Saludos! Soy nuevo en el foro.
He visto trabajos muy interesantes dentro del foro y sentí que era necesario, compartir algo propio con ustedes.
Sin más, les dejo un cuento corto que escribí en uno de mis ratos libres.
Espero sea de su agrado.
La capa Roja
En una plaza, en el centro de la ciudad, se alza una figura. A primera vista, parece sobresalir con orgullo, por encima de la maraña de grises y acero
que le rodean, con un encanto digno de cuento, su vista se alza hasta el firmamento, y ve pasar los soles y estaciones. Como un guardián silencioso, espera y observa. Los humanos cruzan a su alrededor, y no parecen reparar en su figura, ensimismados en sus quehaceres y ambiciones, marchando al son de los timbres y las trompetas. Día a día, cambian su atuendo, pero no sus pensamientos, su monotonía gris, contrasta con el azul del cielo. El
guardián observa, y el tiempo pasa. El azul del cielo, se va tornando gris, y las calles periódicamente se tiñen de rojo y se llenan de humo.
Los bosques desaparecen, y los cementerios crecen, las montañas son demolidas, y la basura las reemplaza.
El guardián sigue en la plaza, y con los pájaros como única compañia, observa a los hombres, ahora con atuendos coloridos.
Los edificios cambian tanto como el clima, y crecen desproporcionados, como gigantes enfermos al costado del mundo.
Su sombra, le roba el sol al guardián, lo que deja una expresion de tristeza en su rostro, pero no abandona su puesto. El eterno vigía, espera.
Pasan los inviernos, y su tez se vuelve pálida por la nieve, le dan un aspecto enfermizo. Los pájaros han huido, buscando el calor de la vida, que no encuentran en la ciudad de los hombres.
Periódicamente, los edificios arden, y sus ocupantes, gimen en la noche, oraciones a dioses sin nombre, rogando que les saquen de su miseria.
El guardián contiene las lárimas, y se afianza sobre la tierra resquebrajada. Ya no crece hierba en la plaza, y no quedan aves de suave melodía.
Las ruinas se alzan en el paisaje y dominan la lejanía. La soledad de la nieve y el viento, hacen crujir la capa roja del guardián, qué ahogado en sollozos estáde rodillas ante semejante espectáculo.
Pero, algo extraño sucede, algo rompe el hechizo de olvido de la ciudad muerta. Una mujer, o lo que queda de ella, se acerca a la plaza. Está horriblemente herida y deformada, su pelo arrancado y su esperanza destruida.
La mujer camina como un autómata, dirigiéndose a la figura del guardián, la única mancha de color entre el hollín y las cenizas. A paso medido, cae
de rodillas.
El silencio es opresivo, el mundo parece haberse congelado en el tiempo, ni siquiera la escarcha se atreve a alzar su voz. La sangre de la mujer corre entrela hierba marchita.
El cielo se puebla de nubes y estalla una tormenta.
La mujer alza su rostro, y observa al guardián...
El primer humano en muchísimo tiempo...
Su voz se alza por encima de la tormenta.
Una única palabra sale de sus labios...
"Perdón".-
El guardián rompe a llorar, ya su corazón no aguanta el dolor de las cicatrices del tiempo.
La mujer no llora, está de rodillas con las manos juntas en actitud de oración, cómo si estuviera confesando sus pecados. Sus palabras arden en el viento,
-"Se que es tarde, y que no soy digna de esto, pero pido perdón. No sólo por mí.
Por todos, por los niños, por los padres, por las familias, por todo.
Creo que soy la última que queda, y mi tiempo ya casi se termina. Las bombas y las enfermedades, destruyeron ciudades y campos.
El hambre no tardó en llegar y de a poco fuimos muriendo.
Ni siquiera recuerdo mi nombre, tan sólo recuerdo el miedo, y el dolor.
Pero quiero morir con dignidad. Quiero decirle a quién me escuche, aunque sea una maldita estatua, lo que tengo que decir."-
El mundo entero hizo silencio, expectante a oír, a la mensajera de la especie moribunda.
-"Viví como todos, pensando que nunca iba a morir, pensando que el mundo era nuestro, y que era correcto, que fueramos rapaces con el. Jamás me pregunté que debí hacer. Yo creí que todo iba bien, que nada podía ir mal. Pero estaba equivocada, la mayoría lo estabamos. Crucificamos a los que gritaban que las cosas estaban mal, porque teníamos miedo.
Cómo iban a cuestionar a los Dioses? ; a la Santa Burocracia que habla en su nombre? ;a los Ejércitos que protegen su gloria? ; a los Ricos que dignifican la Ciudad con su Lujo?
Ah, que locura ahora que lo pienso. El engaño más grande que jamás haya existido.
Una tragedia tan enorme, que si el mundo estuviese vivo, lloraría mis lágrimas y entendería mi dolor. ¡Que necios!
¡Que ciegos y que cobardes fuimos!
Eramos como adictos, esperando, viviendo de las migajas, sobreviviendo a base de mentiras, teniendo la verdad debajo de nuestras narices.
Aspirabamos a ser los ricos, los poderosos y los fuertes, jamás aspiramos a ser sabios, compasivos o felices.
Escribimos en oro las glorias de nuestra propia perdición,
y enterramos en el barro ensangrentado, las palabras de amor y de paz.
Estalló la Guerra, y engullió al mundo en una oscuridad que jamás se había visto. Decián que ganaríamos, que traeríamos la gloria al Estandarte y a la Bandera, pero tan sólo volvían ataúes y hombres tullidos. Jóvenes sin brillo en los ojos, y niños sin risas en sus juegos...
Incluso yo, rezaba a los Dioses, día a día, pidiendo la muerte de los enemigos de la Patria, ahogada en un odio ciego que no tenía pies ni cabeza...
Pasaba hambre, y me arrancaba los cabellos, maldecía al gran enemigo, al Otro, al Distinto, al Peligroso. Ahora entiendo, a que venían las risas, de nuestrosReyes, Generales, Presidentes y Pastores...
Yo era una oveja más del Rebaño del Engaño."-
Un acceso de tos interrumpió su diatriba
-"Y ahora, estoy arrepentida y muriendo. Y soy la única que queda. Así que queda en mi responsabilidad, decir las últimas palabras.
Lamento, profundamente, y lo digo con el corazón roto, lo que ha sucedido. Esta catástrofe, ha sido la extinción de la raza humana, pero no sólo eso, si no, la destrucción de todo este mundo. Lo hemos reducido a cenizas, y nos hemos enterrado en ellas. No tengo más palabras, para describir lo egoísta y estúpido que ha sido.
Nunca me puse a pensar en lo azul que es el cielo, o en lo bello que es el canto de los pájaros. Ahora, no puedo dejar de pensar en ello. Nunca disfruté de su luz o de su calor, siempre ocupada en detalles vanos de una vida que no viví realmente. Soy un monstruo, un despojo de una especie
enferma de odio inducido y pesares obligados. Ojalá la noche eterna oculte las ruinas de nuestro fracaso, para que descansemos en paz."-
La tos se hizo más fuerte, y la mujer se debilitaba a ojos vista.
-"Extraño a mis hijos, a mi familia, quiero reéir, y quiero contarles lo que ahora entiendo. Ojalá.. Ojalá.."-
La mujer, se desplomó bajo la figura la estatua de capa roja.
La estatua dejó caer una lárima.
Tomó su capa, y arropó el cuerpo de la mujer muerta. Finalmente, con los escombros que lindaban a la plaza, creó un túmulo funerario, y una inscripción.
Cuándo terminó su trabajo, volvió a su posición original, pero ahora, mirando hacia lo alto del cielo, como buscando el sol.
Y allí se quedó para siempre. Protegiendo, un túmulo funerario, y una lápida que rezaba.
"Aquí yacen, las añoranzas y los pesares, de la especie humana. A los viajeros del espacio, por favor, no perturben, su descanso final."
Comentarios
Bonito el mensaje
Muy buen trabajo, Anatoly; es una historia que te hace pensar.
Quisiera comentarte: no uses comillas junto a los guiones en los diálogos. Y no uses coma para separar el verbo y el predicado, o entre el sujeto y el verbo.
Felicidades por tu historia!!