Amigo mío:
Es domingo y te extraño. Desearía tenerte a mi lado justo ahora y entonces “acurrucarnos” muy juntos, disfrutando de nuestro mutuo afecto.
El cariño que siento por ti es tan grande, tan inmenso, que no importa cuán lastimada me encuentre. Nunca podré apartarte de mi lado. Ese cariño es más fuerte que todo, incluso que el dolor. Hoy podré estar molesta contigo, pero mañana, mañana ya estaré como siempre, deseando tu cariño y queriendo ofrecerte el mío por igual. Te quiero demasiado para estar mucho tiempo disgustada contigo por el motivo que fuere, aunque en ese motivo estén implicadas mi paz y mi felicidad.
¡Oh, Dios! ¿Será pecado esto que tenemos, esto que sentimos? No lo creo. Nos queremos demasiado para que lo sea. A pesar de todo. A pesar de que nunca pueda ser y de que nadie pueda saberlo jamás. El cariño que sentimos el uno por el otro es más fuerte que toda la culpa, el remordimiento, que toda esa sensación asfixiante de que lo que estamos haciendo -y sintiendo- no está bien, que es contra natura, contra la sociedad, contra nosotros mismos. ¿En qué fallamos? ¿Es que dos amigos no pueden acaso enamorarse?
Mis labios no te hablan, no te dejan vislumbrar mis deseos, mis ansias por ti, pero mis ojos me delatan. Ellos te muestran como soy en realidad. Y ese ser caprichoso y descontrolado, que vive en mí y que te mira y te desea desde el fondo de mis pupilas quiere devorarte, con la voracidad de los condenados, de los que se aferran a la última esperanza… y al último adiós.
A veces siento que no puedo respirar. Cuando eso sucede, la sensación de opresión en mi pecho es tan fuerte que me asusto y echo a llorar. La angustia que siento es insoportable.
En otros momentos al pensar en ti, mi cuerpo se estremece. Se desata mi hambre. Te beso, te muerdo, te lamo, en mis más profundas ensoñaciones, en mis más íntimos apetitos, pero nunca en la realidad. Me aterra que veas lo mucho que te deseo, lo mucho que me gustas, porque me gustas tanto que no debe estar bien y por eso siempre limito mis ansias.
Tu ternura me desarma, dejándome por completo indefensa ante ti. Rama que deshoja ante la cercanía de tus labios, de tus manos, de tu piel, mientras tu desnudez -invade/desata/destroza- mis sentidos.
Quiero fundirme en ti y ser tuya hasta que la Culpa y el Remordimiento sean un recuerdo remoto, a punto de desvanecerse.
Adoro tu olor. Quisiera dejarlo prendido para siempre en mis manos, en mi piel, en mis sentidos. Cuando te abrazo tu olor me envuelve, abrazándome también, haciéndome sentir segura y… amada. Cuando me abrazas y siento todo esto me estremezco. Miles de mariposas bullen en mi interior haciéndome flotar, pero no tengas miedo: no estoy enamorada de ti. O al menos eso creo. Simplemente es eso, te quiero, como qué exactamente, no lo sé bien, pero tampoco me interesa averiguarlo. Ya no puedo -ni quiero- vivir sin ti.
Algún día -quizás- leerás estas líneas. Tal vez. O puede que no. No lo sé aún. Quizás para entonces todo esto ya sea un recuerdo, dulce o amargo, no sé, pero importante en nuestras vidas. En ese momento acaso puedas entenderme y… perdonarme, por mis excesos, mis ansias, porque al final lo único cierto y que verdaderamente importa es que te amo, porque… ¡es que te amo tanto!
Comentarios
De todas maneras, me gustó;):p:):D
es un placer leer algo tan bien escrito