Lo único que recuerdo de aquellos días es la lluvia. Ella entró mojada y agitando su cabello. De reojo me vio pero se dirigió a su habitación. Y fue aquel día cuando me di cuenta de lo mucho que la amaba. Sí, y todavía la amo. Y no quiero decírselo a todo el mundo, únicamente a ella. Quiero decírselo al oído y contemplar su rostro mientras se lo digo. Ella tomó una ducha y se vistió. Le fascinaba leer, pero le gustaba más que yo leyese para ella sus pasajes favoritos de un libro. Estaba triste, así que tomó el libro de la cubierta negra. Escogía los libros de acuerdo a su ánimo. A mí no me importaba leérselos, no discriminaba entre los oscuros o los claros, los viejos o los nuevos. Aunque estuviese triste o melancólica, luego de soñar con los pasajes de un libro su ánimo mejoraba inmediatamente. Se sentó a mi lado luego de tomar una manta que apenas le cubría los pies y dejaba entrever sus pequeños dedos. Mientras repasaba las páginas de aquel libro acarició con sus labios el café que le había preparado. Cuando encontró un pasaje de su agrado me pidió que se lo lea mientras se acurrucaba contra mí. No logré articular ni una palabra. Era como si mis labios no quisieran moverse y esas letras impresas no quisieran ser pronunciadas. Se incorporó y me pregunto qué me pasaba. Siempre lo hacía de la misma manera: con su rostro iluminado, con aquella sonrisa de la que me enamoré, con toda su alma reflejada en sus ojos y tomando con sus manos las mías. Le dije que nada y empecé a leer. Ella volvió a cubrirse con la manta y esta vez colocó sus piernas en mi regazo y me abrazó. Apenas terminaba de leer uno de los pasajes cuando sentí que se había dormido. Dejé a un lado el libro, la tomé con mis brazos y la llevé a nuestra cama. La cobijé, acaricié su cabello, le di un beso en su mejilla y susurré en su oído que la amaba.
A la mañana siguiente me despertó su beso. Era sábado y no había prisa por salir. Me encantaba quedarme en cama para sentir su aroma. La almohada llevaba el olor de su cabello y las sábanas el de su cuerpo. Mientras la rodeaba con mis brazos, me comentaba lo que recordaba de sus sueños. No era mucho y se cansaba al instante. Cuando decidió levantarse, la detuve un momento y le susurre al oído que la extrañé mientras dormía.
Dedicado a e inspirado por: C.M.
Comentarios
Tan breve y tan profundo, muy tierno, como dice Amparo. Y muy bien escrito, has sido capaz de captar mi interés al principio y quedarte con mi atención durante el resto. Con tan pocas líneas has sabido expresar todo un mundo de sentimientos. Me ha gustado mucho