rodearse a sí mismo, y a explicarse con números, físicas y metáforas, a buscarse una causa, un porqué, un destino.
A mí el mandala me parece terriblemente hermético, inasequible como un fuego fatuo. Recuerdo: "París es un centro, entendés, un mandala que tenés que recorrer sin dialéctica." Julio, claro.
Y no solo París.
Una búsqueda (persecución, para usar el término equivalente al plano porteño), un manoteo en la oscuridad eterna. Vivir es como escribir, buscas algo, quizá lo consigues, mas si lo haces es esto un súbito sucedáneo de lo que en realidad deseas, y así sucesivamente, bonito estudio, escritorio de caoba, le acaban de publicar su quinta novela, pero no está satisfecho, claro, cada libro es un paso más adelante, hacia el absoluto, el libro definitivo, que nunca escribes...:
"Porque te mueres antes."
Por último,
hermoso Universo este que uno habita, que se dota de ojos, oídos y conciencia, para recorrer sus propios caminos y observarse a sí mismo sin saberlo.
tu última frase me ha parecido muy bonita, cierra el tema incerrable de una forma admirable, le otorga esfericidad, y volvemos al mandala y al hombre. Ya ves, tú, yo, sendos teclados, tachuelas en un mapa del cosmos, unidas por hilitos rojos. Todo un plan, un orden caótico, una fatalidad, y nosotros encerrados en el sempiterno microcosmos, en el lenguaje, en setenta páginas de Tractatus y un Wittgenstein condescendiente.
Creo que tu análisis del texto enraiza muy bien con lo que pretendía decir; y asimismo, como certeramente comentas, hay mucho en él de escritura automática, de ir estirando la madeja de los pensamientos sobre el folio en blanco, para ver si el enredo suelta un poco.
Te agradezco los comentarios, así como la interesante pista hacia la obra de Wittgenstein y, cómo no, el recuerdo de aquel París con su mandala, su kibbutz y su rayuela.
Tu concatenación de palabras e ideas me ha parecido sumamente grata, tienes giros estéticos interesantes que a la par dejan ver profundidad. Aunque claro, es uno de los grandes temas de la humanidad: origen, vida, destino, razón de ser... El "qué somos, de dónde venimos".
No obstante, he quedado satisfecha con tus pinceladas de tono casi lírico. Espero leer más de tu obra.
(...) y de repente ¡pum!, la conciencia de existir (...)
Hola Alantar,
Me resuena mucho tu mandala. Conjugar en unas poquitas frases y con lenguaje sencillo la misteriosa y profunda naturaleza del humano en contraste con las vastas dimensiones telúricas.
Para ti, una flor de oro, paréceme como si hubieras descubierto su secreto:
Comentarios
Un saludo.
Quizá sea un texto un tanto confuso, sí; en estos momentos no podría ser de otra manera.
Un saludo.
"Palabra apropiada."
En respuesta al tema, e impregnado un poco del estilo holgado -que, dicho sea de paso, me pareció apropiado-, diré unas cosas que quizá no tengan mucho que ver.
El texto parece más bien escritura automática, lo cual no es reprochable, ha sido tu elección. Tocas un poco el tema del destino, el río que aboca al mar, el hombre por sí y para sí Entonces Sartre, existencialismo, el hombre es el destino del hombre, Jehová o Zeus indignados o felices, dependiendo del punto de vista, eterna dicotomía.
Entenderás a continuación el término "pensar" como de uso libre. Una caricatura que vi alguna vez mostraba a una serie de animales evolutivamente precedentes al hombre, ¡el abolengo biológico!, todos pensando en su propósito, su fin: "comer. sobrevivir. reproducirse (ad infinitum)." Finalmente, se llega al hombre, se adopta el bipedismo (implume), la espina dorsal se retira del cráneo, el cerebro se expande, homo sapiens, homo sapiens sapiens, ¿y qué piensa a todas estas el ser consciente? Piensa: ¿Cuál es el significado de todo esto?
Me sorprendió al comienzo el uso del Mandala, título y foto. En las últimas líneas das periplos a una posible justificación.
A mí el mandala me parece terriblemente hermético, inasequible como un fuego fatuo. Recuerdo: "París es un centro, entendés, un mandala que tenés que recorrer sin dialéctica." Julio, claro.
Y no solo París.
Una búsqueda (persecución, para usar el término equivalente al plano porteño), un manoteo en la oscuridad eterna. Vivir es como escribir, buscas algo, quizá lo consigues, mas si lo haces es esto un súbito sucedáneo de lo que en realidad deseas, y así sucesivamente, bonito estudio, escritorio de caoba, le acaban de publicar su quinta novela, pero no está satisfecho, claro, cada libro es un paso más adelante, hacia el absoluto, el libro definitivo, que nunca escribes...:
"Porque te mueres antes."
Por último, tu última frase me ha parecido muy bonita, cierra el tema incerrable de una forma admirable, le otorga esfericidad, y volvemos al mandala y al hombre. Ya ves, tú, yo, sendos teclados, tachuelas en un mapa del cosmos, unidas por hilitos rojos. Todo un plan, un orden caótico, una fatalidad, y nosotros encerrados en el sempiterno microcosmos, en el lenguaje, en setenta páginas de Tractatus y un Wittgenstein condescendiente.
Te agradezco los comentarios, así como la interesante pista hacia la obra de Wittgenstein y, cómo no, el recuerdo de aquel París con su mandala, su kibbutz y su rayuela.
Gracias por comentar.
No obstante, he quedado satisfecha con tus pinceladas de tono casi lírico. Espero leer más de tu obra.
Un saludo.
Me resuena mucho tu mandala. Conjugar en unas poquitas frases y con lenguaje sencillo la misteriosa y profunda naturaleza del humano en contraste con las vastas dimensiones telúricas.
Para ti, una flor de oro, paréceme como si hubieras descubierto su secreto:
¡Sastipén talí!
Sastipén talí