Había tan sólo quince minutos que Kyle había entrado en el templo, pero tenía la sensación de que habían pasado horas. Tenía frío y hambre, mucha hambre. Nunca entendió por qué tenía que estar allí a la hora de la comida. Bien pensado, era una idea ridícula encerrar a decenas de personas con hambre en un lugar tan frío y siniestro durante tanto tiempo. Podrían comerse unos a otros.
Pero aquel hombre continuaba hablando, ajeno a sus pensamientos. Su madre tenía las palmas de las manos juntas, estaba arrodillada y murmuraba cosas que Kyle no pudo comprender. Todo el mundo estaba atento a las palabras de aquel barbudo, y Kyle pensó que seguramente le tenían miedo, por lo que no se atrevían a moverse. Entonces tomó la decisión. Se levantó con cuidado de no hacer ruido y se dirigió al hombre que hablaba sin parar. El enemigo cesó inmediatamente con su sermón y se quedó observando detenidamente al chico. Kyle tenía la sensación de que era como un dragón que se abalanzaría sobre él en cualquier momento. Tenía que actuar rápido. Inmediatamente cogió la vela más cercana y la alzó en el aire cual caballero haría con su espada. Notaba la tensión en el ambiente, todos esperaban grandes cosas de él. No podía defraudarles. Apretó la vela firmemente con todas sus fuerzas y comenzó la lucha.
Arremetió en el estómago del terrible monstruo y, no contento con eso, comenzó a propinarle patadas en las piernas. La batalla estaba ganada. O lo habría estado si su madre no le hubiera traicionado. Cuando se dio cuenta ya le había agarrado por la cintura y corría con él en brazos por el lago pasillo, ante las estupefactas miradas de los allí presentes. Kyle veía el mojado suelo correr bajo sus pies. Entonces, sin previo aviso, su madre le dejó en el suelo y se puso a gritarle como una loca. Pero él no la escuchaba. Sólo pensaba en aquella pobre gente que se había quedado allí encerrada, sin poder hacer nada, aterrorizada por aquel monstruoso hombre.
Comentarios
¡¡¡¡¡salid del armario del anonimato, escritores¡¡¡¡¡¡¡¡.
Un saludo.