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Egoísmo empático

yorchvivasyorchvivas Anónimo s.XI
editado enero 2014 en Narrativa
No he superado la constipación que me produce su ausencia. Los mareos repentinos y los dolores de cabeza que me estallan de improvisto. En las enlazadas colinas de mis emociones ahora sinceras no encuentro salida absoluta, no una honesta. He cambiado, no me reconocería. He visto cosas que me han hecho ciego, he percibido aromas que me han hecho libre. La tortura de los que aman es no ser correspondidos y la mía es que le corresponda a Rodrigo.

Mariana conoció a Rodrigo el 14 de Octubre del año 99. A mi en el 97, el día y la hora poco importan. Ella salió de una de sus crisis de angustia existencial, y él estuvo allí para ella por más tiempo del necesario para recuperarse. Sus brazos tiernos y de calidez fibrosa la arroparon una cantidad de veces mucho mayor al límite que la gente decente comprende como prudente. La buscaba para ir por un helado o para subir a una de esas sillas atadas a la rueda de Chicago de la feria. Yo nunca lo supe hasta ahora.

¿Porqué no era yo el que se sentaba a su lado? No tengo una explicación clara, aunque tengo varias conjeturas que he tenido la oportunidad de construir durante el ultimo año junto a mis desgracias.

Se hacía difícil darme cuenta lo que sucedía con Mariana cuando llegaba a mi casa dando tumbos. Cada vez que entraba en una de estas crisis absurdas de ansiedad, era para mí muy difícil saber si era algo grave o simplemente una rabieta premenstrual. A veces las mujeres son complicadas, otras indescifrables y aún mayor desafío para mi que había vivido 12 años en el internado masculino. Allí las rabietas se curan con golpes o con indiferencia. Yo no me atreví jamás a darle un puño a Mariana.

Una vez llegó a casa con las manos llenas de sangre y los brazos hechos un cuarto de libra de jamón de cerdo cortado en lonjas. Había tomado la navaja de afeitar de su padre y sin pensarlo destajó sus brazos en cuatros diferentes partes. Mi reacción inmediata fue de asombro por las manchas carmesíes que alumbraban la alfombra de la casa de mi madre. Mariana se desmayó a los pocos segundos y llamé a la ambulancia luego de colocarla sobre un plástico de protección. Se salvó por muy poco y tuve que hacer varias llamadas para conseguir repuestos del mismo color de la alfombra. Mariana salió a los dos meses de la clínica luego de pasar por varias intervenciones de reconstrucción de algunos músculos que se habían atrofiado. No me era fácil reconocer su dolor, ni su alegría. Mi madre nunca supo del incidente.

Durante las vacaciones me llamó gritando de la emoción porque su padre había por fin decidido irse de su casa. No pude responder de una buena manera a esta euforia. Mis padres se casaron hasta que mi padre murió, y mi madre aún se mantiene firme en su decisión de honrarle aún en su perpleja soledad. Su padre antes había tomado exageradamente la disciplina y con un par de cables de paso, de esos que se usan para prender un carro, golpeó a Mariana hasta que sus pantalones se mojaron por completo de sangre y le llenaron las piernas de hematomas. A mi nunca me castigaron, ni una sola vez. Así que imagino las barbaries que cometía Mariana antes de conocerme para recibir tales castigos. Desde que andaba conmigo su padre jamás volvió a castigarle. Yo le insistí varias veces que dejara de cargar una navaja plateada y con símbolos extraños en su brazo izquierdo, de otra forma su padre iba a volver a darle otra tunda terrible por pandillísmo y violencia premeditada.

Debo asegurar que ella con su belleza me arrebataba todos los suspiros. Aunque, sus problemas llegaban ventajosos para soplar con fuerza mis buenas intenciones lo más lejos posible. Mientras se recuperaba de la reconstrucción de sus brazos no pude volver a abrazarla, y desde allí jamás lo volví a hacer. Los bultos sobresalientes de las cicatrices me incomodaban. Las expresiones de dolor me sometían a la desidia romántica. Y allí fue que Ricardo tomó ventaja. La engatuso con empalagosas palabras y meloserías engañadoras que solo buscaban arrancarla de mi lado. Y lo logró, más pronto de lo que esperaba. Realmente más pronto de lo que tarde en darme cuenta que Mariana ya no estaba. Y ahora en mi soledad sufro porque no puedo hacer nada para poder ignorarla.

http://relatosincesantes.tumblr.com/

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2014
    Pues debio de dar gracias al amigo que se la entretuvo, pero el egoismo nos nubla la razòn:rolleyes:
  • DuniDuni Anónimo s.XI
    editado enero 2014
    Entiendo que finalmente no pudo ver más allá de aquellos muñones y todo lo que sentía (o al menos gran parte) no era tanto como el mismo creía?
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2014
    si parece, cuando llegan las pruebas duras en la salud y la enfermedad, es donde se dan cuenta de cuanto amor se tiene:cool:
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Quisiera señalar de entrada:
    A mi en el 97
    A en el 97.


    Bien. Me ha parecido un cuento maravilloso, el narrador es verosímil y evoca las emociones de aquellos tiempos de forma potente. Siempre me han causado interés los cuentos donde hay tentativas de suicidio, y este -en esta pseudocategoría que acabo de inventar, llamada "cuentos con tentativas de suicidio"- me pareció incluso mejor que el último que leí en algún foro o blog, donde una joven se atiborra de pastillas para dormir.

    Lo que acontece después del hospital, ese distanciamento, lo entendí yo no como un repudio a las cicatrices per se, sino a lo que representan, al pasado que duele y hiere tanto como esas cortadas. Mutilaciones metafísicas, emocionales. La habilidad de una pareja para sobrevivir eventos así, puede desvelar mucho sobre su estado pre-incidental, la verdadera cohesión o conexión que tenían. Dar a entender estas cosas (conste que bien puedo estar equivocado, tú eres el autor, yo un mero intérprete) sin decirlas explícitamente, dejando que el lector las infiera, es algo muy bonito y generalmente difícil.
    Fuera de comparaciones, claro está, un maestro en ese arte es Tolstói.

    Por otra parte, el título me parece desafortunado, creo que podías haber elegido uno mejor. Pero es solo mi opinión.

    ¡Saludos!
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