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Vida, Obra, y Muerte de Arcangelo Strangosky.

editado enero 2013 en Narrativa
Vida, Obra, y Muerte de Arcangelo Strangosky.
(proyecto para una novela si tuviera paciencia, virtud que desconozco) (que la escriba Arturo Perez Reverté).
(pido a los dioses me sean propicios en el relato que estoy a punto de escribir).

En las vísperas de la Navidad de aquel año, la nieve caía sobre el pueblo como la mano de un esqueleto descarnado, fría y mortal como los cuchillos. Nacía nuestro compositor bajo el maleficio del hielo en un pueblito de los alrededores de Moscu, la aldea Sebastoycalla, que actualmente es un barrio del extrarradio de la ciudad, con parada de metro rabiosamente majestuosa. Era Arcangelo hijo de Luigi Strangosky, un italo ruso fabricante de pianos, quizás de él heredara el atractivo mediterráneo de sus melodías, un pomelo agridulce, muy amarillo y con un toque de amargura negra. Su padre, rubio y de ojos azules, cabía un firmamento sublime en sus ojos, era jugador, borracho, y pendenciero. El día en que Arcangelo fue engendrado su padre perdía dos mil rublos en una partida de cartas, volvía borracho a su casa, daba una paliza a su mujer, y luego, como poseso de una fiebre infernal, la violaba regando con besos los cardenales azules provocados. Su madre en cambio, Maria Teresa Induskeya, era una armonía celeste en medio de un mar tempestuoso, toda hecha de ternura y vino, azucarada como la miel de romero pero a veces airada como el cianuro. De ahí que el temperamento del muchacho a veces se agriara como el vinagre y otras veces fuera dulce como el arrope de uva. De niño Stragonsky se maravillaba con el sonido que su padre hacía resbalar sobre las cuerdas de sus pianos. Y su conocimiento de la música nace de un terrible accidente con el trineo en el que se rompe las dos piernas. Encerrado en su habitación observa por la ventana a los niños divertirse en la nieve y jugar y la melancolía, como un tigre azul, le desgarra el alma, y solamente la música de los pianos de su padre le hace revivir. En esa fecha, 1800 y pico, es su primera novia, Margarita Incrusetia, que con el tiempo fuera la prostituta más famosa de Moscu, y su primer amigo Jaruslaw Neverkin, muerto en combate contra los tártaros, valiente como un millón de españoles y asesino como un tábano con paludismo. Y de esa fecha también es su primera sinfonía: el colibrí de fuego, en la que los clarinetes arpegian centellas de rubíes sobre diapasones de berilo, a la inocencia del niño sumaba ya la perfección de un organista, su colibrí vuela sobre pentagramas escarlatas acompañado de libélulas fucsias y es todo tan dulce como un caramelo y tan hermoso como una tarde de primavera. Posterior a esa fecha lo vemos en el conservatorio María Anduyesca, su padre pasaba hambre por el niño, toda la familia pasaba hambre, su madre pasaba hambre y sus dos hermanas pasaban hambre, y él sin embargo pasaba un calvario de malos tratos por parte de los curas que regentaban aquel siniestro conservatorio, cárcel, reformatorio, morgue, infierno, paraíso. A los diez y siete años compone su segunda sinfonía, La medusa violeta, de un violeta tan lila como un enjambre de abejas celestiales, en ella hay un logaritmo de melodías sincopadas y un glamour de plumas y arabescos de oro, un crisantemo naranja y las siete facetas del arcoiris adheridas a una gardenia. Mezclaba ya la elegancia y lo siniestro con gotas de arsénico frío. Conoce los salones de Moscu, y se mezcla con masones y anarquistas. Todos preparan una conspiración contra el Zar. El Zar acude a una representación de Ifigenia en Táuride y un amigo suyo, Ivan Intonesku, lanza una bomba contra el potentado. Hay cuatro muertos y el zar sale ileso, se organiza una cacería de elementos subversivos y Arcangelo es enviado a Siberia, preso como revolucionario. ¡¡Oh cuantas vicisitudes pasaría el muchacho en su destierro en Siberia¡¡¡. Una mañana el frío había congelado a Irigo Yashenvski, y los presos, mortalmente heridos por el hambre, practican el canibalismo, Arcangelo come el hígado de su compañero de presidio, come su falo enorme y escurridizo, repugnante, y come sus ojos, que nadie quiere, atizado por un demonio de fuego que baila en sus tripas como un leviatán de terror. La sopa de carne contenía tripas humanas, dedos, y ojos, y Strangosky ve en ello una melodía de sangre y zafiros, mortalmente herido por la necesidad. Compone la sinfonía La Mariposa del Demonio, una sinfonía negra, en la que los violines no son menos negros que la antracita, llena de ópalos amarillos vivísimos como almejas nunca saboreadas. Envía su composición al arzobispo Blasov, y éste la entrega al fuego. Desesperado, loco, con unas fiebres terribles, escribe su quincena sinfonía Jesús en el Gólgota, y el arzobispo Blasov, amante de las artes y celoso franciscano, pide su indulto al zar. Regresa a Moscu diez años más viejo, y vuelve a frecuentar los dorados, de esa fecha es su Cabellera de Absalón, viva y rugiente como un león de seis bocas, y elegante como una rosa negra. Mas tarde compone El Cisne degollado, espectral y enfermiza, soberbia y abracadabrante, glamourosa como un pitillo en los labios de una cortesana, densa como un puñado de humo verde, y tortuosa como un camino entre nopales. Los músicos le odian porque exige una habilidad extrema en sus composiciones. Se casa con Ivana Petrovna, de ojos verdes y cabello negro, riquísima y mala, que le engaña con todos, y tiene su primer y único hijo, Gabriel, que a los siete años muere de tisis. Atormentado por la pena compone su Réquiem amarillo, en el que el amarillo es negro y el negro es aún más negro, y en el que un toque púrpura sobre unas flautas pone una estridencia de desesperación terrible a unas corcheas de dolor. Se enamora de Rafaela Golitzia, esposa de Antón Rubiroff, y le obsequia con una composición de trigos amarillos y dorados, de hibiscos rojos, de tornasoles descoyuntados y fervorosamente azules, la sinfonía de Ibiza, y tiene con ella una noche de amor apasionada antes de un duelo a pistola con el marido de ésta Antón Rubiroff, al que mata de un disparo en el ojo. Compone sin cesar, hipnotizado por su propia belleza y viaja a Paris con su amante, donde todos los periódicos le acusan de enfermo y bellaco. Vuelve a Rusia y estalla el escándalo de las letras impagadas y casi al borde del suicidio, en una noche brutal, gana en el casino cien mil rublos. Con cincuenta y tres años, recién estrenado su Pájaro de cieno, una obra carente de sentido pero tan hermosa como una catedral gótica, enferma de peste bubónica. Es horripilante su enfermedad, se cubre de llagas, los médicos aseguran el envenenamiento, otros dicen que es escorbuto, y otros aseguran un pacto con Satanás. Muere desollándose a si mismo, mordiéndose la lengua y sudando sangre, en una agonía que dura tres días, tres días de apabullante rencor tenebroso. Hay quien dice que ese día no cantó ni un solo ruiseñor en el bosque. Su obra póstuma, acabada en su tercer movimiento por Bethoven, El Tormento de Andreovich Liubanin, es una estatua, un mausoleo dedicado a la avaricia, Andreovich Liubanin sufre de envidia y avaricia en la obra. Stragonsky incluye murciélagos negros que vampirizan corderos violetas, y la intervención de Bethoven, a indicaciones precedentes, es tan soberbia y majestuosa, que al final de la audición la gente se retira callada, absorta, y pavorecida por lo que acaba de escuchar.

(pido perdón por la falta de puntos y aparte pero yo escribo así, denso).

Comentarios

  • MalachiMalachi Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    me encantó; perfecto. no sé por qué hablas de convertirlo en una novela; sabrás que hay alguna que otra novela basada en esa misma Rusia (cuando no en esa misma Moscú), alguna que otra de las mejores novelas que existen. además, tu estilo no sé si podría ser llevado a una novela: es todo vertiginoso, apabullante, no podría tomar un ritmo mas lento, ni prolongarse más; no creo que se pueda convertir en una novela, ni creo que haga falta. muy buen cuento
    objeciones... hay algunas actitudes del personaje que no terminan de estar motivadas en absoluto, en ese aspecto se podría profundizar y alargar el cuento a un relato... es divertido como describes las obras, pero parece un sumario de datos, también ahí podrías profundizar un poco más... y algún otro personaje tampoco vendría mal. pero el cuento es perfecto, todas mis sugerencias podrían tenerse en cuenta para hacerlo mas accesible y completo, o podrían acentuarse esas peculiaridades a las que me refiero, con intención irónica o lúdica, y definir más el estilo propio
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2013
    Si escribes así un cuento, vale. Pero una novela, ¡NOOOOOO!

    En serio, me gustaron mucho las imágenes que creas; el uso de la sinestesia con los colores, por ejemplo. Te mueves en un terreno onírico, pero no del todo abstracto. Es una rápida sucesión de escenas muy intensas, parece un videoclip. Entiendo que no quieras poner puntos para no dar tregua al lector y crearle vértigo. Es como si la cámara captara momentos reales pero en postproducción lo montaran para hacer videoarte.

    Es algo caótico pero no gratuito, pones un pie en cada orilla y ese equilibrio creo que tiene mucho arte.

    Puede que algo me falle, subirle un punto el lado ordenado, no demasiado. No sabría muy bien explicar qué es lo que falla, así que mejor lo dejo aquí.

    Otro!
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