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Cuentos de Desampararados

RabolonRabolon Pedro Abad s.XII
editado enero 2013 en Narrativa
[FONT=&quot]Todos en más o en menos estamos desamparados. ¡Qué frágil que es el ser humano![/FONT]

[FONT=&quot]Por favor déjame tu comentario, aunque sea muy breve, yo sabré valorarlo.[/FONT]


[FONT=&quot]CUENTOS DE DESAMPARADOS[/FONT]

[FONT=&quot]Rabolón[/FONT]



[FONT=&quot]DESAMPARADOS 1[/FONT]

[FONT=&quot]Como siempre, solo enajenado. Sentado o recostado en el umbral añoso de una casa abandonada. Yo lo vi frágil y desamparado, irrecuperablemente loco hablando sin temor a sus demonios. Ausente total de nuestro asfalto.[/FONT]

[FONT=&quot]Prisionero en sus mugres de cristal. Suicida inconsciente, esperando ansioso aquel virus que no lo visitó nunca o esa helada de la década que congele sus venas quebradizas. [/FONT]

[FONT=&quot]O quizás, en una madrugada del domingo, morir abrasado por el fuego, saltando cómicamente por las calles, oyendo como en un sueño, las risas desbocadas de bromistas juveniles.[/FONT]

[FONT=&quot]¡Pero que cosa! En algunos instantes de sano raciocinio, me confesó, que al verme pasar jugueteando con mis hijos, abrazando tiernamente a mi señora, el también me vio frágil y desamparado. Prisionero sin condena, y carcelero forzado de una dicha, demasiado valiosa como para descuidarla, demasiado expuesta como para protegerla, y demasiado pesada como para poder correr alegremente por la vida.[/FONT]


[FONT=&quot]DESAMPARADOS 2[/FONT]

[FONT=&quot]Nuestro primer encuentro no pudo ser peor. Me asaltó esperando un semáforo en la Cañada y Colón. En un instante, el parabrisas del auto se cubrió de blanco, y antes de que pudiera salir de mi sorpresa, unos secadorasos firmes y largos, descubrían primero el cielo, luego el frondoso follaje de las tipas, y por último unos ojos negros y bribones, semiocultos por mechones desordenados de pelo, que seguían con la concentración de un neurocirujano, los precisos movimientos de su mano.[/FONT]

[FONT=&quot]La indignación y la impotencia se adueñaron de mí. Ni las negativas señas con la mano, ni mis ahogados gritos por la ventanilla, ni la proximidad de la luz verde parecían turbarlo en su consiente búsqueda de la tarea hecha, de la cosa terminada, necesaria mercadería de cambio que, cual misteriosa bruja hechicera, transforma un pedido de limosna en una legítima demanda de pago por servicios prestados.[/FONT]

[FONT=&quot]Pasaron los días y mi indignación se extinguió lentamente dando paso a un vivo deseo de hacer algo por chicos como él, en los cuales la conocida frase "igualdad de oportunidades" adquiere inusitado vigor: igualdad de oportunidades para la miseria, para la delincuencia, para el alcoholismo, y para la violencia. Era el momento de hacer algo por ellos, y de paso, ¿por qué no darle un nuevo colorido a mi existencia?[/FONT]

[FONT=&quot]En esos días un grupo de amigos y conocidos míos, tomaron con desbordante entusiasmo, la iniciativa para proponerme como candidato para una banca de concejal. A mí, la idea no terminaba de convencerme sin disgustarme del todo. [/FONT]

[FONT=&quot]Mis débiles protestas oponiéndome a la candidatura fueron interpretadas por los mismos como una expresión de modestia o humildad, rasgos que embellecen la personalidad de un ser humano y mucho más si se trata de un político. [/FONT]

[FONT=&quot]Por lo tanto, vencida mi endeble resistencia, las pocas horas que mi trabajo dejaba libres, fueron consumidas sin remedio en una infinidad, la mayoría estériles, de reuniones y discusiones de trabajo para planificar la campaña para mi candidatura.[/FONT]

[FONT=&quot]De tal modo que el importante proyecto al poco tiempo se diluyó mansamente en las extensas aguas del olvido.[/FONT]

[FONT=&quot]Lo que no pasó al olvido fueron esos ojos negros, profundos, esquivos, reclamantes silenciosos de una sociedad ciega. A tal punto que pude reconocer sus rasgos cinco años después. Fue en verdad una rara coincidencia. Siempre evito leer las noticias policiales de los diarios, pero la detención del asesino del taxista López era una gran noticia.[/FONT]


[FONT=&quot]DESAMPARADOS 3[/FONT]

[FONT=&quot]Las clases de ética, moral, hebreo, teología comparada, filosofía, e historia del cristianismo, transportaban nuestro punto de observación cual si estuviera viajando en una alucinante montaña rusa. De Dios al hombre, del cura al científico y del juez al condenado. En un voluptuoso vértigo que más que revolvernos el estómago nos producía auténticas náuseas de personalidad.[/FONT]

[FONT=&quot]Mi guía espiritual, por indicación de Monseñor Arispe, quedó en manos del padre Juan Parracino. Viejito de pelo cano, erudito y pío como el que más. Su voz era pausada y casi inaudible, obligándome a escucharlo muy de cerca. Inexorable, el paso del tiempo, venció mi natural repulsa hacia sus desdentadas encías. Terminé aceptando como agua bendita una que otra gotita de saliva despedida inadvertidamente por su boca. Su hábito estaba gastado y descolorido, además tenía los rebordes descocidos. Jamás ostentaba cadenas ni crucifijos de oro. [/FONT]

[FONT=&quot]El simple contacto con su extrema humildad nos hacía sentir fatuos y heréticos aún después de diez horas de ayuno, penitencia y oración. Sus arrugados párpados, a gatas permitían amanecer sus vivarachos ojos, cuya extrema movilidad suplían con eficiencia a su artrítico pescuezo. Un perenne rictus bondadoso habitaba en sus labios proclamando la derrota a su inapelable senectud. [/FONT]

[FONT=&quot]Yo estaba dispuesto a creerle todo lo que fuera razonable, y lo que no lo fuera, a adoptarlo como un dogma irrefutable. Una tibia satisfacción me invadía, de solo pensar que él fuera mi maestro y de que yo fuera su discípulo. Hasta ese entonces el corporizó, sin ninguna duda, mi paradigma viviente del hombre santo.[/FONT]

[FONT=&quot]El aprendizaje en el seminario era para nosotros misterioso y fascinante, pero no ignorábamos que solo era un puerto de tránsito en nuestro derrotero. Puerto, donde quizás demasiado pronto, todos dejaríamos un trocito de nuestras almas.[/FONT]

[FONT=&quot]El año deshojaba ya sus últimos pétalos, y a la caída del último ya estaría ordenado. [/FONT]

[FONT=&quot]Como pastor de almas no había podido recabar aún, ninguna experiencia práctica de valor. No dudaba ni de mi fe ni de mi vocación, pero mi carácter tímido y reservado me hacía dudar, de mi capacidad para rasgar con facilidad, la dura membrana que recubre el corazón de la gente.[/FONT]

[FONT=&quot]Cerca del semanario, a pocas cuadras, en un campito baldío, habitaba un linyera. Su precario techo, consistía en un improvisado toldo de nylon, sostenido precariamente por unas ramas cortadas de paraíso. Tenía la barba hirsuta y enmarañada. El pelo largo y sucio. La piel curtida como la suela de un zapato. Su edad era incierta, bien podría tener treinta como sesenta años. [/FONT]

[FONT=&quot]Lo había pensado bien. Estaba decidido, él sería mi primer objetivo pastoral. Los riesgos parecían casi nulos. Un fracaso se transformaría instantáneamente en un secreto de a dos, y con el paso de los lustros en una anécdota más de un viejo cura párroco.[/FONT]

[FONT=&quot]¿Cómo acercarme sin ahuyentarlo o sin que me agreda, acostumbrados a la hostilidad y maldad de la gente? Sin duda sería muy difícil, aunque no menos arduo que ganarme su aprecio y por qué no su amistad. Por suerte como lograr esto último lo tenía muy claro. Debía penetrar en su individualidad, serpenteando con suma prudencia y extrema delicadeza, la profunda y brutal huella, que Dios trazó en cada uno de nosotros. [/FONT]

[FONT=&quot]La estrategia sería la siguiente. Un comienzo banal hablando sobre el tiempo. Luego, más incisivo, preguntaré si tiene familia y algo acerca de ella. Y ya en confianza, le formularía la pregunta que derrumbaría con estrépito sus defensas, rindiendo una tras otra sus almenadas plazas a mi entera y absoluta discreción. Pregunta clave, matriz de mil otras, que desataría con prontitud el ajustado nudo Gordiano de su existencia, permitiéndome hollar en su interior, con total comodidad: - ¿Y Ud. Don, como llegó a linyera?[/FONT]

[FONT=&quot]La entrevista resultó mejor aún, de lo que esperaba. Charlamos primero sobre el tiempo, y después, cuando le respondía de donde era oriundo mi padre, me preguntó de sopetón: - Decime pipe, ¿Por qué te metiste a cura?[/FONT]

Comentarios

  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado diciembre 2012
    Hola Rabolon, tus tres relatos "Desamparados", me han parecido buenos.El primero, el mejor, según mi opinión. Escribes correctamente y tus temas no son banales, ni estridentes; los planteas con serenidad, sin distracciones inútiles, con un lenguaje comprensible y sencillo.

    Solo te hago una sugerencia: deberías publicarlos por separado para que puedan asimilarse mejor y, a la hora de comentar, se facilita el análisis de cada uno.

    Saludos.
  • RabolonRabolon Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    Hola Sinrima, gracias por tus enriquecedores comentarios.

    Siempre he sido lector de libros gordos, todo me parece poco, por eso junté tres. Pero tu tienes razón, me tengo que adecuar a los tiempos donde menos gente lee, y la que lee, lee menos cantidad, pero quizás con mayor atención.

    Saludos,
    Rabolón
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2012
    Es una cuestión de limpieza más que de longitud. En un museo a las mejores obras se las deja más espacio vacío alrededor.

    He leído tu cuento epistolar, el del viejo que deshereda a su hijo descarriado. Verás, ese cuento me gustó mucho y éstos, aún gustándome porque tienes calidad, me han gustado menos. Me resulta difícil definir el por qué pero creo que es porque el formato epistolar, ¡texto legal encima!, te obligaba a aceptar ciertos códigos con el lenguaje, unas reglas de juego muy restrictivas. Es decir, agudizaste el ingenio para sacar el máximo provecho a los pocos medios de los que disponías. Y salió muy bien.

    Ahora, al verte completamente libre de elucubrar y embellecer, para mi gusto, la comida ha quedado demasiado especiada. Y me da pena que esté tan especiada porque la carne es de muy buena calidad. Te veo un buen escritor de concepto, me apena que se te diluya entre las formas. Me gustaría ver estos cuentos más secos. Estoy seguro de que con tu buena cabeza no serían menos expresivos.

    Es una intuición personal, ojo.
  • RabolonRabolon Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    Perplejo, me ha encantado la riqueza técnica de tus comentarios.
    No caen en saco roto.

    Por favor no leas uno que publiqué en prosa poética "Requiem para un vivo" ya que tiene un párrafo que parece Gongoriano, pero bueno hay que entender que son cosas que escribí hace muchos años que ahora no las haría de esa forma.
    Muchas gracias.
  • MalachiMalachi Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    les agregas un toque vulgar y parecen postmodernos; el otro dijo que estarían mejor más secos; estoy de acuerdo: mucho más secos; creo que en tus cuentos la estética está en el tema, no en la retórica y, de hecho, creo que enturbia el contenido en este caso
  • RabolonRabolon Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    Gracias Malachi por tu comentario. Se que debo que perder ese toque retórico. No lo olvidaré.
  • WillianFWillianF Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    El primero, excelente.
    El segundo, no me ha gustado nada.
    El tercero, bueno.

    P.D. Pero no te dejes llevar por mi insulsa opinión.
  • RabolonRabolon Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    Tu opinión es tan buena como el que más. Además coincide con otras opiniones.
    Gracias por tu comentario
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