Abro este hilo con el último de mis relatos (son solo dos folios :oops: ), porque me gustaría mejorar y algún día poder escribir una novela con todo lo aprendido.
Así que si lo deseáis y tenéis tiempo, por favor, dadme vuestros ojos de escritores / lectores profesionales durante unos minutos, y criticadme vilmente!
Gracias!
EL CÍRCULO DEL HECHIZO BLANCO
El repiqueteo de los caballos sobre la tierra húmeda se abatió sobre el bosque, sobreponiéndose a cualquier otro sonido. El destacamento avanzaba al galope por un viejo camino que serpenteaba y se adentraba en la espesura, perdiéndose de vista tras una curva. La lluvia, que había caído sin parar desde hacía dos días, había dejado charcos de agua que se mezclaban con las piedras y el barro.
— ¡Haremos un alto en media hora! —gritó el capitán. Era un hombre fornido y de rostro severo. A diferencia de los otros jinetes, no llevaba casco y su cabello, largo y gris se le apelmazaba en la espalda.
Espoleando a su caballo añadió con la autoridad del que está acostumbrado a dar órdenes:
— ¡Hasta entonces no bajéis el ritmo y, por todos los santos, mantened la formación!
El grupo era precedido por dos soldados a caballo, que portaban el estandarte imperial, compuesto por el característico ojo negro sobre el fondo escarlata. Tras ellos, el capitán y otros seis jinetes cabalgaban en formación triangular, creando una zona protegida en el centro, donde viajaba el Conde Paradas en un alazán de color negro rojizo, más alto que los demás caballos. El destacamento tomó la curva con determinación y continuó la marcha. La lluvia dejaba poco margen de visibilidad, haciendo que la senda se difuminara en un vapor grisáceo delante de ellos.
El capitán se pasó la manga por la cara en un intento de secarse los ojos y aguzó la vista para ver mejor. A unos ciento cincuenta metros distinguió un obstáculo.
Durante unos instantes le pareció una roca, o incluso un animal que había caído en desgracia en mitad del camino. En cualquier caso, aunque no ocupaba toda la anchura de la senda, les obligaría a romper la formación.
— ¡Paso ligero! —ordenó, mientras levantaba el brazo con la palma abierta—. ¡Hay algo en el camino!
El destacamento se puso al trote con destreza, manteniendo la formación. Poco a poco, lo que parecía una roca fue tomando forma, hasta que no hubo ninguna duda de que se trataba de un hombre sentado bajo la lluvia.
Iba cubierto con una capa negra, que a juzgar por lo mojada que estaba, debía pesar una tonelada y llevaba una capucha que conseguía cubrirle el rostro al completo. Tan solo se veían sus manos apoyadas en dos bultos que debían ser sus rodillas.
Cuando estuvieron a unos metros del encapuchado, el convoy se detuvo bajo las órdenes del capitán. Éste se apeó del caballo y, acercándose al desconocido, sacó su espada con un movimiento seco.
— Estáis obstruyendo un destacamento imperial —bramó sin rodeos, al tiempo que clavaba la punta de la espada en el suelo, a escasos centímetros del extraño—. Exijo que os apartéis en seguida. De otra forma tendremos que pasaros por encima.
La capucha se movió hacia arriba y por ella asomaron dos ojos sin el menor signo de miedo. Cuando habló, su voz sonó profunda y vibrante.
— Hasta ahora, nunca ha sido delito disfrutar de la lluvia en un camino público, Capitán Yesser— dijo con tranquilidad.
— ¿Cómo demonios sabéis mi nombre? —el capitán comenzó a mostrarse nervioso—. ¿Quién sois?
— Mi nombre no tiene la menor importancia, capitán —dijo el extraño y se puso en pie de un salto. Era bastante más bajo que Yesser—. Por favor, os ruego que le ordenéis a aquel jinete que no desmonte del caballo —advirtió, señalando a uno de los soldados—. Sólo a vos se os permite pisar la tierra para hablar conmigo. Ni siquiera el Conde, ese que tenéis tan bien escondido ahí, debería decir una sola palabra en estos momentos.
El capitán giró la cabeza y vio a uno de sus jinetes con una pierna fuera del caballo. Se había quedado congelado ante las palabras del encapuchado. Yesser hizo un gesto y le ordenó que regresara a su posición, al tiempo que se volvía de nuevo al hombre de la capucha.
— ¿Cómo os atrevéis a darme órdenes? No voy a decíroslo de nuevo: apartaos del camino ahora, o sufrid las consecuencias.
El capitán Yesser se preguntó por qué el Conde Paradas no intervenía. Era la máxima autoridad, y lo conocía lo suficiente como para saber que le gustaba meter las narices en todos los asuntos, sean cuales sean. Nunca desaprovechaba la ocasión para afirmar su poder, para dar una orden o para sacar a la luz su altanería y orgullo. Quizás en esta ocasión estuviera cansado, pensó, y había decidido dejarlo todo en sus manos. Tanto mejor; él era el responsable de la seguridad del destacamento, y se encargaría personalmente de ello.
El hombre de la capucha no se movía.
— Me iré cuando haya dado el mensaje que he venido a daros, capitán —Sus ojos brillaban tras la capucha. Era difícil apreciar cualquier otro rasgo de su rostro.
Detrás, los caballos parecían inquietos y los jinetes cuchicheaban entre ellos.
— El conde está cans...
— El mensaje no es para el Conde, capitán, es para vos —lo interrumpió—. El Conde no me escuchará.
Yesser estaba cada vez más nervioso. Nadie se atrevería a saltarse la autoridad del Conde para darle un mensaje a un subordinado; ¡mucho menos hacerlo en sus propias narices!
Miró hacia atrás desconfiado, esperando que el Conde Paradas se adelantara en su caballo y tomara las riendas del asunto. Apenas podía verlo entre la formación triangular de los jinetes. No parecía que fuese a hacer nada al respecto.
— Decidme pues lo que habéis venido a decir y marchaos —ordenó finalmente.
La voz del extraño sonó firme y autoritaria.
— El Círculo del Hechizo Blanco ha visto durante décadas la opresión de vuestro imperio sobre el pueblo, el abuso de poder, la esclavitud a la cual sometéis a los débiles. Ha aguantado pacientemente vuestras transgresiones y conspiraciones, vuestras guerras y victorias, vuestros saqueos y vuestra avaricia. Durante años, habéis tomado de la tierra y de las vidas humanas a vuestro antojo, para saciar vuestra sed de poder y riquezas —Su voz sonaba cada vez más alta—. Por todo ello vos, capitán Yesser, llevaréis este mensaje al Rey: dentro de diez noches, cuando la luna haya menguado hasta desaparecer, el tesoro de las arcas reales será robado en su totalidad, asestando un golpe mortal al poder del imperio, y causando con ello una guerra que acabará por destruirlo. En su lugar, se erguirá un nuevo monarca, mas no de sangre real, que reinará con mano de hierro y corazón de carne. El Círculo del Hechizo Blanco así lo profetiza, y así se cumplirá. Que el cielo y la tierra sean testigos de mis palabras.
El capitán Yesser lo miraba pálido de terror. Se había quedado petrificado. Hacía siglos que nadie hablaba del Círculo del Hechizo Blanco, y la mayoría lo consideraban una mera leyenda.
Se giró de nuevo en busca del apoyo del Conde. El hombre de la capucha habló de nuevo.
— No me estáis escuchando Capitán. Como bien os he dicho antes, el Conde no me escuchará. Porque está muerto.
Los jinetes ahogaron un grito de terror detrás del capitán, mientras se apartaban hacia los lados, deshaciendo la formación. En ese momento, Yesser pudo ver al Conde Paradas, que se hallaba erguido en su caballo. Su cabeza colgaba del cuello hacia un lado. Sus ojos vidriosos y sin vida confirmaban las palabras de aquel hombre extraño.
Comentarios
Quizás los que realmente queremos aprender necesitemos eso
Me pondré "viejito" jajaja, aunque yo soy más de leeros que de publicar respuestas porque sí
Ojalá lo continúes, porque parece ser una historia apasionante de guerras, venganzas, hermandades secretas, ejércitos, reyes crueles y futuros inciertos. ¡Y todo eso lo dejas ver en este pequeño prólogo! Eso es genial, porque como poco ya habrías conseguido que tus lectores leyeran un capítulo más, al menos yo lo haría.;)
Con respecto a la forma de escribir, yo no soy experta, lo siento, pero a mí me ha gustado, creo que consigues mantener la atención, a veces, cuando comienzas a leer algo, no puedes evitar que tus ojos viajen deprisa por algunas líneas :rolleyes: Bueno, con este texto no me ha pasado, creo que está bastante bien logrado, las descripciones, la situación, el ambiente...
Pues eso,que me ha gustado
Mirsa, te agradezco mucho tus palabras y sobre todo tu tiempo. Gracias por leerme!!!
PD: Me gusta tu blog
Un saludito desde Sevilla!!
Pues nada, nos vemos por aquí, un saludo.