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Elbe licencia sharp

turmixturmix Anónimo s.XI
editado marzo 2013 en Narrativa
El huésped

“El parasitismo es un proceso por el cual una especie amplía su capacidad de supervivencia utilizando a otras especies para que cubran sus necesidades básicas y vitales, que no tienen por qué referirse necesariamente a cuestiones nutricionales”

En cinco semanas ya estaba instalada en mi casa.
Como el apartamento era pequeño, una tarde después de hacer el amor cogí una maza y abrí un agujero en la pared. Ganamos una habitación con una foto de Franco enmarcada y una televisión pequeña de los años 70 sobre una mesa camilla. Poco después nuestro gato saltó por la ventana.
Creo que éramos felices.

Comentarios

  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Me ha gustado mucho, cortito y divertido :)

    Chelo
  • turmixturmix Anónimo s.XI
    editado febrero 2013
    Gracias Chelo, la tuya es la primera crítica de mi primer relato.
    ;)
  • Sandra PantocratorSandra Pantocrator Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Quién no quiere una mesita con una foto del caudillo xD Concuerdo con Chelo, es divertido!
  • turmixturmix Anónimo s.XI
    editado febrero 2013
    Papá o el hueso de la aceituna


    serge.jpg

    Muy de vez en cuando aun pienso en mi padre. Lo recuerdo con la imagen de Gainsbourg; no el Serge atractivo y fascinante que conquistó a Brigitte Bardot, sino el hombre demacrado y perdido de aquel concierto en el Casino de Paris del 86. Una sombra, un pequeño montoncito de huesos apestando a tabaco y alcohol enfundados en una camisa vaquera, aparentando ser algo que pretendió ser una vez. Con el gesto intenso y la postura forzada, intentando disimular el ligero desequilibrio del alcohol. Un hombre acabado que aparenta estar vivo.
    El pelo lacio y canoso, la nariz aguileña y aplastada, los ojos ligeramente saltones y lacrimosos, bigote, cuerpo pequeño y delgado, las manos huesudas y ligeramente temblorosas, siempre con un Ducados encendido entre los dedos.

    Sus pequeñas victorias se las ganaba al alcohol y a la noche. Y a mis calificaciones escolares. Recuerdo como mi vieja tía N., cada vez que yo llegaba a casa con las notas de la escuela llenas de sobresalientes me hacía ir directamente al concesionario de coches donde a veces trabajaba mi padre a comisión y me pedía que se las mostrara delante de su jefe, padre de tres hijos tan consentidos como inútiles. Recuerdo bien los ojos de mi padre en esos momentos, un poco divertidos, un poco orgullosos, mientras leía en voz alta cada renglón del boletín.

    Supongo que sus adicciones y su poco amor por el trabajo le fueron convirtiendo en un fracaso, pero el empujón definitivo fue la separación de mi madre, cuando yo tenía 5 años.
    Mi padre pasó a convertirse en un señor que me llevaba los sábados al bar que había debajo de casa y me compraba un pastelito de La Pantera Rosa, y con quien pasaba de vez en cuando el fin de semana. Las cosas no fueron fáciles por aquel entonces para nadie. Recuerdo a mi madre sentada en el asiento del copiloto del coche de mi padre, llorando y diciéndole que yo, su pequeño, iba sucio... Y mi padre volviéndose de su asiento y diciéndome: “¿Ves?”. Solo eso, “ves”.

    Pero a fin de cuentas no era un hombre autoritario. La vida le había puesto demasiadas veces en su lugar, y con nosotros ya no lo intentaba siquiera. Mi relación con él depués de la muerte de mi madre, una vez nos reencontramos tras cuatro años sin vernos no era la de un hijo con un padre. Éramos más bien como viejos conocidos, vecinos, no sé.

    También lo recuerdo con esos gestos de ternura que tenía de vez en cuando, sobre todo con los animales. Con el perro que recogió de una perrera, un chucho feo y desagradable con el que convivía y al que intentaba enseñar trucos sin ningún éxito. O con una cardelina parda entre las manos, a la que enseñaba a posarse en su hombro y a comer de su mano, para dejarla escapar después revoloteando por todo el salón. Pero un día el perro mató de un mordisco a la cardelina. Sé que fue así, aunque mi padre nunca lo dijo, nos contó que se había escapado por la ventana.
  • turmixturmix Anónimo s.XI
    editado marzo 2013
    Despierto con otra pesadilla media hora antes de que suene el despertador. No la recuerdo, pero aun siento la angustia en el estómago. No estoy tan acelerado como otros días, pero las mismas ideas vuelven a aparecer en mi cabeza. Consigo pararlo y salgo de la cama.


    Bowie, Where are We Now, suena muy triste.

    Llego tarde al trabajo. Hoy ha vuelto G. y el ambiente es más relajado. Bromeamos durante un rato en voz alta. Me siento bien, pero no bajo con ellos a tomar un café.

    Leonard Cohen, The Partisan.

    Cuando escucho canciones revolucionarias no puedo evitar imaginar que de repente pasa algo grande que vuelve la sociedad del revés y me convierte en un partisano o un maki... algo que le de un sentido a esta vida y me convierta en alguien útil. Estúpido e infantil, ya lo sé.

    Tomo un Lexatin, son las 14,00.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado marzo 2013
    Turmix, mi felicitación. Los tres relatos me han gustado mucho.Escribes bien; en un tono desenfadado y con humor,tratas temas y personajes cotidianos, nada heroicos,pero muy humanos.

    Te seguiré leyendo.
    Saludos.
  • turmixturmix Anónimo s.XI
    editado marzo 2013
    Muchas gracias sinrima, eres muy amable
  • LaLeonaLaLeona Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2013
    turmix escribió : »
    Papá o el hueso de la aceituna


    serge.jpg

    Muy de vez en cuando aun pienso en mi padre. Lo recuerdo con la imagen de Gainsbourg; no el Serge atractivo y fascinante que conquistó a Brigitte Bardot, sino el hombre demacrado y perdido de aquel concierto en el Casino de Paris del 86. Una sombra, un pequeño montoncito de huesos apestando a tabaco y alcohol enfundados en una camisa vaquera, aparentando ser algo que pretendió ser una vez. Con el gesto intenso y la postura forzada, intentando disimular el ligero desequilibrio del alcohol. Un hombre acabado que aparenta estar vivo.
    El pelo lacio y canoso, la nariz aguileña y aplastada, los ojos ligeramente saltones y lacrimosos, bigote, cuerpo pequeño y delgado, las manos huesudas y ligeramente temblorosas, siempre con un Ducados encendido entre los dedos.

    Sus pequeñas victorias se las ganaba al alcohol y a la noche. Y a mis calificaciones escolares. Recuerdo como mi vieja tía N., cada vez que yo llegaba a casa con las notas de la escuela llenas de sobresalientes me hacía ir directamente al concesionario de coches donde a veces trabajaba mi padre a comisión y me pedía que se las mostrara delante de su jefe, padre de tres hijos tan consentidos como inútiles. Recuerdo bien los ojos de mi padre en esos momentos, un poco divertidos, un poco orgullosos, mientras leía en voz alta cada renglón del boletín.

    Supongo que sus adicciones y su poco amor por el trabajo le fueron convirtiendo en un fracaso, pero el empujón definitivo fue la separación de mi madre, cuando yo tenía 5 años.
    Mi padre pasó a convertirse en un señor que me llevaba los sábados al bar que había debajo de casa y me compraba un pastelito de La Pantera Rosa, y con quien pasaba de vez en cuando el fin de semana. Las cosas no fueron fáciles por aquel entonces para nadie. Recuerdo a mi madre sentada en el asiento del copiloto del coche de mi padre, llorando y diciéndole que yo, su pequeño, iba sucio... Y mi padre volviéndose de su asiento y diciéndome: “¿Ves?”. Solo eso, “ves”.

    Pero a fin de cuentas no era un hombre autoritario. La vida le había puesto demasiadas veces en su lugar, y con nosotros ya no lo intentaba siquiera. Mi relación con él depués de la muerte de mi madre, una vez nos reencontramos tras cuatro años sin vernos no era la de un hijo con un padre. Éramos más bien como viejos conocidos, vecinos, no sé.

    También lo recuerdo con esos gestos de ternura que tenía de vez en cuando, sobre todo con los animales. Con el perro que recogió de una perrera, un chucho feo y desagradable con el que convivía y al que intentaba enseñar trucos sin ningún éxito. O con una cardelina parda entre las manos, a la que enseñaba a posarse en su hombro y a comer de su mano, para dejarla escapar después revoloteando por todo el salón. Pero un día el perro mató de un mordisco a la cardelina. Sé que fue así, aunque mi padre nunca lo dijo, nos contó que se había escapado por la ventana.


    El primero no me gusto nada, este sí. Tiene mucho que correguir, pero llega al corazón
  • turmixturmix Anónimo s.XI
    editado marzo 2013
    lions-on-Denys-Finch-Hattons-grave-511x288.jpg



    Mi madre tenía un Mini Morris rojo. No del color brillante de los deportivos de las películas, sino de un rojo gastado por el sol que por momentos amarilleaba. Aquel cochecito aun se comportaba con cierta dignidad, salvo por los limpiaparabrisas, que un día decidieron dejar de funcionar. Así que si nos sorprendía la lluvia conduciendo, mi madre me lanzaba una mirada y yo sacaba el brazo por la ventanilla y le daba un empujón a la escobilla, suave pero suficiente para que comenzaran a moverse con un gemido. Mamá se reía y seguía mirando a la carretera.


    Nuestras escapadas eran cada vez más escasas por culpa de su enfermedad. Pero algunas tardes, cuando volvía del colegio me preguntaba: "¿nos vamos al río?", y yo soltaba la mochila y bajaba corriendo por las escaleras. En realidad aquel río sin corriente y lleno de gente en bañador me aburría mortalmente, pero disfrutaba de esos viajes en coche que me convertían en copiloto imprescindible durante veinte minutos. Me gustaba imaginar soluciones para aquellos apéndices inútiles, y le contaba entusiasmado que algún día anudaría un cordel a cada limpiaparabrisas, y así podríamos manejarlos desde el interior.

    Me gusta recordar así a mi madre, divertida, aventurera e independiente, conduciendo su pequeño Morris y escuchando atentamente mis ocurrencias. Compartiendo los tres metros cúbicos de aire que, a mis nueve años, eran todo mi universo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2013
    Que bonita historia, pero podias colocarlas independientes:)
  • turmixturmix Anónimo s.XI
    editado marzo 2013
    Muchas gracias Amparo. ¿Tu crees que debería publicarlas en hilos separados? Yo los veo como parte de un todo, por eso los voy publicando así.
    :)
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2013
    Bueno, lo que te haga más feliz:)
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