Al despertarme, lo primero que percibí fue la voz de mi mujer que entre llantos gritaba mi nombre y maldecía mi existencia. Luego llegaron los líderes que poco a poco fueron rodeando mi cama y me pidieron que me levantara.
La cabeza me pesaba como una roca y sentía los ojos hinchados, al pararme noté que estaba semidesnudo y me tapé instintivamente. Alguien me acercó un poco de ropa y me vestí apura bajo la atenta mirada de los altos jerarcas de mi congregación.
-Sabés que no podemos ayudarte esta vez ¿no? – me dijo el de mas alto rango
-Te excediste en tu comportamiento y nuestra paciencia tiene un límite que usted acaba de romper, obispo…- continuó otro que no alcancé a reconocer.
Me senté pesadamente y procuré mirarlos a los ojos para obtener algo de información que me estaba perdiendo.
-¿Qué me pasó? Ayer alguien me atacó y no recuerdo nada de lo que pasó hasta ahora que acabo de despertarme.
-¡Por favor, Obispo! Compórtese como un líder de la iglesia y acepte sus errores – volvió a hablar el superior, alzando visiblemente la voz – Nosotros intentamos varias veces hacerlo entrar en razón y apostamos a que el Señor iluminaría su espíritu en algún momento y que vencería su debilidad. Lo alentamos a seguir y hasta tapamos algunos de sus deslices menores para no arruinar su reputación y defender la familia pero, todo fue en vano.
-Querrá decir para defender “su” reputación- contesté enajenado y sosteniéndome la cabeza con una mano porque sentía que estaba a punto de caerse de su lugar.
-Esta actitud no está ayudando, obispo.
-Es que no necesito de su ayuda, les estoy diciendo que algo me ocurrió anoche y no están escuchándome.
-Es que estamos cansados de sus mentiras y justificaciones, ya escuchamos demasiado en el pasado sus argumentaciones y le prometimos que no toleraríamos más sus provocaciones. Aquí mismo y en este solemne acto vamos a relevarlo de sus cargo y a excomulgarlo de la iglesia.
Todos se acercaron hasta dónde me encontraba y apoyando una de sus manos en mi cabeza entonaron una oración inteligible para mí, en ese momento. Mis oídos solo alcanzaron a escuchar entre nubarrones que decían algo así como “que el Señor se apiade de su alma” y luego se marcharon, no sin antes intimarme a que me vaya de mi casa y deje a mi familia en paz y al cuidado de la iglesia. Ya no escuchaba la voz de mi esposa gritando entre lágrimas y tampoco sentía la presencia de mis hijos en aquel hogar. Me incorporé despacio y me acerqué a la puerta de la habitación, efectivamente, la casa estaba vacía y el sol del mediodía ingresaba desafiante por las ventanas, mis ojos se sintieron lastimados y se cerraron en el acto.
Al lado de la puerta de entrada había dos bolsos en los que adiviné que estarían todas mis pertenencias, también al lado de ellos se encontraba el secretario de mi obispado que coincidentemente, era mi mejor amigo desde que cursábamos el secundario.
-Necesito que me expliques que está pasando- le dije con los ojos achinados y haciendo visera con una mano porque el sol, aunque era invierno, me penetraba hasta el cerebro.
Sin decirme nada, me acercó mi celular con gesto apesadumbrado. Lo tome y no entendí que tenía que ver eso con mi pregunta.
-Observa las fotos- me dijo secamente.
Levanté la pequeña tapa y accedí al menú multimedia. Para mí asombro había varias tomas nuevas en donde se me veía a mí sonriente en varios lugares desconocidos y gente desconocida, especialmente mujeres ligeras de ropa y en actitudes “provocativas”, sexuales, besándome y teniendo sexo. Mi cara se desfiguró y mis ojos fueron abriéndose más y más con cada una de esas imágenes, luego de ver todas cerré el aparato y lo guarde instintivamente en el bolsillo.
Miré a mi amigo asombrado y sin poder cerrar la boca.
-Me imagino que no vas a creer en estas fotos… alguien quiere hacerme daño e inventó todo esto- exclamé sofocado.
-Yo no soy nadie para juzgarte- me respondió tranquilamente -Pero ponéte en el lugar de tu mujer, que te estuvo esperando toda la noche despierta pensando que algo malo te había sucedido. Me llamó varias veces a la madrugada para decirme que estaba desesperada y que iba a dar aviso a la policía, intentando tranquilizarla me vine para acá apenas amaneció y luego llegaste cerca de las diez de la mañana en un estado desastroso. Ella te levantó del piso y te quitó la ropa que despedía un olor a cigarrillo y alcohol que volteaba, allí su miedo se transformó en enojo y todo se desencadenó cuando de tu pantalón se cayó el celular y vió esas imágenes que vos acabás de ver.
No supe que decir y lo único que se me ocurrió fue llamar a los líderes de la iglesia para que se hicieran cargo de la situación como ya habían hecho otras veces. Estabas inconsciente, desmayado, sonriente; yo intente despertarte y preguntarte qué te había pasado, en donde habías estado pero, al ver las fotos, también me desilusioné un poco con tu actitud.
Los niños se levantaron sobresaltados y al verte tirado en el piso de tu habitación se asustaron, su mamá los tranquilizó, les dijo que sólo estabas dormido y los cambió para el colegio temprano, los llevó a lo de la vecina y ella se encargó de enviarlos al colegio.
-No me acuerdo de nada de lo que estas contando, te lo aseguro- me confesé sacudiendo la cabeza y al ver sus cara de incredulidad, continué- No tengo motivos para mentirte, eres mi mejor amigo y siempre fui sincero contigo pero esta vez no sé qué decir, no recuerdo nada. Anoche antes de llegar a casa alguien se me cruzó en mi camino y me dijo que era familiar de aquella ucraniana con la que había tenido aquel ruidoso affaire hace años que casi me cuesta el matrimonio y luego me dijo que quería venganza y no sé qué pasó después.
-Ahora ya no importa eso- me respondió irónicamente – Los líderes me pidieron si podía hospedarte en el departamento que tengo en el fondo de casa y que está desocupado. Tengo que aconsejarte de que te olvides de la iglesia, de tu familia y de hacer locuras por un tiempo; que te formes una nueva vida y olvides la anterior, luego de un tiempo prudencial verán que van a hacer con vos.
-Olvidarme de mi vida…¿Cuál vida? ¿la que acaban de arrebatarme en un segundo sin dejarme defender, esa vida?- me sonreí y volví a echar un vistazo a toda mi casa sin terminar de caer en lo que hacía allí si hacía unos instantes estaba hablando con un desconocido.
-¿Me estas entendiendo?- me gritó mi amigo y me agarró de las solapas de mi sobretodo, yo me zafé con violencia de sus garras y lo empujé con violencia hacia atrás. –Soy el único que está de tu lado- me dijo mas conciliadoramente- Yo me ofrecí a hospedarte en mi casa porque ellos querían hacerte desaparecer- volví a mirarlo con furia y le hice un gesto con la mano como no entendiendo lo que quería decirme -Los abogados de la iglesia son muy poderosos y si vos no aceptabas alejarte un poco de tu entorno, ellos te iban a hacer una denuncia y obtener una orden de un juez para que nunca más vuelvas a ver a tu familia. Yo los convencí de que te dieran tiempo para arrepentirte y empezar de cero. Todavía tenés una mínima oportunidad, no la desperdicies.
-¿Por qué nadie me cree?- le dije a mi amigo y una pequeña lágrima se me escapó por la mejilla.
-Creo que porque ya te creyeron demasiado y vos los decepcionaste.
Agaché la cabeza sin decir nada y levanté los bolsos del piso, le hice una seña a mi amigo de que me siguiera y nos fuimos caminando a su casa. Allí me propuse reordenar mi vida y ponerle fin a mis locuras. Le pedí a Dios durante varias noches y días, que me diera las fuerzas para vencer mis debilidades, leí mis libros de religión y procuré volver a mi vida normal antes de causar semejante revuelo. Inevitablemente cada noche volvía a recordar los sucesos de aquella noche e intentaba no olvidarme de la cara de ese sujeto por si volvía a verlo en algún lado y preguntarle por qué me había hecho esto aunque ya sabía su respuesta: venganza. De vez en cuando miraba las fotos de mi celular y procuraba recordar alguna sensación o imagen que me diera algún indicio de lo que había vivido, varias veces tuve el impulso de borrarlas de mi vida pero las mantenía allí como una señal de alarma y como recuerdo de adónde podía llegar la maldad humana.
Cuando mi amigo me veía mal o mirando el celular me decía que me olvidara del asunto y proyectara mi vida hacia adelante, con fé y determinación confiando en que Dios me bendeciría. Busqué trabajo y conseguí de mozo de un modesto restaurant del centro, una tarde cuando regresaba, luego de una agotadora jornada de escasas propinas, encontré a mi amigo, esperándome en la puerta con cara de resignación.
-¿Te acordás de la chica ucraniana a la que involucraste en tu noche alocada y que dijiste que había muerto y su hermano buscaba vengarse con vos? Bueno, los líderes mandaron a pedir información de su paradero a la iglesia en Ucrania y hoy llegó la contestación- un intenso silencio se apoderó de la situación y la pausa se hizo interminable -Pues está mas viva que nunca, fiel en la congregación de su país, casada y nunca tuvo hermanos.
Comentarios
-Necesito saber quien me está haciendo esto y por qué- le dije a mi amigo en tono casi acusador.
-¿En que puedo ayudarte?- me contestó en forma sincera
-En nada, ya hiciste bastante en hospedarme aquí, te lo agradezco de todas maneras.
-¿Qué vas a hacer ahora?- volvió a insistir amablemente.
-No se me ocurre como empezar a desentrañar este asunto, no soy detective…
-Pero… tenés pruebas… ¿conservas las fotos, no es así? Varias veces te encontré husmeándolas. Usalas como referencia.
-Es verdad, no había pensado en eso… ellas son la clave y la causa de que yo esté así. Podría empezar por buscar a la gente y los lugares que allí aparecen.
-Tienen fecha y hora, comienza por el principio- me incitó mi amigo y ese comentario cambió mi vida nuevamente y esta vez, para siempre.
Deja abierta la imaginación a diferentes posibilidades. Estoy seguro de que el desarrollo de la trama no decepcionará.
He seguido tu consejo de presentarme y espero no decepcionar con la continuación.