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La niña preciosa de mamá.

RopavejeroRopavejero Anónimo s.XI
editado agosto 2013 en Narrativa
-¡Te verás preciosa hija mía!- dijo mi madre al verme en el vano de la puerta de madera vieja.
La sombra que se proyectaba delante de mi era una transfiguración macabra de una obra de Botero, sus caderas anchas asfixiaban siempre su entorno, el sudor que de su piel albina emanaba despedía un vaho nauseabundo.
– ¡Este vestido se te verá divino!- volvió a decir mi madre; escupía saliva al hablar, sus mejillas llenas de pecas y su papada amplia y grasosa se movían vulgarmente como una gelatina.
Con mirada ambiciosa, sin dejar de examinar mi figura lánguida, sacó detrás de sí un frondoso vestido azul cielo, alborotando consigo un poco de polvo, mismo que se escondía entre los encajes blancos, y otros adornos de las mismas tonalidades.
Luego, antes de que diese un respiro, tomó mis brazos brutalmente, me miró con sus ojos igualmente azules y dijo:
-Mi niña preciosa, tan pero tan menuda…- haciendo gestos forzados, como si estuviese enternecida.
Entonces me hizo probarme aquella horrida prenda, del mismo color sucio que sus ojos lucían.
Comenzó pues el juego de muñecas; arregló algunos encajes y dobladillos, examinó algunas costuras defectuosas, mismas que remendó sin dejar de balbucear lo excitada que estaba por aquella empresa estilística. Luego de un agitado trabajo de costura, y sin darme un solo aliento para bramar mi tristeza; desenfundó todo su armamento de cosméticos baratos, sin dejar de vociferar lo bonita que lucía su niña tan menuda.
Acto seguido; labios pintados, delineador, un poco de rubor y listo, los mórbidos deseos de aquella mujer de caderas anchas, que por madre me asignó el destino, se habían cumplido. Su capricho extravagante.
-¡No hay niña más hermosa que mi hija!- agregó al contexto.
Observó mi cuerpo, sin dejar pasar un solo detalle de toda mi anatomía flacucha. Una sonrisa, entre lúgubre y líbida, se apoderó de su rostro, mientras su papada le colgaba y su cabello castaño turbio caía sobre sus hombros.
–Ahora… sólo hace falta cortártelo- dijo en un tono frívolo, para luego agregar a su burdo discurso un guiño inicuo.
Palidecí al volver a escuchar tan macabra frase, rica de toda connotación fatal, pues es sorprendente como un conjunto tan simple de palabras pueden causar una fobia tal, con una interpretación tan superficial.
Escapé entonces de estas ominosas palabras, mientras mi madre repetía mecánicamente:
-¿A dónde vas preciosa hija? ¡Eres la niña preciosa de mamá!
Al llegar a mi habitación, escapando de mis temores, atasqué firmemente la entrada de mi habitación con una escoba. La puerta estaba tapizada con corazones, estrellas y pegatinas rosadas con figuras de moda entre las niñas.
El rímel comenzó a caer por mis mejillas, la voz de mi madre dejó de escucharse luego, entonces desfallecí sobre un lúgubre rincón a llorar intensamente, por motivos que quizá puedan ustedes comprender.
Al paso de unos minutos (ya que todos mis dolores se habían dispersado) me levanté de aquel vago rincón, mismo que me servía de guarida contra horrores propios.
Paulatinamente, y a un ritmo de matiz lento y suave, me desnudé por completo, despojándome del yugo de aquel vestido azul, y al mismo tiempo, de la mirada y los deseos mórbidos de mi madre, representados por aquella prenda tan fastuosa.
Con los ojos bien cerrados, me despojé por completo del vestido azul cielo; sentí lo suave de la seda de aquella prenda, que recorría erótica mi piel, siguiendo el paso de la gélida sensación del aire rosando directamente mi tez. Una inocente inquietud embriagaba mis sentidos, misma que a esa edad no pude comprender. Suspiré, abrí lentamente los párpados, hasta que al fin pude admirar el espejo que se encontraba frente a mí:
Aquel espejo, sincero por cruel naturaleza, reflejaba una escuálida figura sin senos, de pelo castaño, el rostro aun maquillado vulgarmente, el rímel formaba un canal negro debido a las lágrimas, los magros huesos cubiertos por una sauria piel blanca, la mirada vidriosa, y debajo de aquella anatomía, un pene.
Si, seguía siendo un varón, la niña preciosa de mamá.

Junk-man

Comentarios

  • RopavejeroRopavejero Anónimo s.XI
    editado julio 2013
    Agradecería un comentario
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2013
    ¡Hola ropavejero!, con tu permiso te dejo mi opinión sobre tu cuento.

    Por supuesto, no me esperaba el final.

    Gran contrapunto de la dulzura asfixiante de la madre con la acidez que viertes al describirla. Parece que veo a la madre botero desplegando el vestido color cielo, y me encanta el contraste de las frases cursis, adjetivizadas, sutiles…y las tremendas afirmaciones sobre el físico de la madre botero.

    ¡Qué buena todas y cada una de las frases! Rebosan ingenio y mala leche ja!

    Por hacerte una pequeña crítica, y por el bien de tu texto que es muy bueno, limpiaría casi todas las terminaciones en ente fíjate, que hay demasiadas ( para mi gusto), y son: Vulgarmente , extravagante, brutalmente, igualmente, soprendente, mecánicamente, firmemente, intensamente, paulatinamente

    Lívida es con uve, ( que buenas arfirmaciones entre lóbrega y lívida…dan ganas de pronunciar esas eles tan esdrújulas.

    Hórrida acentuado

    Nos haces que pillemos antipatía a la madre ,tan almibarada ella, de Gestos forzados, como si estuviera enternecida.

    Hay frases impagables:Desenfundó todo su armamento de cosméticos baratos, y algunas trabajadas hasta el preciosismo, forzadas y retorcidas ( le va genial este recurso estilístico para parodiar a la madre…en otro tipo de contexto serían frases excesivas, pero no en este, que encajan genial…por ejemplo agregar a su burdo discurso un guiño inicuo ( obligas al pronunciarla a mantener la boca en u y o, una boquita de piñón).

    Buen léxico, vocabulario amplio, manejo de la situación y del escenario, con sorpresa y trabuco final.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado julio 2013
    Hola, bienvenido:):p:D
    Con la minuciosa opinión de Suina que me encanta como lo hace, debes haber quedado satisfecho, a mi también me gustó y se siente lo que narras:)
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado julio 2013
    Como Suina ha hecho un exaustivo examen sobre el relato y estando no más que de acuerdo con ella, ahora te digo que el relato me ha gustado sobremanera.
    Al empezar a leerlo, me vino a la mente una madre en concreto, la de Nina de la pelicula El cisne negro;madre agobiantes donde las haya, que no dejaba que su niña creciera, teniendola dentro de un pastel color de rosa.
    Pero después todo cambió a medida que iba terminando de leerlo y me vino a la mente otra pelicula, El color de la noche, el chico en realidad era una chica, pero como su padre siempre quiso tener un hijo, "disfrazó" su identidad, hasta volverla loca de remate, dando lugar a varias personalidades (alter egos).
    Dá para mucho este relato tuyo, que lo has hecho sin amgo alguno, con sencillez y frases para nada rebuscadas, dando enfasis a la madre y dejando para último lugar, la hija/hijo, descubriendo ese sufrimiento que padecen, muchos niños.Excelente el relato.Un saludo desde sur.
  • RopavejeroRopavejero Anónimo s.XI
    editado julio 2013
    En verdad me es de mucha ayuda, gracias.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado julio 2013
    Después del análisis esmerado de Suina, no tengo nada que añadir, excepto que haces un excelente retrato de esas madres absorbentes y vulgares.Madres de cualquier época, pues son casos clínicos.Madres que dan fe del dicho popular: "Hay amores que matan".

    Saludos.
  • KarlRossmanKarlRossman Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado julio 2013
    ¿Eres aljabibe como uno de nuestros grandes poetas del siglo XV cuyo nombre no me viene a la mente?

    La narrativa es bastante buena, ornamentada, algo dificil, pero para las personas inteligentes en el gusto está la dificultad.
  • EdetanoEdetano Anónimo s.XI
    editado agosto 2013
    Hola Ropavejero.

    En primer lugar he de decir que me gusta el argumento de cuento. Tanto el tema en si como su desarrollo que hace que este no se conozca realmente hasta que no se lee el final.

    Pero hay algo que me rechina. ¿Estás seguro que un chaval, al que se le supone bastante joven, conoce la obra de Botero? ¿Emplearía expresiones como "lánguida" "horrida" "empresa estilística" o "lúgubre y líbida", entre otras? En boca de un narrador, o de un personaje al que se le supongan, el uso de expresiones cultas, o poco frecuentes, puede embellecer un texto, darle una textura diferente -- siempre que no se abuse de ellas -- pero en boca de un niño en mi opinión el lugar de mejorar el texto lo deslucen.

    Saludos
    Javier
  • RopavejeroRopavejero Anónimo s.XI
    editado agosto 2013
    ¿Y si realmente fuera de mano de un niño?
  • ENEASENEAS Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2013
    Hola, Ropavejero. Me gustó tu Niña Preciosa.
    Por cierto, a pesar de todo, a mí me sigue pareciendo una Niña Preciosa.
    Un Saludo. Y hasta pronto.
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