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Sin titulo

SmiledudeSmiledude Anónimo s.XI
editado diciembre 2012 en Narrativa
¿Cada libro tiene su descripción atrás no? Hagamos que lo que estás leyendo en este segmento cumple esa función. Esta historia, más o menos fundada en la corriente de la conciencia (no se tomen interpretaciones teóricas estrictas sobre ello, solo léalo y entiéndalo como salga) está en constante desarrollo. La real necesidad de escribir esta descripción es más por la disculpa que debo dar a la descripción. Me disculpo por las faltas de ortografía y redacción, Grammar Nazis abundan. Con las excusas de mis carencias ya dadas, solo me queda decir que esta historia ira en progreso constante en este mismo post, comenten lo que les nazca sea “¡esta buenísimo!” hasta “me sangran los ojos, esto es una mierda”, sino… no vale, el comentario siempre sincero.


No hay nombre



I-

El resultado del sudor junto a los trapos que cubrían la cruda y polvorienta piel del viejo, más su baja estatura, le hacían parecer un ser mitológico, un hombre nacido de una semilla. Cantaba borracho en su marcha hacia la capital del Imperio. Que le den por el culo al Cesar, que no puede evitar que mis ojos se posen en su mujer, por el culo al Cesar y su Mujer. Y después el coro. Soy un hombre libre, que no se mire mal por beber, soy un hombre libre, aquí la prueba ¡A beber! Por el culo al Cesar y su Mujer. Esa canción se la había enseñado un judío tras la fortuna de encontrarse en la aparente nada. El primer contacto humano que tuvo en meses después de zarpar de esas estepas sin alma.

¡Al Cesar y su Mujer! Vociferó el comerciante al cielo agujereado hace un par de décadas en costas ibéricas sobre el botecillo, que no daba ninguna garantía por su aspecto, pero era infalible en evitar hundirse. Sentado sobre la carga, cajas de vino para Cartagena, escuchó una respuesta del mar a su cantico. ¿Estoy muy borracho acaso? Se preguntó mientras miraba al cielo con la jarra como mamadera en la boca. ¿Hola fantasmas? Un quejido gutural desértico salió del agua. Fue lo suficientemente fuerte para que el comerciante, Asdrúbal, detectara el origen del sonido. Tambaleante por el vino cruzó de punta a punta la barcaza, no media más de seis metros. Vio flotando aferrado a una estructura de troncos al vagabundo que 20 años después estaría caminando hacia Roma cantando la misma canción. Asdrúbal le lanzó una cuerda atada al mástil, por ebrio la tiro algo lejos, el hombre a la deriva comprendió que le estaban dando una mano. Se dejo flotar boca arriba hasta alcanzar la cuerda. El comerciante le tomó de los brazos para ayudarlo a subir, el hombre del mar sabía que significaba estar en esas condiciones, prisionero del agua. Lo tiró contra el mástil, abrió una jarra con vino y se la pasó. No dijo nada, lo que produjo un silencio extraño, no molesto, pero sí muy raro.

-¿Ni gracias? Bueno, tal vez ni hablamos el mismo idioma, en realidad, yo ya estaba a punto de quedarme dormido, a ver si mañana te crece la lengua. ¿Tu nombre al menos?

No había respuesta. Asdrúbal intuyó que el hombre frente a él no le entendía, era distinto racialmente a la costumbre. Nunca había visto unos ojos así.

- ¿Ni tú nombre? Supongo que tendré que ponerte uno por mientras. Te llamaras Uva, veo que poco asco le haces al vinacho. Hasta mañana Uva.

Asdrúbal se encogió fetalmente sobre la madera para dormir. Uva se quedo ahí donde lo dejaron, tomando vino, disfrutando el estar sentado por primera vez en mucho tiempo.

Roma quedaba a un día a pie. El mendigo, Uva según Asdrúbal, se entretuvo recordando a su viejo amigo caminando sin detenerse. El día entero, las veinticuatro horas, apenas vio las primeras fortificaciones, se tiró a dormir tras una pequeña muralla abandonada que protegía al vacío del vacío de las praderas. ¡Lo que es llegar a donde sea y simplemente dormir! Imagina fuera así de fácil cuando se tiene sueño, pero no, a veces no se puede rendirse a Morfeo en mitad de la calle así nomas. Por eso es que se sueña despierto, dormir sin dormir. Pensar en la calle es soñar, esas masas en las alamedas sin rostros, todas tan rápido, están durmiendo en su prisa, soñando en el primer paso fuera del laburo. Si no fuera así, alguien se saludaría. Uva no saludó a nadie, tampoco había quien.

Comentarios

  • SmiledudeSmiledude Anónimo s.XI
    editado diciembre 2012
    El sol del medio día bailaba las mejores canciones del verano mediterráneo a esa hora. Calor insoportable, fue el primer concepto que apareció en su mente ese día al despertar, un día sin ningún valor especial, comportándose a regla. El día que sea distinto, será el último, pensó Uva buscando un rustico recipiente donde guardaba su agua especial. Zagas el viejo se percató del hombre que aparecía en el camino a varios pies de distancia. Mientras se acercaba trató de recordar porque estaba donde estaba. Sabía que era camino hacia la Capital, pero no recordaba la razón.

    - ¡eh..!. Gritó el vagabundo al campesino que por diligencias, ajenas a lo que importa, caminaba desganado hacia Roma.
    La cabeza estéril de pelos del trabajador de la tierra, arrugado como sus secos campos, miró agudamente al hombre tirado contra el muro, abrazado al pedazo de cuero que le servía de vaso. Se acerco lentamente para preguntar: ¿Qué?

    - Te he llamado para advertirte, el rumbo que llevas no te hará bien. Gira como un trompo y regresa de donde has venido. Miraba extrañado el campesino. No supo que decir, sus pies ya habían recibido órdenes de partir, pero escuchó lo que le tenían que decir.

    - Sigue mi consejo, que es gratis, pero si vuelves de dónde vas, dejad unas monedas, porque volverás con penumbra en el rostro. Y mi consejo, que gratis es hoy, habrás ignorado.

    El campesino se marchó sin decir nada, no le importó. Un par de días después volvió a pasar frente al muro, dejó las últimas monedas que le quedaban junto al vagabundo que dormía profundamente. El campesino caminó hacia su pequeña granjilla, que ahora se encontraba en llamas con hijos y esposa por no haber cumplido con sus deberes tributarios. El vagabundo escucho el par de monedas que cayeron a su lado, no se alegro, sabía que el hombre se las daba por que ya lo había perdido todo. Cuando despertó vio a lo lejos una fila de hombres y bueyes.

    - ¡eh..!. Gritó al ver las caravanas rebalsadas de bienes y males. Inmediatamente se le acercó un soldado oficialista. Se miraron. Y pasado un minuto el uniformado le encajo el pie en la cara.
    - ¡No vengas con tu mierda de lacra¡ la Capital será asediada y tu aquí borracho. Desenfundó la corta espada para ponerla contra el cuello de Uva. Y siguió transmitiendo palabras que iban más allá del precario español del vagabundo. Una clase de cívica a la romana, de verdad.

    Durante el monologo del soldado el vagabundo no se movió. Esperó como muerto a que se fuera y pasaran los demás hombres. Tomó su rustica cantimplora, se paró como si el hinchado rostro estuviera intacto, el filoso alcohol tal vez, y partió lentamente hacia Roma. No recordaba porque iba para allá, pero como tal acontecimiento bélico le pareció entretenido, partió con ganas. Al devenir.
  • SmiledudeSmiledude Anónimo s.XI
    editado diciembre 2012
    El aroma del campo recién despidiendo la primavera progresivamente adquiría nuevas características. La ciudad grita presente en las narices, incluso a la distancia. Un comerciante con dos burros miro al viejo.

    - Compadre, si va Roma, súbase en Skypperegrys, el burro. Y hagamos las ¿siete horas creo? Hacia Roma menos silenciosas. Un hombre anónimo, se decía a sí mismo un comodín de la sociedad, mencionó a este humilde comerciante lo siguiente “el sentido de la vida es buscar anécdotas en lo cotidiano para compartir en la mesa”. ¡Cuénteme! Y nos colgamos de las manillas del reloj, tal vez bajan más rápido.

    Skypperegrys era manso a los golpes. Obstinado por burro. El vago subió en el lomo de la bestia, bebió, ofreció de su trago. ¡Ejalé! Y el comerciante bebió. El ardor del misterioso brebaje le achico el rostro. Volvió a beber después de la primera patada en al guata pero esta vez no se inmuto, ninguna reacción facial, tieso, como si fuera agua.

    - Gracias, los caminos son eternos pero mis piernas no –dándole unas palmaditas a Skyppergergrys- Sin preámbulos, porque no soy un hombre de nombres, le contare una historia.

    Marco Emilio Lépido ¿Le suena? Bueno sino, aclaro, de esos tres de allá arriba ¿triunvirato? Ja! Palabras que usa esa gente. Bueno, tuve el placer de conocer a Lépido.

    El comerciante, judío como el de hace un par de días, solo casualidades, le pareció atractivo lo que le contaban, aunque no tenía idea quien era Lépido, ni capaz de pronunciar triunvirato. Para él Julio Cesar estaba arrasando en Galia todavía, cuando ya llevaba un par de años muerto.

    Cuando llegue a estas tierras me encontré a Lépido en Nueva Cartagena. Tenía veinte años el romano, me impresione, siendo tan joven era quien tenía la primera voz ahí. Me invitó a comer por mi raza, le pareció entretenido, fui esclavizado por exótico por un par de meses, a voluntad. Así lo veía Lépido, desde arriba. Para mí era comida y techo. No tenía idea en que me estaba metiendo, pero el horroroso destino de la esclavitud, concepto que no conocía esos años, no fue nada terrible, al contrario. Para Lépido era un esclavo especial, nunca recibí un golpe, pero debía soportarle. Los meses que estuve ahí le serví de consejero y compañero. Bueno, ¿al cabo amigo no?
    ¡Ven! ¡Ven! ¡Rápido! Rápido, apúrate cagada! Me gritaba en las mañanas, yo lo encontraba tirado, borracho y quemado grandes cantidades de hiervas en una hoguera en el patio del palacio. ¡Ya! Vamos a llamar a las muchachas ¿o mu-chanchas? Tú me elijes tres y las mandas a mi nido. Es que si no pierdo mucho tiempo en decidir. Y bueno yo elegía, y a veces Lépido me dejaba una. Ya entrada la tarde Lépido me volvía a llamar para preguntar mi opinión sobre sus siguientes “movimientos políticos”. Era algo… ¿osado? “¡Pum! Y le ponemos un cuchillo en la garganta. Al otro le incendiamos los campos para que vengan a comparar acá o le cae el pueblo encima, y ese de ahí lo quemamos con familia y todo, bah si Julito pregunta fueron los barbaros” Yo opinaba, pero nunca fui tomado en cuenta. Me escuchaba atentamente, pero su decisión ya estaba hecha. Un día me dijo “listo, no te necesito, te vas de aquí, que no suene grosero, pues ha sido un gusto” y me cerró en la cara el gran portón. No lo tome mal. Las comodidades eran varias. Sobre todo la biblioteca.

    Días después, yo sentado contra un árbol, en la noche apareció Lépido huyendo de la ciudad a caballo. Me vio, se detuvo y se sentó al lado. Bebimos toda la noche contra el árbol, cuando desperté ya no estaba. Ese que hoy está en el Triunvirato, esa noche fue más comodín que nunca.

    - Para mi no a dejado de serlo. Respondió el judío negro.
  • SmiledudeSmiledude Anónimo s.XI
    editado diciembre 2012
    Sepa lector, que el vago tampoco se percató de la raza de su compañero. En realidad no acostumbraba distinguirlas.

    - Ya te he contado una historia. No tengo ganas de hablar, pero aunque obligado este a escucharte, lo hare con gusto. Te toca.

    El comerciante miró extrañado. No sabía si tomar el comentario como un insulto o como una expresión del ego del lenguaje. Hizo caso omiso y respondió: Aunque te parezca insólito yo no tengo nada que contar. La mirada que devolvió Uva el vago hablaba por si misma, entre rabia, ironía e incrédula decía ¿Y vienes con el discursito de las anécdotas y la vida, más una retorica de mierda para decirme que no tienes nada que contar?

    Te advertí, aunque parezca insólito he dicho. Según mi criterio no hay nada que valga la pena contar sobre mí, conozco miles de historias, pero de ninguna formo parte. Ingenuamente respondió a los ojos que demandaban respuesta.

    Uva dijo nada devuelta. Pensó que las fronteras de la mente del hombre con quien conversaba eran muy limitadas. Una persona que no reflexiona sobre su vida, y de esa reflexión vienen los detalles, lo anecdótico, que destacan para después ser compartido “en la mesa” es un elemento inherente a la especie que les correspondía. El propio comerciante lo había dicho, pero al parecer no lo entendía. Todos estos argumentos volaron por la cabeza de Uva para determinar el quedarse callado por el nulo rango de audiencia a sus palabras.

    Estaba totalmente equivocado. Efectivamente, el comerciante no tenía nada que contar. No era retardado ni simple a pesar de su ignorancia en ciertas, o tal vez varias, bueno casi todas… las materias. Era un hombre muy particular, donde ningún evento en su existencia de judío comerciante negro marcó algo en su vida, hasta el día en que murió. Él mismo dijo: aunque parezca insólito.

    Los verdes pastos que acompañaban el camino de Skyppergergrys y Belfegor (así se llamaba el otro burro) dejaron de serlo abruptamente. La aridez del imperio guiñaba el ojo a los viajeros. Mendigos, sin idea de que será de su mañana (cosa universal), empezaban a aparecer con la silueta bien definida de Roma a sus espaldas. Algunos limosneando, otros durmiendo, y el resto trepando por los acueductos para tomar un poco de agua. El circo romano.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado diciembre 2012
    Cuando un relato es largo, te aconsejo que utilices otro tipo de letra más grande, por lo molesto que resulta leer en pantalla una letra pequeña y tan fina.

    Saludos.
  • SmiledudeSmiledude Anónimo s.XI
    editado diciembre 2012
    Más que la pequeña letra, el interlineado. Lo cambiaría, pero no me deja editar los mensajes viejos. Un tip útil para no forzar la vista. Para letras e imágenes pequeñas en internet, si sostienes Ctrl y mueves la rueda del mouse agrandas (o achicas) lo que la web muestra. Probablemente también se pueda hacer con el teclado si es que no usas mouse. No lo digo para excusarme jaja. En todo caso, no tiene nada de largo si lo piensas escrito en papel... Para lo vertiginoso de internet, bueno tal vez sí.

    Saludos
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado diciembre 2012
    Lo he leído pero me pierdo, será que soy muy distraído. Encuentro interesante la historia pero hay ciertas cosas que no encajan.
    Quizás una revisión exhaustiva del autor hará que se percate de aquellas “cosas”.
    Saludos
  • SmiledudeSmiledude Anónimo s.XI
    editado diciembre 2012
    Si, un par de aclaraciones temporales y una explicación fundamental a cierto detalle del habla que usan los personajes.
  • WillianFWillianF Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    Me pierdo, lo siento.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2012
    Acorta frases, quita adjetivos, quita acotaciones, evita subordinadas: vete al grano.

    Lo siento, me cuesta seguir el hilo.
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