Está solo. Una vela gastada dejó caer su cera en el piso de tierra y otra se apagó a medio consumir. Mira a su alrededor y no entiende nada.
¿Qué sucede?
Quiere pensar y no puede, se le mezclan las ideas, los recuerdos, no logra entender este silencio que gira en torno a él.
¿Dónde está mi mujer? Se pregunta.
Catalina. Intenta llamarla, la voz se le queda a mitad de camino. Recorre el rancho y comprende lo que ya se había palpitado: se han ido, todos se han ido.
Desde la pared a la cómoda, una telaraña se mueve con la brisa que entra por los resquicios de la ventana. Flores cadavéricas se desmayan en un florero de vidrio verde. Sobre los pocos muebles, la tierra es una capa de fina tela que cubre hasta las sillas. En un rincón sus viejos zapatos aparecen abandonados y sucios de tierra.
Este ya no es su lugar, no se puede vivir tan solo. Abre la puerta, la luz del sol lo ciega, intenta salir y no puede. No logra hacer pie, flota. Se eleva. ¿Qué le sucede? Entra de nuevo a la casa. Sigue flotando, va al dormitorio y se ve en la cama. Nívea la cara, la barba crecida igual que el pelo, se mira en la quietud del cuerpo. Y comprende. Los demás ya se han ido. Ahora le ha tocado a él.
Sale y se deja llevar. Flota liviano en un gran panal de luz, mientras se aleja, una paz infinita lo envuelve.
Comentarios
Saluditos.
teque