Aquel canto de pájaros
Necesitamos espacio y tiempo para verter la propia inquietud y también cierta disposición generosa para acercarnos a la inquietud de otros. Si quienes sufren vacíos personales, familiares, sociales, existenciales..., son muchos, quienes tienen algo que decir en este mundo sordo son infinidad.
Toda persona aspira a cierto equilibrio entre la necesidad de proyección personal de las propias sensaciones, emociones, afectos... hacia otros, y la de recibir estímulos, reconocimiento, afectos de vuelta... por parte de esos otros.
La relación directa, la comunicación abierta y franca con personas más o menos cercanas, propicia el enriquecimiento -bien entendido este- de quienes disfrutan de tal relación. Sin embargo, en este mundo nuestro sin tiempo escasea el trato personal, esa interacción cara a cara en la que cada uno muestra su piel, dónde cada actor-espectador interpreta su papel, y donde las miradas, sensaciones, emociones... fluyen sobre ese escenario que supone la vida diaria. Quizá en este contexto, en este ir y venir de lo mejor y lo peor de cada uno, todos podemos encontrar cierto equilibrio entre dos necesidades básicas: establecer una interacción abierta con otros, mientras mantenemos a resguardo nuestra identidad personal más profunda. En relación con este último aspecto, cabe considerar el significado de
persona, en el sentido del término en relación con la
máscara que cubría el rostro de los personajes en la tragedia griega clásica.
En los últimos tiempos tendemos a sustituir la relación personal directa por meras formas de comunicación frías y distantes. En las formas de comunicación al uso ha perdido protagonismo la participación del carácter de cada persona -en el sentido de la identidad personal subjetiva-, en favor de una mera exposición y exhibición de infinidad de máscaras. El tan traído y llevado fenómeno de la globalización mediante internet ha impuesto nuevas formas de comunicación en detrimento de la relación personal cercana. El correo tradicional ha perdido los papeles, la caligrafía personal, las manchas de lágrimas emborronando la tinta... y hasta el teléfono primitivo ha perdido los cables que antes unían las voces. Hoy se impone una relación distinta, distante, fría y llena de estereotipos, una interacción en la que cada uno preconfigura, adorna y hasta se identifica con su propia máscara. El correo electrónico, foros, chats, redes sociales... propician una relación múltiple e inmensa en la cantidad de mensajes que pueden ser vertidos y recibidos, pero -si no va más allá- puede resultar frustrante en cuanto a cualquier posibilidad de acercamiento. ¿Qué queda cuando el trato languidece en un
¡buenos días!,
¡feliz cumpleaños, año nuevo, aniversario...! o el tan repetido
¡ja, ja , ja!, triste onomatopeya de aquellas risas?
Aun reconociendo el incalculable valor de las redes sociales como vehículo de comunicación, cabe considerar que estos medios adolecen de notables carencias cuando se convierten en formas casi únicas de relación entre dos, mil o un millón de almas solitarias. Ningún intercambio de comentarios en Facebook podría sustituir el carácter enriquecedor de una conversación; ningún libro de rostros maquillados nos permite acercarnos a las caras tristes que a menudo esconden sus páginas. Quién solo lee tweets o escucha trinos aislados, encerrados, enjaulados en la distancia..., a menudo deja de disfrutar del canto de los pájaros.
http://traquinaspardas.blogspot.com.es
Comentarios
"El correo tradicional ha perdido los papeles, la caligrafía personal, las manchas de lágrimas emborronando la tinta..."
Creo que estás confundiendo autenticidad en la comunicación con nostalgia.
De todos modos gracias por proponer este tema en torno al cual reflexionar.
En una sinopsis muy breve: ‘Comunicación digital: excelente, aunque insuficiente, estrecha, fría, distante... si se constituye en una forma excluyente de relación entre personas’.
Enhorabuena por la inquietud y gracias por el interés.
Un saludo cordial.
... dime que hay màs personas como tu, y permite que este penitente del mundo virtual, redima su artificialidad bajo el frondoso àrbol de las nostalgias de tiempos màs civilizados ...
Imaginemos que alguien escribe: “¡Me siento libre”. Quien lo lee podría suponer que el otro experimenta una confortable sensación de libertad cuando agarra una silla y posa las nalgas en el asiento. Sin embargo, si le oyes decir “¡me siento libre!” a quién tienes delante, y a la par ves como el otro sonríe, abre los brazos y se llena de aire..., no te cabe duda de que esa persona respira libertad cuando se sienta, cuando se acuesta y cuando se levanta.
Y hablando de nostalgias..., habrá habido y habrán de venir mejores y peores tiempos. Sin embargo, el verbo vivir –el de verdad- no se conjuga ni en futuro ni en pretérito. En cuanto a los árboles del tiempo, ni el árbol seco del ayer –aquel que dio los frutos del ahora– ni el del mañana –el arbusto aún en flor–, ninguno lució ni lucirá las frondas del presente.
Saludos cordiales.
http://traquinaspardas.blogspot.com.es/2013/01/el-tiempo-nuestro-que-viven-otros.html
He recibido de un buen amigo esta corta, pero acertada reflexión:
Diferencias entre dos formas de latrocinio:
- El ladrón vulgar te roba: El dinero, el reloj, el móvil, el coche...
- El político te roba: La salud, la vivienda, la educación, la seguridad, el trabajo, la pensión, la felicidad...
- El primer ladrón te elige a ti. ¡Al segundo ladrón lo eliges tú!
A lo anterior habría que añadir que en algunos países, el político te roba hasta el derecho a elegir quién te ha de robar.