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El Ciclo Tarlesiano VI

DarsayDarsay Pedro Abad s.XII
editado marzo 2013 en Ciencia Ficción
Durante tres largos días, Shyna permaneció en la bodega. Tres días que el piloto permanecía encerrado en la cabina. Pocas veces abría la puerta, pero siempre se hacía la dormida. Se movía ligeramente para que supiera que seguía viva.
__ Goolshir, soy Crassus –le oyó decir al piloto. No pudo escuchar con quien hablaba, pero tampoco le hizo falta.
__ Por supuesto, imbécil. Siempre que te llame será seguro, joder, ¿por qué siempre me haces la misma pregunta?
Escuchó un golpe seco.
__ Bueno, dime el número del maldito embarcadero, y dile a tu jefe que mañana llegaré. Y tranquilo, su paquete duerme sano y salvo.
Shyna frunció el entrecejo. No le gustó aquello.
__ Ya lo sé, no le he tocado nada, aún –dijo riendo el piloto.
La muchacha se acercó a la puerta. Todo su cuerpo temblaba, y las manos le sudaban.
__ De acuerdo, embarque trescientos nueve. Dile a Tzarn que prepare el maldito dinero, quiero cuanto antes quitarme esto, además, la cría esta es una ratilla inquieta, tal y como le gustan a él. Ya me tienen harto sus lloriqueos.
El piloto estaba vendiéndola, aquello la asustó, y al mismo tiempo la enfureció. De pronto, Crassus estalló en carcajadas.
Abrió la puerta.
Ante ella estaba el respaldo del asiento del piloto, y su grasienta cabeza asomando por encima. Los aparatos que le tapaban los oídos le impidieron escucharla.
La cabina entera apestaba como nunca, el hedor era indescriptible, y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no vomitar. Cerró de nuevo la puerta y se agachó. Vio en el suelo una herramienta pequeña, con el mango grueso y la punta fina.
La sujetó con fuerza.
El asiento se movió.
Se detuvo.
__ Eres un maldito cabrón, Goolshir, si no fueras mi jodido hermano yo mismo te reventaría la cabeza esa que tienes –dijo riendo con fuerza de nuevo y cortando la comunicación.
Shyna se levantó con rapidez dispuesta a apuñalar al piloto, pero algo detuvo su brazo. La callosa mano de Crassus se aferró con fuerza a la niña.
__ Eres una maldita estúpida, mocosa –sin soltarla, el piloto se levantó del asiento. El rostro era una mueca dura de desprecio y rabia.
__ ¡No dejaré que me vendas a nadie! –gritó Shyna debatiéndose. El piloto le arrancó de las manos la herramienta y arrojó a la niña contra la puerta de la bodega.
__ Así no durarías ni cinco minutos en las calles, mocosa –se acercó a ella y la agarró por el cuello, levantándola en vilo. Apretó con fuerza, hasta que el rostro de la niña se puso rojo.
__ Te he visto por el reflejo del cristal –la abofeteó con brutalidad, una vez, dos, tres, cuatro veces. Shyna chilló de dolor y empezó a llorar y patalear. El piloto abrió la puerta de la bodega y la arrojó dentro. La chiquilla se arrastró a un rincón y sollozaba, temblando de miedo. La cara le ardía y notaba el regusto de la sangre en la boca. Todo se nublaba.
__ Creo que te enseñaré modales, ratilla inquieta. Te voy a enseñar lo que es tener principios.
Se giró y estableció varios comandos en el sistema automatizado. El sistema mantenía el rumbo de la nave, y mediante una alarma, avisaba de la proximidad del destino.
__ Si veo que mueves un solo pelo, te voy a matar a golpes, mocosa –dijo Crassus desabrochándose los pantalones. La niña estaba en posición fetal, temblando. Su respiración era agitada, y su corazón se había desbocado.
Crassus se quitó los pantalones sin quitarle la vista de encima.
__ No…por ffavor –logró articular levemente Shyna –me portaré bien, no haré nada. No diré nada.
__ Por supuesto que te portarás bien, ratilla inquieta, después de que hayas probado todos mis principios. Y ojo con morder, o te romperé todos tus jodidos dientes –con una mano recorrió la temblorosa espalda de Shyna, mientras que con la otra se acariciaba la dureza de su miembro. Shyna se contrajo y tensó los brazos.
__ No tengas miedo, ratilla, te gustará, ya lo verás –Crassus rió con fuerza. Sin embargo, completamente excitado, no se había percatado de lo que ocultaba la niña con su cuerpo. La sonora carcajada fue quebrada por un crujido. Algo empañó su vista, y se dio cuenta que era sangre, su sangre. La miró incrédulo, aquella maldita chiquilla se apoyaba en una herramienta de hierro oxidada, mientras se terminaba de levantar. Aturdido, no pudo evitar el segundo mazazo.
Shyna no dejó de gritar mientras golpeaba la cabeza de Crassus una y otra vez, hasta que ésta fue un amasijo de carne ensangrentada, hueso y masa encefálica.
Estaba puesto el piloto automático, así que se sentó en el asiento completamente agotada, aterrada y observando el túnel de luz por el que viajaba, en aquel silencio roto por el agitado latir de su corazón, pensó en todo lo que había pasado. Lo que fue un simple sollozo se convirtió en un llanto cargado de dolor, de tristeza y soledad. Su padre estaba muerto, el resto de su familia probablemente lo estaría ya, y un sentimiento de culpa le hizo un nudo en el estómago. Vomitó y siguió llorando durante horas, hasta que el cansancio acabó con ella, y el sopor la venció.

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....................................Fin de la Primera Parte...................................

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2013
    Buenísimo, me encanto la forma que tienes de narrar los hechos, esperaré la segunda parte:)
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2013
    Me gusta tu estilo, es muy ágil, mantienes interesado al lector.

    Chelo
  • DarsayDarsay Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2013
    Muchas gracias.
    La verdad es que siempre es muy bueno contar con otro punto de vista crítico.
    Espero que siga manteniendo la línea :)
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