Tengo que ingresar 114 pesos a una editorial de Buenos Aires. La única funcionaria de la oficina postal atiende con parsimonia y calma. Hay que esperar, no queda otra. Me entretengo tarareando entre dientes la “cumparsita” que venía escuchando en la radio del coche, seguro no me la quito de la cabeza en todo el día.
Del fondo vuela un murmullo contrapunto de mi sintonía mental, parece un disco de vinilo rayado por donde la aguja vuelve y va, va y vuelve sobre el mismo surco, seguro que es una impresora atascada.
Somos siete en la cola. Mi vecina es una vieja que agarra desconfiada el bolso cruzado sobre el pecho. Avanza un paso y se detiene justo debajo de la claraboya del techo que la llena de luz como un milagro, parece que la nieve cae sobre ella, pero no, sólo son motas de polvo que bailan un tango sobre su cabeza.
— ¿Usted no escucha una musiquita señora?
—¿Eh?, yo no escucho nada hijo, que estoy sorda.
—¿Pero no oye un bandoneón, una guitarra, un violín, un batir de alas?
—Usted está loco señor —contestó con la voz quebrada —déjeme tranquila o llamo a un guardia.
¡Joder!, un l policía se acerca a mi coche, las ruedas traseras están rozando la raya amarilla del prohibido rozar rayas amarillas. Salgo un momento a mover el auto 15 centímetros y el agente saca su libreta de apuntar centímetros. Con el lápiz en alto hace un amague, luego para el gesto y mira hacia la oficina de correo desde donde la funcionaria le saluda con la mano a través de la puerta de cristal, entonces el guardia apuntador se gira, olvida lo que estaba haciendo, da media vuelta y entra a decirle buenos días a Malena. Sin ninguna duda su carita de ángel consigue que hasta el mismísimo cielo se ocupe de mi multa.
Ya son las nueve y cuarto y avanzamos otro puesto. Sin despegar los pies del suelo dibujamos un ocho, luego flexionamos las rodillas levemente, con el pie derecho damos dando un paso al frente mirando la nuca del vecino con firmeza.
—¡Hola Malena
Saluda el cartero de turno que le trae un café con leche, Malena se lo toma sin prisas porque quema mucho. Sus labios de Eolo y la mueca sopladora es tan bonita que dan ganas de darle una mordida, y aunque son las nueve y media ya casi que no importa. Tranquila chica, no hay prisa, tómate tu tiempo.
Suena el móvil, es mi mujer. Le respondo con un vale cariño, no, no me olvidaré de…ni de ir a…hastaluegonenayotambiéntequiero.
Vuelvo a incorporarme a mi lugar y a las diez menos veinte por fin estoy delante de Malena.
—Rellene aquí, y aquí, y aquí.
Su dedo índice da tres golpecitos que se suman al sonido del fondo.
— ¿Perdón señorita? ¿Es un tango lo que se escucha?
—¿Un tango?. Sonríe y dice que vayamos al grano, que tiene cosas que hacer. ¿Editorial Caliope dijo? ¿Con y griega o i normal?
—Con i latina.
Salgo con desgana de Correo. Su sombra se refleja en la pared junto a la mía e imagino que bailo con ella. Le marco el ocho atrás con dedo y antebrazo, el otro medio ocho se lo indico con la presión de la izquierda sobre su derecha. Los pies no deben despegarse del suelo, se rozan, se acarician, y Malena, por fin, deja que suceda el tango.
Hola Suina,:) cuando se va a alguna parte de esas donde hay que hacer cola, toca llevar jiambre, a mi me da rasquilla esperar y ver la parsimonia de los que atienden:cool:
Un brillante y por momentos zumbón relato acerca de nuestras tribulaciones frente a la burocracia y el invisible poder que detenta frente a nuestras vidas. Según la letra del tango: "Malena canta el tango, como ninguna". Permíteme la paráfrasis respecto a Suina y la escritura.
Bueno, a tí te puede parecer seguramente una incursión algo atrevida en el tango que tanto llevais en vena los argentinos. Malena es toda una institución, y no tiene nada que ver con la minimalena que he dibujado, minimizándola en un relato algo irónico, y coo bien dices, zumbón.
A Malena la he perpetrado , con alevosía, y no digo nocturnidad, que a esas horas está cerrada la oficina de correos.
Lo mismo que tu has hecho viajando al Rif, privilegio de escritores inventar situaciones.
Acabo de leer tu cometa expresivo y mágico.
¡Qué bien escribe usted señor!
¡Qué bien te leo, Suina! Nada se me atraganta en tus letras y me gusta el sabor de tu relato.
Mas que el tedio de la espera que provocan ciertas situaciones, me ha sugerido lo que la fantasía fabula en esos tiempos de espera, como queriendo aprovechar esos minutos -a veces horas- de inactividad, en dar rienda suelta a la imaginación y hacer el boceto de un futuro relato.
En eso ocupo yo mis tiempos de espera y el tiempo pasa más deprisa.
Efectivamente, se me ocurrió este cuento esperando en la cola de correos cuando iba a ingresar 114 pesos a Buenos Aires...todo lo demás lo imaginé.
Gracias Sinrima, seguro que a tí te ha pasado más de una vez.
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Tengo que ingresar 114 pesos a una editorial de Buenos Aires. La única funcionaria de la oficina postal atiende con parsimonia y calma. Hay que esperar, no queda otra. Me entretengo tarareando entre dientes la “cumparsita” que venía escuchando en la radio del coche, seguro no me la quito de la cabeza en todo el día.
Del fondo vuela un murmullo contrapunto de mi sintonía mental, parece un disco de vinilo rayado por donde la aguja vuelve y va, va y vuelve sobre el mismo surco, seguro que es una impresora atascada.
Somos siete en la cola. Mi vecina es una vieja que agarra desconfiada el bolso cruzado sobre el pecho. Avanza un paso y se detiene justo debajo de la claraboya del techo que la llena de luz como un milagro, parece que la nieve cae sobre ella, pero no, sólo son motas de polvo que bailan un tango sobre su cabeza.
— ¿Usted no escucha una musiquita señora?
—¿Eh?, yo no escucho nada hijo, que estoy sorda.
—¿Pero no oye un bandoneón, una guitarra, un violín, un batir de alas?
—Usted está loco señor —contestó con la voz quebrada —déjeme tranquila o llamo a un guardia.
¡Joder!, un l policía se acerca a mi coche, las ruedas traseras están rozando la raya amarilla del prohibido rozar rayas amarillas. Salgo un momento a mover el auto 15 centímetros y el agente saca su libreta de apuntar centímetros. Con el lápiz en alto hace un amague, luego para el gesto y mira hacia la oficina de correo desde donde la funcionaria le saluda con la mano a través de la puerta de cristal, entonces el guardia apuntador se gira, olvida lo que estaba haciendo, da media vuelta y entra a decirle buenos días a Malena. Sin ninguna duda su carita de ángel consigue que hasta el mismísimo cielo se ocupe de mi multa.
Ya son las nueve y cuarto y avanzamos otro puesto. Sin despegar los pies del suelo dibujamos un ocho, luego flexionamos las rodillas levemente, con el pie derecho damos dando un paso al frente mirando la nuca del vecino con firmeza.
—¡Hola Malena
Saluda el cartero de turno que le trae un café con leche, Malena se lo toma sin prisas porque quema mucho. Sus labios de Eolo y la mueca sopladora es tan bonita que dan ganas de darle una mordida, y aunque son las nueve y media ya casi que no importa. Tranquila chica, no hay prisa, tómate tu tiempo.
Suena el móvil, es mi mujer. Le respondo con un vale cariño, no, no me olvidaré de…ni de ir a…hastaluegonenayotambiéntequiero.
Vuelvo a incorporarme a mi lugar y a las diez menos veinte por fin estoy delante de Malena.
—Rellene aquí, y aquí, y aquí.
Su dedo índice da tres golpecitos que se suman al sonido del fondo.
— ¿Perdón señorita? ¿Es un tango lo que se escucha?
—¿Un tango?. Sonríe y dice que vayamos al grano, que tiene cosas que hacer. ¿Editorial Caliope dijo? ¿Con y griega o i normal?
—Con i latina.
Salgo con desgana de Correo. Su sombra se refleja en la pared junto a la mía e imagino que bailo con ella. Le marco el ocho atrás con dedo y antebrazo, el otro medio ocho se lo indico con la presión de la izquierda sobre su derecha. Los pies no deben despegarse del suelo, se rozan, se acarician, y Malena, por fin, deja que suceda el tango.
¡Hola Amparito!
Muy bonito...me gusto'
Saludos.
Eso de esperar en una cola o de esperar , en cualquier caso,siempre desespera.
No te comento tus poemas, porque la verdad, que de poesía no entiendo mucho y no sé qué decir.
http://www.goear.com/listen/b0b562d/malena-astor-piazzolla-susana-rinaldi
A Malena la he perpetrado
Lo mismo que tu has hecho viajando al Rif, privilegio de escritores inventar situaciones.
Acabo de leer tu cometa expresivo y mágico.
¡Qué bien escribe usted señor!
Mas que el tedio de la espera que provocan ciertas situaciones, me ha sugerido lo que la fantasía fabula en esos tiempos de espera, como queriendo aprovechar esos minutos -a veces horas- de inactividad, en dar rienda suelta a la imaginación y hacer el boceto de un futuro relato.
En eso ocupo yo mis tiempos de espera y el tiempo pasa más deprisa.
Saludos.
Gracias Sinrima, seguro que a tí te ha pasado más de una vez.