¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

El dios ignorado

EPyePEPyeP Pedro Abad s.XII
editado enero 2014 en Taller de Prosa
Sobre un trono, enorme para su tamaño, se encontraba el dios. Y lamentó pensar que ni siquiera había merecido una mayúscula. Su aspecto, al nivel en que los dioses puedan tenerlo, era el de un hombre inmenso ocupando un lugar muy pequeño. Tenía perspectiva. Y había logrado convertir la obesidad en una ciencia exacta, con dimensiones expansivas que le ennoblecían y sacralizaban, cubiertas por una simple toga blanca, que se veía en serias dificultades para caer formando pliegues, pero que, sobre él, parecía suntuosa como el armiño. Y, por alguna razón, muchísimo más grande.

No se movía nada a su alrededor, que junto a él parecía un concepto bien dudoso, y él mismo estaba siempre inmóvil. Pero pensaba. Y, ante todo, añoraba lo que nunca había tenido pero, por una desgracia divina, sabía que existía.

No era un dios admirado, no tenía creyentes ni, mucho menos, orantes pero eso no era lo peor. Lo peor es que, sencillamente, nadie conocía su existencia. Era un dios importante, por supuesto, incluso trascendente, como probaba el triste hecho de que era la única divinidad capaz de sobrevivir sola. Gracias a él existía todo, él había estado antes y siempre, él era. Pero eso sólo hacía más desesperante la injusticia que sufría, sin nada ni nadie a quien apelar. Pero no tenía mitos, no tenía credo, ni templos, ni nombres místicos, no tenía nada, él, que lo era todo. Junto con su hermano, claro. Al pensar en él, los ojos oscuros y serenos parecieron reflejar un quiebro en la monotonía de sus ideas.

No le odiaba, lo que hubiera sido muy divino. No, él era demasiado viejo para ello. No le odiaba, pero era consciente de lo injusto que era que él, su hermano menor, o eso debía serlo pues ambos eran absolutos e increados, no podría jamás haber existido sin él. Había llegado tarde, un millar de universos demasiado tarde, aunque, por supuesto, hasta que no llegó nadie pudo notarlo. No había quien y, aunque lo hubiera, no sabría que era “tarde”. En el fondo, debajo de toda aquella justicia insatisfecha, posiblemente le envidiase. Su hermano era recordado, era venerado y, ante todo, él había vivido.

Él, sin embargo, no había hecho nada de aquello, nada más que quedarse allí, en ese trono absoluto que, realmente, ni siquiera podía existir. No había devorado a sus hijos, ni había bajado a algún mundo perdido de su mano para, disfrazado de animal, procrear con alguna bella muchacha. Ni siquiera sabía si podía hacerlo. No tenía hijos, ni padre, ni parentesco ninguno, no había luchado contra los gigantes, nacido del cerebro de un dios mayor, ni desterrado demonios, ni donar a los vivientes la capacidad de escribir, de volar o de comunicarse mediante feromonas. No mandaba sobre los mares mudables, las altas montañas o el vital metano. No sabía si podía hacer algo de eso, cualquiera de esas cosas que hacían los nuevos.

En el fondo, y podía llegar a tener un fondo verdaderamente profundo, sospechaba que su problema, su verdadero problema, era que hacía bien su trabajo. Hacía bien su trabajo, de forma eficaz y discreta, así que nadie le necesitaba. Era una clave de bóveda. Nadie eleva oraciones a una clave de bóveda. No, de nada servía engañarse, hasta las claves de bóveda tenían a alguien que creía en ellas, algún individuo sombrío y nervioso que siempre miraba al cielo, o lo que tuviera sobre lo que tuviera por cabeza, antes de salir de donde quiera que viviese.

Quizás ese debiera ser su orgullo, su verdadero poder, toda su fuerza. Era importante, era trascendental, y actuaba como debía hacerlo y, gracias a ello, allí había algo. Había un allí. No, era absurdo. Sólo una especie inteligente… consciente, más bien, había encontrado verdadera satisfacción en el trabajo altruista, y había sido la única especie capaz de extinguirse cinco veces por rebelarse contra la gravedad.

No, él simplemente era. En eso consistía su labor, en ser, para que lo demás pudiera seguir siendo. Realmente, era su hermano el que permitía que todo dejase de ser. Pero, aún así, nada de todo ello sería posible sin él, señor de mil mundos y, por ello aunque de forma indirecta, de mil Paraísos y Submundos.

No obstante, siguió transmitiendo el rostro impasible, desde el otro lado de la barba corta, negra, espesa y ficticia, no olvidaría a su hermano. De fama y renombre, deseado y temido, Tiempo. Con su imagen en la mente absoluta, Espacio casi llegó a suspirar.


Para más información y nuevas historias:

www.elpentagonoyelpentagrama.wordpress.com

www.elpentagonoyelpentagrama.com

http://www.facebook.com/pages/El-Pent%C3%A1gono-y-el-Pentagrama/129323273858745

https://twitter.com/EPyeP

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado abril 2013
    Por eso es ya no nos habla como antes, todos lo ignoramos hasta con D mayúscula:)
  • torrejuelastorrejuelas Juan Boscán s.XVI
    editado julio 2013
    ".... sospechaba que su problema, su verdadero problema, era que hacía bien su trabajo. Hacía bien su trabajo, de forma eficaz y discreta, así que nadie le necesitaba..... "

    Creo que esto hace perfecta referencia a los pocos empleados públicos que hacen su trabajo como debe hacerse. A esos nadie los "pesca ni pal tandeo", para ellos no hay horas extras, ni invitaciones de ningún tipo, ni recomendaciones y todo porque hacen bien su trabajo. Ellos siempre tiene tiempo, ellos siempre quedan más tarde, ellos siempre son los elegidos para ese trabajo y obvio, para eso otro. Son tan eficiente que ni siquiera hay que mandarlos. Los demás no los ven y como no los ven no existen... son obviamente perfectos.
    FELICITACIONES ES UN BUEN TRABAJO. SALUDOS.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2013
    El dios ignorado

    Primero darte las gracias por este soberbio texto no sé si denominarlo bofetada teológica. Es una genialidad, eso me parece. Genuino, original, no solo de ideas sino de imágenes teócratas, un Dios gobernador y sacralizado de obesas dimensiones. Un Dios grande teatralizado, que no un Gran Dios.
    La puesta en escena divina.
    Un Dios sin acólitos pierde su esencia, y más bien parece una parodia lo que has escrito, un Dios invertido, un Dios sin sentido, Un Dios desconocido salvo para sí mismo, un Dios que se regurgita a sí mismo.
    Como el texto está escrito de manera libre, se pueden extraer conclusiones múltiples, seguro tu has puesto otra intencionalidad ajena a la traducción que hago.
    Me pierdo un poco en la parte del hermano menor, ( claro que el catolicismo también juega con la trilogía divina, padre-hijo-espíritu santo).
    Y ya la ironía elevado a su máximo potencial cuando afirmas que él sospecha que su verdadero problema era que hacía bien su trabajo.
    ¿Clave de bóveda? Me gustaría saber que quisiste decir cuando afirmas esto…la imagen instantánea que me viene a la cabeza son las oraciones que se elevan hasta la bóveda ¿Has escuchado rezos, cantos en los templos y como reverberan por los muros hasta los techos?. Eso es lo que me viene a la memoria.
    Por lo demás, es un dislate ( en el mejor de los sentidos), digno de Antonin Artaud, quien seguro sabría sacarle jugo a este teorema teosófico.
    Seguro que lo he entendido todo al revés, pero no importa, me lo has hecho pasar genial con esta lectura. ( será que soy de lecturas atípicas y oscuras)...o a l omejor todo es mucho más sencillo, y como apunta Torrejuelas es una parodia sobre los funcionarios inactivos , qu ehaberlos haylos. :D
  • EPyePEPyeP Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2013
    Vaya, una acogida fantástica. Muchísimas gracias, ante todo. Y vayamos por partes.

    No me atrevería a decir que mi texto es una parodia del funcionariado, pero quizás sí podríamos decir que el funcionariado es metáfora de este texto.

    El dios ignorado es un ser grande, trascendente y esencial, pero que no recibe oraciones ni sacrificios. ¿Por qué? Porque siempre está ahí, nunca falla, no necesita que los fieles le supliquen, no necesita fieles ni siquiera. Es perfecto, hace su trabajo, sostiene el Universo, sin mezclarse en asuntos humanos. Es el Espacio, tan distinto de su hermano pequeño, el Tiempo, tan mitificado por los mortales, y de otros grandes dioses, diosecillos que no podrían existir sin él. Pero que se presentan orgullosos, magníficos, porque la fe ds los hombres les crea, les alimenta y les alza sobre el resto. Pero nadie le reza al suelo que pisa.
  • evilaroevilaro Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Me parecen muy interesantes estos dos dioses
    y sí, parece que el tiempo es mucho mas importante que el espacio....


    Felicidades, me ha gustado

    Emilio
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com