Hola a todos
Os dejo un link a mi nuevo relato breve, de 4 páginas titulado "La enfermedad de los demás".
http://www.bubok.es/libros/228191/La-enfermedad-de-los-demas
A quien le de pereza descargarse el Pdf, ofrezco el relato íntegro aquí abajo
Un saludo!
1
A las siete de la mañana, Javier pega un manotazo al despertador. Lo ha configurado para que en lugar de horribles pitidos similares a los que uno puede escuchar en un mundo en ruinas emita preciosas canciones de Bon Iver. El mal humor, sin embargo, persiste hasta bien pasado el medio día.
En la cocina, con la televisión puesta al fondo y las tostadas y el café a medio hacer, echa un vistazo rápido a la actividad que su móvil ha tenido durante la madrugada. Un par de whatsapps de un amigo con insomnio, correos electrónicos sin fundamento y una invitación para unirse a un juego online que no entiende del todo. En los informativos de la mañana, los presentadores hacen de las suyas para empezar a hundirle la jornada con datos del paro y familias al borde del suicidio. Decide que es más saludable cambiar a Divinity y que el último día laboral de la semana comience con gente que remodela casas de ensueño y viste asesorada por sus peores enemigos.
Después de salir del trabajo ha quedado con Pedro para una noche en Chueca o alrededores. Javier odia la zona rosa de Madrid y todo lo que tenga que ver con el encorsetamiento de un montón de personas que parecen haber sido soltadas en Mordor si ponen un pie más allá del Black&White, pero su mejor amigo ha insistido durante meses y pocas son las ocasiones en las que Javier accede a darle el gusto de una velada de sábado junto a las mamarrachas de la capital. Uno de los motivos por el que se muestra tan reticente a trasnochar es su tendencia a olvidar ciertos momentos de la jornada cuando va excesivamente borracho debido a su nulo autocontrol. Quizás se recuerde directamente en la discoteca, bebiendo, o saliendo de su portal para pasar a un momento de la madrugada en la que comparte una raya en el cuarto de baño. Entre medias un fogonazo de luz, megatrón, su amigo Pedro cogiéndole de los hombros, un beso larguísimo y húmedo con un desconocido o esos extraños momentos en los que se desmarca de la multitud para observar desde fuera de la burbuja; en una esquina de la discoteca, tapándose los oídos, escrutando el horizonte de vibrantes cabezas con mandíbulas a punto de caer desencajadas.
Después de cenar un par de burritos en un puesto de comida mexicana, Javier y Pedro dirigen sus pasos hacia un inmundo callejón de Gran Vía en el que se esconde la entrada principal a Avalon. Cuando Javier empieza a ser consciente del tipo de público que frecuenta la discoteca, ahora concentrado en una cola kilométrica que desaparece al doblar la esquina, se arrepiente de inmediato de haber abandonado la cueva del hogar en pos de la amistad. Cientos de maricones rígidos en su pose de perpetuo maniquí del Zara, sin expresión ni originalidad aguardan su turno para escuchar los tonos de moda y aspirar a que alguien les saque de su eterno ensimismamiento apoyados en una columna.
Para mitigar esa infinita tristeza ante la aceptación de lo evidente, Javier se lanza a la barra. Primero a por los tercios y después a por los cubatas. El cuerpo va haciéndose flexible conforme se amontonan los vasos vacíos, la lengua se afloja, los ojos se achinan, la sonrisa surge en momentos en los que sobrio hubiera desesperado y probado a huir. Completamente borracho, Javier comienza a bailar para alimentar el súbito e inexplicable deseo que nace en sus entrañas y mitiga sus impulsos asesinos. La barrera que le separaba del resto se desvanece, las puertas de los lavabos se abren de golpe, surgen las papelinas de coca, las bocas se abren para humedecer la punta de una polla que está a punto de estallar, engorda la agenda del teléfono móvil y la realidad, los colores y las luces que saturan la atención de Javier, parece colarse por un diminuto agujero creciente en el centro de la discoteca.
Pedro insiste para llevar a su amigo a la siguiente parada lógica, pero Javier está demasiado cansado como para seguir de after. Allí se despiden e inician sus caminos respectivos hacia la calma. En la cuesta de San Vicente, justo antes de llegar al bloque de edificios en el que vive, Javier se queda un rato mirando un campamento improvisado de mendigos.
Se trata de una hilera de cuatro personas, acurrucadas, envueltas en mantas deshilachadas llenas de mugre y cartones con olor a fruta rancia. De ambos extremos de la cama improvisada asoman decenas de cabezas . Muchos de los rostros son pálidos, agrietados y ennegrecidos por la dejadez. Otros, por el contrario, no difieren excesivamente de una persona con una vida hecha. Javier repara en un joven de su edad, con los ojos abiertos en dirección a un muro, quizás aterrado ante la posibilidad de pasar la noche a la intemperie. Su ropa no está desgastada, su pelo no está graso, su piel no muestra la suciedad que se adhiere a la de sus compañeros. Al pasar a su lado y coincidir ambas miradas Javier siente una oleada de calor que le hace apretar el paso.
Unos ojos enormes, verdes, llenos de misterio e imágenes desoladas que parecen devorarle desde dentro.
2
En la oficina, Javier se siente desolado. En parte por la cadena de acciones que se repite en círculo. En parte por un recuerdo que al contrario que las imágenes televisadas de las colas del paro, las mutilaciones, los relatos de violaciones, la polla de una transexual en prime time, las palizas o la muerte, en resumidas cuentas, se ha instalado en lo más profundo de su mente para atormentarle. La rutina en el trabajo, las discusiones con su jefe, las discusiones le tocan de una manera más o menos brutal. Aquellos ojos verdes desbordados de angustia, para su desgracia, le han puesto en contacto con sentimientos que creía haber olvidado.
Un planeta que aparece de la nada, silencioso, cubierto de niebla y cuyo misterio se acentúa al caer la noche, cuando una melodía siniestra y plagada de voces que no conocemos va erigiéndose hasta ocultar el sonido de nuestra propia respiración.
3
Pedro sostiene una galleta gigante de chocolate mientras desvela los chascarrillos que tuvieron lugar en la pista de baile, relata la reconstrucción de los hechos y critica a los amantes despechados que le bombardean a llamadas pidiendo a gritos una explicación a su repentina huida. Javier no soportaba más tiempo encerrado en la oficina, así que llamó a su amigo en un intento por deshacerse del frío que desde aquella noche parece haberse instalado en su corazón.
Por el rabillo del ojo, Javier se percata de la presencia de una figura que extiende la mano a una pareja sentada en la mesa contigua. Un golpe de angustia, como un mazazo, se extiende desde el centro mismo del estómago hasta sus extremidades, paralizándolo por completo. La figura, al no recibir respuesta de la pareja, desiste y se acerca a Pedro, situado frente a la avenida principal. La enigmática figura se detiene a la mitad de la frase, haciéndose un silencio sepulcral. Javier intuye que le ha reconocido y le observa detenidamente, como en aquella noche en la cuesta de San Vicente.
Unos ojos, verdes, en los que aún pueden encontrarse imágenes de la casa de Javier. Del salón de Javier en invierno, ocupado por él y un joven que después de un año parecerá una sombra de lo que fue, tumbados en un sofá, viendo una película, agarrados de la mano. De un viaje a una ciudad europea, de una carpeta de fotos de un iphone, de una cama en la que ambos hacen el amor hasta bien pasada la madrugada, de un restaurante en el que comparten una pizza cuatro quesos y un plato de pasta negra con gulas, aceite de oliva y un poco de guindilla. De un concierto en el Santiago Bernabeu, de un bar de copas en la Calle Pez, de una discoteca en cuyo centro de nuevo Javier y ese chico, ese joven de piel rosada y afiladas facciones bailan y se besan al son de ritmos electrónicos, rodeados de otros jóvenes como ellos, igual de felices y embriagados y ebrios de todas las copas que con tanta dedicación han ido bebiendo a lo largo de la noche. Unos ojos que expresan inmensa melancolía por una vida que ya no existe, por la negación de ayuda, el abandono, la indiferencia a sabiendas. Unos ojos que continuarán vagando por las mismas calles en busca de una puerta que comunique con una vida sin traición.
Javier retira la silla y comienza a andar a lo largo de la Gran Vía. Mucho después de esta escena, de la llamada de Pedro para intentar calmarle, de una visita a un Spa en los Pirineos, una veintena de comedias románticas y ligues varios sacados del Grindr, seguirá pensando en él. El cuerpo adelgaza, la piel se ensucia y las costras pueden cubrir el rostro. Aquellos ojos verdes, sin embargo, seguirán recordándole la dejadez con la que abandonó a su suerte a una persona importante por algo que supera con creces el mero egoismo y la mezquindad, y que regresó para recordarle que la falta de compromiso también desemboca en muerte.
Comentarios
Pero luego me perdí, no entendí bien que fue alucinación y que fue real. La frase de el final es impactante pero me gustaría entenderla más...
Saludos
tituna: Muchas gracias por los halagos. En verdad me hace ilusión que digas que no sabes si es sueño o real. El relato viene después de tener un sueño repetidas veces el anterior mes. En él, salgo yo como mendigo y mi actual novio como Javier, tal y como describo en el relato. Básicamente -supongo- es una respuesta inconsciente a las noticias que veo cada mañana y la calle cada vez más llena de mendigos; siempre pienso que podría acabar así y la vida que hasta ahora he reverenciado acabarse de un plumazo. La frase final es sobre el abandono o la falta de ayuda para evitarlo.
Gracias a las dos! un saludo!
Me gusto' ...Interesante tu relato.Yo pense' que era un sueño.
Saludos.
SolyArenas.
Los topónimos son un truco literario cuando quieres aportar realismo a una narración. Muchos autores se toman hechos históricos y mezclan personajes y lugares reales con su fantasía para confundir al lector y que se lo trague todo como si fuera real.
Pero al respecto te voy a decir dos cosas:
1) No a todo el mundo le aporta significado que estés en la Calle Pez o en la Cuesta de San Vicente. A mí sí, son nombres plenos de identidad, pero por pura casualidad. Para la mayoría de gente son nombres vacíos que no le dicen nada porque el centro de Madrid es un lugar demasiado local para usarlo como descripción literaria. Si crees que es relevante que la narración suceda en una calle y no en otra, deberás "pintar" esa calle para todos los lectores, también para los que no conocen Madrid.
Por ejemplo, esas calles donde los orines resecos forman cuadros impresionistas en la acera, justo debajo de los escaparates de nuevas boutiques de ropa vintage que seguramente fracasarán y el local será traspasado a otro joven diseñador. ¿Tú imaginas a qué zonas me refiero más o menos? Pues el lector no lo sabe pero se imagina el decorado.
2) Y otra cosa te digo. Si quieres evocar una narrativa ambigüa donde el realismo se confunda con lo onírico y el lector no sepa muy bien en qué terreno pisa, no tiene mucho sentido los nombres propios y menos los nombres de calles. Los sueños se representan en arquetipos universales, si eres tan detallado en dar nombres, no se justifica que sea un sueño. ¿Tú sueñas esa precisión geográfica? Porque yo no. En mis sueños estoy en lugares que no salen en los mapas aunque me recuerdan, a veces, a puntos muy concretos de calles reales.
Por eso quizás mejor que hagas una descripción más genérica y fijándote en los detalles que refuercen la impresión emocional que quieres dar al lector, cosa muy importante en un sueño; y en esa bruma de angustia y culpabilidad, que creo que has tratado de representar en tu cuento. Así no tienes que explicar cómo te sientes, lo que odias o qué opinión nos tienen que merecer las cosas que vemos. Deja que el lector crea que decide eso, aunque tú lo manipules para que llegue a la conclusión que tú deseas.
Podríamos comentar muchas cosas con este cuento pero quiero centrarme en la "geografía" de un sueño. Me he divertido mucho recorriendo las calles y las discotecas a través de tus ojos y tus pies. Saludos cordiales y no te preocupes tanto por los "ex"
Son curiosos los tucos que nos hacen los sueños y son, sin duda, una fuente de inspiración.
Espero leer más escritos tuyos.
Saludos