LA niña aprendió a leer sola,a la edad de 3 años.Por más que insistía en pedir un libro, nadie la creía, nadie confiaba en su precocidad, pues hasta ahora, se había conducido como una niña corriente. Pero cuando leyó de corrido los titulares del periódico de su padre, todos recordaron de golpe anécdotas de esa "cría tan especial".
Ella pasó rápidamente por las fases de los Cuentos infantiles ilustrados, los libros juveniles de Bruguera, y los clásicos ( Stevenson, Julio Verne, Swift,...) y cunado descubrió las enciclopedias y, dentro de ellas, la sección histórica, supo que había llegado a su destino.
eía sin descanso acerca de "los antiguo", como ella los llamaba: sumerios, asirios, babilonios, cretenses, egipcios, griegos, romanos. Y nadie comprendía qué podía sentir alguien tan pequeño, tan joven,buceando en esas páginas sobre mundos fenecidos hacía siglos.
Pero ella sonreía porque se sentía más cercana a aquellas gentes que a los niños con los que jugaba por imperativo materno o que a sus compañeras de clase. Y era feliz, tan feliz, que soñaba fantásticas historias,que espeluznaban a su madre.
Una mañana, se levantó anunciando con su vocecilla infantil y las pupilas dilatadas:
-¡Mami, vienen los aqueos!
-¿quiénes dices,hija?-su madre apenas había ido al colegio, y los aqueos podían ser los nuevos vecinos tanto como un partido político de estos que brotaban como champiñones en esos tiempos tan agitados.
- Mamá, mi señora me quería mucho, aunque yo era su esclava- prosiguió la niña. Yo era un regalo que un mercader le había traído de un lugar muy lejano donde el cielo y la tierra se tocan. Yo era pequeña, frágil, de pelo negro como ala de cuervo y ojos rasgados. No me parecía a nadie de la isla. Todos eran más altos y fuertes que yo. Los cabellos de las mujeres eran rizados , los hombres hirsutos y algunos había pelirrojos.
Yo era dulce y suave de gestos y maneras y complacía a mi ama. Me encargaba de su atuendo personal y me encantaba sacar los vestidos ,perfumados con una sustancia que - decían- estaba producida por un monstruo marino. Sus joyas eran delicadas, hechas de láminas de oro batido, tan finas que vibraban al sacarlas de sus estuches. Ella me acariciaba los cabellos en agradecimiento y yo pensaba que hubiese sido bueno tener una madre.
Un día, estábamos en el jardín recogiendo flores para los adornos dela casa. Yo llevaba una túnica blanca y un sombrero de paja, con la copa abierta,por la que salían mis cabellos, recogidos en una coleta alta. La Señora me indicaba qué flores quería ese día.y de repente, se escucharon gritos de mujeres y de los hombres de la casa.Otras voces, guturales y bárbaras, se imponían a las de los nuestros. Cascos de caballos golpeaban el suelo haciéndolo vibrar en ondas rudas y crueles.
-¡vienen los aqueos!- gritaban quienes huían del terror.
Por doquier, se escuchaban imprecaciones y estertores de muerte.
Yo caí al suelo a cuatro patas y me arrastré bajo un mirto, rogando a los dioses no ser descubierta. U, de repente, las patas de un caballo estuvieron ante mis ojos. Quise fundirme con el mirto, con el suelo. quise cerrar los ojos, y no fui capaz. el hombre desmontó. Sus pantorrillas eran fuertes dentro de las grebas. Me levantó, causándome un gran dolor, del pelo. Vi sus ojos porcinos debajo de los protectores del casco adornado con dientes de jabalí. Me resistí y me hirió la piel su coraza de bronce. entonces, otro jinete, gritó algo en su idioma, levantó la lanza, me apuntó y... llegó la nada.
La madre miró boquiabierta a la niña y sólo acertó a decir:
-¡Pobre hija mía!
Comentarios
Hay veces que te gusta algo y realmente no sabes porqué.
/clap
Me reitero, me encantó
¡Esa niña- lo sé de buena tinta- tiene una imaginación muy viva!
Te dejaste llevar por el tono poético y los datos históricos y se te escapó el personaje.
Aunque quieras presentar a una niña muy imaginativa, esa forma de relatar y de soñar no se adapta al personaje.
Es un bonito texto, pero le encuentro ese fallo.
Saludos.