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Carta

AntonAnton Pedro Abad s.XII
editado junio 2012 en Narrativa
Trincheras.jpg

CARTA

ANTÓN TURAVININ

Nos hicieron sentar en la trinchera y repartieron un pequeño pedazo de pan para cada uno. Los ojos tenían hambre, la piel se ponía dura y el estomago dolía, dolía como nunca antes lo había echo. Estaba nublado, temíamos que lloviera en cualquier momento. Mis pantalones todavía no se habían secado del diluvio anterior.
La primera mordida fue pequeña, no quería que acabase mi único alimento en las próximas seis horas.
- ¡En quince minutos atacamos! – gritó de pronto el capitán.
Nos observamos con Pablo con miedo, temíamos no vernos nunca más. Mis dedos daban vuelta el pan y mis labios lo comían sin tocarlo. Decidí darle otro mordisco, cerré los ojos y disfrute su dureza. Trague la poca saliva que me quedaba y otra vez mire al cielo preocupado por no morir, ahora deseaba que lloviera para sentirla por ultima vez.
- Va a estar todo bien –me dijo Pablo dándome una palmada –Vas a ver que volveremos y de vuelta probaremos este pan duro.
Le sonreí aceptando lo dicho, pero en verdad me angustiaba aun mas saber que siempre te dicen que todo va a estar, pero llega el momento, y nada lo esta.
- ¡Hay una carta!, ¡Una carta! – se escuchaba gritar de fondo.
Miramos para el costado y los brazos iban pasando un sobre celeste triangulado. La carta llego a mí y observe para quien era: Pablo Sinorazzi.
- Pablo, para vos –le dije y se la pase.
Sus ojos se abrieron de par en par, y parecía no estar ahí cuando leyó de quien venia, parecía desaparecer del panorama y por primera vez en varias semanas su estomago estaba lleno. Lo abrió rápidamente con el grito de “¡Cinco minutos para el ataque!” del capitán.
La carta era de su casa, de su ciudad, era de Rosario y venia de su novia. Pablo sacó la hoja y la miró sin escuchar nada de fondo, sin siquiera preocuparse por morir, él estaba viviendo, él estaba deseando sentir esa voz que tanto extrañaba, de la cual me hablaba, de la cual se enamoraba día a día. Pero sucedió algo diferente. Al parecer, antes de la batalla, se apuraron por llevarle la carta al soldado.
Pablo empezó a leer y al principio se podía ver “Disculpame que callé todo este tiempo. No te voy a esperar” y luego, nada mas; eso era toda la hoja. Solamente al final de posdata decía: “Me voy nada cerca, lucha tranquilo y perdóname si te hice mal”.
Y los estallidos comenzaron, y los solados empezaron a correr y el suelo, mojado aun, vibraba por los tanques. Y el pan cayó de sus manos y la carta siguió pegada a él. Y junto con la primera explosión, Pablo gritó con furia “¡¿Cartero que me trajiste?! ¡A un minuto de mi muerte, en el sobre triangular una bala al corazón recibí!”.
Y como si hubiera un animal dentro de él, salió de la trinchera y empezó a correr, las explosiones no le importaban, los estallidos no lo molestaban y los tanques no le parecían una obstrucción. Con una rifle en sus brazos y la lengua dentro de la boca, corría y lloraba, y para él, ese “todo estará bien” desapareció, y cualquier palabra que yo le podía gritar de lejos no alcanzaba sus oídos, no alcanzaba su razón.
Disparando corría hasta que cayó al lodo y se dio vuelta mirando al cielo. Y su cuerpo era rojo y se abrazó con la tierra, y el viento esparció los pedazos de papel por el lugar. Corrí a él, lo miré a los ojos pero él no me miraba, aunque estaba enfrente, su vista me traspasaba al cielo, y las nubes se abrieron y la lluvia cayó bajo el sol. Pero sus ojos no se cerraron, me agarró de la mano y en el lodo, por fin descansó.

Por motivos de Vladimir Visotsky "Pismo"

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2012
    No se sabe que hubiera sido mejor, si morir sin saber o morir sabiendo, :rolleyes::eek:
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado junio 2012
    Antón, me ha gustado mucho este conmovedor relato; en los momentos difíciles es cuando más se desea ser amado y cuando más milagros pueden hacer las palabras amorosas en el ánimo deprimido.
    Me has trasmitido esa desesperación de saberse abandonado cuando más se necesita.Muy bien descrita la escena.
    Con rotundidad te digo que mi opinión es que lo tuyo es la prosa.Ningun poema tuyo de los que he leído, me ha causado el estremecimiento que logras en este relato.
    Saludos.
  • AntonAnton Pedro Abad s.XII
    editado junio 2012
    Gracias por leerlo, ese sentimiento de angustia era el mismo que yo sentía al escribirlo. En el tema de la poesía, me hace falta mejorar, leer y leer, escribir y escribir, y llegara, tocando la puerta, ese sentimiento poético que quiero transmitir.

    Ya estamos en el baile, bailemos.
  • EnergeiaEnergeia Pedro Abad s.XII
    editado junio 2012
    Yo he sentido cómo se le paraba el mundo (y también el corazón) a Pablo al leer aquellas palabras, y cómo todo pasó de estar bien a no significar absolutamente nada.
    Me ha gustado mucho :D
  • FabrizzioFabrizzio Juan Boscán s.XVI
    editado junio 2012
    Me ha gustado bastante, tiene un impactante final y el estilo es sobrio.

    Saludos.
  • Alejandro AlfanoAlejandro Alfano Pedro Abad s.XII
    editado junio 2012
    Una historia tremenda. Y pensar que puede estar cercana a la realidad. Fuerte texto.

    Ale
  • Alejandro DumasAlejandro Dumas Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2012
    Bien Anton. Muy bien.

    Mucho mejor en prosa que en verso, pero tú has comentado aquí mismo lo que has de hacer: hazlo. Camina hacia tu destino y buena suerte.

    ¡Adelante y baila!
  • AntonAnton Pedro Abad s.XII
    editado junio 2012
    Gracias a todos por comentar, en los próximos días publicaré algún que otro cuento guardado. :D:D
  • CalimaCalima Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2012
    Antón, una historia estremecedora muy bien contada.
    Saludos.
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