Dice el refrán popular que cuando el tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue. Entre las definiciones pueriles que nos hemos empeñado en dar sobre la democracia, una linde que algunos se empeñan en no abandonar tiene que ver con la delimitación de ésta al campo exclusivo de la libertad. Es un camino liberal que las democracias han recorrido ya, expulsando cualquier elemento igualitario o de acceso a los recursos en nombre de una libertad de papel mojado a la que acceder en función del poder adquisitivo. Así nos hemos definido durante algún tiempo y así nos va.
Coinciden los economistas en que una de las causas de la actual crisis económica es el enorme endeudamiento privado, y de manera notable el de las familias. Créditos e hipotecas impagables se acumulan como un enorme agujero que secuestra nuestra economía (y por lo visto a nuestros gobiernos). Sin embargo, cuesta creer en explicaciones de corte “creacionista” sobre el fenómeno del endeudamiento: de pronto la ciudadanía española enloqueció- o recibió un mandato divino, lo mismo da- y de manera compulsiva se endeudó hasta las cejas como si no hubiera un mañana. Es una explicación asumible desde la fe, sin ninguna duda, acorde a las fechas navideñas en las que nos encontramos. Y sin embargo, tan fuera de la realidad como, según Benedicto XVI, están el buey y la mula.
La enorme necesidad de endeudamiento de las familias españolas ha estado absolutamente ligada a incompletitud de nuestra democracia, únicamente definida por una mal entendida libertad que no ha tenido en cuenta que depende también del acceso y reparto de los recursos. La enorme subida del precio de la vida a consecuencia del disparate de la vivienda y el crecimiento menor de los salarios, impidió de hecho el acceso a derechos básicos como la vivienda digna sin acudir a la usura, hoy llamada sistema financiero. No ha sido una enajenación transitoria colectiva la que empujó a miles de familias hacia el endeudamiento impagable, sino la enorme desigualdad y la imposibilidad de acceder a los derechos democráticos. Si añadimos al belén que el principal activo de la banca es el crédito, ya tenemos el Cristo: un sistema que ha tenido como motor fundamental la desigualdad social que empujaba al endeudamiento, fuente principal de recursos del sistema financiero.
Por eso, escuchando el discurso liberal de la derecha, encasillado en la libertad descafeinada heredada de sus sofismas del siglo XIX, podemos desvelar detrás del maquillaje y las buenas palabras un profundo desconocimiento de los valores democráticos. Libre elección de médicos, libre elección de centros educativos, libre mercado como pontífice del credo democrático, libre libertad liberal… Y sin embargo, de aquellos polvos nos viene este lodazal. Europa necesita reconfigurarse a partir de una definición real de democracia, que no está en la libertad utópica de la derecha, ni en el excesivo formalismo organizativo con que se empeñan en definirla desde algunas plazas, sino en el acceso real de la ciudadanía a sus derechos, incluidos los recursos que para ello necesita. Frente a la máscara de enunciados liberales que la derecha utiliza para esconder un proceso de desmantelamiento de la democracia no visto en Europa desde los años 30, hablar a cara descubierta de derechos, único eje central de cualquier definición real de democracia.
La derecha madrileña, acorralada por una presión ciudadana sin precedentes en Madrid, habla hoy de regular el derecho de huelga. Continúa en su empeño de liberalizar la sanidad en la Comunidad de Madrid con el mismo tesón que demostró el curso pasado en la liberalización de la educación. Pero como el libre ejercicio de un derecho, el de huelga, es un incordió para su libertad privatizadora, la derecha tiene que optar: ¿cómo definimos nuestra democracia? ¿libertad o derechos?. De una definición sin los derechos como eje vertebrador venimos. Los resultados son visibles. La derecha, sin embargo, sobrevuela la realidad indiferente o en un profundo estado de enajenación mental.
En fin, que hacia Belén va una burra. Que sobre la burra va un tonto. Que el tonto ha cogido una linde. Que la linde se acaba y el tonto sigue.
Comentarios
No se ha entendido mi argumento. Lo que digo es, precisamente, que no podemos definir la democracia únicamente en sus aspectos formales, como hacen los liberales y el nihilismo de las plazas. Lo digo en el antepenúltimo párrafo: tampoco podemos definir la democracia "en el excesivo formalismo organizativo con que se empeñan en definirla desde algunas plazas".
La democracia se define por el acceso real de las personas a sus derechos. Algunos tienen que ver con la libertad, y de esos algunos con la participación. Pero otros derechos tienen que ver con la salud, la educación, la igualdad y el acceso a recursos para la supervivencia. Nadie, aunque gane unas elecciones o logre un consenso en una asamblea en una plaza, puede tomar determinadas decisiones que signifiquen el desmantelamiento de los sistemas de protección social que dan acceso a derechos.
En resumen, si la derecha liberal gana las elecciones, no tiene derecho a desmantelar el derecho del trabajo y los servicios públicos, ya que con eso impide el acceso de muchas personas a sus derechos. Democracia no es hacer cada uno lo que le da la gana, aunque gane unas elecciones o sea el rey de las asambleas de la Puerta del Sol de Madrid.
Así que no nos llevemos a engaño, el problema está en el sistema que rige la democracia, no en la propia democracia. Quien se alce con fuerza contra el capitalismo y reciba apoyo social será quien consiga cambiar el modelo actual. En Grecia ese papel lo está tomando la extrema derecha de Nuevo Amanecer y el país ya converge a la autocracia. Espero que el pueblo, cada vez más borrego, de mi país no se autosuicide y busque la alternativa en otro lado...
...no es cuestiòn de comprender para ustedes, que viven bajo un constante lavado de cerebro mediàtico, ...
la inteligencia se cultiva en condiciones irrestrictas, porque la ciencia del saber es infinita ... eso es lo que siempre harà inviable la superaciòn de los extremistas que solo tienen sus argumentos en sus estòmagos para manipular sus voluntades ...
.... y eso es lo que proclaman los que no necesitan intelecto, sino regìmenes ...:rolleyes: