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Los mismos que Napoleón Bonaparte Froissart

AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
editado marzo 2012 en Narrativa
Los mismos que Napoleón Bonaparte Froissart

– Ante todo les doy las buenas noches y les agradezco que estén presentes, pero a decir verdad, no sé qué carajo hago aquí. Como buen tímido que soy, siempre me resultó impracticable la idea de tener que ser locuaz delante de gente a la que no conozco, ya que mi verborragia se limita a familiares, compañeros y amigos. Como no dije introvertido, sino que dije tímido, advierto que si entre los presentes se encuentran personas que como yo, detestan a esos individuos que en una reunión acaparan la palabra del mismo modo en que lo haría un conferencista, les aviso que esta velada se tratará justamente de eso: voy a ser el único que esta noche utilice esa facultad que nos separa de los monos, aunque no por ella somos mejores que los simios; somos bastante parecidos en muchos aspectos, y de eso dan cuenta infinidad de expresiones, documentos e imágenes. Bastaría con hacer mención a los monos de Gibraltar, que, o no quieren decir, no quieran ver o no quieren oír, de modo casi similar a la gran mayoría de los humanos que habitamos este planeta, porque o no nos damos cuenta de lo que pasa o queremos mantenernos sumidos en la sutil tibieza de un engaño que nos convierte en ovejas, no en monos.

– El engaño es una de las causas por las cuales me encuentro aquí, parado frente a ustedes con un micrófono en la mano, sudando a mares por culpa de la luz de ese foco que calienta como la gran puta y hace que me encuentre usando lentes oscuros. Hay muchos momentos en la vida en que echamos en falta la luz, y también el agua, por qué no decirlo. A propósito. De ser posible, me gustaría que alguien trajera una botella de agua. Tengo algo de sed y no quiero beber esa bebida cola que han dejado sobre la mesa. Así que por favor, no me hagan bajar, no quisiera tener que ir hasta el baño a beber del pico de la canilla, como de vez en cuando suele hacer un amigo que, casualmente, en ocasiones siente que hay demasiada luz y se levanta para encender una portátil y bajar el interruptor del artefacto colgado en la sala. Para mi gusto ese foco da una luz demasiado fuerte para mis ojos, los cuales, precisamente, son la otra causa por la cual en breves instantes se preguntarán qué carajo están haciendo en este recinto viendo a un tipo parado sobre un escenario bebiendo agua de un vaso en lugar de andar por ahí disfrutando esta hermosa noche de luna llena.

– ¡Muchas gracias por la jarra! ¡Ahora sí! …cuando alguien, a consecuencia de hablar mucho… siente reseca la garganta… no encontrará nada tan fresco y efectivo como un buen vaso de agua. ¡Ah! ¡Qué rica! ¿Es envasada o de la canilla? Bueno, en realidad qué importancia tiene, si es la misma agua. ¿A quién le van a hacer creer que llenan cada botella directamente de la fuente natural que surge entre los cerros o el interior de una montaña? Apuesto esta jarra a que existen cañerías que llevan el agua hasta la planta embotelladora. Hace unos cuantos años atrás envasaban el agua y demás bebidas en botellas de vidrio. Si hasta me parece ver los culos de botella asomando del cantero de hortalizas que cuando niño había en el fondo de la casa de mis padres, unos círculos gruesos que a menudo servían para burlarse de la gente que solía usar lentes de ver. Puede parecer extraño, pero antes, no se veían por la calle muchas personas usando gafas de receta. A veces me pregunto si era porque las personas no tenían dificultades de visión o porque solo podían visitar una óptica aquellas personas con un alto poder adquisitivo, aún para una época en la que no había mucha cosa para adquirir.

– El martes de la semana pasada me sentí estúpido en una escala mayor a la que acostumbro, al percatarme que había sido engañado, y pocas sensaciones hay que sean tan desagradables como darse cuenta de que se ha sido estafado. Es algo así como un ultraje intelectual que en ocasiones puede llegar a convertirse en un devastador ataque a nuestro ego y los sentimientos que suelen acompañarlo, aunque reconozco que gran parte de la culpa es mía, ya no por haber sido confiado, sino por ser tan porfiado. Una cosa es confiar, ya sea en uno mismo o en el otro, y otra muy diferente es porfiar algo que ahora me resulta tan evidente que salta a la vista, pero a la vista de los demás y no a la mía, y es por ese motivo que me encuentro en esta comprometida situación de tener que estar haciendo algo para lo que nunca fui bueno, y ya en mis tiempos de estudiante prefería escribir antes que hablar delante de mis compañeros de clase, a los que por lo menos conocía en su gran mayoría, pero en este caso conozco a solo seis o siete de ustedes, y según ha calculado alguien que trabaja en este salón, son aproximadamente unas cien personas, lo cual para mí, es una multitud tan importante como las que suelen concurrir a un acto político, y que seguramente para ustedes es la misma cosa, porque hace diez minutos que vienen oyendo un montón de palabras cuyo contenido es tan inexistente como el contenido de la jarra, de modo que si me hacen el bien de volver a llenarla, les prometo que pondré todo de mi para darle algo de sustancia a mis palabras, o cuando menos, colocaré más espacios entre ellas, porque no quisiera que las butacas que aun se encuentran ocupadas comiencen a ser abandonadas, como es el caso de aquella que acaba de quedar vacía por haberse levantado su ocupante que ahora se dirige hacia la salida… ¡Ah! ¡No! ¡Parece que va al baño!

– Una vez más, agradezco el agua con que han llenado la jarra, y que comienzo a beber en este preciso momento… ¡Ah! …Ahora sí… Como les iba diciendo, el martes de la semana pasada me sentí estúpidamente engañado al descubrir que, el contrato que había firmado un par de meses atrás, contenía una cláusula por la cual estaba obligado a realizar esto que estoy haciendo ahora, hablando hablado sin ton ni son, y si por mi fuera pondría música de Bloodhound Gang o Fatboy Slim y le colocaría a ese maldito foco que parece estar alumbrando más que hace un rato, un circuito oscilador de onda cuadrada con el cual podría trasformar esta instancia que me resulta tan comprometida, en una buena rave en la cual estaríamos colgados con música en vez de con unas palabras que nacen a raíz del parturiente instante en que, sin haber leído la totalidad del contrato, estampé la firma que el martes pasado me hizo sentir estúpidamente engañado, porque había establecido de modo firme y claro, que firmaría con dos condiciones, una de las cuales era no tener que hacer acto de presencia en ningún evento, sin importar que el mismo fuera realizado por mi propio beneficio. Pero sé que la culpa es mía, por haber sido tan confiado con la otra parte como porfiado con mi señora esposa, aquí ausente, porque me dijo que no podría soportar los nervios y la emoción de verme hablando en público y le daba miedo de que le subiera la presión, por lo que prefería quedarse sola en casa a esperarme, y que mientras tanto vería la película El cazador de sueños, que la noche anterior termino de bajar el JDownloader. Así que a esta hora estará en nuestra cabaña ubicada en medio de un monte de pinos, tan cagada de miedo como estuve yo en los últimos días, sabedor de que tendría que estar esta noche enfrente de todos ustedes.

– Yo le había dicho que la película que había terminado de descargar era El Tocador de senos, pero cuando se sentó frente a la computadora y vio que era El Cazador de sueños, por vigésima tercera vez en los últimos dos meses me preguntó si había sacado hora para el oculista, aunque en esa oportunidad la pregunta iba cargada de sorna, y al parecer, no contenta con la cruel estocada, se encargó de recordarme, utilizando tonos y palabras que rayaban la descarada burla, que hoy tendría que estar hablando antes ustedes. Y lo más triste de todo es que si la hubiera escuchado antes, hoy no tendría que estar parado acá, y de seguro me encontraría tecleando frente al monitor, viendo el titilar del cursor a través de unos buenos lentes de receta que me habrían hecho notar que la letra chiquita del contrato decía que estaba obligado, una vez al mes, a concurrir a eventos publicitarios como el que está teniendo lugar en este preciso momento. Por confiado y porfiado, en este instante tengo necesidad de ir al baño a desagotar mi tanque que a estas alturas debe estar repleto por las dos jarras de agua que me voy bajando. Más de uno debe estar pensando que comí bacalao, el cual comienza a verse en los supermercados a raíz de la cercanía de semana santa, aunque para mí todas las semanas son santas, como debe ser en forma natural, y prefiero denominarla semana de turismo. Claro que, gracias a mi espíritu extrañamente confiado y comúnmente terco, en turismo deberé manejar más de seiscientos quilómetros para estar presente en otro evento como este, ya que para entonces estaremos en la casa que alquilamos, ubicada frente al mar, a cincuenta metros de su orilla. Si no fuera por mi vista no tendría que despegarme de sus lados, el del mar y el de mi mujer. Lo peor de todo es que odio manejar, y una vez en la playa no enciendo el auto hasta el día del regreso; y como es un balneario pequeño, puede recorrerse caminando con pasmos tranquilidad, todo lo contrario de la espantosa necesidad que tengo de caminar hasta el baño...

Comentarios

  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2012
    – ¡Ahhh! Espero que puedan disculparme, pero en verdad lo necesitaba. Cuando estaba en el baño tuve la impresión de que había alguien más allí, pues mucho llamó mi atención el sonido que provenía de uno de los gabinetes. Con el breve vistazo que, de refilón, le di a la abertura debajo de la puerta, pude observar unos pies que repiqueteaban siguiendo un ritmo caprichoso y exótico que parecía acompañado de un eco tan extraño, como incierto para ustedes y desconocido para mí es el eco que tendrán estas palabras, las que no tienen otra finalidad que dar a conocer aquello que quedó establecido en el primer contrato que firmo. Me están avisando que se acabó el tiempo por el cual fue arrendada esta sala, y como a continuación se hará presente Danisuh, quien estará presentando su CD Surestribo, tengo que hacerla corta. Con una gran alegría por el hecho, y satisfacción por el resultado, tengo el agrado de anunciarles a todos ustedes que ha sido publicado mi primer libro, del cual se realizó una tirada de mil ejemplares, la cual resulta por demás generosa. Así que si alguno de ustedes tiene interés, y por contrapartida, carece de algo que más interesante en que gastar dinero, en el mostrador del hall hay unos cuantos ejemplares que supongo estarán deseando pasar a estar ubicados en un estante y poder codearse con una diversidad de buenos y verdaderos libros colocados en el estante. Por fortuna, la otra condición que puse para publicar mi libro con la editorial, fue cumplida; así que podré seguir posteando mis textos en los sitios de Internet* en que lo vengo haciendo, puesto que lo que más me importa, es que lo que escribo pueda ser leído por el mayor número posible de personas. En esto momentos la luz me ciega de tal forma que me es imposible comprobar si, además del tipo que continúa en el baño, alguien más se retiró de esta sala, la cual, a continuación, pido sea desalojada, porque ha expirado el tiempo de tolerancia establecido en el reglamento de alquiler que gracias a estos anteojos culo de botella a la Froissart/Simpson que llevo puestos, conseguí leer en una de la paredes de este solemne recinto que ahora nos reúne, pero que desde ya comienza a dispersarnos.

    *A continuación se ofrecen a ti, ocasional, pero seguramente, agudo lector, tres diferentes links al libro del autor.

    http://www.literanda.com/index.php/a...erra-de-kaazam

    http://www.facebook.com/pages/Litera...237467?sk=wall

    https://plus.google.com/b/103912098042437931438/


    * * * * * * *

    Playlist ejecutado durante la creación de este texto cuyo título hace mención al protagonista de Los anteojos, de E.A. Poe:

    BLOODHOUND GANG - MAGNA CUM NADA
    BLOOD HAND GANG - Mope.mp3
    BLOOD HAND GANG - Take the long way home.mp3
    BLOODHOUND GANG - THE BALLAD OF CHASEY LAIN
    BLOOD HAND GANG - The inevitable return of the great white dope
    BLOOD HAND GANG - Yummy down on this
    BLOODHOUND GANG - The bad touch
    BLOODHOUND GANG - UHN TISS UHN TISS UHN TISS
    The Chemical Brothers - Believe Feat. (Kele Okereke)
    CHEMICAL BROTHERS 08 - Got glint
    CHEMICAL BROTHERS 04 - Orange wedge
    Collective Soul - Gel
    Daft Punk - Around The World
    Daft Punk - Da Funk
    DAFT PUNK - Da Funk
    DAFT PUNK - Harder, better, faster, stronger
    Daft Punk - Oh Yeah
    DAFT PUNK - One more time
    FATBOY SLIM - Acid bood
    FATBOY SLIM - Because we can
    FATBOY SLIM - Build it up. Terr it down
    Fatboy Slim - Don't Let The Man
    FATBOY SLIM - Fucking in heaven
    FATBOY SLIM - Gangster tripping
    FATBOY SLIM - Kalifornia
    FATBOY SLIM - Love island
    FATBOY SLIM - Praise you
    FATBOY SLIM - Right here, right now
    Fatboy Slim - Slash Dot Slash
    FATBOY SLIM - Soul surfing
    FATBOY SLIM - Sympathy for the Devil (Feat. Rolling Stones)
    FATBOY SLIM - The rockafeller skank
    Fatboy slim - Weapon of choice
    FATBOY SLIM - Ya Mamma
    FATBOY SLIM - You're not from brighton


    :cool:
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2012
    De los tres enlaces, al menos uno funcionó, divertida historia con miada incluida;):p:)
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2012
    amparo bonilla escribió : »
    De los tres enlaces, al menos uno funcionó, divertida historia con miada incluida;):p:)

    ¡Hola Ampa! (menos mal que no va con "h", porque sonoría feo)

    Con uno es suficiente. No sé por qué existen personas que quieren tener dos, tres, diez o mil...

    Me alegra que te haya resultado divertida y... aguarda, unos segundos... ¡Ah! ¡Ahora sí! En verdad lo necesitaba. Pero esta vez, es cerveza.:)

    Saludos y muchas gracias por comentar

    PD.
    A continuación, posteo la versión que resultó luego de algunas correcciones y de una posterior ampliación del texto.
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2012
    Los mismos que Napoleón Bonaparte Froissart

    – Ante todo, les doy las buenas noches y les agradezco su presencia, pero a decir verdad no sé qué carajo estoy haciendo aquí. Como buen tímido que soy, siempre me resultó impracticable la idea de tener que ser locuaz delante de gente a la que no conozco, ya que mi verborragia se limita a familiares, compañeros y amigos. Pero como no soy introvertido, sino tímido, y no tengo otra alternativa que hacer lo que estoy haciendo, quisiera advertir que si entre los aquí presentes se encuentran personas que como en mi caso, detestan a esos individuos que en una reunión acaparan la palabra del mismo modo en que lo haría un conferencista, ya pueden ir levantándose de sus asientos, porque esta velada se tratará justamente de eso: voy a ser el único que esta noche utilice esa facultad que nos separa de los monos; aunque no por poseerla somos muy distintos ni mejores que los simios; en verdad tenemos muchas similitudes, y de eso dan cuenta infinidad de expresiones, documentos e imágenes. Bastaría con hacer mención a los monos de Gibraltar, que, o no quieren decir, no quieran ver, o no quieren oír, de modo casi similar a la gran mayoría de los humanos que habitamos este planeta, porque o no nos damos cuenta de lo que pasa o queremos mantenernos sumidos en la sutil tibieza de un engaño que ni siquiera nos iguala a los monos y que nos permitiría andar colgados en las ramas de los árboles de bosques y selvas; en cambio, hace que seamos como ovejas que pastan en las praderas siguiendo cada uno de los pasos que da el pastor de turno, y en muchos casos, cuando comprendemos que todo se trata de un colosal tinglado armado para engañarnos, es demasiado tarde.

    – El engaño es una de las causas por las cuales me encuentro aquí, parado frente a ustedes con un micrófono en la mano y sudando a mares por culpa de la luz de ese foco que calienta como la gran puta, o puto, y que no me dejó otra opción que usar lentes oscuros. Hay muchos momentos en la vida en que echamos en falta la luz, y a veces, por qué no decirlo, también el agua. A propósito. De ser posible, me gustaría que alguien trajera una botella de agua; tengo algo de sed y no es conveniente que beba ese refresco cola que han dejado sobre la mesa, así que por favor, no me hagan bajar. No quisiera tener que descender las escaleras para ir hasta el baño a beber del pico de la canilla, como de vez en cuando suele hacer mi amigo Lucas, quien, coincidentemente, cuando comienza a sentir que la luz es exagerada, enciende una portátil y bajar el interruptor del artefacto, colgado en medio de su habitación. Para mi gusto ese foco da una luz demasiado fuerte para mis ojos, los cuales, precisamente, son la otra causa por la cual en breves instantes se preguntarán qué diablos están haciendo encerrados en este sitio, mientras ven a un tipo que parado sobre el escenario, bebe agua de un vaso, en lugar de andar por ahí disfrutando de esta hermosa noche de luna llena que, como tantas veces, estará enseñando su brillante sonrisa.

    – ¡Muchas gracias por la jarra! ¡Ahora sí! … cuando alguien, a consecuencia de hablar mucho… siente reseca la garganta… no encontrará nada tan fresco y efectivo como un buen vaso de agua. ¡Ah! ¡Qué rica! ¿Es envasada o de la canilla? Bueno, en realidad qué importancia puede tener, si es la misma agua. ¿A quién le van a hacer creer que llenan cada botella directamente de una fuente natural que surge entre los cerros o del interior de una montaña? Apuesto esta jarra a que existen cañerías que llevan el agua hasta una planta embotelladora, como la que solía funcionar a un costado de la ruta de entrada a esta ciudad una década atrás, pero que hoy es solo un esqueleto que parece preanunciar, antes de que lo haga oficial el cementerio ubicada un poco más adelante, las características del pueblo que nos vamos a encontrar. Unos cuantos años antes, envasaban el agua y demás bebidas en botellas de vidrio… si hasta me parece ver los culos de botella delimitando los canteros de hortalizas que habían en el fondo de mi casa cuando era un niño, unos sugestivos círculos gruesos que, a menudo servían para que esa clase de niños que comienzan a demostrar su crueldad para con los demás desde bien pequeños, y cuya mención eran utilizada para burlarse de los pocos niños que por entonces usaban lentes de ver. Puede parecer extraño, pero antes no era muy común que las personas usaran gafas de receta. A veces me pregunto si se debía a que las personas no tenían dificultades de visión, o porque solo podían visitar una óptica las personas de alto poder adquisitivo; aunque, al tratarse de una época en la que los aparatos de televisión eran un lujo, es posible que solo la gente que tenía receptores de TV se viera obligada a visitar el oftalmólogo, lo cual, sin importar si era causa, efecto, o ambos, hacía que se vieran estúpidos al usar anteojos.

    – El martes de la semana pasada me sentí estúpido en una escala mayor a la que acostumbro, cuando me percaté que había sido engañado, y pocas sensaciones hay que sean tan desagradables como darse cuenta de que se ha sido estafado. Es algo así como un ultraje intelectual que en ocasiones, puede llegar a convertirse en un devastador ataque a nuestro ego y los sentimientos que suelen acompañarlo, y reconozco que gran parte de la culpa fue mía, no tanto por haber sido confiado, sino por ser tan porfiado; porque una cosa es confiar, ya sea en uno mismo o en el otro, y otra muy diferente es porfiar algo que, ahora, me resulta tan evidente que salta a la vista, pero a la vista de los demás y no a la que tenía en ese momento. Es ese el motivo por el que me encuentro en esta comprometida situación de tener que estar haciendo algo para lo que nunca fui bueno. Ya en mis tiempos de estudiante prefería escribir a tener que hablar delante de mis compañeros de clase, a los que por lo menos conocía en su gran mayoría, pero en este caso conozco a solo seis o siete de ustedes, y según ha calculado alguien que trabaja en este salón estoy parado frente a más de cien personas, lo cual es para mí igual a las multitudes que suelen concurrir a un acto político, lo que seguramente es la misma cosa, porque hace diez minutos que vienen oyendo un palabrerío de contenido tan inexistente como el agua de la jarra, de modo que si me hacen el bien de volver a llenarla, les prometo que pondré todo de mi parte para darle algo de sustancia a mis palabras, o cuando menos, juro que colocaré más espacios entre ellas; no quisiera que las butacas que aun se encuentran ocupadas comiencen a ser abandonadas, como es el caso de aquella que acaba de quedar vacía por haberse levantado su ocupante que ahora se dirige hacia la salida… ¡Ah! ¡No! ¡Parece que va al baño!

    – Una vez más, agradezco la deferencia que han tenido al llenar este recipiente que ya siento como mío, y cuyo contenido comienzo a beber… ¡ah! …ahora sí… ¡ah! … Puedo asegurarles que ese ¡ah! es totalmente diferente del ¡ah! que profieren los cientos de millones de personas que acostumbrar consumir esa bebida cola que promete, entre otros asuntos de gran importancia, quitar la sed, ser el sabor de la vida, dar sensación de vivir y otorgar felicidad… pero, como les iba diciendo, el martes de la semana pasada me sentí estúpidamente engañado, al descubrir que el contrato que había firmado un par de meses atrás contenía una cláusula por la cual estoy obligado a realizar esto que hago ahora, hablar y hablar sin ton ni son, y si por mi fuera, pondría música de Bloodhound Gang o Fatboy Slim y le colocaría a ese maldito foco que parece brillar aun más que hace un rato, un circuito oscilador de onda cuadrada con el cual podría trasformar esta instancia, que me resulta un tanto comprometida, en una buena Rave en la cual estaríamos colgados con música y no con palabras que surgen del infeliz instante en que, sin haber leído la totalidad del contrato, estampé la firma que el martes pasado me hizo sentir estúpidamente engañado, porque había establecido de modo firme y claro que firmaría con dos condiciones, una de las cuales era no tener que hacer acto de presencia en ningún evento, sin importar que el mismo fuera realizado para mi beneficio. Pero sé que es mía la culpa de haber sido tan confiado con la otra parte, como porfiado con mi señora esposa, quien aunque ausente, está aquí. Ella dijo que no podría soportar los nervios y la emoción de verme hablando en público y tenía miedo de que le subiera la presión, por lo que prefería quedarse sola en casa a esperarme, y que mientras tanto vería la película El cazador de sueños, que la noche anterior había terminado de bajar el JDownloader. Así que imagino que a esta hora estará en nuestra cabaña, ubicada en medio de un monte de pinos, tan cagada de miedo como estuve en los últimos días, sabedor de que tendría que estar esta noche enfrente de todos ustedes.
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2012
    – Yo le dije que la película era El Tocador de senos, pero cuando se sentó frente a la computadora, y vio que era El Cazador de sueños, por vigésima tercera vez en los últimos dos meses me preguntó si había sacado hora para el oculista, aunque en esa oportunidad la pregunta estuvo cargada de sorna; y al parecer, no contenta con la cruel estocada, se encargó de recordarme, utilizando tonos y palabras que rayaron la descarada burla, que hoy tendría que estar hablando antes ustedes. Lo más triste de todo es que si la hubiese escuchado antes, hoy no tendría que estar parado acá y me encontraría tecleando frente al monitor de mi computadora, viendo el titilar del cursor a través de los lentes de receta que me habrían hecho notar que, la letra chiquita del contrato, decía que estaba obligado a concurrir a eventos publicitarios como el que está teniendo lugar en este preciso momento. Por confiado y porfiado, en este instante tengo gran necesidad de ir al baño a desagotar mi tanque, que a estas alturas debe estar rebosando por las dos jarras de agua que he bebido. Más de uno debe estar pensando que comí bacalao, el cual comienza a verse en los supermercados a raíz de la cercanía de semana santa; aunque para mí, y como sucede en la naturaleza, todas las semanas son santas, por lo que prefiero denominarla semana de turismo. Hablando de la santa, debido a mi espíritu extrañamente confiado y comúnmente terco, en turismo deberé manejar más de seiscientos quilómetros para estar presente en otro evento como este, y para entonces estaré en la casa que alquilé, ubicada frente al mar y a cincuenta metros de su orilla. Si no hubiera sido por mi vista, no tendría que despegarme de sus lados, el del mar y el de mi mujer; y lo peor de todo, es que odio manejar. Una vez en la playa, no enciendo el auto hasta el día del regreso. El balneario al que solemos ir es un sitio pequeño que puede recorrerse caminando con total tranquilidad; uno puede tomarse las cosas con calma porque los segundos transcurren sin premuras, justamente lo opuesto a lo que siento en este momento, en el cual tengo gran urgencia de ir al baño…

    – ¡Ahhh! Espero que puedan disculparme pero en verdad necesitaba ir al toilette, y cuando me encontraba en él, tuve la impresión de que había alguien más allí. Mucho llamó mi atención un sonido que provino de uno de los gabinetes, y al girar la cabeza, de un breve vistazo pude observar unos pies que debajo de la puerta repiqueteaban con un ritmo que se me antojó caprichoso, pero que venía acompañado de un eco que me resultó conocido, todo lo contrario del incierto para ustedes y desconocido para mí, eco que tienen estas palabras, las que no tienen más finalidad que dar a conocer aquello que quedó establecido en el primer y último contrato que firmo sin gafas. A propósito… Aquel señor de lentes me está avisando que se acabó el tiempo por el cual fue arrendada esta sala, y como a continuación Danisuh estará presentando su CD Surestribo, me veo en la obligación de ir dando por concluida esta velada, que a decir verdad, a causa de ese foco, no lo parece. Pero, con gran alegría por el hecho y, lo confieso, gran satisfacción por el resultado, tengo la dicha de anunciarles a todos ustedes, que ha sido publicado mi primer libro, del cual se realizó una tirada de mil ejemplares, que resulta excesivamente generosa, y que recoge aquello que escribí en el período comprendido entre los años 2001 y 2006, aunque el breve texto que le sirve de apertura, es bastante anterior. Así que, si alguno de ustedes tiene interés y, por contrapartida, carece de algo más interesante en que gastar el dinero con el que las empresas en las que solemos trabajar, tan generosamente nos premian por nuestra dedicación y esfuerzo, en el mostrador del hall hay unos cuantos ejemplares que están deseando pasar a estar ubicados en una biblioteca y así poder codearse con los otros libros colocados en los estantes. Por fortuna, la otra condición que interpuse para que mi libro fuera publicado por la editorial, fue cumplida; así que podré seguir posteando mis textos en los sitios de Internet* en los que lo vengo haciendo, puesto que lo más importante es que lo que escribo, pueda ser leído por el mayor número posible de personas. En esto momentos la luz me ciega de tal forma que me resulta imposible comprobar si, además de la persona que continúa en el baño, alguien más se retiró de esta sala, la cual, a continuación, suplico sea desalojada, porque ha expirado el tiempo de tolerancia establecido en el reglamento de alquiler que, gracias a estos anteojos culo de botella a la Froissart/Simpson que llevo puestos, conseguí leer en una de la paredes de este solemne y laberíntico recinto que nos reúne, pero que ahora, comienza a dispersarnos.


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