Buenas tardes a todos, he terminado de plantear el tercer capítulo, un poco más agresivo que los anteriores. espero les guste.
Capítulo 3
El Guardián del Paso
las próximas tres semanas fueron singularmente sorprendentes para el grupo. Como ya habíamos comentado anteriormente la hostilidad de la naturaleza menguaba a cada paso que daban, pero los últimos días el cambio se hacia agradablemente más notorio; las noches de descanso entre piedras habían terminado, siendo remplazadas por cómodos sueños sobre pastos verdes; las comidas insípidas de carnes y frutas casi podridas, fueron sustituidas por deliciosos manjares de todo tipo; las bolsas para el agua normalmente vacías, ahora se encontraban rebosantes del liquido vital. En fin, si existiera un paraíso en algún sitio, ellos lo habían encontrado en aquel cañón. Todo les parecía tan extraño y hermoso al mismo tiempo, simplemente no habían conocido lugar que tuviera todo en abundancia.
El grupo estaba pasmado de tanta esplendor natural. El viaje ahora se había convertido en una excursión a través de bosque. Cientos de árboles frondosos crecían por todas partes; el suelo cubierto completamente de verde lleno de musgos y plantas adornadas con hermosas flores.
—Mira eso —anonadada comentaba Segra apuntando a una cascada que bajaba desde lo alto del cañón.
—¿Pero qué es? — igual de asombrada cuestionaba Cysa.
La verdad no era para menos, la maravillosa caída de agua nacía en lo que simulaba una cueva, oscureciendo el liquido a su salida y volviéndose cada vez más claro en cuanto caía. Ya en el fondo de la grieta se formaba un estanque con aguas azuladas que descansaban pasivamente a lo largo de varios metros, todo rematado con una densa vegetación montada alrededor de la laguna.
Conmocionados, intentaban mirar al unisono todo cuanto en ese paraje se encontraba, tratando de asimilar tan vasta belleza con una sola mirada. Por supuesto la intensión murió rápidamente, reconociendo que era una tarea imposible de lograr.
—¿Habían visto tanta hermosura junta? —preguntó Misma totalmente fascinado.
No hubo respuesta.
—Deben probar esto —incitaba Sinden empapado.
—Lo que faltaba has contaminado el agua.
—Anciana, no seas grosera y ven a darte un baño — volvía a recomendar mientras hacía el intento de nadar.
Por supuesto los demás lo siguieron, algunos con un poco de miedo de entrar. Entenderán que nunca habían visto tanta agua junta excepcionando las temporadas de lluvia en su pueblo. Pero esto no era nada parecido. En aquellos días las charcas formadas eran malolientes y viscosas, contrastando con lo que ahora tenían en frente. Segra fue la segunda en entrar sosteniendo en brazos a Niel, quien participe en el festejo reía y manoteaba como nunca antes.
El tiempo pasó demasiado rápido sin ser notado por los despreocupados novatos en el nado, siendo la oscuridad quien los sacó de su recreo.
—Pero si esta oscureciendo —advirtió Licon.
—vamos, ¿y eso que?
—debemos prepararnos Sinden —respondía—, no podemos bajar nuestra guardia ni un solo momento.
El responsable líder no caía en la cuenta que durante la mayor parte del día no vigilaron, ni montaron ninguna clase de guardia. Estaban tan distraídos como para prestar atención a lo que a su alrededor sucedía.
La noche terminó sin más, tan tranquila como en las últimas semanas. Durmieron pasivamente arrullados por el canto de un agradable viento en conjunto con el relajante sonido del agua cayendo.
Al despuntar el amanecer no tuvieron otra opción más que seguir su andar. No fue fácil despedirse del fascinante lugar donde habían pasado el día anterior, pero los lujos no estaban dentro de sus posibilidades, además la marcha debía proseguir.
—No puede ser —apáticamente decía Misma forzando su mirada para ver tan lejos como pudiera.
Ciertamente nadie podía reprochar el tono desconsolador de aquel hombre. El camino llegaba a su fin. Después de cientos de kilómetros recorridos esperanzados en encontrar algo que confortara sus corazones, el viaje terminaba de la misma forma que había comenzado. Frente a ellos haciendo conjunto con las dos paredes a sus lados, una tercera que se levantaba en igual tamaño.
—No puede ser —repitió—, tal como ese maldito lobo lo dijo no debimos seguir este camino.
—tranquilo viejo, esto es mejor que ser asesinado ¿no crees?
—¡Miren, por ahí! —gritó Segra.
Justo en el medio del cañón una grieta se alcanzaba a ver. Era pequeña desde esa distancia pero ya al faltar pocos metros se distinguió claramente.
—Una salida —confirmó Cysa.
—Pero, ¿Hacia dónde? —reprochó Misma.
La improvisada escalera se alzaba frente a ellos interminable y peligrosa. Viéndola a corta distancia no parecía sino una cuarteadora de la tierra, tan estrecha que solo una persona podía avanzar a través de ella. Las piedras lisas que conformaban los escalones, mostraban marcas de haber sufrido el paso del agua durante mucho tiempo. Y las uniformes paredes laterales, dando la impresión de moverse por momentos, amenazando con caer al menor disturbio.
—Yo no voy a subir por ahí —negaba el grandullón— ¿acaso quieren morir aplastados?
—Es eso o regresar, tu decides —cuestionaba Licon, quien sin el menor titubeo había decidido seguir la marcha.
—Pues prefiero quedarme, ni tu ni nadie puede obligarme —contestó.
—Has lo que quieras, nosotros vamos —consintió.
Fueron muchas las preguntas que surgieron durante los preparativos del ascenso, pero el joven líder las respondió dando clara muestra de sus aptitudes como comandante del reducido grupo.
Varias horas luego, terminados los preparativos para la partida, comenzaron a subir. Desgraciadamente para ellos, no pudieron llevar todas las provisiones recogidas durante el camino. Lo angosto del mismo hacía imposible remolcar la carreta, cuestión nunca planteada, pues era imposible subirla por aquella empinada ladera. Así que con solo lo necesario escalaban la pendiente uno seguido del otro; a la cabeza Licon revisaba el estado de los escalones confirmando su seguridad, seguidos por Cysa y Segra, esta última siempre con el pequeño niño en la espalda, y en la retaguardia Sinden quien no soportó la idea de quedarse solo en el fondo, acompañado por Misma cargando las pocas armas con que contaban.
—Fue más sencillo de lo que pensé viejo —aceptaba faltando solo unos pocos metros para llegar a la cumbre.
—Te lo dije amigo no era para tanto —reprochó.
Pero justo cuando Licon puso el primer pie en la cima, un temblor comenzó a sentirse por todas partes. Las paredes de la escalera comenzaron a derrumbarse instantáneamente, empezando desde el fondo donde eran mucho más altas y delicadas. Asustado Misma giró viendo como enormes rocas estaban por aplastarlo. —¡corran! —gritaba, empujando desesperadamente hacía adelante.
—¿Están todos bien? —preguntó.
—Si “líder”, estamos bien, pero por poco nos matas. —regañaba Sinden.
—Callate, no fue su culpa —refutó la joven pelirroja.
Habían perdido el aliento, pero a excepción de eso, nada fatal ocurrió.
Segundos más tarde ya cuando la respiración volvía a la normalidad, y los sentidos recuperaban su sensatez, observaron el lugar a donde habían arribado. La vista rebelada fue exactamente la que ellos esperaban encontrar. los árboles no estaban, ni plantas, mucho menos afluentes de agua o animales salvajes. Todo era justamente como cuando bajaron al cañón; un interminable desierto de tierra roja e infecunda.
—Bueno, no podíamos esperar otra cosa ¿verdad? —resignado comentaba Misma.
—¿Ahora por donde? —Sinden malhumorado cuestionaba mirando directamente a Licon.
El joven no respondió, simplemente dio media vuelta y comenzó a contemplar la gran grieta de donde habían salido, siendo secundado por todos sus compañeros. La imagen no dejaba de sorprender, la profunda fisura se perdía en el horizonte, toda cubierta de bosque y aves volando hasta donde alcanzaban a apreciar. Recordaron el principio de la marcha, los peligros que afrontaron, los días de hambre y sed, las noches de miedo y angustia. También vinieron a sus mentes los encuentros con el gran lobo negro; por supuesto, cuando todo era ruinas y rocas desnudas.
—¿Quiénes son los indignos que han profanado tierra sagrada? —se escuchó una voz grave tranquilamente hablando.
El sonido aunque provenía de muy lejos llego a sus oídos fuerte y claro. Instintivamente dieron la vuelta, intentando localizar al poseedor de tan asombrosa pero escalofriante habla. Las palabras del lobo también hicieron acto de presencia, recordaban la advertencia de un peligro en lo alto del cañón, y el destino fatal que aguardaba si continuaban avanzando.
—He preguntado que quienes son —se oyó decir nuevamente.
—Muéstrate y con gusto lo diremos —pidió Licon.
El tiempo seguía su marcha pero continuaban sin ver persona alguna. Cuando por fin a la distancia apareció un punto negruzco que daba la impresión de moverse lentamente hacia donde ellos estaban. La experiencia adquirida durante su largo viaje, les había otorgado cierta seguridad, por tal motivo su postura no se vio afectada tras la aparición de aquel desconocido, pero como gesto de prudencia echaron mano a las lanzas y arcos expectantes de su nuevo retador.
continúa abajo...
Comentarios
—Me llaman Leger, señor del paso. Y ustedes tienen prohibido el acceso —se presentó cuando se encontraba a pocos metros de ellos.
No viendo tentativa de ataque se relajaron dejando la postura defensiva que habían tomado.
—Le presentamos nuestros respetos. Leger, señor del paso —Licon saludaba apegándose a la formalidad del felino—. Somo viajeros en busca de un mejor lugar para asentarnos.
—¿Y donde se encuentra ese lugar? Si me permiten la pregunta.
Nadie supo que contestar, las miradas se clavaron en su líder, esperando una respuesta, tan interesados en escucharla como el propio animal.
—No, no lo sabemos —tristemente respondió el joven agachando la mirada.
La pantera himpló algo similar a una risa.
—¿Ha sido Redelti quien les ha permitido llegar a este lugar? —exigiendo una respuesta rápida.
—Si —no tuvo más que contestar.
El felino corrió hasta el borde del precipicio y rugió tan fuerte que el eco resonó a través de toda la grieta, causando que cientos de aves emprendieran el vuelo.
—Ese maldito, siempre debo corregir sus errores —murmuró tan bajo que nadie se percató de lo que dijo.
Ya cuando había descargado la furia, del cual el motivo no estaba muy claro para ellos, el animal giró volviendo a quedar de frente a los humanos.
—Nadie, exceptuando a los guardianes, tiene permitido pisar El Gihor, a los que se atreven les espera una muerte dolorosa —amenazó Leger.
—Mira amigo, ya hemos pasado por esto antes, tenemos que seguir moviéndonos, así que si nos disculpas.. —Sinden aburrido de tanta palabrería tomó la bolsa que con él llevaba y comenzó a andar.
Los demás turnaban sus miradas entre la pantera y el incorregible compañero; uno alejándose y otro notablemente enfurecido siguiéndolo con la mirada. cincuenta metros, setenta, No volteaba pues esperaba que sus amigos lo siguieran, noventa, cien. Entonces sin dar crédito de ello, la siguiente imagen que vieron fue al hombretón retorciéndose y sangrando en el piso, custodiado por el enorme felino que parecía disfrutar la escena. Más lo que no alcanzaron a observar fue a Leger arremetiendo ferozmente contra Sinden. El animal abrió su hocico, y le arrancó la mitad del brazo sin vacilo en el proceso.
No podían moverse, el miedo los paralizaba. Querían ayudar a su amigo pero los pies no respondían. Cysa y Segra cayeron de rodillas al piso gritando y llorando, incluso el pequeño Niel sereno por naturaleza, comenzaba a llorar. El depredador volteó a verlos aún con el trozo de carne humana entre sus dientes, para escupirlo después de haber captado la atención de todos. Así, con la cara escurriendo sangre trotaba con rumbo a ellos. Misma apuntó su lanza y la soltó, pero fue esquivada con un rápido movimiento a la derecha de la bestia; Licon tomó el arco que reposaba en la espalda de la anciana y disparó una flecha, la cual fue atrapada todavía a medio vuelo por el ágil animal. Cincuenta metros, cuarenta, lanzaban las últimas municiones, cada una fácilmente evadida por Leger, veinte, diez, el decidido líder con cuchillo en mano, avanzó dos pasos e hizo frente a la bestia solo para ser rechazado con un manotazo en el pecho que dibujó tres grandes grietas en la delicada piel de Licon.
—¡Maldito! —gritó Misma tratando de amortiguar la caída de Licon que se desvanecía entre sus brazos.
La pantera rugió, Misma estaba indefenso, ocupaba sus manos en sostener a su convulsionante camarada bañado en rojo. Leger abrió su hocico y clavo sus afilados colmillos en el cuello de Misma que indefenso dejó escapar un ronco sonido mezclándose con el crujido de sus huesos al quebrarse.
Las mujeres lloraban, Sinden se retorcía en un charco de sangre, cubierto en granos de arena adheridos a su piel. Licon no presentaba signos de vida y Misma tirado en el suelo estaba por perder el conocimiento.
—Es su turno —amenazaba Leger limpiándose la sangre con la lengua.
Cysa miraba la sombra de la descomunal bestia cubriendo el sol ante ella. No se movía, no decía nada. Cerró los ojos y esperó pacientemente su muerte. Escuchó un sonido agudo y después nada. El animal le había arrancado la mitad de la cara de un zarpazo. Niel lloraba y Segra gateaba tratando de alejarse del lugar. Oía las pisadas de Leger cada vez más cerca. —Es inútil huir —oyó—, este es su final...
—Has sido tú el culpable Redelti, no debiste permitirles el paso, siempre evadiendo las leyes —Leger lo cuestionaba.
—Mis decisiones no han roto las reglas. Son tus interferencias las que nos condenan —reclamó.
Los dos compañeros hablaban a las afueras de un pequeño palacio, el cual se encontraba a poco distancia del cañón. A pesar de su austeridad el lugar contrastaba con el desértico paisaje a su alrededor. La construcción comenzaba con un largo pasillo de piedra casi invisible al estar cubierto de polvo y arena, tenía unas enormes estatuas también de piedra a los extremos, las primeras en observarse eran una pantera y un león a derecha e izquierda respectivamente, después un lobo y un águila. Las que continuaban no tenían forma definida, solo eran masas de piedra lisas y sin moldear. De esta manera el andador continuaba hasta llega a la puerta principal del palacio, era una estructura de madera sin tallar carente de estética, blanca y siempre abierta. Antes de alcanzar la entrada se debía atravesar una pequeña muralla que circulaba el lugar, después un bello jardín lleno de pasto verde y plantas por todos lados revestidas con coloridas flores; ya a pocos metros de la puerta una escalera larga con escalones muy bajos, agregaba un poco de atractivo al lugar
—Olvidas con quien hablas, ¡hermano!, yo no rompo reglas, jamás lo he hecho o lo haré
—Entonces dime, ¿Por qué atacarlos?
—Esa pregunta no requiere ser contestada Redelti, he hecho lo que debía. Solo cumplí con mi deber.
—No es nuestra encomienda Leger, no debiste rebajarte. Solo interfieres con su destino, no somos los indicados para cambiarlo.
La discusión continuó un buen rato para terminar sin conclusión alguna. Por otra parte, en el interior del recinto nadie discutía sino todo lo contrario; quejidos y gritos se mezclaban en una tenebrosa cantata.
El ruido lo despertó aunque no podía entender nada, se sentía mareado, el interior de su cabeza retumbaba como queriendo quebrar los huesos para poder respirar aire puro; intentó levantarse sin éxito, un dolor insoportable en el pecho se lo impidió. Tenía abiertos los ojos pero las figuras eran borrosas. Una segunda vez hizo lo posible por ponerse en pie, pero las sus extremidades no respondían.
—Mantente acostado Licon, estamos a salvo.
—Por el momento niña, solo mientras aquellos dos deciden su destino —aclaró el ave.
—por que nos atacó Gedci, no hicimos nada malo. Solo queremos seguir avanzando —cuestionó Segra.
—¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? —preguntaba Licon con voz débil.
—Están en el Inhor puerta de entrada al Gihor, lugar que solo nosotros los Damnani conocen —contestó el ave.
La importancia dada al palacio parecía ser la única cosa destacable del mismo, ya que su interior era tan escueto como el exterior. La puerta principal daba paso a una estancia completamente vacía sin adornos ni lujos, el suelo era de mármol como todo el interior del recinto, el alto techo descubría que solo tenía un nivel. unos cuantos pasos adelante, una puerta muy semejante a la principal pero mucho más pequeña era todo lo que se podría apreciar del lugar, a los extremos de la misma dos escaleras nacían, eran muy largas con escalones igualmente largos pero delgados. Al caminar sobre ellas daba la impresión de no estar subiendo en absoluto. Se extendían hacia el fondo una distancia considerable hasta terminar a la mitad del techo del palacio, ya ahí la vista cambiaba, una cúpula de vidrio envolvía completamente el palacio, parecía un gigantesco domo que dejaba ver claramente a su exterior.
continúa abajo...
—¡Sinden! ¿cómo esta él? —asustado y entre quejidos preguntó Licon.
—Estamos bien —mintió.
—Todo a su tiempo mi joven amigo, todo a su tiempo. Primero debes recuperar tus fuerzas. Luego preguntarás lo que desees.
Justo cuando termino Gedci de hablar Licon cayó dormido en un profundo sueño.
Habían transcurrido varias horas desde el sangriento ataque, siendo Segra y Niel los únicos que consiguieron salir sin un rasguño. Por suerte para ellos el rugido de Leger fue mucho más que una forma de desahogar la rabia, éste también clamaba por la presencia de sus dos compañeros, quienes al escucharlo rápidamente atendieron el exhorto. Redelti llegó justo cuando su incontrolable hermano se disponía a atacar a Segra, él al instante se interpuso entre presa y predador deteniendo la masacre.
La noche llegó, en lo alto, cientos de estrellas brillaban acompañadas por una hermosa luna llena que iluminaba completamente el domo. La preciosa pelirroja sentada en medio de sus moribundos amigos contemplaba el cielo que la hizo olvidar un instante todas las calamidades vividas a lo largo de su vida.
—Tu, humana, acercate —bruscamente pidió Leger justo cuando apareció tras las escaleras.
—Déjala tranquila, aunque no este lastimada debe descansar —pidió Gedci.
—No te entrometas hermana. Tenemos que discutir algunos asuntos con ella. Ven con nosotros. —terminaba de hablar en tanto caminaba al otro extremo de la cúpula.
La sensación de miedo que Segra sintió solo fue superada por la petición de la pantera. <<¿para qué necesitaba hablarle?>> Ella se preguntaba. <<¿Acaso quieren matarnos para luego matar a los demás?>>
—¿No has escuchado? —rugió Redelti al darse cuenta que Segra se había quedado inmóvil.
Sin comprender como se dirigió al lugar de encuentro, siendo seguida por Gedci. Los primeros pasos dados fueron muy duros, pues al ver a sus malheridos amigos tirados en el piso desmallados o dormidos, solo pensaba en que dentro de poco tiempo ella podría estar en la misma condición, o en el peor de los casos muerta.
El interrogatorio duró varios minutos, la cuestionaron de muchas cosas incluidas, el porque habían entrado al Gihor, donde ella les platicó el ataque que sufrieron poco antes de bajar al cañón; también entró en la conversación los pormenores de su partida de la cueva y los porqués de tan riesgosas decisiones. Al final a pesar de que Segra difícilmente acomodaba un par de oraciones al hablar, las tres bestias quedaron conformes con los datos obtenidos, dejándola libre para que pudiera descansar.
—Ha comenzado —confirmó Redelti.
—Eso me temo viejo amigo —respondió Leger—. Deben marcharse lo antes posible, su destino yace en la antigua ciudad.
pero ¿cómo vez la historia?, alguna crítica que pudieras hacer me caería de perlas amparo.
Siento no serte de mucha ayuda:eek:
gracias de todas formas.