Todo parecía discurrir con naturalidad, como si el anfitrión no hubiera cuidado al máximo los detalles. De fondo sonaba la música de los escogidos clásicos de Jazz con esa insistencia cansina en tono de saxo. Por la sala, esparcidos con estrategia algunos libros: El Manifiesto Surrealista junto a una fente de limones, y sobre el sofá, su cuento preferido de Borges marcada la página donde se decribe con maestría el dilatado jardín de casi intolerable fulgor, dilatado jardín de tropos...
Por toda la casa reinaba un ligero desorden estudiado; en las estanterías, mezclado los libros de bolsillo con algún volumen encuadernado en piel y apoyada una acuarela de los primeros tiempos de Manuel Millares abarquillada por una de las orillas, sin cristal, ni marco.
—¡Ah si! Es de mi tío Manolo, pero no es de sus mejores trabajos.
El profesor restaba importancia el encuentro casual de la lámina y enseguida enseñaba en su dormitorio el vanguardista de arpillera de superior valor, una mujer desnuda chorreando pintura. Esconde unas bragas olvidadas estampada en rojo y negro, y Stendhal sonríe en la mesita de noche. Como lo conozco sé que ha dejado la prenda adrede. No consigo entender como pude amarle tanto. Hace, como siempre, la demostración continua de su movida intelectual, debe resultar agotador, sin embargo sigue pareciéndome fácil bailar con él, me sujeta con un solo brazo y, de vez en cuando, me inclina hacia atrás. Recuerdo mis terribles celos y el cuanto le quise… cierro los ojos y me dejo llevar, ¡Ah que bien suena la música!
Después lo estropea todo. Domina el arte de la oratoria y lo edulcora el cabrón de cortesía extremada. A una de sus alumnas le susurra al oído lo mismo que a mí me dijo alguna vez, ella le contesta con una risa baja y adoración en sus ojos, una preciosa muchacha que esa noche dormirá con él, seguro. Habla y habla, gesticula con calma, su mano derecha parece que dibuje círculos egocéntricos en el aire de la fiesta. La izquierda en el bolsillo.
A veces, por unos breves momentos, añoro aquel impreciso hombre que creí querer, debe ser por el color de las hojas y la jodida nostalgia que tiene el otoño.
Ahora, en la fiesta, alguien cuenta un corto cuento que se titula corto cuento cacofónico, alguien tañe bajito una guitarra, alguien aplaude, y el profesor recita un poema con voz engolada, lleva trabajando en sus Alejandrinos todo el trimestre. Un borracho vomita, en la pausa obligada de estrofas se escucha una cisterna al fondo del pasillo, buen contrapunto lírico.
Alguien sonríe, me parece que fui yo.
Comentarios
Les debo lecturas y comentarios, y este finde me pongo en ello.
Prometido.
He disfrutado la historia, Suina; repasado, incluso, porque no pierde sabor ni textura. Observo, además, que el vigor que caracteriza al relato breve pesa y se sostiene, resistente, en cada renglón.
En otro orden de cosas, quisiera anotar detalles respecto a la acentuación que, puedo imaginar, escaparon a la corrección. Se trata de los siguientes enunciados:
Considero que, en este contexto, el adverbio de interrogación “cómo” debiera acentuarse.
Aquí, el “cuánto”, señalando intensidad de cariño o grado querer, también debiera llevar tilde.
Otro acento en “qué”, ya que pondera el sonido o las bondades de la música.
No necesito dejar claro que mi observación jamás podría empañar la excelencia que exhibe tu trabajo, Suina; se trata sólo del “retoque” que un compañero, con afecto, se anima a hacerle a la obra de quien aprecia y respeta.
Cordial saludo.
Me ha encantado que vieras a Borges sin nombrarlo, me pareció que quizá podría estar demasiado oscuro ese pasaje, pero si tú lo has entendido, que eres muy buen lector, ya me quedo tranquila. Por otro lado, el personaje masculino es un hombre erudito, con ganas además de que se le note su cultura, ya sabes, algo pedante incluso,( lo retraté con cierta sorna), por eso me permití nombrar varios títulos y autores ( no suelo hacerlo).
Y sí, como dice nuestra Amparito, un lujo tenerte como compañero.
Me gusta tú estilo, buena música, buen ritmo (como siempre, va con el jazz) y una sobria heterogeneidad muy legible. Aunque encontré un par de oraciones un poco confusas, o que me sonaron "raras" cómo: «Por la sala, esparcidos con estrategia algunos libros» o «su mano derecha parece que dibuje círculos egocéntricos en el aire de la fiesta». Pero tal vez no es nada.
Es genial, además que escogiste una pieza muy buena para maridar tu relato, dejándo un espléndido sabor y un buen bouquet al final.
Perdón por mi descortesía y no dejarte un comentario igual de bonito, pero creo que va más allá de mis capacidades (por ahora). Ciao.
Hombre pagoda: si no terminas de "ver" las frases que te han parecido que tienen cierta dificultad de comprensión, lo lamento, me resulta imposible ser más explícita.
Nos seguimos leyendo.:)
Me mostró una atmósfera, un ambiente, me describió a flashes un lugar y me entró como un humo una persona mirando...
Eso.
Buenas técnica, hay que profundizar en la obra
Si ocuparas el corrector encontrarias esto... yo te ayudo... "fente , decribe
dibuje"
Saludos
¡Qué bien que hayas venido a leerme!
Me ha encantado. De arriba abajo.
Tienes frases espectaculares:
Consigues plasmar al profesor en su contrapunto. Las dos caras del profesor, por qué quiso quererle la narradora y por qué no lo logró.
El contrapunto de los brillos culturales y narcisistas: el vómito, la cisterna. Y esa frase final. Corta y contundente. La narradora vence a esa fiesta de literatura, flirteos y alcohol con fondo de jazz. La narradora ha vencido al “color de las hojas y la jodida nostalgia que tiene el otoño”.
¡Qué peligroso es el otoño, Suina!
Me ha gustado muchísimo. Y me voy del post como si saliera de la misma fiesta que tu narradora, un poco achispada pero con esa victoria sobre las nostalgias con peligro.
¡Gracias por compartirlo, Suina!
Solo puede salvar la nostalgia de aquellos otoños de antaño ( mala rima), contándolo desde lejos y con cierta ironía, no hay otra.
Gracias compañera, me ha encantado tu comentario.
Magnifico! Todo este escenario rebosa de alguna nostalgia perdida, algo que llamaria una edad de oro, una belle epoque...
Creo que iria mejor "Ah, que bien suena la musica!" para lo cual tendriamos que colocar un punto y seguido antes del "ah". Pero es cuestion de preferencia.
No recuerdo desde hace cuanto tengo una fijacion por el otono tambien, como una metafora de la decadencia humana, que se yo... Algo pesimista, algo real. Pero, a fin de cuentas, que es la realidad sino lo que percibimos? Solo nuestra condicion humana nos limita a una version sensorial del mundo, no existe una definitiva. A partir de esa fractura, pues si, el otono es muerte, son las hojas barridas porque estorban, alguna vez tan verdes y vigorosas como las que les sucedieron. "Balzac ve a los humanos y comunica su optimismo, Flaubert su nausea" Yo, en cambio, soy un fantasma otonal.