(antes de nada quisiera decir que es la primera vez que escribo y esto es un comienzo mi sueño seria acabarlo y encuadernarlo para mi, que mínimo..., agradecería opiniones y sugerencias para que vaya creciendo y deje de ser un sueño y se convierta en una realidad, quiero agradecer a todos aquellos que lo lean sean uno o .... que hayan dedicado tiempo en ello, ojala ese tiempo les resulte breve y ameno y podamos entre todos ver el final de esta historia )
CAPITULO 1
¿Qué frió?... Pensaba en lo alto de la cima del monte Anul, llamado así porque era desde el único punto del Pueblo desde el que se podía divisar la estrella de mismo
Nombre, Anul. Una gran circunferencia de color rojizo, que parecía gobernar el cielo transparente, con su tamaño y luz, la gente anciana del pueblo recordaba que en otro tiempo su color fue blanco y su luz más cálida, pero que la sangre derramada en las guerras que a salaron al planeta Aeren, hicieron que su color cambiara, como si la estrella quisiera hacernos recordar esa triste historia para que nunca volviese a suceder.
Desde la cima del monte se divisaba todo el pueblo. El río de agua clara con sus peces de mil colores, que se semejaba a un gran arco iris; sus casas, pequeñas edificaciones echas de piedra gris, tejados de un llamativo rojo intenso, que hacían un bonito contraste, en las cuales no faltaban grandes ventanas circulares y una buena chimenea. Todas ellas rodeadas de vistosos jardines, con un camino ancho de piedra y una gran puerta de madera.
Todas eran casi idénticas excepto la de nuestro joven Siul Esoj, un chico de 11 años, cuyo padre el gran Onerom había muerto con honor en la guerra. De él no tenía recuerdos, ya que nació días después de su muerte. Solo conocía las historias que su madre Rehtse le contaba para que lo tuviese siempre presente. Siul era de cara pálida, mirada triste, pelo corto con mechas de color rubio, un rasgo que obtuvo de su padre, y de complexión fuerte. ¡Era el hombre de la casa! y ayudaba en todo a su madre Rehtse.
La casa de Siul Esoj era la más grande. En la fachada, anclado a la pared, estaba el gran escudo de su padre, negro, con Anul la gran estrella blanca y en medio de esta un Dragón de fuego color rojo sangre con una rosa, de tallo verde al igual que el color de los ojos del Dragón, cogida en las garras por este. Era el blasón familiar. En el jardín se hallaba una gran estatua de su padre de mármol con vetas rojizas, portando a Eteñac, una gran espada respetada a la par que temida por todo el continente y más aún. La cual había desaparecido en el campo de batalla, quienes encontraron al gran Onerom muerto después de la victoria, con una flecha clavada en su corazón desde la espalda solo hallaron el escudo que hoy lucía en la casa en su honor y nada se supo de Eteñac, la espada. Bajo la estatua se hallaba la tumba del gran Onerom rodeada de rosas rojas que inexplicablemente estaban frescas todo el año. Nunca se habían marchitado, ni en los inviernos más agresivos, ni en las sequías más largas. Para todo el pueblo las rosas estaban inundadas del espíritu puro y valiente de Onerom, nadie se atrevía a cortarlas, era la visión más maravillosa y mágica que habían podido contemplar y veneraban, no en vano aunque Onerom muriese en el combate había sido el artífice de su victoria, es mas nadie podía entender de donde había salido esa flecha, tan distinta a las que conocían, que atravesó su armadura.
Todas las noches de luna llena Siul Esoj escalaba la montaña, le hacía sentir bien la soledad y tranquilidad que hallaba en la cima, sus vistas, pero él no subía con esa intención, se sentía seguro contemplando a la estrella y en ella que su padre le escuchaba, para Siul Esoj el espíritu de su padre estaba en Anul, quizás él y la gente del pueblo llevasen razón.
Necesitaba contarle sus inquietudes, sus dudas, sus miedos, aunque el único miedo de Siul Esoj era que llegado el momento no estuviese a la altura de su padre, once años de paz no garantizaban que no volviesen los conflictos y él se veía con una responsabilidad importante porque sabía todo lo que el pueblo esperaría de él, no en vano su estirpe había liderado siempre las defensas del reino.
Su madre Rehtse le había inculcado la sabiduría de su padre Onerom, la diferencia entre el bien y el mal, y a tomar decisiones por duras que fuesen, pero aunque Siul Esoj mentalmente estaba bien formado, no había podido recibir formación en el arte de la guerra, y menos aun en el manejo de la espada, aunque el tenia dotes innatas y practicaba todos los días, después de sus tareas, con su gran espada de madera.
La luz del sol le despertó, se había quedado dormido sin darse cuenta en la cima de la montaña, y se preocupo, su madre conocía sus subidas pero se alteraría al no encontrarlo en su cama, y ya había sufrido bastante como para que Siul Esoj, le diera mas preocupaciones, aunque ella no estaba acostumbrada a ello, Siul Esoj era un gran chico, y no solía enfadar a su madre.
Bajo la montaña lo más rápido que pudo, tenía esa habilidad para escalar desde muy pequeño, justamente llegaba al mismo tiempo a su casa que su amigo Afar, ¿de dónde vienes? Le pregunto Afar, me he quedado dormido en la montaña sin querer y no quiero preocupar a mi madre, le respondió Siul Esoj, ambos entraron en casa para desayunar.
Afar era intimo amigo de Siul Esoj, aunque era mayor que él pues Afar tenía 14 años, eran muy diferentes, un chico largo de pelo moreno, y ojos sabios, de complexión delgada pero con gran habilidad y fuerza en sus manos, su amistad no era casualidad el padre de Afar, había combatido codo con codo con Onerom, eran grandes amigos tanto en la tranquilidad como el campo de batalla. Leafar cayó en una gran depresión por la muerte de Onerom, solo hallaba paz cuando practicaba con su hijo empuñando su espada, le transportaban a su niñez, cuando jugaba con Onerom
Afar si estaba lucho en el arte de la espada, y solía practicar con Siul Esoj para que este fuese aprendiendo, ambos dedicaban horas al atardecer después de que cumplían sus tareas en casa,
En el pueblo todas las tareas se hacían en común, había un gran establo donde se cuidaba del ganado, lo ordeñaban, alimentaban a las gallinas, recogían los huevos del gallinero, también formaban grupos de caza, en los cuales ningún menor de 16 años podía acudir, 16 años era la edad en la que un joven del pueblo podría hacer ya actividades de adulto, al cumplir esa edad había una gran celebración común y al joven le entregaban su escudo y su espada en un ritual de luces, era algo esperado por todos por la magia, el espectáculo y lo que ello significaba, formar parte del ejercito del reino, el cual estaba compuesto por todos los varones de los pueblos del continente Noicanigami, aunque hasta los 18 no estaban autorizados a entrar en combate, esos 2 años se dedicaban a terminar la formación militar de los jóvenes, aunque cumplir los 16 tenía también otro encanto, ya podían cortejar a las jóvenes del pueblo, con autorización del padre de la chica, algo muy importante si se quería tener un noviazgo tranquilo sin sobresaltos..
El plato típico del pueblo era el pescado desecado un placer culinario que hacía que gentes de toda Aeren, viniese a comprarlo o cambiarlo por otros objetos u alimentos, el trueque era muy común entre los pueblos de Aeren.
En el pueblo, todo se compartía por igual, la carne, el pescado, las telas, etc.…, vivían en armonía, nadie era más que nadie, todos tenían los mismos derechos y deberes. Era un gran pueblo que había aprendido con el tiempo y las guerras a vivir en total comunión entre ellos, los animales y la naturaleza.
Rehtse, ya tenía sobre la mesa el desayuno, un gran jarra de leche caliente, pan fresco y tierno y como no miel, algo que a Siul Esoj y a Afar les volvía locos, mientras desayunaban Rehtse pregunto: ¿Otra vez te has quedado dormido en la cima?, sabes que me preocupo y que no quiero atosigarte, pero debes de bajar pronto y dormir en tu cama, bastante triste esta la casa con la ausencia de tu padre como para que tu también no te quedes conmigo, Siul Esoj respondió: llevas razón madre no puedo prometerte que no volverá a pasar pero si intentare que suceda las menos veces posible, sabes bien porque subo a la cima, y que necesito subir….. Rehtse interrumpió diciendo: cada día te pareces más a él… Rehtse salió de la casa con lágrimas en los ojos, no era la primera vez que esto ocurría, quizás lo más triste es que poco a poco se sucedía más continuo, Rehtse jamás pudo aceptar la muerte de Onerom, le seria fiel hasta la tumba, ¡pero se sentía cada vez más sola! Y Siul Esoj tarde o temprano marcharía y la soledad le dañaba.
Siul Esoj, salió de la casa y encontró a su madre arrodillada junto a la tumba de su padre, entre sollozos se le oía decir: dame fuerza mi vida, te necesito junto a mí,¡ te echo tanto de menos!, Siul Esoj abrazo fuerte a su madre y le dijo: no se lo hagas mas difícil a padre, no te lo hagas mas difícil a ti, yo te quiero y estaré siempre a tu lado, quédate tranquila madre y beso su frente, algo providencial que corto las lagrimas de los ojos de Rehtse, ambos entraron en casa y acompañaron a Afar en la mesa entre sonrisas.
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¿Tendré que ayudarte como siempre? Pregunto Siul Esoj entre carcajadas a Afar, claro, si no después estaré muy cansado y tendrás ventaja para ganar, contesto Afar entre carcajadas, aunque no creo….
El trabajo cundió, y ambos fueron nadar y seguir fanfarroneando al río, los jóvenes entre carcajadas no pararon de reír, y aunque a algún vecino mojaron, nadie se lo tomo a mal, es más, se agradecía en un día tan caluroso.
A comer, grito Rehtse, desde la puerta de casa, nos vemos luego dijo Siul Esoj a lo que Afar contesto: come bien amigo hoy te voy a dar una paliza y se marcharon ambos sonriendo a sus respectivas casas.
Muy lejos de allí, en la mayor oscuridad que podría ofrecer una cueva inmensa, cuya simple luz era dada por pocas y pequeñas antorchas, como si se quisiesen ocultar algo, y evitar más presencia que la necesaria, en una paz y total calma, pero de donde se percibía mucho mal, un mal frio, oscuro, tenebroso y quizás mas peligroso de lo que podemos llegar a pensar, algo que al percibirlo te hace temblar y entristecerte, a temer por tu vida y la de tus seres queridos, algo que necesitarías no sentir ni percibir nunca, porque te cambiaria la vida de una manera bruta, apagaría la luz de tus ojos, te robaría la sonrisa, provocando el mayor miedo, duda, inseguridad… e infinitas sensaciones. No tendríamos palabras para explicar, pero si algo si os puedo decir miedo es una palabra infinitamente pequeña es más, irrisoria diría yo comparándola con lo que se siente dentro de esa cueva. De repente una voz ronca y débil acabo con el silencio, Mi señor, dijo este ser de difícil descripción, con un horror, angustia y sin poder mirar al ser que se dirigía, conteniendo la respiración como si intentase no molestarle ni ofenderle en lo más mínimo y más aún porque sus noticias no eran buenas, ni agradables… ¡Espero que me haigas descubierto el poder de la espada!, si no sabes que te pasara, Dijo con voz rasgada, la persona o ser porque no sabríamos decir que es, mas terrífica, malvada, salida del mismísimo infierno, y al que el Diablo era un simple bufón de este … engendro de toda la maldad de Aeren
Tiene errores de puntuación y deberías separar cuando alguien habla porque así es muy confuso...y personalmente no me gusto.
saludos.
Saludos