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Buenas noches de nuevo

Juan HumblebyJuan Humbleby Pedro Abad s.XII
editado febrero 2012 en Narrativa
Saludos a todos. Mi nombre es Juan, vivo en Montevideo y tengo 30 años; y si bien estoy desde hace un tiempo inscripto acá, me siento como otra vez nuevo. Supe venir mas a menudo y dejé de hacerlo, la diferencia es que hace un tiempo pasaron cosas y recién ahora tengo internet en mi casa. Espero venir mas seguido. Por lo general busco un intercambio que me motive a escribir, ya que a veces me cuesta, y espero poder devolverles valor por valor. Así que pido permiso, les mando un abrazo y dejo un cuento para ver que onda... Nos leemos...
Ronda Nocturna

Alguien dijo su nombre en la oscuridad. El viejo murmuró alguna cosa y encendió su linterna como toda respuesta. No vio a nadie. Pensó que tal vez los dueños de la fábrica, acaso por sufrir de insomnio esa noche o quizás por estar volviendo muy tarde de alguna fiesta, tal vez considerasen oportuno molestarlo con una visita. Podría ser; aunque algo así nunca había sucedido. En veinte años sus patrones jamás lo habían sorprendido así de esta forma en mitad de la noche. Aguardó unos momentos y escuchó atentamente. Trató de distinguir entre las sombras algún movimiento pero no vio a nadie. El sereno nocturno sintió no tener más remedio que levantarse entonces y salir a recorrer el enorme y antiguo edificio que sabía de memoria. Como tantas otras veces en los últimos veinte años, Morales caminaba lenta y cansadamente, siempre anticipando sus pasos con el haz de luz de la vieja linterna; desplazándose sin hacer ruido, probando el frío del lugar con el breve vapor que salía de su boca, atento a cualquier sonido o movimiento nuevo que pudiera surgir. Como todas las noches paseó su linterna por la penumbra del inmenso almacén hasta llegar a la oficina del fondo. Todo quieto y en calma. Volvió Morales ahora sobre sus pasos, esta vez para revisar una por una las filas de interminables estanterías pero no encontró a nadie. Caminó luego hasta la despensa, buscó en el despacho y en la habitación de limpieza y nada. Durante quince minutos se dedicó a inspeccionar minuciosamente los complicados recovecos de la planta de maquinas solo para comprobar lo que en realidad ya sabía: que nada ni nadie se ocultaban allí. Intactos los vidrios y la caja registradora en la recepción. Ni un solo rumor que alterara la calma. Esta vez tendría que bajar. Con cuidado de no resbalarse, Morales comenzó a descender lentamente los húmedos escalones de hormigón que conducían al subsuelo. Una vez abajo, luego de revisar los lugares usuales, halló que también los sótanos se encontraban vacíos y que las llaves generales de la corriente eléctrica permanecían sólidamente apagadas. Como siempre sintió que el frío era mas intenso ahí abajo. Antes de volver a subir quiso asegurarse que la puerta de los garajes estuviera cerrada. Lo estaba. Comprendió finalmente que esa noche tampoco lo visitarían los patrones después de todo. No había nadie en la fábrica. Empezaba a dudar de haber escuchado esa voz. Por último, en el acostumbrado final de sus recorridas, ya en la profundidad del baño de los empleados, descubrió con amarga sorpresa que al menos esta vez hubiera querido encontrar un intruso merodeando en la fábrica. Eso hubiera resuelto las cosas para el. Hacía ya varios meses que la idea de estar volviéndose loco lo venía molestando, cada vez más insistentemente en los últimos tiempos y ya con demasiada frecuencia este mes. No era la primera oportunidad en que creía escuchar o ver cosas mientras trabajaba. “Es solo que este trabajo es un poco solitario de más”, solía decirse. “No estoy loco” Y se repetía eso cada vez que alguna de estas cosas pasaba, pero ya no se creía a si mismo cuando se miró al espejo. Se vio y se sintió un extraño con esa sucia campera de nylon y con el logo sonriente de la marca de galletitas en la solapa. Sintió que faltaba el aire en ese lugar. Ya había olvidado el olor a tabaco rancio que seguramente desprendía hace tiempo el ajado uniforme. “Sesenta y cinco años es mucho” le comunicó al espejo. “Tres años mas y ya me jubilo”. La luz de la linterna iluminaba su rostro. Una barba de dos o tres días empezaba a asomarse sobre la piel curtida y amarillenta. El bigotito entrecano le pareció más insignificante y gris de lo que creía recordar. Sus acostumbrados y pequeños ojos celestes, más hundidos en la cara que la última vez. Ya estaba viejo, se dijo. Y la imaginación lo engaña a uno a veces. Seguramente debería cortar por lo sano, retirarse y conseguirse una compañera. “Tres o cuatro años mas” volvió a prometerle al espejo. No había nadie con el, era consciente de eso, sin embargo estaba seguro de haber escuchado claramente su nombre hacía algunos minutos. ¿Y que? Nadie está loco por eso. Le puede pasar a cualquiera. Morales comenzó a cansarse de aquello y decidió haber escuchado mal, decidió que estaba seguro y retornó mansamente a su lugar de sereno nocturno. Como todas las noches, ya acomodado en su silla, se dedicó a distraer su larga jornada de más de once horas. Buscó su tabaco y se calzó los auriculares. Los viernes escuchaba “La movida tropical nocturna” en su radio a pilas. “Solo una vez mas.”

La vio segundos después de encender el tabaco. Recibió la aparición en silencio, con los auriculares puestos y no reaccionó. Si Morales en ese momento experimentó alguna cosa, su voluntad y su cuerpo no lo interpretaron o se negaron a demostrarlo porque se mantuvo inmóvil. Era como si aguardase el final de algún extraño proceso interno, como si para sentir pánico o fascinación hiciera falta la primera explicación racional posible de lo que estaba pasando. Y Morales no la tenía. La cordura, la rutina y el sentido común dependían ahora de negar lo evidente, lo que sin lugar a dudas estaba observando en ese momento. Interactuar en función de aquello representaba admitir de una vez por todas la propia locura. Y Morales no quiso. Estaba despierto; Gerardo Nieto y su banda en vivo seguían cantándole desde los auriculares mientras lo sobrenatural se manifestaba. Morales no tuvo valor para sentir miedo o no pudo juzgarlo en su total magnitud. Sabiendo instintivamente que estaba despierto, contuvo un ligero temblor de su mano derecha y apagó el cigarrillo. Miró nuevamente y comprobó entristecido que la criatura tenía luz propia. Sintió una familiar puntada en el ojo derecho. En veinte años Morales no recordaba haber visto nunca la podredumbre de esa vieja fábrica tan iluminada. Las manchas de humedad. La diminuta caca de los ratones. La suciedad en los puños de su campera. Veía todo claramente y no estaba dormido. “Puta… Me dejé estar” A su pesar confirmó que la criatura en ese momento lo examinaba detenidamente y representaba a una extraña mujer. Era real y lo estaba mirando. A pesar del tibio fluir que sintió deslizarse desde su entrepierna hasta sus tobillos Morales no pudo dejar de admirarla. En ese momento un charco empezaba a formarse junto a sus zapatos y no le importó. La mujer era hermosa. El contorno del ser le resultaba difuso debido a la intensa luz blanca que irradiaba de sus vestiduras. Solo el rostro y las manos quedaban definidos con exactitud; eran los únicos sitios en donde la inmaculada piel de la extraña entidad permanecía al descubierto. La delicadeza absoluta del rostro, la nariz recta y la frente despejada del mágico ser le comunicaron a Morales una belleza imposible y no terrenal, primitivamente familiar y desconocida a la vez. Al punto Morales se sintió invadido por una nostalgia enorme, pero que no pudo ubicar en su procedencia. Vaciló unos instantes. Se espantó al descubrir de improviso la intensa y completa oscuridad de aquellos ojos y de su contorno. Morales, sin admitir aún lo que le estaba pasando, temió comprender que un Dios bueno y todopoderoso jamás podría consentir esos ojos en su propio universo, esos globos oculares completamente negros, esos terribles y espléndidos ojos de diablo, esa infinita inteligencia que adivinaba ahora en la mirada muerta de aquella criatura. Tal vez Dios no existiera acaso. Por lo demás, todo en la dama era blanco y parecía estar hecho de luz, de una insólita y rara luz blanca. Excepto quizás por el ligero detalle de los labios, que sonreían apenas y que también eran negros como la mirada. Esa mirada. No se animó a sostener por más tiempo la fijeza invasora de aquellos dos ojos. Vio en cambio si que un manto luminoso, alguna especie de género o tela brillante caía suavemente por detrás de los hombros desde la cabeza con extrema elegancia. O quizás fueran los cabellos mismos de la criatura. Pensó en averiguarlo pero ya no pudo. De inmediato comprendió que si continuaba mirando, la gracia perfecta y poderosa del ángel lo desquiciaría definitivamente. Ante este pensamiento recién se rebeló Morales que reaccionó y cerró el ojo abierto procurando apretar bien los parpados mientras esperaba. Lo mantuvo así durante unos veinte segundos pero le fue inútil, la fantástica aparición continuaba allí cuando volvió a abrirlo. Suficiente para Morales. Como tantas otras noches hizo el esfuerzo; apagó el foco de la linterna y se lo sacó del ojo. “Mañana ya no la miro” mintió Morales. Y ya de nuevo solo, a salvo en la oscuridad de la fábrica, tomó su bolso y escondió cuidadosamente su vieja linterna. Todo estaba en orden, solo ese vacío en el que chapoteaba Morales después de mirarla y esa puntada común persistiendo en el ojo derecho.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2012
    Hola Juan, rebienvenido:p:):D
    Me alegro mucho verte de nuevo por aqui, esa ronda esta de repeluz:eek::eek::p
  • Juan HumblebyJuan Humbleby Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2012
    Re grazie Amparo,
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2012
    Hola Juan,
    tu relato está entretenido, bien llevado el ritmo. Echo en falta el uso del punto y aparte, de los párrafos, algún respiro, así como de algunas tildes...
    No me queda clara la imágen que das de la aparición, ora demoníaca, ora angelical. ;)
  • Juan HumblebyJuan Humbleby Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2012
    Hola Shaianti... Estoy de acuerdo. El propósito/naturaleza de la aparición está nebuloso y es muy mejorable. Los tildes los revisaré después: exceso de confianza en el corrector ortográfico supongo... Gracias mil.
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2012
    ¡Hola Juan!

    Me gustó mucho tu relato. Es de esos que al final te quedás sin saber bien de qué venía el asunto.

    De todos modos, cuando algo que leo no me queda muy claro, ya sea por mi falta de entendimiento o por intención del autor, me gusta hacer una interpretación.

    Para mí que el viejo Morales, como casi todas las noches, se detuvo a mirar el poster de una morena de ojos negros, que cuelga de alguna pared de la fábrica.

    Saludos
  • Juan HumblebyJuan Humbleby Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2012
    Saludos Aljamod. Es como que el texto no se decide a hablar seriamente de apariciones seguramente porque yo no lo hacía cuando lo escribí. Aprendo... Considerá que en mi infancia ponía la linterna encendida contra mi ojo abierto y creía ver cosas... Muchas gracias por pasarte y por comentar. Abrazo.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2012
    Hola, Juan.

    Me ha gustado tu relato.Veo en él a un hombre cansado, maltratado por la vida, sin muchas alegrías reales que evocar y, en la oscuridad, saboreando el humo del tabaco y la música de la radio, tenga ensoñaciones de anhelos que nunca llegaron a su vida.La fantasía es lo único que le permite soñar.

    Como ha dicho Aljamod, a mi me gusta interpretar el trasfondo y divagar.

    Saludos y ¡¡ adelante, Juan !! Que sigamos viéndote por aquí.
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