La historia de un amor prohibido. Maktub.
Marruecos, año 1828. La princesa Latifah Nizzar era hija del sultán árabe Ibrahim Nizzar, que era déspota y tirano, y la había prometido contra su voluntad con el primer Ministro Shalim Ahmed. La princesa Latifah desafió las normas de su padre enamorándose de un extranjero llamado Alexander Robert quién también se enamoró de ella. Un amor profundo y sincero para ellos, pero prohibido y pecaminoso para la sociedad en la que vivían. La princesa Latifah había deshonrado a su familia entregándole su corazón a un extranjero, y su amado había firmado su condena de muerte el mismo instante en el que había puesto sus ojos en ella.
Los dos enamorados decidieron huir del país para vivir su amor en libertad, pero el sultán Ibrahim los mandó buscar. Cuando sus vasallos los encontraron escondidos en el bosque, el sultán les dio una última y drástica orden: Matarlos a los dos y enterrarlos en lo más profundo del bosque, y sus órdenes fueron cumplidas.
Tiempo después, el sultán Ibrahim, acosado por terribles pesadillas y arrepentido de su abominable crimen fue al bosque a desenterrar a la princesa Latifah y a Alexander Robert para darles una sepultura digna, pero nunca los encontró, en su lugar sólo halló una joya misteriosa de un valor incalculable: Un corazón de rubíes entrelazado con hojas de esmeralda. Era el corazón de la princesa Latifah poseído eternamente por el amor de Alexander Robert. Un hermoso amor con un trágico final. Y cuentan desde entonces que el verdadero amor nunca muere, si no que renace como el ave fénix de sus cenizas.
La historia se convirtió en un misterio que jamás nadie pudo resolver, después se convirtió en una leyenda, y la joya, que fue bautizada como el "Corazón de Latifah" fue pasando a toda de la familia Nizzar de padres a hijas, durante generaciones. La joya poseía las almas de la princesa Latifah y Alexander Robert esperando que llegara el momento de renacer y de que el destino les volviera a unir. Y la historia volvió a repetirse, casi dos siglos después...
Marruecos, año 2008. Jason Sullivan era un soldado profesional que acababa de llegar para cumplir su destino militar de un año. Apenas tenía veintiocho años, era valiente, leal y carismático.
El jeque árabe y fiel musulmán, Abdul Nizzar, casado con cuatro esposas y padre de nueve hijos, siete de ellos varones, era un hombre machista, severo y religioso, de fuerte carácter, que planeaba acordar el conveniente matrimonio de la mayor de sus dos hijas, con el hijo del Ministro de Justicia, Ismael Rashid. Abdul no conocía realmente a ninguna de sus cuatro esposas ni tampoco a sus hijas, tan sólo le importaba sus hijos varones.
Sherezade Nizzar era una joven estudiante, inteligente y risueña, que soñaba con superarse por sus propios méritos, y pensaba que el día que se casara sólo lo haría por amor. Vivía completamente ajena a los planes de su padre, e ignoraba que ya él había otorgado su mano en matrimonio a Ismael Rashid, un hombre al que ni siquiera conocía.
Acababa de cumplir los dieciocho y en el día de su cumpleaños su padre le había entregado el "Corazón de Latifah", la joya de la familia, que ella custodiaría sólo hasta que el primero de sus hermanos varones contrajera matrimonio. A partir de entonces él sería su nuevo propietario, así hasta la siguiente generación Nizzar. Sherezade, maravillada, admiraba a cada rato la cautivadora belleza de la joya, pero lo que más le atraía era el misterio, la leyenda, y el secreto de amor que guardaba en su fondo, aunque dijeran de ella que también guardaba una maldición...
Una tarde Sherezade, quedó en verse con sus compañeras de clase en el centro comercial. La acompañó su chofer, Adil, y su prima mayor Alia, que vivía en su casa desde que quedó huérfana, y su tío Abdul, se responsabilizó de ella. Alia era voluntariosa y poseía una envidia insaciable hacia hacía su prima. Sherezade vestía ropa europea y sencilla, y un velo en forma de fular cubría parte de su cabeza y su cuello. Su padre le obligaba a llevarlo desde los catorce años, y tenía miedo de que pronto le obligara a vestir ropa mucho más religiosa, tapada de pies a cabeza así como le había hecho a Alia.
En las escaleras mecánicas del centro comercial, Sherezade tropezó con alguien, un joven muy apuesto. Fue entonces cuando conoció a su destino, el destino del que jamás podría escapar, porque fue escrito mucho antes de que ella naciera. Aquel desconocido era su pasado, su presente... y su futuro.
Él quedó sorprendido por la belleza de la joven, a pesar del tenue velo que la cubría.
Sherezade sintió una atracción inevitable hacía él, tal vez porque sabía que era un hombre prohibido para ella. Era como si todo lo secreto, desconocido y prohibido le atrajera. Él se disculpó por el tropiezo y le preguntó si hablaba su idioma, muy lejos estaba de imaginar que ella pertenecía a la realeza. "Sherezade... Me llamo Sherezade, y si, si hablo tu idioma, he estudiado inglés." "Hola Sherezade -comentó él amistosamente-, yo soy Jason. Por cierto, tienes un nombre precioso." Sherezade le sonrió... y se fue.
Su destino se llamaba Jason Sullivan, tenía la mirada dulce y la sonrisa tierna, el cabello miel y los ojos oceánicos, y albergaba un corazón intrépido y honesto.
Sherezade volteó varias veces la vista hacía atrás para volverlo a ver y se encontró con que él hacía justo lo mismo.
La chica de sus sueños se llamaba Sherezade, pertenecía a una cultura y a una religión diferente a la suya, y desconocida para él. Tenía los ojos grandes y marrones, la piel marfileña, la sonrisa traviesa, guardaba un alma rebelde y romántica, un cabello castaño y abundante, que le llegaba hasta la cintura, tan largo como el de una sirena...
Las amigas de Sherezade, pasaron toda la tarde de compras en el centro comercial, pero Sherezade parecía estar ausente. Ella sólo las acompañaba pero no se enteraba de su conversación, aunque tampoco le importaba mucho. Alguien inesperado se había colado en su mente y sólo tenía pensamientos para él. Y es que no podía dejar de pensar en él, aunque supiera que nunca más se lo volvería a encontrar.
Jason tampoco podía quitarse de la mente la sonrisa traviesa y a la vez inocente de Sherezade. Nunca había conocido a una chica como ella, y le inquietaba, y le llenaba de interrogantes y misterios. Lo comentó con su compañero Kevin, pero este sólo se rió irónicamente. Kevin le aconsejó pasar el tiempo que tenía destinado allí, con ella o cualquier otra chica similar, y divertirse, hasta que finalizara su destino. Aunque eso si, le advirtió que tuviera cuidado con las chicas de sociedad y con que se enteraran sus familias ya que le podría costar muy caro. Pero Jason pensaba muy diferente a Kevin. Él no se divertía con las chicas, no jugaba con los sentimientos de nadie... Si él estaba con una mujer, sería sólo por amor, y si hubiera obstáculos, lucharía contra todo.
En los días que siguieron cada vez que Sherezade salía de casa, sentía la absurda y loca esperanza de volver a ver a Jason. Una tarde Sherezade fue con sus amigas a la casa de Rania Alkhalifa, una compañera de clase que celebraba su cumpleaños. Rania y su familia tenían fama de ser modernos, tanto así que Rania había invitado a su fiesta a una amiga extranjera, Melissa y esta había invitado a su vez a su amigo Kevin que también se llevó, aunque casi a la fuerza a otro amigo. Sherezade entabló una conversación con Melissa, augurio de una buena amistad y se percató de que el amigo que Kevin se había llevado era Jason. Se aislaron de la fiesta y empezaron a hablar, Sherezade tenía tanto que preguntarle... Aunque estaban rodeados de personas, ellos sentían que estaban solos. Fue allí donde empezaron a conocerse un poco más, a intercambiar miradas cómplices y sonrisas especiales... Pero aquello sólo era el principio de algo que escandalizaría a todo un país.
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Alía fingía ser una mujer religiosa durante el día pero por la noche se escapaba de casa de su tío Abdul para bailar en un club nocturno llamado "Mil y una noches". Allí, Alía bailaba la danza de los siete velos a rostro descubierto y con escasa vestimenta. Era su forma de conseguir y ahorrar dinero para poder irse de casa de su tío y escapar de la vida a la que Abdul la tenía sometida.
Una noche Kevin convenció a Jason de que le acompañara al "Mil y una noches". Jason accedió con la condición de que encubriera su relación con Sherezade ante sus superiores. Llegaron al club justo cuando comenzaba la actuación más esperada por el público, la de Yasmin. Yasmín era una mujer seductora que bailaba encandilando a todos los hombres. Jason tenía la sensación de conocerla.
Yasmín vio a Jason, pero siguió bailando, despreocupada, ya que no imaginaba que la pudiera reconocer. Kevin parecía hipnotizado por ella, pero Yasmín le ignoraba, pues sólo tenía ojos para Jason. Cuando ella se le acercó con sus movimientos sensuales y clavó sus ojos sombríos y maliciosos en los suyos, Jason la reconoció, era Alía, pero calló. A la mañana siguiente, Alía le contó a Sherezade que Jason acudía todas las noches a un club nocturno donde se veía con chicas. Le dijo que se había enterado en el mercado y que el chisme corría por todo el lugar. Sherezade la creyó y decidió no verle nunca más. Jason, ante la ausencia de noticias de Sherezade, la cual ni siquiera le contestaba las llamadas, la buscó a la salida de clase. Intentó hablar con ella, pero Sherezade le reprochó lo que le dijo Alía. Jason le contó su verdad. También le contó lo que hacía Alia todas las noches en las "Mil y una noches".
Aquella madrugada Jason acudió solo al club, pero sólo lo hizo para enfrentar a Yasmín en plena actuación y desenmascararla diciéndole que ya sabía que ella era Alia, y que si seguía interponiéndose entre él y Sherezade, o si revelaba el secreto de su relación a alguien, él también revelaría que Alia Nizzar se convertía en la bailarina Yasmin todas las noches. Secreto por secreto. Escándalo por escándalo. Pero Alia no se dio por vencida y le aconsejó que investigara el apellido Nizzar si quería conocer realmente a Sherezade. Jason fingió ignorarla, pero después, a solas, buscó en Internet y encontró toda la información sobre la familia Nizzar, su leyenda y su maldición, el origen del "Corazón de Latifah" y el romance de Alexander Robert y la princesa Latifah, el antepasado de Sherezade. Quedó asombrado ante toda aquella información pero la gota que colmó el vaso de su asombro fue que el segundo apellido del enamorado de la princesa Latifah coincidía con su primer apellido, y es que Alexander Robert se apellidaba Carter Sullivan. También leyó sobre Abdul Nizzar, el padre de Sherezade, un jeque multimillonario pero también con fama de peligroso. Sin embargo Jason no tuvo miedo y continuó viendo a Sherezade. Sabían que se estaban arriesgando demasiado, pero ya no podían vivir sin verse. Kevin le advertía a Jason de lo que podría ocurrirle si continuaba viéndola, pero ya era demasiado tarde para advertencias, consejos o reclamos, porque él ya se había enamorado de Sherezade.
Abdul organizó en su casa una reunión familiar para comunicar con orgullo, y para sorpresa y desconcierto de Sherezade, el compromiso de su hija con Ismael Rashid. Ella, indignada se reveló contra su padre. Jamás se casaría con Ismael ni con ningún otro hombre al que ella no amara. Pero Abdul, temperamental y decidido, zanjó la discusión comunicándole que la boda sería en seis meses. Sherezade pidió ayuda a sus hermanos, pero todos estaban de acuerdo con su padre, luego recurrió a su madre, pero ella estaba sometida a su marido, y no tenía ni voz ni voto en la familia. Le contó que su padre acordó su matrimonio con el padre de Abdul, y que se casó con él sin conocerlo, pero que después acabó amándole. "¿Y él te ama a ti, mamá?" le preguntó Sherezade. Su madre, permaneció en el más absoluto silencio.
Sherezade buscó a Jason para contarle de su compromiso forzoso, sin saber que unos periodistas la estaban siguiendo, alertados por el rumor de su boda con Ismael, y queriendo comprobar esta noticia descubrieron algo mucho más grave.
En un parque, escondidos tras unos árboles, Jason le prometió a Sherezade que no dejaría que nadie les separara. Después la besó. Era un beso fugitivo y secreto, pero cálido y genuino.
A la mañana siguiente una sola noticia protagonizó las portadas de los periódicos de todo el país, escandalizó a la sociedad musulmana, y se convirtió en la burla y la vergüenza de la familia Nizzar. La foto del beso entre Sherezade y Jason había sido publicada con ensañamiento. Abdul estalló en cólera y encerró a Sherezade en su habitación bajo llave. Le quitó el teléfono y cualquier otro modo de comunicación con el exterior. Le prohibió salir de la habitación ni siquiera para ir a clase y le dijo que lamentaría su romance con aquel extranjero. Así pasaron los días. La doncella le llevaba comida a la habitación y luego volvía a cerrar la puerta bajo llave y Sherezade se quedaba sola, llorando en silencio y en la oscuridad. Nadie iba a verla. Era como si todos se hubieran olvidado de ella. Alia a veces pasaba por la habitación y tras la puerta, se reía de su prima con una carcajada macabra. A Dina le habían prohibido ver a su hermana, pero a escondidas, solía cruzar con Sherezade algunas palabras o pasarle bajo la puerta alguna que otra nota.
Ismael al principio, fingió romper su compromiso con Sherezade, pero después aseguró perdonarla y estar dispuesto a seguir con sus planes de boda, ya que si él no lo hacía, ya ningún otro hombre querría casarse con ella. En realidad, lo único que motivaba a Ismael era la fortuna de los Nizzar, ya que su familia estaba arruinada y vivía de las apariencias.
Jason, preocupado al ver que Sherezade no salía de casa, buscó a Alia en las "Mil y una noches" como última opción para saber de Sherezade. "No pierdas más tu tiempo -le dijo Alía-. Está encerrada y custodiada por mi tío. En poco tiempo se casará. No sé que les veis todos... Tú, Ismael... ¿Se puede saber que le veis?" Esa misma noche, cuando Jason se dirigía a la base, en la puerta le sorprendieron seis encapuchados que tenían órdenes de apalearlo. Jason recibió una brutal paliza que le llevó a ser hospitalizado. Estaba casi seguro que había sido obra de Abdul Nizzar, y no se equivocaba. Pero como acusar a un hombre tan poderoso. Mientras su estancia en el hospital, Alía no dejó de visitarle. Aún guardaba las esperanzas de poderle conquistar. "¿Por qué te fijaste en mi prima? -le reprochó Alía- ¿Por qué no me puedes querer a mi? Conmigo no tendrías problemas..." Pero Jason ya había entregado su corazón a Sherezade... y era para siempre.
El tiempo continuó pasando. Sherezade continuaba encerrada en su cuarto, pensaba que lo más probable era que Jason ya la hubiera olvidado, que pronto finalizaría su destino y que volvería a su país. Jason se recuperó de sus lesiones y salió del hospital, dispuesto a recuperar a Sherezade, aunque Kevin le insistiera que se había vuelto loco. Buscó a Dina a la salida de su escuela, ya que ella era su única aliada. Jason le entregó un teléfono móvil para que se lo hiciera llegar a su hermana y poder contactar con ella. Dina se tuvo que arriesgar mucho para hacer llegar el teléfono a Sherezade, pero al final decidió esconderlo entre la comida que la doncella le llevaba a su habitación. Desde este momento Jason y Sherezade pasaron todas las noches hablando por teléfono, mientras los demás dormían. Aquel fue su único consuelo. Sherezade pasaba los días esperando a que anocheciera para poder volver a oír la voz de Jason, y a él no le importaba trasnochar y acudir medio dormido a su trabajo, si con ello podía hablar con Sherezade, cerrar los ojos y mientras oía su voz, imaginar que estaba a su lado, susurrándole al oído.
Se acercaba la boda de Sherezade con Ismael, y también el final del destino de Jason en Marruecos, y ambos estaban desesperados. Jason le propuso a Sherezade escapar juntos el mismo día de la boda, ya que sólo ese día la dejarían salir de la habitación.
Aquel día amaneció muy temprano. Las doncellas le trajeron a Sherezade su vestido de novia, le prepararon el baño, el maquillaje... Sherezade odiaba aquel vestido, porque simbolizaba una boda obligada, un matrimonio de conveniencia, una vida sin amor, llena de amargura y frustración. Aunque era el vestido más hermoso que hubiera visto jamás, deseaba destrozarlo con sus propias manos, pero debía disimular sus nervios y no delatar sus planes de fuga.
Cuando las doncellas acabaron de arreglar a Sherezade y alabaron su belleza, ella les pidió como último favor que la dejaran sola un momento para meditar. La puerta quedó cerrada sin llave y Sherezade lo más rápido que pudo, se deshizo de su vestido de novia para disfrazarse de doncella, vestimenta que días atrás le había facilitado Dina y había escondido debajo de la cama. Allí también escondía una mochila con unas pocas pertenencias que preparó el día que decidió escapar. Le dolía dejar su familia, su hogar, su país... Le dolía dejar a Dina, pero no tenía opción. Era eso o atarse en matrimonio a Ismael y vivir esclavizada a él por el resto de su vida, amando en secreto a Jason. Huiría a un lugar donde su amor no fuera un pecado, ni un delito, ni algo prohibido de lo que tuviera que avergonzarse. Un lugar donde pudiera abrir su corazón en libertad.
Sherezade, vestida de doncella y cubierta por un velo, salió de la casa sin ser vista. Todos andaban demasiado ocupados con los últimos detalles del enlace. Para cuando las doncellas la fueron a buscar a la habitación ella ya estaba muy lejos de la casa. Ismael se quedó plantado, y se convirtió de la burla de todos los hombres y en el rechazo de todas las mujeres. Abdul, crispado de ira maldijo a Jason y a Sherezade. Ordenó a sus mejores hombres buscar a su hija y al extranjero, y a disparar si era necesario. Prefería ver a su hija muerta antes que con aquel individuo.
Sherezade volvió a cambiarse de ropa en un centro comercial. Esta vez se vistió de chico. Una sudadera y una gorra le ayudaron a pasar desapercibida. Esperó a Jason en el parque donde él le había citado. Esperó... y siguió esperando. Se retrasaba y ella tenía miedo. Temía que su historia acabara igual que la de la princesa Latifah. Temía que Jason no la amara como ella creía o que no le conociera tanto como pensaba. Recordó las sabias palabras de la costurera: "Hay tres cosas en la vida en las que no puedes confiar: el destino, la suerte y el amor, sobre todo cuando te están sonriendo."
Al fin Jason consiguió salir de la base y se apresuró a encontrarse con Sherezade. Temía que se hubiera cansado de esperarle, hubiera vuelto a casa, y la hubiera perdido para siempre. Le había costado muchos favores y demasiado poder de convencimiento lograr que su superior, el alto mando John Stone, accediera, arriesgando su puesto, a hacer un salvoconducto para Sherezade.
Ella estaba allí, esperándole, tal y como le había prometido. Nunca se cansaría de esperarle si al final él apareciera. Juntos fueron a coger el avión que les llevaría a empezar una vida mejor, aunque a Sherezade se le desgarrara el alma por desprenderse de su hogar. Pero ahora tenía a Jason, el mejor hombre que el destino le podía haber regalado, y junto a él, no tenía, ni tendría miedo nunca más.
España, año 2011. Jason acababa de llegar a su nuevo destino militar. Llevaba dos años casado con Sherezade, por la que había luchado incansablemente por hacerla su esposa, y había tenido una hija con ella, a la que llamaron Shamira, que significaba "Alegría". Su vida era plena y amaba a su esposa y a su hija por encima de todo.
Abdul jamás les encontró ni supo nada de ellos, a pesar de haber movido cielo y tierra y haber usado todas sus influencias y su dinero para buscarles. Nunca perdonó a su hija ni se dio por vencido en su búsqueda. Su alma nunca quedó en paz, y vivió siempre poseído por el odio y el rencor.
Alía obtuvo suficiente dinero ahorrado y escapó a Reino Unido a empezar una nueva vida. Sin embargo las cosas no fueron como había imaginado y allí siguió trabajando como bailarina en un night club, sólo que esta vez no tenía que esconderse ni que fingir ser otra persona durante el día. Triunfó y se convirtió en la estrella del club, pero jamás pudo olvidar a Jason ni arrancarse el despecho de su corazón, y este fue su castigo.
Ismael nunca volvió a casarse, ya que ninguna mujer quiso contraer matrimonio con él, y se quedó solo, mientras todos a su alrededor se reían recordándole que fue plantado por una mujer.
Jason y Sherezade lograron romper la maldición y cambiar su destino.
Fin.