A Gema Carrillo
De la vela que otrora iluminaste,
las fuerzas de los vientos conjuradas,
las iras de los tiempos rebeladas
hicieron frío y tétrico desbaste.
La arboleda que días ha adoraste
por lucir en su seno rosas y hadas
no es ahora mas yermo de emboscadas
y nido del mortífero ceraste.
Ven desiertos mis párpados los mares
en el nefando trance de tu ausencia,
que, ministro de pésames sin pares,
carente cual estoy de toda ciencia
me azota y me devasta los ijares
sin más norma que pírrica indulgencia.
Si hubiere en ti clemencia,
presta el rocío fresco de tu mano
por que amengüe el llorar mío inhumano.
Comentarios
Debo asegurar, y esto sin presuntuosidad alguna, que la historia de mi surrealista relación con ella es pura materia novelesca, y tan brillante, extraña y sui géneris en sus detalles que cualquier mente sana que llegara a conocerla la tildaría automáticamente de burda ficción y provocativo ejercicio de imaginación. Supongo que a estas alturas soy un enfermo incurable y que, cuanto más me rechace, más yo la desearé. Por lo tanto, proseguiré cantándola en la medida en que las letras no me abandonen, y de tanto en tanto, burlándome con inofensivo humor de las pequeñas naderías que hacen de la vida camino algo más soportable.
Gracias por tu apoyo, Amparo. Como siempre has estado al pie del cañón leyendo y comentando mis escritos, son ya muchas las razones que poseo para promocionarte a la categoría de musa, cosa que a no dudarlo harase oficial en las venideras semanas.
Siempre es agradable leer tus lineas.
Saludos
pd.: Amparito no te olvides :
"El amor a los hombres le entra por los ojos, a las mujeres por los oídos"
Saludos.