Mario ahogaba las horas en un bar situado en las afueras de Vigo. El bar “O carallo”, un antro sin ventanas ni clientes, ni mesas, ni lámparas, iluminado tan sólo por una bombilla que cuelga libre de un cable roído y lleno de óxido.
Toño, el camarero, veía en la televisión como cuatro periodistas defendían a cuatro políticos que defendían a un guardia civil, para luego escuchar la opinión de otros cuatro periodistas que comentan la opinión de los primeros. Toño pasaba las horas con el ceño fruncido, sus ojos vacíos, y sus oídos sordos frente a la televisión. Golpeó la barra y dijo:
-Esto con Franco no pasaba, ¡coño!-
Mario siguió bebiendo sin decir nada.
-Ahora los niños son más peligrosos, en mis tiempos, si tenías que defenderte cogías un pedrolo, un ladrillo roto, o un hierro oxidado. Ahora, los niños llevan pistolas y navajas y escopetas al instituto. ¡Claro! ¡Si es que ya no hay obras en España!-
Mario pidió otra con un gesto y siguió bebiendo, sin decir nada.
-Mire, hombre, mire, un guardia civil forzado a golpear a un niño, ¡Pobre hombre! Esta noche no dormirá pensando en si realmente le ha hecho daño. Claro, ahora los padres pasan de todo, ¿sabe? Dejan a los niños en el cole y que los aguante el profesor, ¡Con dos cojones! Cuando el profesor tiene problemas el niño recurre a la fuerza bruta.-
Mario dio otro sorbo a la copa, sin levantar la mirada.
-¡Mire! ¡Mire! ¡Explosivos encontraron en la mochila del niño! ¡Ni trece años tiene y lleva la mochila llena de pólvora!-
- Petardos - Dijo Mario con la voz entrecortada y los ojos rojos.
-¡No! ¡Explosivos hombre! ¡Dicen explosivos! ¡Lo que hay que ver…!-
En ese momento la puerta chirrió como un cerdo al desangrarse y entró en el bar un guadia civil, con el pecho hacia fuera y los cojones en su sitio.
-¡Hombre! ¡Si está aquí el héroe del pueblo!- Dijo Toño con una sonrisa que ocupó toda su cara.
-Ponme un tinto- Reconvino el guardia civil
-Ahora mismo estábamos viendo el asunto en la tele, ¿Qué pasó con el chaval? Unos cuantos años de reformatorio espero… Aunque en este país, pues ya se sabe…- Dijo Toño mientras servía una copa de un tinto barato.
-Murió- Dijo Mario, sin querer entrar en la conversación.
-Cosas que pasan- Respondió el guardia civil. –¿Viene ese tinto?-
-S… Si, claro-
El silencio se atascó en la garganta de Toño, apagó la televisión, y se quedó inmóvil, pálido, con sus ojos observando a Mario.
“Mario se levantó del taburete, sus manos temblaban y sus piernas flaqueaban. No levantó la vista en ningún momento. Cogió con una mano el taburete y caminó con él hacia el guardia civil.
Finalmente empuñó el taburete con sus dos manos, lo alzó por el lado derecho de su cabeza y golpeó con todas sus fuerzas la nuca del guardia civil. Con el impacto la cabeza salió disparada hacia la barra, atravesando con un ojo la empuñadura de la copa.
Son cosas que pasan.
Comentarios
Creo que ni el titulo ni el nombre del bar ayudan a la atmósfera de lo que se cuenta. Quitando esa salvedad me gusta el crescendo de Mario. Hay un trabajo correcto del desarrollo y suspenso alrededor de este personaje. Buenas descripciones y un buen tema.
Espero leer màs de ti. Saludos.
Muchas gracias por el comentario, decir que el bar es completamente real, jamás lo he visto por dentro pero desde pequeño por ese nombre siempre he pensado en entrar y tomar algo. Me pareció un guiño simpático a ese bar que se encuentra en la desembocadura de un río muy contaminado, y que siempre que volvía a casa cansado veía y pensaba en entrar algún día. Quise poner ese nombre ya que así imagino yo ese bar por dentro
No olvides agregar tilde o acento diacrítico a cómo…
Considero el cuento digno de interés; las figuras adquieren, en pocos renglones, la materialidad necesaria para tornar verosímil lo narrado.
Gracias, Inri, por dejarnos ver lo que escribes.
Cordial saludo.
Así estamos, unos roban y otros nos quedamos con las manos vacías y los hombros encogidos, impotentes ante tanta violencia.
Este relato nos hace reflexionar. Muy bien escrito.