"No contaba con esto. ¡Estaba seguro en haber revisado todos los planos!" - Decía Marcus mientras miraba fijamente el gran muro que se interponía entre él y la realidad.
Durante un pequeño instante y mientras se acercaba poco a poco a las luces sigilosas que tenían como objetivo atraparlo, recordó lo que su maestro le dijo antes de morir. - "El que logra ver más allá de sus problemas, es el único capaz de resolverlos" - Una terrible neumonía había acabo con la vida de su mentor unos días atrás en esta terrible prisión, si es que se puede llamar de esa forma.
Luego de entregarle el mensaje, su maestro pidió de suma urgencia entregarlo a las autoridades de la frontera. No era una tarea fácil para un simple mortal como cualquiera de nosotros, pero Marcus llevaba más de un año junto a su maestro entrenando para este momento. Pero, o su memoria le falló, o su informante le entregó planos viejos y obsoletos, pensó.
La luz ya se aproximaba, cada segundo se congelaba el tiempo y las opciones en la cabeza de Marcus se agotaban. Solo recordaba palabras, imágenes, pero no soluciones. Necesitaba estar al otro lado del muro, necesitaba entregar el mensaje. La luz llego a rozar la punta de sus cabellos antes de pasar de largo, tendría solo unos treinta segundos más para resolver el enigma sobre cómo saldría de allí.
La noche anterior, después de abandonar la tumba de su maestro, había pensado sobre qué haría si fallara con su misión. - "Debes estar preparado para el momento en que las cosas no salgan como las esperas" - se dijo a si mismo mirándose en un pozo de agua en su pocilga. Tal vez ese pensamiento furtivo solo logró desatar en el destino los hechos con los que ahora se enfrentaba.
Esta sería su única oportunidad, si no lograba cruzar esta vez el muro, sería capturado; o al menos eso era lo que su maestro le contaba en sus historias de viejas aventuras y destinos olvidados. Marcos tomó un impulso de más o menos cinco pasos largos, de esos que se dan con las piernas lo más estirado posible, y corrió con todas sus fuerzas hacia el muro. Mientras veía al muro haciéndose cada vez más grande ante sus ojos, solamente pensaba en cada momento en el que su maestro soñó con verlo realizar grandes hazañas - "¡No será en vano maestro!" - pensó Marcus.
Al llegar al muro dio un salto enorme y empezó a dar pasos como si caminara en el aire, cada paso era como si fuese apoyado por el anterior. Sentía como una fuerza que no conocía tomando su cuerpo y levantándolo en contra de la gravedad misma. Logró ver el final del muro. Sus manos se estiraron tanto como pudieron y apoyando sus codos logró ver al otro lado del muro. Un grupo de personas se agolpaban como si estuviesen esperando a que apareciera.
La luz lo encegueció y solamente lograba escuchar susurros y comentarios risueños que decían algo como "¡Mira qué lindo, quiere salir!" o “¡Este me gusta!”. En ese momento el guardián agarró a Marcus por la correa que rodeaba su cuello y con una suave pero firme caricia en su cabeza, tímidamente le sonrió y le dijo "No seas travieso amiguito, no te vas si nadie te lleva".
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